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Autoestima

necesidad emocional humana From Wikipedia, the free encyclopedia

La autoestima es la confianza en la propia dignidad, en las habilidades o en la ética personal. La autoestima abarca tanto las creencias sobre uno mismo (por ejemplo, "me quieren", "valgo la pena") como los estados emocionales, tales como el triunfo, la desesperación, el orgullo y la vergüenza.[1]Smith y Mackie la definen de la siguiente manera: "El autoconcepto es lo que pensamos de nosotros mismos; la autoestima son las evaluaciones positivas o negativas del yo, es decir, cómo nos sentimos al respecto (véase "el yo)."[2]

Pirámide de Maslow: Jerarquía de las necesidades humanas postulada por Abraham Maslow.

Se ha demostrado que el constructo de la autoestima es una variable deseable en psicología, ya que está asociado a una variedad de resultados positivos, tales como el rendimiento académico,[3][4]la satisfacción en las relaciones,[5]la felicidad[6]y menores tasas de conducta delictiva. Se considera que entre los beneficios de una alta autoestima se encuentran una mejor salud física y mental y un comportamiento menos antisocial,[7]mientras que los inconvenientes de una baja autoestima resultan ser la ansiedad, la soledad y una mayor vulnerabilidad al abuso de sustancias.[8]

La autoestima puede aplicarse a un atributo específico o tener un carácter global. Los psicólogos suelen considerar la autoestima como una característica duradera de la personalidad (autoestima como rasgo), aunque también existen variaciones normales de corta duración (autoestima como estado). Entre los sinónimos o casi sinónimos de autoestima se incluyen: el amor propio,[9]la autovaloración,[10]el autorrespeto[11][12]y la autointegridad.

Diversos estudios sugieren que las actividades sociales y comunitarias pueden mejorar la autoestima de los adolescentes, su bienestar mental y su salud general. Entre estas actividades se encuentran el voluntariado, los talleres de dinamización y la participación en consejos de la juventud.[13][14][15][16][17][18]En la mayoría de los casos, esta relación positiva depende de que la participación sea voluntaria y no obligatoria.[19]De hecho, quienes hacen voluntariado de jóvenes tienden a ganar más dinero cuando son adultos, ya que esta experiencia les ayuda a desarrollar habilidades clave y a crear sus primeras redes de contactos.[19]

La autoestima suele disminuir entre los 4 y los 8 años, a medida que los niños comparan cómo son en realidad con su «yo ideal». Después, sube rápidamente durante la adolescencia y la juventud, y se incrementa de forma gradual a lo largo de la madurez hasta alcanzar su punto máximo en torno a los 60 o 70 años. Finalmente, vuelve a caer en la vejez.[20]

Historia

El concepto de autoestima tiene sus orígenes en el siglo XVIII, y apareció reflejado por primera vez en los escritos del pensador de la ilustración escocesa David Hume. Hume plantea que es importante valorarse y tener una buena opinión de uno mismo, ya que esto cumple una función motivacional que permite a las personas desarrollar todo su potencial.[21][22]

La identificación de la autoestima como un constructo psicológico propio tiene sus orígenes en la obra del filósofo y psicólogo William James. James identificó múltiples dimensiones del yo, estructuradas en dos niveles jerárquicos: los procesos de conocimiento (denominados el «Yo») y el conocimiento resultante sobre uno mismo (el «Mí»). Según James, la observación de uno mismo y el almacenamiento de dichas observaciones por parte del «Yo» crean tres tipos de conocimiento que, en su conjunto, conforman el «Mí». Estos son el yo material, el yo social y el yo espiritual. El yo social es el que más se acerca a la autoestima, ya que comprende todas las características que los demás reconocen en nosotros. El yo material consta de las representaciones del cuerpo y de las posesiones, mientras que el yo espiritual se compone de representaciones descriptivas y disposiciones evaluativas respecto a uno mismo. Esta visión de la autoestima como el conjunto de actitudes de un individuo hacia sí mismo se mantiene en la actualidad.[23]

A mediados de 1960, el psicólogo social Morris Rosenberg definió la autoestima como un sentimiento de valía personal y desarrolló la escala de autoestima de Rosenberg. Esta se convirtió en la escala más utilizada para medir la autoestima en las ciencias sociales.[24]

A principios del siglo XX, el movimiento conductista dejó de lado el estudio introspectivo de los procesos mentales, las emociones y los sentimientos, sustituyendo la introspección por el estudio objetivo mediante experimentos sobre la conducta observada en relación con el entorno. El conductismo consideraba al ser humano como un animal sujeto a reforzamientos y propuso hacer de la psicología una ciencia experimental, similar a la química o la biología. Como consecuencia, se pasaron por alto los estudios clínicos sobre la autoestima, ya que los conductistas consideraban que esta idea era menos propensa a una medición rigurosa.[25]

A mediados del siglo XX, el auge de la fenomenología y la psicología humanista despertó un nuevo interés por la autoestima como herramienta para el tratamiento de trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad y los trastornos de la personalidad. Los psicólogos empezaron a considerar de gran utilidad para su campo la relación entre la psicoterapia y la satisfacción personal de los individuos con una alta autoestima. Esto propició la incorporación de nuevos elementos al concepto de autoestima, entre ellos, los motivos por los que las personas tienden a sentirse menos valiosas y las razones por las que se desaniman o se ven incapaces de afrontar los retos por sí solas.[25]

En 1992, el politólogo Francis Fukuyama asoció la autoestima con lo que Platón denominaba thymos: el componente «espiritual» del alma platónica.[26]

A partir de 1997, el enfoque de las autoevaluaciones nucleares incluyó la autoestima como una de las cuatro dimensiones que conforman la valoración fundamental que una persona hace de sí misma, junto con el locus de control, el neuroticismo y la autoeficacia.[27]Desde entonces, el concepto de autoevaluaciones nucleares ha demostrado tener la capacidad de predecir la satisfacción y el rendimiento laboral.[27][28][29]La autoestima puede resultar esencial para la autoevaluación.[28]

