Alejandro Hernández Cárdenas
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Alejandro Hernández Cárdenas (Ciudad Juárez, Chihuahua, 29 de julio de 1957)[1] es un galardonado forense mexicano, conocido por patentar una fórmula, única en todo el mundo,[2][3] que se utiliza para rehidratar cadáveres, con el fin de identificarlos o conocer la causa de muerte.[4]
El doctor Hernández trabaja en el Servicio Médico Forense (Semefo)[5] de Ciudad Juárez y su fórmula para rehidratar cadáveres y facilitar su identificación posee una patente otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. La fórmula ayuda no solo a rehidratar los dedos para poder obtener huellas dactilares, sino todo el cuerpo, lo que permite reconocer rasgos faciales y rasgos característicos, como lunares, tatuajes y cicatrices, además de lesiones que pueden ayudar a definir la causa de muerte.

Según el doctor Hernández, su deseo por ser forense se manifestó cuando tenía 18 años. Luego estudió Odontología y en 1977 tuvo su primer acercamiento con la ciencia forense al ayudar a identificar a algunos cadáveres por sus dentaduras. En 2004 terminó de perfeccionar su técnica, después de haber experimentado con dedos humanos y carne de cerdo. Según dice, ese año sacó un dedo de la fórmula perfeccionada y parecía un dedo nuevo. En 2008 logró rehidratar un cuerpo entero. Los cadáveres pueden ser rehidratados estando en avanzado estado de putrefacción, siempre y cuando no se encuentren en la etapa de licuefacción o ya esqueletizados.[6]
En palabras del doctor Hernández, la motivación para llegar a esta fórmula fue la siguiente:
"Creo que hago este trabajo porque me sentí afectado por la idea de que estos cadáveres vayan a la fosa común o de que sus familias no sean capaces de llorar su muerte apropiadamente".[4]
Entre 2008 y 2011 Ciudad Juárez ocupó el número 1 como capital de los asesinatos y no es casual que en un territorio con tanta violencia, en el que se vive una guerra contra el narcotráfico,[7] hayan habido importantes avances científicos en la ciencia forense.[8] El método consiste en sumergir a los cadáveres en una suerte de jacuzzi donde se los deja algunas semanas, hasta que adquieran un aspecto adecuado.[9][10] El trabajo de Hernández, catalogado por algunos como "una técnica sin precedentes" o una "revolución para la ciencia forense", ha recibido varios reconocimientos del Estado Mexicano.[11] Asimismo, han mostrado interés en su trabajo el FBI y la DEA.[7]