Acta constitutiva y de reformas de 1847
From Wikipedia, the free encyclopedia
| Acta Constitutiva y de Reformas de 1847 | ||
|---|---|---|
|
Bandera de México, antes de la modificaciones hechas en 1846 | ||
| Función | Restaurar la Constitución Federal de 1824 y reformarla en algunas cuestiones | |
| Autor(es) | Congreso de la República Mexicana | |
| Ratificación | 11 de mayo de 1847 | |
| Signatario(s) | sin datos | |
| Ubicación | Archivo General de la Nación Mexicana | |
El Acta constitutiva y de reformas de 1847 es un documento que restaura el federalismo en México, y por ende la Constitución de 1824, eliminado por las Siete Leyes publicadas en 1836. El acta es, en cierto sentido, el documento fundador de la Tercera República Mexicana aunque este sea más bien una prolongación de la primera.[1][2]
Bases orgánicas de 1843 pretendían ser el documento conciliador de las permanentes disputas de liberales y conservadores, así como de estados federalistas y centralistas; sin embargo habría de ser el preámbulo de los años más caóticos para el país, que a pesar de estar precedido por veinte años convulsos desde 1821, los siguientes significarían enfrentar la amenaza existencial misma.
La aparente postura reformista de las Bases Orgánicas, trajo consigo más disputas por el poder, pues los sectores conservadores más radicales, clamaban por la reinstalación de un régimen más fuerte, como el que desarrollaba el texto precedente de las «Siete Leyes»; y en contraparte, los federalistas más radicales vieron como un golpe de Estado reaccionario lo ocurrido a finales de 1842, cuando Nicolás Bravo disolvió el constituyente y lo reemplazó con un órgano por designación, mayoritariamente conservador. En este contexto se llevaron a cabo las únicas elecciones generales bajo la constitución de 1843; Antonio López de Santa Anna fue electo para el periodo 1844-1849, siendo el primero electo formalmente por dos documentos distintos (fue presidente por la Constitución de 1824 para el periodo 1833-1837, pero le fue revocado). Nuevamente como en las anteriores ocasiones que ocupó la presidencia, entró y salió de esta, pero ahora para enfrentar las continuas rebeliones tanto federalistas, como de sectores reaccionarios, en los interinatos lo suplieron Valentin Canalizo y José Joaquín de Herrera.[3][4]
Mientras, la tensión se acrecentaba en los territorios del septentrión. Luego de que la República de Texas se anexara formalmente a Estados Unidos en 1845, el gobierno de aquel país reanudó los reclamos limítrofes de la otrora nación separada de México; la exigencia sostenía que el territorio texano abarcaba hasta el Río Bravo, cuando en realidad desde tiempos coloniales la franja territorial entre este y el Rio Nueces (límite sostenido por México) era territorio de Coahuila y Tamaulipas, incluso cuando el primero y Texas habían formado una unidad. No obstante, el diferendo era un pretexto para instigar, en el mejor de los casos, la compra de los extensos territorios de Alta California y Nuevo México, o incluso la toma violenta de estos. Los afanes expansionistas de Estados Unidos, también se hallaban en el contexto de la disputa entre estados esclavistas y no esclavistas por extender sus territorios.[5]
En medio del clima belicista del vecino del norte, en la Ciudad de México grupos conservadores vinculados al embajador español Salvador Bermúdez de Castro y Díez, instigan un golpe de Estado por parte de Mariano Paredes y Arrillaga, para establecer un régimen de excepción que tomara control absoluto del país, usando el pretexto de la inminente invasión estadounidense. El 14 de diciembre de 1845, fue nombrado comandante del destacamento de San Luis Potosí, para avanzar hacia la franja territorial en disputa (el tramo entre los ríos Nueces y Bravo) con Estados Unidos. Sin embargo, se declaró en rebeldía contra el presidente José Joaquín de Herrera y emitió una proclama donde desconocía a los poderes legítimos de la capital. El 31 de diciembre, con el apoyo de sectores conservadores de la Ciudad de México acuartelados en «La Ciudadela», entró sin mayor resistencia y una junta golpista lo nombró presidente; era tal la ruptura del orden constitucional, que Gabriel Valencia, a quien por ley le correspondía la presidencia con la renuncia de Herrera (era presidente del Consejo de Gobierno), no es reconocido por nadie e incluso se une a los golpistas. La pretensión final de Paredes se sitúa en una realidad completamente ajena a la que vivía el país, pues pensaba convocar a un congreso constituyente que reestableciera la monarquía, retomando la idea original del Plan de Iguala, ofrecerle la corona a un miembro de la familia real española.[3]
Su régimen, uno de los más violentos y autoritarios de la historia mexicana, relegó a un segundo plano la organización de la defensa nacional, creyendo que una intervención europea para gobernar el país, bastaría para inhibir las amenazas estadounidenses; nunca contó con respaldo popular y la mayoría de estados le dieron la espalda cuando sobrevino el conflicto. El 26 de mayo de 1846 tropas invasoras en la mencionada franja entre los ríos Bravo y Nueces, fueron emboscados por soldados mexicanos; esto desató la guerra entre ambos países. México enfrentó la invasión estadounidense en medio del caos político de la capital; la superioridad numérica, armamentística y de disponibilidad de recursos, inclinó la balanza a favor de los estadounidenses. El 28 de julio de 1846, Paredes pide licencia para encabezar las tropas; su interino Nicolás Bravo es derrocado el 6 de agosto por José Mariano Salas, quien a pesar de haber apoyado la asonada de Paredes, concilia apoyos con las milicias federalistas, al estar en contra del autoritarismo del ausente dictador, para ello proclama el «Plan de La Ciudadela», un manifiesto y programa político, que dos días antes firmó con Valentín Gómez Farías; en él se llamaba a la restauración del orden constitucional, previo a 1835, es decir la Constitución de 1824 y el federalismo.[3][6]
Entre tanto, la invasión estadounidense tomó un rumbo definitivo. Salvo la resistencia popular en el sur de California (Los Ángeles y San Diego), la rebelión indígena en Nuevo México, las guerrillas locales en Tabasco, Chihuahua, Michoacán, Jalisco y Durango, y los enfrentamientos del ejército en Nuevo León, Coahuila y la Ciudad de México (destacando la celebre defensa del Castillo de Chapultepec), no hubo mayor contención al avance invasor. Estados Unidos ocupó la capital el 14 de septiembre de 1847. El gobierno mexicano se vio forzado a firmar el Tratado de Guadalupe-Hidalgo el 2 de febrero de 1848, por el cual entregó más de la mitad del territorio nacional a los Estados Unidos (los actuales estados de California, Arizona, Nuevo México, Nevada y Utah; y porciones de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming).[n 1][7][8][9]
Contenido del Acta de Reformas
Mariano Salas fue nombrado presidente y convocó a un congreso constituyente, que dadas las condiciones bélicas, se integró por designación de los departamentos. El Congreso se instaló en diciembre, nombró presidente y vicepresidente a Santa Anna y Gómez Farías respectivamente, encauzó recursos hacia el combate contra los invasores y redactó un documento normativo del gobierno de emergencia. El 18 de mayo de 1847 promulgó el "Acta constitutiva y de reformas"; compuesta de 30 artículos, restauraba la república federal y el régimen de la Constitución de 1824; pero además establecía una serie de derechos y prerrogativas ciudadanas no vistas en la carta magna original; inicialmente pretendió la ampliación del sistema de elección directa a todos los cargos (solo se votaba directo a diputados), pero nunca pudo implementarse.[10]