En las políticas públicas

La importancia de la autoestima obtuvo el respaldo de diversos grupos gubernamentales y no gubernamentales a partir de 1970, hasta el punto de que se puede hablar de un «movimiento de la autoestima».[6][30]Este movimiento demuestra que la investigación psicológica puede influir en las políticas públicas. Esta tendencia se ha extendido hasta años recientes, como en 2023, cuando los psicólogos comenzaron a replantearse el enfoque de la investigación, los tratamientos y las terapias. El nuevo modelo pone el énfasis en la salud comunitaria,[31]mientras que los investigadores de la psicología venían priorizando la terapia individual a la hora de analizar conflictos socioemocionales como la baja autoestima. La idea subyacente de este movimiento era que la baja autoestima constituía la raíz de los problemas de las personas, lo que la convertía también en el origen de los problemas y las disfunciones sociales. Una de las figuras de referencia de este movimiento, el psicólogo Nathaniel Branden, afirmó: "No se me ocurre ni un solo problema psicológico (desde la ansiedad y la depresión hasta el miedo a la intimidad o al éxito, pasando por el maltrato conyugal o el abuso de menores) que no tenga su origen en el problema de la baja autoestima".[6]

En su momento se pensó que la autoestima era una característica propia de Occidente, ya que no se observaba en culturas colectivistas como la de Japón.[32]La preocupación por la baja autoestima y sus múltiples y supuestas consecuencias negativas llevó al diputado John Vasconcellos, de la Asamblea de California, a promover la creación y financiación del Comité de Expertos sobre la Autoestima y la Responsabilidad Personal y Social (en California, en 1986). Vasconcellos argumentaba que este comité podría combatir muchos de los problemas del estado: desde la delincuencia y el embarazo adolescente hasta el fracaso escolar y la contaminación.[6]Comparaba el aumento de la autoestima con la administración de una vacuna contra una enfermedad: podría ayudar a proteger a las personas para evitar que se viesen superadas por los desafíos de la vida.

Este comité de expertos creó subcomisiones en muchos condados de California y formó un comité de académicos para revisar la literatura científica disponible sobre la autoestima. Este comité encontró asociaciones muy débiles entre la baja autoestima y sus supuestas consecuencias, demostrando finalmente que la baja autoestima no era la raíz de todos los males sociales ni era tan importante como el comité había pensado en un principio. Sin embargo, los autores del artículo que resumía dicha revisión bibliográfica seguían creyendo que la autoestima es una variable independiente que influye en los principales problemas sociales. El comité de expertos se disolvió en 1995, y se creó el Consejo Nacional para la Autoestima (y, más tarde, la Asociación Nacional para la Autoestima), que asumió la misión del grupo original. Vasconcellos y Jack Canfield eran miembros de su consejo asesor en 2003, y entre los integrantes de su coalición de expertos figuraban Anthony Robbins, Bernie Siegel y Gloria Steinem.[6]

Teorías

Muchas de las primeras teorías sugerían que la autoestima es una necesidad humana básica o una motivación. El psicólogo Abraham Maslow incluyó la autoestima en su pirámide de las necesidades humanas. Describió dos formas distintas de «estima»: la necesidad de respeto por parte de los demás (en forma de reconocimiento, éxito y admiración) y la necesidad de autorrespeto (en forma de amor propio, confianza en uno mismo, destreza o aptitud). Se consideraba que el respeto de los demás era más frágil y fácil de perder que la autoestima interna. Según Maslow, si no se satisface la necesidad de autoestima, las personas se verán impulsadas a buscarla y serán incapaces de crecer y alcanzar la autorrealización. Maslow también afirma que la expresión más sana de la autoestima «es la que se manifiesta en el respeto que merecemos de los demás, más que en el renombre, la fama y el halago». Las teorías modernas sobre la autoestima analizan los motivos por los que los seres humanos se sienten motivados a mantener una alta valoración de sí mismos. La teoría del sociómetro sostiene que la autoestima evolucionó para comprobar el nivel de estatus y aceptación de una persona dentro de su grupo social. Por su parte, según la teoría del manejo del terror, la autoestima cumple una función protectora y reduce la ansiedad ante la vida y la muerte.[33]

Carl Rogers, máximo exponente de la psicología humanista, expuso que la raíz de los problemas de muchas personas es que se desprecian y se consideran seres sin valor e indignos de ser amados. Rogers creía en la importancia de ofrecer una aceptación incondicional al cliente, cuando esto se lograba, la autoestima del cliente podía mejorar.[25]En sus sesiones de terapia ofrecía consideración positiva, pasara lo que pasara.[34]De hecho, desde entonces, la psicología humanista aborda el concepto de la autoestima como un derecho inalienable de cada persona, sintetizado en el siguiente axioma:

Todo ser humano, sin excepción, por el mero hecho de serlo, es digno del respeto incondicional de los demás y de sí mismo; merece estimarse y que se le estime.[25]

Fundamentos de la autoestima

La capacidad de desarrollar una confianza y un respeto saludable por sí mismo es propia de la naturaleza de los seres humanos, ya que el solo hecho de poder pensar constituye la base de suficiencia, y el único hecho de estar vivos es la base de su derecho a esforzarse por conseguir felicidad. Así pues, el estado natural del ser humano debería corresponder a una autoestima alta. Sin embargo, la realidad es que existen muchas personas que, lo reconozcan o no, lo admitan o no, tienen un nivel de autoestima inferior al teóricamente natural.[35]

Ello se debe a que, a lo largo del desarrollo, y a lo largo de la vida en sí, las personas tienden a apartarse de la auto-conceptualización [y conceptualización] positiva, o bien a no acercarse nunca a ellas; los motivos por los que esto ocurre son diversos, y pueden encontrarse en la influencia negativa de otras personas, en un auto-castigo por haber faltado a los valores propios [o a los valores de su grupo social], o en un déficit de comprensión o de compasión por las acciones que uno realiza[35] [y, por extensión, de las acciones que realizan los demás].

