Alzatismo
Corriente filosófica nacionalista del Partido Conservador Colombiano en torno a la figura de Gilberto Alzate Avendaño
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El alzatismo fue una corriente política colombiana basada en la interpretación ideológica política del exsenador de Colombia Gilberto Alzate Avendaño, y el nacionalismo radical.[1][2] Alzate fundó la Acción Nacionalista Popular,[3] que históricamente se ha asociado la tendencia ultrarradicalizada, nacionalista, populista y neofascista.[4]

El azaltismo tuvo inspiración en el movimiento juvenil intelectual y política nacionalista conocida como Los Leopardos,[5][6] acrónimo de Legión Organizada para la Restauración del Orden Social.[7][8] De acuerdo con Silvio Villegas, la inspiración leoparda de los alzatistas consistió en el corporativismo. Alzate también tomó inspiración en la doctrina de Auguste Comte, Friedrich Nietzche y José Ortega y Gasset.[9]
Como conservadurismo nacionalista, el alzatismo se ha enfrentado al conservatismo moderado, encabezado por los expresidentes Mariano Ospina Pérez y Misael Pastrana Borrero, con la famosa corriente ospinopastranista;[10][11] y al conservatismo radical, encabezado por el expresidente Laureano Gómez y continuado por su hijo, Álvaro Gómez, con la corriente de derecha radical laureanista,[12] llamada civilista para difereciarla de los métodos del alzatismo.[13]
Aunque el alzatismo ha sido desplazado del Partido Conservador Colombiano (histórico bastión del ospinsmo y el laureanismo), el alzatismo ha sido minoría en esa colectividad. Actualmente están surgiendo corrientes de pensamiento neoalzatistas vinculadas con el conservadurismo con elementos de nacionalismo, Tercera vía y neofascismo.
Ideología
Desde una perspectiva doctrinal, el alzatismo se configuró como una corriente del conservadurismo colombiano con un marcado énfasis en el nacionalismo, el populismo y una crítica profunda tanto al liberalismo político y económico como al marxismo. Gilberto Alzate Avendaño concibió su proyecto político como una reacción frente a lo que consideraba la decadencia moral, institucional y social del Estado liberal, al que responsabilizaba de la fragmentación nacional y de la pérdida de autoridad del poder público.
El alzatismo defendió la necesidad de un Estado fuerte, centralizado y dotado de autoridad, capaz de garantizar el orden social, la unidad nacional y la jerarquía institucional. En este sentido, rechazó el parlamentarismo clásico, el pluralismo partidista y el predominio de las élites tradicionales, proponiendo en su lugar una democracia de carácter autoritario y plebiscitario, sustentada en el liderazgo carismático y en la movilización directa de las masas. Esta concepción política se articuló con una visión antiliberal del poder, en la que la autoridad del Estado debía prevalecer sobre los intereses individuales.[4]
En el plano social, el alzatismo promovió una organización orgánica de la sociedad inspirada en el corporativismo, entendida como un sistema en el cual los distintos sectores productivos, profesionales y laborales se estructuraban en cuerpos intermedios encargados de representar los intereses colectivos ante el Estado. Esta propuesta buscaba superar el conflicto de clases, al que el alzatismo atribuía tanto al liberalismo como al socialismo, mediante una integración jerárquica y funcional de la sociedad.[4]
En materia económica, el alzatismo sostuvo una postura intervencionista y proteccionista, favorable a la regulación estatal de los mercados, la defensa de la industria nacional y la crítica al capitalismo financiero y especulativo. Si bien no rechazó completamente la propiedad privada, sí subordinó la actividad económica al interés nacional y al orden social. Estas posiciones han sido asociadas por algunos autores con planteamientos de la Tercera vía, al ubicarse entre el liberalismo económico y el socialismo marxista.[9]
En el ámbito cultural e ideológico, el alzatismo exaltó valores como la tradición, la identidad nacional, el orden, la disciplina y el papel central de la nación como comunidad histórica y moral. En este punto, incorporó influencias del pensamiento europeo del siglo XIX y XX, particularmente del positivismo de Auguste Comte, el vitalismo de Friedrich Nietzsche y el historicismo de José Ortega y Gasset, adaptadas al contexto político colombiano.[2]
Diversos historiadores han señalado que el alzatismo compartió rasgos con corrientes antiliberales europeas del periodo de entreguerras, especialmente en su rechazo al liberalismo, su concepción autoritaria del poder y su énfasis nacionalista. Por estas razones, ha sido descrito en la historiografía como una experiencia cercana al neofascismo, sin llegar a constituir un movimiento fascista plenamente estructurado ni un régimen político de ese carácter.[4]