En raras ocasiones la afaquia es congénita, es decir, está presente desde el nacimiento por un defecto en el desarrollo embrionario.[1]
Más frecuentemente se adquiere en la edad adulta como consecuencia de una operación de cataratas. La catarata es una opacidad del cristalino que impide la visión y, para corregirla, el cirujano debe extirpar el cristalino del ojo afectado.
Otra importante causa de la carencia de cristalino en adultos es la presencia de fallos fisiológicos del cristalino, ya sean congénitos o no, y que en una posterior cirugía no se puede sustituir el cristalino con deficiencias por una lente intraocular por motivos diversos, tales como que la fisiología interna del ojo no es la ideonea para ésta, ya sea encajándola o cosiéndola, o por un rechazo del mismo.