John Powell, conocido divulgador de psicología,[36] confiesa en uno de sus libros que, cuando alguien le alaba sinceramente, él, en lugar de atenuar sus propios méritos, como suele hacerse, responde: «extiéndase, por favor, extiéndase». Respuesta que, por insólita, suele hacer reír a la audiencia cuando se cuenta en público. Y también hace pensar.[25]
José-Vicente Bonet

Tipos de autoestima

Alta

Las personas con un nivel saludable de autoestima:[37]

  • creen firmemente en ciertos valores y principios y están dispuestos a defenderlos incluso ante la oposición, sintiéndose lo suficientemente seguros como para modificarlos a la luz de la experiencia.[25]
  • son capaces de actuar según lo que consideran la mejor opción, confiando en su propio criterio y sin sentirse culpables cuando a los demás no les agrada su elección.[25]
  • no pierden el tiempo preocupándose excesivamente por lo que sucedió en el pasado ni por lo que podría ocurrir en el futuro; aprenden del pasado y planifican el futuro, pero viven el presente con intensidad.[25]
  • confían plenamente en su capacidad para resolver problemas, sin vacilar ante los fracasos y las dificultades; piden ayuda a los demás cuando la necesitan.[25]
  • se consideran iguales en dignidad a los demás (ni inferiores ni superiores), al tiempo que aceptan las diferencias en cuanto a ciertos talentos, prestigio personal o situación económica.[25]
  • saben que son personas interesantes y valiosas para los demás (al menos para aquellos con quienes mantienen una relación de amistad).[25]
  • resisten la manipulación y colaboran con los demás únicamente si les parece apropiado y conveniente.[25]
  • admiten y aceptan diferentes sentimientos e impulsos internos, ya sean positivos o negativos, y revelan dichos impulsos a los demás únicamente cuando así lo deciden.[25]
  • son capaces de disfrutar de una gran variedad de actividades.[25]
  • son sensibles a los sentimientos y necesidades de los demás, respetan las normas sociales generalmente aceptadas y no reclaman el derecho ni el deseo de prosperar a costa de otros.[25]
  • pueden trabajar en la búsqueda de soluciones y expresar su descontento sin menospreciarse a sí mismos ni a los demás cuando surgen dificultades.[38]

Autoestima segura y defensiva

Algunas personas poseen una autoestima alta y segura, por lo que son capaces de mantener con confianza una visión positiva de sí mismas sin depender de la aprobación externa. Sin embargo, otras personas tienen una autoestima alta y defensiva; aunque también muestran una visión positiva de sí mismas en la Escala de Rosenberg, dicha visión es frágil y se ve amenazada fácilmente por las críticas. Los individuos con una autoestima alta y defensiva interiorizan dudas e inseguridades subconscientes sobre sí mismos, lo que hace que reaccionen de forma muy negativa ante cualquier crítica que puedan recibir. Estas personas necesitan recibir comentarios positivos y constantes por parte de los demás para mantener su sentimiento de valía personal. Esta necesidad de elogios repetidos puede asociarse a un comportamiento jactancioso y arrogante o, en ocasiones, incluso a sentimientos agresivos y hostiles hacia cualquiera que cuestione su valía, lo cual constituye un ejemplo de egotismo amenazado.[39][40]

La revista Journal of Educational Psychology publicó un estudio que contó con una muestra de 383 estudiantes universitarios malayos que participaban en programas de aprendizaje integrado en el trabajo en cinco universidades públicas. El objetivo era evaluar la relación entre la autoestima y otros atributos psicológicos (como la autoeficacia y la autoconfianza). Los resultados demostraron que la autoestima mantiene una relación positiva y significativa con la autoconfianza y la autoeficacia, ya que los estudiantes con mayor autoestima obtenían un mejor rendimiento académico en la universidad que aquellos con una autoestima más baja. Se concluyó que tanto las universidades como las empresas deberían hacer hincapié en la importancia del desarrollo de la autoestima en los estudiantes.[41]

Autoestima implícita y explícita

La autoestima implícita se refiere a la disposición de una persona a evaluarse a sí misma de forma positiva o negativa de manera espontánea, automática o inconsciente. Contrasta con la autoestima explícita, la cual implica una autoevaluación más consciente y reflexiva. Tanto la autoestima explícita como la implícita son, teóricamente, subtipos de la autoestima propiamente dicha.

Sin embargo, la validez de la autoestima implícita como constructo es muy cuestionable, debido no solo a su débil o inexistente correlación con la autoestima explícita y con las valoraciones de la autoestima realizadas por informadores externos,[21][26]sino también a la falta de correlación entre las distintas medidas de la autoestima implícita.[42]

En la actualidad, apenas existen evidencias científicas de que la autoestima se pueda medir de forma fiable o válida mediante métodos implícitos.[33]

Narcisismo y egotismo amenazado

El narcisismo es una disposición que pueden presentar las personas y que representa un amor excesivo hacia uno mismo. Se caracteriza por una percepción exagerada de la valía personal. Aquellos individuos que obtienen puntuaciones altas en los tests de narcisismo (como el Inventario de Personalidad Narcisista de Robert Raskin) responderían probablemente "verdadero" a enunciados como "Si yo gobernara el mundo, este sería un lugar mucho mejor".[43]Solo existe una correlación moderada entre el narcisismo y la autoestima;[44]es decir, un individuo puede tener una autoestima alta pero un nivel bajo de narcisismo, o bien registrar tanto una autoestima alta como un nivel alto de narcisismo.[45]Sin embargo, cuando el análisis de correlación se limita a los aspectos del narcisismo vinculados al sentimiento de superioridad o a la autoadmiración, las correlaciones entre narcisismo y autoestima pasan a ser fuertes. Además, la autoestima se correlaciona positivamente con el sentimiento de superioridad incluso al controlar la variable del narcisismo general.[10][9][11]

El narcisismo no solo se define por una autoestima inflada o sobredimensionada, sino también por características como el sentimiento de tener derecho a todo, la tendencia a la explotación y la dominación. Además, aunque una autoimagen positiva es una característica compartida entre el narcisismo y la autoestima, las autovaloraciones narcisistas son exageradas, mientras que en la autoestima no narcisista, la visión positiva de uno mismo en comparación con los demás es relativamente modesta. Por tanto, a pesar de que comparten una valoración positiva de uno mismo como rasgo principal, y de que el narcisismo se define por una alta autoestima, ambos constructos no son intercambiables.

