Adaptaciones de organismos abisales

A partir de la Segunda Guerra Mundial con el desarrollo de nuevas tecnologías, como la ecosonda de registro, fue posible conocer de manera más detallada el fondo oceánico, y con el paso del tiempo el conocimiento en torno a sus características ha aumentado. Se sabe que su topografía incluye cadenas montañosas volcánicas que forman las grandes dorsales o elevaciones, alcanzando miles de kilómetros de largo, con decenas de kilómetros de ancho y crestas que se levantan de dos a tres kilómetros por encima de las planicies abisales. Además de fallas, fosas marginales, arcos insulares, trincheras, cañones submarinos, montañas, islas y piso abisal, ambiente sobre el cual se centra este apartado. From Wikipedia, the free encyclopedia

A partir de la Segunda Guerra Mundial con el desarrollo de nuevas tecnologías, como la ecosonda de registro, fue posible conocer de manera más detallada el fondo oceánico, y con el paso del tiempo el conocimiento en torno a sus características ha aumentado. Se sabe que su topografía incluye cadenas montañosas volcánicas que forman las grandes dorsales o elevaciones, alcanzando miles de kilómetros de largo, con decenas de kilómetros de ancho y crestas que se levantan de dos a tres kilómetros por encima de las planicies abisales. Además de fallas, fosas marginales, arcos insulares, trincheras, cañones submarinos, montañas, islas y piso abisal,[1] ambiente sobre el cual se centra este apartado.

Zonas del océano

Para comprender la ubicación de este ambiente, tenemos en primer lugar a la superficie continental, seguida de la plataforma continental y del talud continental, el cual tiene su límite en el borde continental que es la zona de transición hacia el ambiente abisal. Se considera que este último abarca a partir de los 2000 m de profundidad, donde la luz solar ya no incide y las temperaturas son menores a 5 °C, además las presiones creadas por el agua superpuesta abarcan un rango de 300 a 600 atmósferas en el fondo marino abisal y más de 1000 atm en las trincheras más profundas, otro aspecto importante es que en esta zona escasean los nutrientes.[2]

Debido a que en esta zona no llega la luz solar, los organismos que ahí habitan son exclusivamente animales y bacterias, ya que los organismos vegetales no podrían habitar ahí debido a que no podrían captar luz para realizar la fotosíntesis. Respecto a la fauna presente, podemos encontrar a muchas especies que han desarrollado los mecanismos necesarios para sobrevivir en estas condiciones tan particulares. Para ello, su estructura proteica, la composición de la membrana celular, las tasas metabólicas y los mecanismos de flotabilidad deben estar bien adaptados.[3]

Metabolismo

Ya que la energía luminosa no llega a la zona abisal debido a que se localiza a una gran profundidad, en esta zona se carece de la producción primaria de alimento mediante fotosíntesis, sin esta producción primaria, la cual apoya el resto de la cadena alimenticia, la mayoría de las comunidades debajo de la zona fótica dependen de la materia orgánica que se produce en las capas superiores del océano, parte de la cual se hunde al fondo, a esta materia orgánica se le denomina detritos.[4]

Debido a esto, los organismos abisales han tenido que desarrollar diversas adaptaciones, por ejemplo, la mayoría de los peces que viven a grandes profundidades presentan un gran desarrollo de la boca para tener una manera más fácil de capturar los alimentos.[5] Además, los peces que habitan en esta zona, poseen enzimas musculares menos eficientes y en menor concentración, lo que se traduce en una tasa metabólica reducida, lo que puede relacionarse con la conducta de depredación que consiste en la flotación y espera.

