Algunos investigadores han examinado la supuesta historia de que Aimée formase parte del harén real, encontrando dicha historia inconsistente. Según el historiador turco Necdet Sakaoğlu, Nakşidil era de origen georgiano.[5] Mientras que muchas historias sostienen que Aimée fue secuestrada en 1781 (lo suficientemente plausible como para haber sido la madre de Mahmud II, nacido en 1785), otras versiones afirman que Aimée permaneció en Francia con su familia hasta, al menos, 1788.[2] Según los últimos registros de la historia, Aimée habría sido en realidad la madre adoptiva de Mahmud II, cuya madre biológica habría muerto, supuestamente, durante el parto.
Ninguna de estas afirmaciones tiene en cuenta una fuente contemporánea de 1817, la cual sostiene que Nakşidil fue secuestrada cuando tenía dos años de edad.[2] Esta versión, de ser cierta, haría imposible que Aimée y Nakşidil pudiesen ser la misma persona.
Por su parte, Robert Vine escribió:
El mito de dos primas de una isla caribeña convirtiéndose respectivamente en la esposa del emperador francés y en la madre del sultán otomano tiene una obvia atracción romántica - pero de la misma manera, es altamente improbable, a menos que se proporcione una prueba objetiva sólida.
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Existen no obstante indicios de que las bases de la leyenda fueron cuidadosamente elaboradas. Muchos otros mitos, datados incluso de principios del siglo XVI, establecen conexiones entre la monarquía francesa y otomana,[2] constituyendo realmente historias elaboradas con fines políticos, por lo que una alianza entre los respectivos monarcas era visto como algo justificado.[2] En aquella época, las historias relativas a princesas secuestradas no eran objeto de rechazo con el fin de mantener buenas relaciones (tanto Napoleón III Bonaparte como Abdülaziz I se mostraron complacidos de anunciar su mutua amistad años después).[2] En años posteriores, tanto esta historia como otras similares fueron empleadas con el fin de perpetuar prejuicios contra Turquía, Oriente Medio y el islam en general, considerados como de naturaleza misteriosa y despótica.[2] Esta leyenda reforzó los prejuicios contra el Imperio Otomano, el cual era visto como un país atrasado donde una simple esclava extranjera era capaz de iniciar un proceso de modernización al tiempo que los nativos eran incapaces de concebir reformas necesarias.[2]
En 1916, una mujer llamada con su mismo nombre afirmó ser ella, recordando haber nacido entre 1762, 1766, 1768, 1771 o 1776 y al parecer sabia muchos de los eventos ocurridos en el siglo XVIII e incluso la revolución francesa debido a que esto no se pudo corroborar ya que no existían las partidas de nacimiento en el siglo XVIII. Mito o no, si esto es cierto sería la persona más longeva de la historia y la que más tiempo a vivido en tres siglos diferentes, con un total de 141 años, ya que esta mujer falleció un año después en 1917.