El egotismo amenazado es un fenómeno en el que las personas narcisistas responden a las críticas con hostilidad y agresión, ya que estas ponen en peligro su sentimiento de valía personal.[24][46][47]

Autoestima baja

La autoestima baja puede ser el resultado de diversos factores, entre ellos: factores genéticos, el aspecto físico o el peso, problemas de salud mental, el nivel socioeconómico, experiencias emocionales significativas, el estigma social, la presión social o el acoso psicológico.[48]Una persona con baja autoestima puede mostrar algunas de las siguientes características:[25]

  • sufrir de una fuerte autocrítica e insatisfacción.
  • tener hipersensibilidad a las críticas, acompañada de resentimiento hacia los críticos y la sensación de sentirse atacado.
  • padecer de indecisión crónica y un miedo exagerado a equivocarse.
  • mostrar un deseo excesivo de complacer y rehuir la idea de descontentar a cualquier persona que le pida algo.
  • caer en el perfeccionismo, lo que puede generar frustración cuando no se alcanza la perfección.
  • sentir una culpa neurótica, obsesionándose con los errores del pasado o exagerando su gravedad.
  • presentar una hostilidad latente, así como una actitud defensiva e irritabilidad generalizadas sin ninguna causa aparente.
  • tener pesimismo y una perspectiva general negativa.
  • sentir envidia, recelo o un resentimiento general.
  • ver los contratiempos temporales como condiciones permanentes e intolerables.[38]

Las personas con baja autoestima tienden a ser críticas consigo mismas. Algunas dependen de la aprobación y el elogio de los demás a la hora de evaluar su valía personal. Otras pueden medir su nivel de aceptación social en función de sus éxitos, de modo que se aceptarán a sí mismas si triunfan, pero no lo harán si fracasan.[49]Las personas con baja autoestima crónica corren un mayor riesgo de sufrir trastornos psicóticos, y este comportamiento también está estrechamente vinculado a la aparición de síntomas psicóticos.[50][51]

Se ha demostrado que la terapia metacognitiva, la técnica EMDR, la terapia cognitiva basada en la atención plena, la terapia racional emotivo-conductual, la terapia cognitivo-conductual y las terapias basadas en rasgos y constructos mejoran la autoestima del paciente.[52]

Los tres estados

Esta clasificación propuesta por Martin Ross[53]distingue tres estados de la autoestima en relación con las «proezas» (triunfos, honores o virtudes) y las «antiproezas» (derrotas, situaciones embarazosas, vergüenza, etc.) de las personas.[53]

Autoestima rota

La persona no se considera valiosa ni digna de ser amada. Puede sentirse abrumada por la derrota o la vergüenza (o percibirse a sí misma de ese modo) y dar nombre a su «antiproeza». Por ejemplo, si considera que superar cierta edad es una antiproeza, se definirá a través de ella y dirá: «Soy viejo». Expresa acciones y sentimientos como el victimismo o los insultos hacia sí misma, y su propia tristeza puede llegar a paralizarla.[53][54]

Autoestima vulnerable

La persona tiene, por lo general, una imagen positiva de sí misma. Sin embargo, su autoestima es vulnerable ante el riesgo percibido de una «antiproeza» inminente (como una derrota, una situación embarazosa, la vergüenza o el descrédito); como consecuencia, suele mostrarse nerviosa y recurre con frecuencia a mecanismos de defensa.[54]Un mecanismo de protección típico de quienes poseen una autoestima vulnerable consiste en evitar la toma de decisiones. Aunque de cara al exterior estas personas puedan exhibir una gran seguridad en sí mismas, la realidad subyacente suele ser la opuesta: esa aparente confianza no es más que un indicador de su profundo temor a las antiproezas y de la fragilidad de su autoestima.[4]También pueden intentar culpar a los demás para proteger su autoimagen frente a situaciones que la amenacen. Asimismo, recurren a mecanismos de defensa que incluyen el intentar perder a propósito en juegos u otras competiciones; de este modo, protegen su autoimagen al desvincularse públicamente de la necesidad de ganar y simulan una independencia respecto a la aceptación social que, en realidad, anhelan profundamente. Debido a este miedo visceral a ser rechazadas por su entorno, acaban tomando decisiones arriesgadas que las llevan a cometer errores vitales.[55][54]

Fuerte

Las personas con una autoestima fuerte tienen una imagen positiva de sí mismas y la fuerza necesaria para que los fracasos o puntos débiles no la hundan. Tienen menos miedo al fracaso. Suelen mostrarse humildes y alegres, lo que demuestra cierta fortaleza para no presumir de sus logros ni temer a sus flaquezas.[55][54]Son capaces de luchar con todas sus fuerzas para alcanzar sus metas porque, si las cosas salen mal, su autoestima no se verá afectada. Pueden reconocer sus propios errores precisamente porque su autoimagen es sólida, y este reconocimiento no la dañará ni la alterará.[54]Viven con menos miedo a perder el prestigio social, y con mayor felicidad y bienestar general.[54]Sin embargo, ningún tipo de autoestima es indestructible;[56]debido a determinadas situaciones o circunstancias de la vida, se puede caer de este nivel a cualquier otro estado de la autoestima.[53][54]

Contingente y no contingente

"El valor de ser es el valor de aceptarse a uno mismo a pesar de ser inaceptable... Esta es la doctrina paulino-luterana de la "justificación por la fe." Paul Tillich[57]

Se distingue entre la autoestima contingente (o condicional)[58]y la no contingente (o incondicional).[59]

