Ambrosio Lucas Gioja
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| Ambrosio Lucas Gioja | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento | 1912 | |
| Fallecimiento | 1971 | |
| Nacionalidad | Argentina | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad de Buenos Aires | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Abogado | |
Ambrosio Lucas Gioja (1912-1971) fue un abogado, y catedrático argentino, titular de la cátedra Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.[1] Fue uno de los filósofos del derecho más notables.
Dedicó su vida a la enseñanza y fue el más prolífico maestro que tuvo la disciplina jusfilosófica, porque sembró vocaciones y alentó a varias generaciones hacia la investigación y la docencia. Muchos alcanzaron lugares destacadísimos en el ámbito académico nacional e internacional. A partir de 1956, Gioja sucedió a Carlos Cossio, otro gran maestro de la filosofía jurídica argentina, de quien fue uno de sus más destacados discípulos, en el Instituto de Filosofía del Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Desde su dirección fue responsable del gran auge que se produjo en los estudios teóricos del derecho argentino, también impulsó las grandes transformaciones pedagógicas concretadas en la Facultad de Derecho (UBA). Su muy prestigiada cátedra, se tornó modelo e inspiración, sus clases se distinguían por la dinámica que era capaz de imprimirles no sólo en el despliegue de su saber erudito, sino también por la capacidad de comunicar y de promover actitudes participativas y reflexivas en sus interlocutores. Siendo un hombre de fuertes convicciones personales, fue al mismo tiempo tolerante y abierto a la crítica, al disenso respetuoso y el pluralismo democrático. Se decía “ágrafo” pues no era afecto a la escritura. Sin embargo, los que lo han escucharlo, en sus clases, conferencias, reuniones científicas, no han podido olvidar la fuerza envolvente de su magisterio oral, muy parcialmente reflejado en su obra escrita que, de cualquier forma, posee el rigor y la profundidad que eran propias de su versátil y profunda inteligencia. Su formación filosófica era exhaustiva, minuciosa y plural. Estudió durante muchos años la obra de Kant, de Husserl y de Kelsen, formando a muchas generaciones de juristas en el conocimiento meticuloso de este último a quien tenía por el jurista más importante del siglo XX, y aceptó el desafío de sus más jóvenes discípulos para ingresar, siendo un hombre ya formado, en los complejos vericuetos de la filosofía analítica y de las lógicas deónticas, que enseñó con destacado brillo.