Se observan un gran desarrollo de la boca para facilitar la captura de alimento.
Ejemplos de fauna abisal

Estudios de laboratorio han confirmado que las tasas metabólicas de las bacterias de aguas profundas son más bajas a presiones normalmente experimentadas en el fondo marino que a las presiones superficiales del mar. Menos clara es la respuesta de organismos multicelulares a altas presiones. Varios estudios han sugerido que las reducciones inducidas por la presión en las tasas metabólicas pueden conducir a la disminución de las tasas de reproducción, y el aumento de la vida en aguas profundas, culminando en ejemplos ocasionales de gigantismo. Otros estudios recientes han encontrado que la disminución profunda de las tasas metabólicas de los crustáceos puede explicarse como ajustes metabólicos a la disminución de la temperatura con el aumento de la profundidad y no a un efecto de profundidad o presión separados.[6]

Bajas concentraciones de O2

Estos organismos también dependen de la superficie no solo por la comida, sino también por el oxígeno. El oxígeno entra al océano de dos formas: por intercambio gaseoso con la atmósfera y como un subproducto de la fotosíntesis. Para los organismos, los gases más importantes en el océano son el oxígeno (O2), dióxido de carbono (CO2) y nitrógeno (N2); estos tres se encuentran en la atmósfera y se disuelven en el agua del mar, en la superficie del océano, aunque a veces ocurre lo contrario y la superficie del océano libera gases a la atmósfera; esto se conoce como intercambio gaseoso entre la atmósfera y el océano.

A diferencia de los sólidos, los gases se disuelven mejor en frío que en caliente, por lo que las concentraciones de gas disuelto son mayores en ambientes polares que en aguas tropicales.[7] El oxígeno gaseoso no es muy soluble, y, además, la cantidad de éste es afectada directamente por los organismos que realizan fotosíntesis y respiración. La mayor parte del oxígeno producido por fotosíntesis en el océano es liberada a la atmósfera.

El dióxido de carbono es mucho más soluble que el oxígeno porque reacciona químicamente cuando se disuelve, como resultado el CO2 representa más del 80% del gas disuelto en el océano. Una vez que un volumen de agua deja la superficie y desciende a profundidades mayores, no hay manera de que pueda ganar oxígeno, una vez más debido a que en el fondo no hay suficiente luz para que se lleve a cabo la fotosíntesis, dando como resultado, el agotamiento de O2 en el agua.Esto ocurre en una capa bien definida alrededor de los 500 m de profundidad, en una zona conocida como la zona de mínimo oxígeno, en esta zona, la concentración de O2 puede reducirse a prácticamente nada. Bajo esta zona, existe muy poco alimento, y, por lo tanto, muy poca respiración y descomposición, por lo que el O2 no se utiliza rápidamente.

A pesar de dichas condiciones, en esta zona habitan animales como peces, krill y camarones, los cuales presentan diversas adaptaciones tanto morfológicas, como branquias bien desarrolladas que les ayudan a extraer la poca cantidad de O2 presente, como adaptaciones metabólicas, pues tienden a ser muy inactivos, reduciendo así su consumo de oxígeno. Además, algunos tienen adaptaciones bioquímicas complejas, como una mayor cantidad de hemoglobina en su sangre, que funciona bien a bajas concentraciones de O2.[4] Esto resulta una ventaja adaptativa que reduce la disociación prematura del oxígeno y la pérdida de difusión del oxígeno en la sangre, además, asegura que todos los músculos y órganos reciban el oxígeno necesario para mantener su actividad.[8]

Modificación de la membrana celular

Las membranas celulares son afectadas debido a las altas presiones a las que son sometidas (de 200 a 600 atm en esta zona).[9] La alta presión reduce la fluidez de ésta ya que los lípidos son más compresibles que el agua, por lo que para compensarlo, se ha observado que los organismos abisales incorporan lípidos de menor densidad para evitar daño en las membranas celulares, lo que se define como adaptación homeoviscosa. De igual manera, las membranas mitocondriales en los hígados de peces abisales han mostrado que la proporción de ácidos grasos saturados-insaturado disminuye cuando se incrementa la presión, lo que sugiere una adaptación similar.[10]

Este efecto es similar al provocado por la temperatura fría, de hecho, el efecto sobre la fluidez de la membrana a tales profundidades a 4 °C es equivalente al de -20 °C a presión atmosférica. Por lo que no es sorprendente que las membranas mitocondriales y celulares de los peces de aguas profundas muestren un mayor contenido de ácidos grasos insaturados para reducir su fluidez, al igual que los animales adaptados al frío y aclimatados en frío. Tales cambios se han mostrado muy importantes para la función de las proteínas unidas a la membrana.[11]

Bioluminiscencia

Otras adaptaciones

Referencias

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