La autoestima contingente depende de factores externos, como las opiniones de los demás, el éxito o el fracaso personal, la propia competencia[60]o la estabilidad de las relaciones de pareja. Por lo tanto, este tipo de autoestima se caracteriza por la inestabilidad, la falta de fiabilidad y la vulnerabilidad. Las personas que carecen de una autoestima no contingente están «predispuestas a una búsqueda incesante de su propio valor».[61]Sin embargo, dado que la búsqueda de la autoestima contingente se basa en obtener la aprobación ajena, está condenada al fracaso. Nadie recibe aprobación de forma constante, y el rechazo suele desencadenar depresión. Además, el miedo a la desaprobación frena o inhibe aquellas actividades en las que existe la posibilidad de fracasar.[62]

La autoestima no contingente se describe como verdadera, estable y sólida.[63]Surge de la convicción de que uno es "aceptable y punto; aceptable ante la vida misma, ontológicamente aceptable".[64]Creer que uno es «ontológicamente aceptable» significa creer que la propia aceptabilidad es «la realidad de las cosas, sin condiciones».[65]Según expone el teólogo Paul Tillich, en esta creencia la aceptabilidad no se basa en la virtud de la persona. Se trata de una aceptación que se concede «a pesar de nuestra culpa, no porque estemos libres de ella».[66]El psiquiatra Thomas A. Harris se basó en Tillich para su obra clásica Yo estoy bien, tú estás bien (en inglés, I'm OK – You're OK), que aborda la autoestima no contingente. Harris tradujo el término «aceptable» de Tillich por la expresión coloquial OK (traducida al español como «estar bien»).[67]El mensaje cristiano, afirmaba Harris, no es «PUEDES ESTAR BIEN, SI...», sino «ERES ACEPTADO, incondicionalmente».[68]Una autoestima no contingente y segura brota de la creencia de que uno es ontológicamente aceptable y aceptado.[69]

Autoestima específica de un dominio

Mientras que la autoestima global hace referencia a cómo se evalúan los individuos en su totalidad, las facetas de la autoestima específica de un dominio se refieren a cómo se evalúan en diversos ámbitos relevantes de su vida. Estas facetas de la autoestima, funcionalmente diferenciadas, pueden abarcar autoevaluaciones en los ámbitos social, emocional, corporal, de rendimiento escolar y creativo-artístico.[70][71]

Se ha comprobado que estas facetas son predictivas de resultados relacionados con el funcionamiento psicológico, la salud, la educación y el trabajo.[72]Por ejemplo, una baja autoestima en el ámbito social (es decir, la competencia social autopercibida) se ha identificado de forma reiterada como un factor de riesgo para sufrir acoso psicológico.[73][70]

La autoestima es un concepto gradual. En virtud de ello, las personas pueden presentar en esencia uno de tres estados:

  • Tener una autoestima alta equivale a sentirse confiadamente apto para la vida, o, usando los términos de la definición inicial, sentirse capaz y valioso; o sentirse aceptado como persona.[35]
  • Tener una autoestima baja es el no sentir disposición para la vida; es sentirse equivocado como persona.[35]
  • Tener un término medio de autoestima es oscilar entre los dos estados anteriores, es decir, sentirse apto e inútil, acertado y equivocado como persona, y manifestar estas incongruencias en la conducta —actuar, unas veces, con sensatez, otras, con irreflexión—-, reforzando, así, la inseguridad.[35]

En la práctica, y según la experiencia de Nathaniel Branden, todas las personas son capaces de desarrollar la autoestima positiva, al tiempo que nadie presenta una autoestima totalmente sin desarrollar. Cuanto más flexible es la persona, tanto mejor resiste todo aquello que, de otra forma, la haría caer en la derrota o la desesperación.[35]

Escalera de la autoestima

Autorreconocimiento: Es reconocerse a sí mismo, reconocer las necesidades, habilidades, potencialidades y debilidades, cualidades corporales o psicológicas, observar sus acciones, como actúa, por qué actúa y qué siente.

Autoaceptación: Es la capacidad que tiene el ser humano de aceptarse tal como es, en lo físico, psicológico y social; aceptar cómo es su conducta consigo mismo y con los otros. Es admitir y reconocer todas las partes de sí mismo como un hecho, como forma de ser y sentir.

Por autoaceptación se entiende:

  1. El reconocimiento responsable, ecuánime y sereno de aquellos rasgos físicos y psíquicos que nos limitan y empobrecen, así como de aquellas conductas inapropiadas y/o erróneas de las que somos autores.[25]
  2. La consciencia de nuestra dignidad innata como personas que, por muchos errores o maldades que perpetremos, nunca dejaremos de ser nada más y nada menos que seres humanos falibles.[25]

En palabras de Albert Ellis:

'Autoaceptación' quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respeto y su amor.[25]

Autovaloración: Refleja la capacidad de evaluar y valorar las cosas que son buenas de uno mismo, aquellas que le satisfacen y son enriquecedoras, le hacen sentir bien, le permiten crecer y aprender. Es buscar y valorar todo aquello que le haga sentirse orgulloso de sí mismo.

Autorrespeto: Expresar y manejar en forma conveniente sentimientos y emociones, sin hacerse daño ni culparse. El respeto por sí mismo es la sensación de considerarse merecedor de la felicidad, es tratarse de la mejor forma posible, no permitir que los demás lo traten mal; es el convencimiento real de que los deseos y las necesidades de cada uno son derechos naturales, lo que permitirá poder respetar a los otros con sus propias individualidades.

Autosuperación: Si la persona se conoce es consciente de sus cambios, crea su propia escala de valores, desarrolla y fortalece sus capacidades y potencialidades, se acepta y se respeta; está siempre en constante superación, por lo tanto, tendrá un buen nivel de autoestima, generando la capacidad para pensar y entender, para generar, elegir y tomar decisiones y resolver asuntos de la vida cotidiana, escuela, amigos, familia, etc. Es una suma de pequeños logros diarios.

Autoeficacia y autodignidad

La autoestima tiene dos aspectos relacionados entre sí:[cita requerida]

1. Un sentido de ganador y de poder salir adelante (autoeficacia).

2. Un sentido de mérito personal (auto dignidad).

Autoeficacia: confiar en el funcionamiento de mi mente, capacidad de pensar, en los procesos por los cuales juzgo, elijo, decido; confianza en la capacidad de comprender los hechos de la realidad que entran en la esfera de mis intereses y necesidades; confianza conocedora en uno mismo.

