Agua de los Padres
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El Agua de los Padres o también conocido desde 1999 como Santuario Agua de los Padres es un monumento conmemorativo e hito histórico ubicado en la comuna chilena de Contulmo, en el sur de la provincia de Arauco, Región del Biobío, en el camino que conecta el área urbana comunal con la ladera Sur del lago Lanalhue. Su nombre se debe a que allí fluye una pequeña vertiente de agua donde ocurrió una masacre perpetrada a tres sacerdotes jesuitas el 14 de diciembre de 1612, en compañía de cinco toquis (caciques mapuche), quienes murieron en manos de un grupo de otros mapuches liderados por el cacique Ancanamún, dentro del contexto de la denominada «guerra defensiva» durante la Guerra de Arauco, impulsada por el misionero jesuita Luis de Valdivia. Las ocho víctimas son consideradas como mártires por la Iglesia católica.[1]
Antecedentes y origen del conflicto
El origen del conflicto que tuvo como desenlace los asesinatos radicó indirectamente en las tres esposas del toqui Anganamón (o Ancanamún): dos de origen mapuche y una española, María de Jorquera, con quien tuvo una hija mestiza. La mujer había sido tomada prisionera por la tribu del líder guerrero.[2] Todas ellas se convirtieron en esposas del cacique mediante matrimonio forzado y lograron fugarse con la ayuda de soldados españoles cautivos, llegando al Fuerte de Paicaví.
En la sociedad mapuche precolombina el matrimonio permitía la poliginia (poligamia masculina) bajo ciertas condiciones, especialmente vinculadas al poder jerárquico y económico del hombre.
Como resultado del Parlamento de Paicaví, el primer intento de establecer una tregua en el conflicto bélico entre españoles y mapuche, los líderes indígenas autorizaron el ingreso de diez sacerdotes católicos, en su mayoría jesuitas, para realizar labores de paz y evangelización entre quienes desearan convertirse voluntariamente al catolicismo. Asimismo, podrían actuar como mediadores y ministros de fe cuando fueran requeridos. Entre las condiciones acordadas se contemplaba el desmantelamiento de las fortificaciones españolas en la región histórica de la Araucanía, ubicados al sur del sistema de fuertes del Biobío, y el canje de prisioneros de guerra.
En este contexto, la fuga del soldado Juan de Torres, capturado previamente por los mapuches, junto a las esposas de Ancanamún, no solo constituyó una afrenta a la honra del cacique, sino también un incumplimiento de lo estipulado para mantener la frágil paz recientemente acordada.
El 7 de diciembre, un grupo de loncos y caciques mapuches se presentó ante la fortificación española con trariloncos atados en la cabeza, como símbolo de autoridad, y ramos de canelo en las manos, árbol sagrado en la religión mapuche, como señal de paz. Los líderes indígenas solicitaron dos condiciones: la demolición del fuerte y la entrega pacífica de las mujeres. La primera fue aceptada con rapidez; sin embargo, la segunda generó controversia.
Durante su permanencia en la fortaleza española, las mujeres solicitaron el bautismo para convertirse al catolicismo, lo que para las autoridades eclesiásticas y militares constituía un impedimento para su entrega. Ante esta situación, los misioneros jesuitas se ofrecieron a dialogar directamente con Ancanamún para alcanzar un acuerdo.
El cacique Utablame, considerado Señor del valle de Elicura, se ofreció para acompañar y proteger a los misioneros, junto a los caciques Tereulipe, Coñuemanque, Caniumanque y Calbuñamcu. Inicialmente fueron designados los sacerdotes Martín de Aranda Valdivia, chileno nacido en Villarrica, y Horacio Vecchi, de origen italiano. A ellos se sumó, por iniciativa propia, el recientemente ordenado Diego de Montalbán, proveniente del Virreinato de Nueva España (actual México).
