Almogarén
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El término almogarén designa en arqueología canaria a los santuarios o espacios de culto rupestres utilizados por los antiguos canarios —pueblos aborígenes de la isla de Gran Canaria— durante el periodo prehispánico.
Se trata de recintos excavados en la roca o delimitados por muros de piedra, en los que se realizaban ritos religiosos, ofrendas y observaciones astronómicas relacionadas con el ciclo agrícola y el calendario solar y lunar.[1]
El más célebre de estos enclaves es el Risco Caído, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2019 dentro del conjunto “Paisaje cultural de Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria”.[2]
Etimología
El término almogarén procede del léxico aborigen conservado en fuentes etnohistóricas y fue documentado por cronistas como Juan de Abreu Galindo en el siglo XVII, quienes lo usaban para referirse a los «templos o casas de oración» de los canarios.[3]
La palabra ha llegado hasta el presente a través de la tradición oral y del uso académico para designar este tipo de estructuras rituales. En la literatura arqueológica moderna se reserva a los espacios rupestres de carácter sagrado situados en lugares elevados o de difícil acceso.
Descripción y función
Los almogarenes presentan características comunes:
- Excavaciones artificiales en roca basáltica, a menudo en cuevas naturales adaptadas.
- Canales, cazoletas y grabados que recogen líquidos o delinean figuras simbólicas (espirales, soles, triángulos, etc.).
- Orientación astronómica, especialmente hacia la salida o puesta del sol en los solsticios.
- Uso colectivo o ceremonial, probablemente vinculado al calendario agrícola, la fertilidad y las lluvias.
El estudio del almogarén de Risco Caído ha demostrado que sus perforaciones en la bóveda permiten la proyección de la luz solar o lunar sobre grabados femeninos durante determinados días del año, lo que sugiere una compleja relación simbólica entre el ciclo astronómico y los ritos de fecundidad.[4]
Tipología
Los investigadores han distinguido varios tipos de almogarenes según su morfología y emplazamiento:[5]
- Almogarenes rupestres, excavados directamente en la roca (Risco Caído, Bentayga, Roque Bentaiga).
- Almogarenes al aire libre, delimitados por muros o piedras hincadas (Tamadaba, Roque Nublo).
- Santuarios en cuevas adaptadas o decoradas (Cuatro Puertas, Roque de Gando).
En todos los casos, su ubicación elevada refuerza su carácter sagrado, asociado a las montañas como moradas divinas o puntos de contacto con los dioses.
Significado religioso
Las fuentes etnohistóricas señalan que los antiguos canarios rendían culto a diversas divinidades relacionadas con el cielo, la fertilidad y el agua, entre ellas Acorán y Tibicena, o bien la figura suprema de Alcorac/Acorán, identificada por algunos cronistas con un dios solar.
Los almogarenes serían los espacios destinados a rendir culto a estas entidades mediante ofrendas de leche, manteca, cebada o ganado, según las crónicas de los misioneros y conquistadores.
Se trataba, por tanto, de templos colectivos, posiblemente gestionados por una casta sacerdotal o por los faicanes, encargados del culto y la interpretación de los astros.[6]
Principales almogarenes conocidos
Entre los enclaves identificados como almogarenes destacan:
- Risco Caído (Artenara) – Patrimonio Mundial, cueva-santuario y observatorio solar y lunar.
- Roque Bentayga (Tejeda) – conjunto de estructuras rupestres con cazoletas y grabados.
- Cuatro Puertas (Telde) – complejo troglodita con espacios interpretados como recintos rituales.
- Tamadaba (Agaete) – plataformas de piedra en altura, interpretadas como altares de ofrendas.
Conservación y reconocimiento
Desde finales del siglo XX, los almogarenes han sido objeto de estudios sistemáticos y programas de conservación por parte del Cabildo de Gran Canaria y del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada.
En 2019 la UNESCO declaró Patrimonio Mundial el “Paisaje cultural de Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria”, reconocimiento que consolidó el valor simbólico y arqueológico de los almogarenes como testimonio excepcional de las creencias prehispánicas canarias.[2]