Autodignidad: seguridad de mi valor; una actitud afirmativa hacia mi derecho de vivir y felicidad.

Autoeficacia y auto dignidad son los pilares duales de la autoestima. La falta de alguno de ellos afecta enormemente; representan la esencia de la autoestima.

Importancia de la autoestima positiva

Es imposible la salud psicológica, a no ser que lo esencial de la persona sea fundamentalmente aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma.[25]

La autoestima permite a las personas enfrentarse a la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, y por consiguiente alcanzar más fácilmente sus objetivos y autorrealizarse.[35]

Permite que uno sea más ambicioso respecto a lo que espera experimentar emocional, creativa y espiritualmente. Desarrollar la autoestima es ampliar la capacidad de ser felices; la autoestima permite tener el convencimiento de merecer la felicidad.[35]

Comprender esto es fundamental, y redunda en beneficio de todos, pues el desarrollo de la autoestima positiva aumenta la capacidad de tratar a los demás con respeto, benevolencia y buena voluntad, favoreciendo así las relaciones interpersonales enriquecedoras y evitando las destructivas.[35]

El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas opuestas. Todo lo contrario, una actitud de amor hacia sí mismos se halla en todos aquellos que son capaces de amar a los demás.

Permite la creatividad en el trabajo, y constituye una condición especialmente crítica para la profesión docente.[74][n. 1]

José-Vicente Bonet,[75] en su libro Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima, recuerda que la importancia de la autoestima es algo evidente:

La importancia de la autoestima se aprecia mejor cuando cae uno en la cuenta de que lo opuesto a ella no es la heteroestima, o estima de los otros, sino la desestima propia, rasgo característico de ese estado de suma infelicidad que llamamos «depresión». Las personas que realmente se desestiman, se menosprecian, se malquieren..., no suelen ser felices, pues no puede uno desentenderse u olvidarse de sí mismo.[25]
José-Vicente Bonet

Escala de Autoestima de Rosenberg

Rosenberg entiende a la autoestima como un fenómeno actitudinal creado por fuerzas sociales y culturales. La autoestima se crea en un proceso de comparación que involucra valores y discrepancias. El nivel de autoestima de las personas se relaciona con la percepción de sí mismo en comparación con los valores personales.[76] Estos valores fundamentales han sido desarrollados a través del proceso de socialización. En la medida que la distancia entre el sí mismo ideal y el sí mismo real es pequeña, la autoestima es mayor. Por el contrario, cuanto mayor es la distancia, menor será la autoestima, aun cuando la persona sea vista positivamente por otros.[cita requerida]

La autoestima es un constructo de gran interés clínico por su relevancia en los diversos cuadros psicopatológicos, así como por su asociación con la conducta de búsqueda de ayuda psicológica, con el estrés y con el bienestar general. (Vázquez, Jiménez & Vázquez, 2004.)

Muy particularmente se ha asociado con cuadros como la depresión, los trastornos alimentarios, los trastornos de personalidad, la ansiedad, y la fobia social. Asimismo se ha señalado que el nivel de autoestima es un excelente predictor de la depresión.[cita requerida]

El estudio de la autoestima es, por tanto, un aspecto esencial en la investigación psicopatológica, siendo de interés la disponibilidad de instrumentos adecuadamente validados para su evaluación.

La Escala de Autoestima de Rosenberg es una de las escalas más utilizadas para la medición global de la autoestima. Desarrollada originalmente por Rosenberg (1965) para la evaluación de la autoestima en adolescentes, incluye diez ítems cuyos contenidos se centran en los sentimientos de respeto y aceptación de sí mismo/a. La mitad de los ítems están enunciados positivamente y la otra mitad negativamente(ejemplos, sentimiento positivo: " creo que tengo un buen número de cualidades " sentimiento negativo: " siento que no tengo muchos motivos para sentirme orgulloso de mi" ). Es un instrumento unidimensional que se contesta en una escala de 4 alternativas, que va desde " muy de acuerdo" a " muy en desacuerdo", respectivamente.

Falsos estereotipos

La comodidad no es autoestima

A una persona con la autoestima baja —o «equivocada», según la terminología de Branden—, cualquier estímulo positivo, a lo más que podrá llegar, será a hacerla sentir cómoda o, a lo sumo, mejor con respecto a sí misma únicamente durante un tiempo.[35] Por lo tanto, los bienes materiales, o las relaciones sexuales, o el éxito, o el aspecto físico, por sí solos, producirán sobre esa persona comodidad, o bien un falso y efímero desarrollo de la autoestima, pero no potenciarán realmente la confianza y el respeto hacia uno mismo.

La autoestima no es competitiva ni comparativa

Paradójicamente, la mayoría de las personas buscan la autoconfianza y el autorrespeto fuera de sí mismas, motivo por el cual están abocadas al fracaso. Según Nathaniel Branden, «la autoestima se comprende mejor como una suerte de logro espiritual o mental, es decir, como una victoria en la evolución de la conciencia». Así, la autoestima proporciona serenidad espiritual, la cual a su vez permite a las personas disfrutar de la vida.[35]

El estado de una persona que no está en guerra ni consigo misma ni con los demás es una de las características más significativas de una autoestima sana.

La verdadera autoestima no se expresa mediante la autoglorificación a expensas de los demás, o por medio del afán de ser superior a otras personas o de rebajarlas para elevarse uno mismo. La arrogancia, la jactancia y la sobrevaloración de las propias capacidades revelan una autoestima equivocada, y no un exceso de autoestima.[35][25] La autoestima es la base fundamental para que el ser humano desarrolle al máximo sus capacidades, es el punto de partida para el desarrollo positivo de las relaciones humanas, del aprendizaje, de la creatividad y de la responsabilidad personal.[77]

La salud mental

Está muy presente la relación entre la salud mental y la autoestima en la sociedad contemporánea. Una creencia popular es que la salud mental depende de la autoestima, y viceversa. Esto no es completamente correcto, pero sí hay una relación importante que afecta a cómo se ven estos temas en el ámbito social. Ha sido comprobado que una persona con mayor autoestima y autovaloración es menos proclive a padecer problemas en su salud mental. [78]

Indicadores de la autoestima

Indicadores positivos de autoestima

(Adaptados de D. E. Hamachek, Encounters with the Self, Rinehart, Nueva York, 1971).