El martirio

De acuerdo a escritos encontrados del Padre Horacio, el grupo de misioneros y toquis llegó al encuentro con Anganamón, donde lo esperaron a media legua del lago Lanalhue, en un lugar neutral en las proximidades de su tribu. En primera instancia y tal como quedó de manifiesto en una carta escrita por los misioneros el 10 de ese mes, el cacique accedió al pago de una indemnización a cambio de darle libertad a las esposas fugitivas, las cuales no tenían la intención de regresar junto a él. No obstante, cuatro días después ocurre la tragedia, cuando reaparece Ancanamún de manera agresiva y con voz altiva grita por la recuperación de sus mujeres. El Padre Martín de Aranda, quien hablaba perfecto el idioma mapuche y servía de traductor, se le aproxima para discutir la situación, sin embargo, en medio del confuso incidente es atravesado por una lanza en un ataque propinado por el propio Ancanamún, quien luego asesina del mismo modo al cacique Utablame, el cual había prometido defender a todo el grupo. La ira de Ancanamún no fue apaciguada y por el contrario, continuó con sus actos despiadados y sin entender razones, terminó de asesinar bajo el mismo método al resto de los misioneros y líderes indígenas.[3]
La noticia sobre estos asesinatos llegó rápidamente a la Diócesis de la Santísima Concepción ubicada en ese entonces en Penco, a lo que luego trascendió la distancia y llegó a conocimiento de gran parte de las posesiones del Imperio español de la época en la llamada conquista de América. Los cuerpos fueron sepultados en la Iglesia de la Compañía de Concepción. Este asesinato trajo consigo una serie de repercusiones por parte de las autoridades imperiales españolas, lo que significó serios cuestionamientos a nivel local sobre la efectividad de la guerra defensiva, pasando a un periodo de mayor hostilidad con los mapuches, rompiendo las paces establecidas anteriormente. En 1614, el gobernador colonial de Chile, Alonso de Ribera, envío a España dos delegados para intentar de convencer al Rey Felipe III que la guerra defensiva no era necesaria, no obstante y por su parte el Padre Valdivia envió al Padre Gaspar Sobrino, cuyos argumentos sí lograron convencer al monarca para continuar abogando por la guerra defensiva en esos territorios, la cual seguía siendo financiada por el Real Situado establecido por dicho rey años antes.[4]
Actualidad
En octubre de 1999 se erigió una cruz de madera a modo de cruz monumental en el lugar que de acuerdo a la descripción historiográfica ocurrió el martirio, con una base hecha en piedra y con una fuente de agua a un costado. A un costado de la cruz se ubica un monolito de pequeñas dimensiones donde fue colocada una placa hecha en bronce con los nombres de los «Mártires de Elicura», nombrados así por la proximidad del hecho al valle homónimo. Dicho memorial fue inaugurado en una ceremonia presidida por el Arzobispo de Concepción, Antonio Moreno Casamitjana.[5]
Bibliografía
- Blanco, J. M., "Historia Documentada de los Mártires de Elicura en la Araucanía (Chile)", Buenos Aires: Sebastián de Amorrotu e Hijos, 1937.
Referencias
- ↑ «Padre Luis de Valdivia». Pueblosoriginarios.com. Consultado el 9 de septiembre de 2021.
- ↑ González, Yessica (diciembre de 2016). «Indias blancas tierra adentro. El cautiverio femenino en la Frontera de la Araucanía, siglos XVIII y XIX». Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura (Bogotá) 43 (2). ISSN 0120-2456. Consultado el 10 de septiembre de 2021.
- ↑ «400 años de los Mártires de Elicura». Revista Jesuitas (Jesuitas.cl) (20): 10-12. 2012. Consultado el 9 de septiembre de 2021.
- ↑ «Los Mártires de Elicura, los catequistas y un mensaje a favor de la paz». Aleteia (Aleteia.org). 18 de mayo de 2021. Consultado el 9 de septiembre de 2021.
- ↑ «Misión en tierras indígenas». Caritas (Caritaschile.org). 14 de julio de 2014. Consultado el 9 de septiembre de 2021.
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