La persona que se autoestima suficientemente:[25]

  1. Cree con firmeza en ciertos valores y principios, y está dispuesta a defenderlos incluso aunque encuentre oposición. Además, se siente lo suficientemente segura de sí misma como para modificarlos si la experiencia le demuestra que estaba equivocada.
  2. Es capaz de obrar según crea más acertado, confiando en su propio criterio, y sin sentirse culpable cuando a otros no les parezca bien su proceder.
  3. No pierde el tiempo preocupándose en exceso por lo que le haya ocurrido en el pasado ni por lo que le pueda ocurrir en el futuro. Aprende del pasado y proyecta para el futuro, pero vive con intensidad el presente.
  4. Confía plenamente en su capacidad para resolver sus propios problemas, sin dejarse acobardar fácilmente por fracasos y dificultades. Y, cuando realmente lo necesita, está dispuesta a pedir la ayuda de otros.
  5. Como persona, se considera y siente igual que cualquier otro; ni inferior, ni superior; sencillamente, igual en dignidad; y reconoce diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o posición económica.
  6. Da por sentado que es interesante y valiosa para otras personas, al menos para aquellos con los que mantiene amistad.
  7. No se deja manipular, aunque está dispuesta a colaborar si le parece apropiado y conveniente.
  8. Reconoce y acepta en sí misma diferentes sentimientos y pulsiones, tanto positivos como negativos, y está dispuesta a revelárselos a otra persona, si le parece que vale la pena y así lo desea.
  9. Es capaz de disfrutar con una gran variedad de actividades.
  10. Es sensible a los sentimientos y necesidades de los demás; respeta las normas sensatas de convivencia generalmente aceptadas, y entiende que no tiene derecho —ni lo desea— a medrar o divertirse a costa de otros.[cita requerida]

Indicios negativos de autoestima

La persona con autoestima deficiente suele manifestar algunos de los siguientes síntomas:[25]

  • Autodesprecio: Insultarte a ti mismo o minimizar tus sentimientos, de manera muy similar al abuso psicológico pero interiorizado.[79]
  • Autocrítica rigorista: tendiente a crear un estado habitual de insatisfacción consigo misma.
  • Hipersensibilidad a la crítica: que le hace sentirse fácilmente atacado y a experimentar resentimientos pertinaces contra sus críticos.
  • Indecisión crónica: no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
  • Deseo excesivo de complacer: no se atreve a decir «no», por temor a desagradar y perder la benevolencia del peticionario.
  • Perfeccionismo: o autoexigencia de hacer «perfectamente», sin un solo fallo, casi todo cuanto intenta; lo cual puede llevarlo a sentirse muy mal cuando las cosas no salen con la perfección exigida.
  • Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonarse por completo
  • Hostilidad flotante: irritabilidad a flor de piel, siempre a punto de estallar aun por cosas de poca importancia; propia del supercrítico a quien todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
  • Tendencias defensivas: un negativo generalizado (todo lo ve negro: su vida, su futuro y, sobre todo, su sí mismo) y una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma.
  • Críticos con los demás: en ocasiones, una persona que padece de una baja autoestima puede llegar a emplear la crítica hacia otras personas cuando algo sale mal, especialmente cuando se trate de defenderse a uno mismo ante una situación incómoda, con la pretensión de demostrar su inocencia. Incluso, puede que la persona que padece autoestima baja no llegue a ser consciente de su comportamiento y que no lo haga con una mala intención.

[cita requerida]

Repercusión de los desequilibrios de autoestima en adolescentes

Los desequilibrios de autoestima pueden presentarse de formas como las siguientes:[cita requerida]

Trastornos psicológicos:

  • Ideas de suicidio.
  • Falta de apetito.
  • Pesadumbre.
  • Poco placer en las actividades (anhedonia).
  • Pérdida de la visión de un futuro.
  • Estado de ánimo triste, ansioso o vacío persistente.
  • Desesperanza y pesimismo.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo.
  • Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
  • Trastornos en el sueño.
  • Inquietud, irritabilidad.
  • Dolores de cabeza.
  • Trastornos digestivos y náuseas.

Trastornos afectivos:

Trastornos intelectuales:

  • Mala captación de estímulos.
  • Mala fijación de los hechos de la vida cotidiana.
  • Dificultad de comunicación.
  • Autodevaluación (baja autoestima)
  • Incapacidad de enfrentamiento.
  • Ideas o recuerdos repetitivos molestos.

Trastornos de conducta:

  • Descuido de las obligaciones y el aseo personal.
  • Mal rendimiento en las labores.
  • Tendencia a utilizar sustancias nocivas.

Trastornos somáticos:

  • Insomnio.
  • Inquietud en el sueño.
  • Anorexia.
  • Bulimia.
  • Vómitos o náuseas con mareos
  • Tensión en músculos de la nuca.
  • Enfermedades del estómago.
  • Alteraciones en la frecuencia del ritmo cardíaco.

Breve reseña histórica

  • El constructo psicológico de autoestima (o autoconcepto) se remonta a William James, a finales del siglo XIX, quien, en su obra Los Principios de la Psicología, estudiaba el desdoblamiento de nuestro «Yo-global» en un «Yo-conocedor» y un «Yo-conocido». Según James, de este desdoblamiento, del cual todos somos conscientes en mayor o menor grado, nace la autoestima.[25]
  • Carl Rogers, máximo exponente de la psicología humanista, expuso su teoría acerca de la aceptación y autoaceptación incondicional como la mejor forma de mejorar la autoestima.
  • Robert B. Burns considera que la autoestima es el conjunto de las actitudes del individuo hacia sí mismo. El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos; se evalúa y los evalúa. Consecuentemente, siente emociones relacionadas consigo mismo. Todo ello evoca en él tendencias conductuales dirigidas hacia sí mismo, hacia su forma de ser y de comportarse, y hacia los rasgos de su cuerpo y de su carácter, y ello configura las actitudes que, globalmente, llamamos autoestima. Por lo tanto, la autoestima, para Burns, es la percepción evaluativa de uno mismo. En sus propias palabras: «la conducta del individuo es el resultado de la interpretación peculiar de su medio, cuyo foco es el sí mismo».[25]
  • Investigadores como Coopersmith (1967), Brinkman et al. (1989), López y Schnitzler (1983), Rosemberg y Collarte, si bien exponen conceptualizaciones de la autoestima diferentes entre sí, coinciden en algunos puntos básicos, como que la autoestima es relevante para la vida del ser humano y que constituye un factor importante para el ajuste emocional, cognitivo y práctico de la persona.[74] Agrupando las aportaciones de los autores citados, se obtendría una definición conjunta como la siguiente:
La autoestima es una competencia específica de carácter socio-afectivo que constituye una de las bases mediante las cuales el sujeto realiza o modifica sus acciones. Se expresa en el individuo a través de un proceso psicológico complejo que involucra a la percepción, la imagen, la estima y el autoconcepto que este tiene de sí mismo. En este proceso, la toma de conciencia de la valía personal se va construyendo y reconstruyendo durante toda la vida, tanto a través de las experiencias vivenciales del sujeto, como de la interacción que este tiene con los demás y con el ambiente.[74]

Críticas al concepto de autoestima

Según el enfoque socialista del psicólogo cubano Ovidio D´Angelo Hernández,[80] la autoestima, al depender en parte de la heteroestima, se ve intensamente influida por las condiciones sociales.[81] El concepto que una persona tiene de sí misma y de los demás, y lo que una persona siente por sí misma y por los demás, son la base de las relaciones humanas, y por lo tanto, decisivos para las contingencias del ser humano. Según D’Angelo Hernández, las personas normalmente conviven con su ego, debiendo lidiar continuamente con las consecuencias de esto; dicho de otro modo, el altruismo puro, salvo en personas de gran bondad y dedicadas íntegramente al desarrollo espiritual, raramente se encuentra. La cultura, la política, la economía, la sociedad, la historia misma, están determinadas por la autoestima de las personas, y al mismo tiempo son determinantes.[82] Nada escapa a la influencia de la autoestima, ni siquiera la propia concepción de la autoestima. Por ello, y para evitar confusiones, deberá valorarse el concepto de autoestima de forma diferente según cada ideología.[cita requerida]

En otras palabras, la autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Refleja el juicio implícito que cada uno hace de su habilidad para enfrentar los desafíos de la vida (para comprender y superar los problemas) y de su derecho a ser feliz (respetar y defender sus intereses y necesidades).[83]

Una mejora de la autoestima es una forma de prevenir el desarrollo de problemas psicológicos frecuentes en niños y adolescentes. Diversos estudios y revisiones indican un efecto positivo de la actividad física sobre la depresión, la ansiedad y problemas de conducta en niños y adolescentes. Sin embargo, estos estudios no se han actualizado desde su publicación inicial, por lo que es necesaria una revisión actualizada sobre la efectividad de las intervenciones basadas en el ejercicio para promover la autoestima en los niños y jóvenes.

Una revisión sistemática de 23 estudios, realizados en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nigeria, y cuyos participantes fueron niños y adolescentes entre 3 y 20 años de edad, determinó que las intervenciones de ejercicios físicos tienen efectos positivos sobre la autoestima, al menos en el corto plazo. No hubo diferencias significativas en los efectos según la duración o el tipo de intervención, y dado que no se entregaron resultados de seguimiento, no se conocen los efectos a largo plazo. No obstante, existen varias deficiencias metodológicas y sesgos en los estudios, por lo que se necesitan más investigaciones que proporcionen evidencia más robusta.[84]

El concepto estadounidense de la autoestima: críticas y controversia

Una interpretación sesgada del concepto de autoestima, tal como se entiende en algunas capas de la sociedad norteamericana, donde se admite y promueve en gran medida el narcisismo (e incluso se habla de «narcisismo saludable»),[85] ha sido ocasionalmente criticado desde diferentes campos, por figuras como el dalái lama, Carl Rogers, Paul Tillich y Alfred Korzybski.[86][87][88][89][90]

Tal vez las críticas teóricas y operativas más duras provengan del psicólogo estadounidense Albert Ellis, quien en numerosas ocasiones ha calificado la filosofía de la autoestima como esencialmente autofrustrante y destructiva en última instancia.[91] Ellis considera que, aunque la propensión y tendencia del ser humano hacia el ego es innata, la filosofía de la autoestima aparece en un análisis definitivo como irreal, ilógica y destructiva para el individuo y para la sociedad, proporcionando más daño que beneficio. Cuestiona los fundamentos y la utilidad de la fuerza del ego, y afirma que la autoestima está basada en premisas definitorias arbitrarias, y sobre un pensamiento sobre-generalizado, perfeccionista y ostentoso.[91] Ellis agrega que los seres humanos tienen una fuerte tendencia a evaluarse o juzgarse, no tienen por qué hacerlo, y se comportan de forma irracional cuando lo hacen; pues simplemente podrían aceptar su existencia "como existo, prefiero seguir vivo y mientras lo esté, prefiero ser feliz".[1] Admite que la consideración y valoración de los comportamientos y características son funcionales e incluso necesarios, pero ve la consideración y valoración de la totalidad de los seres humanos y la totalidad de uno mismo como irracionales, antiéticas y absolutistas. Según Ellis, la alternativa más saludable es la autoaceptación y aceptación de los demás de forma incondicional.[92] Utiliza una psicoterapia denominada Rational Emotive Behavior Therapy («terapia de comportamiento emotivo racional»).[93] También se le conoce como Terapia Racional Emotiva Conductual.[1]

Véase también

Notas

  1. A pesar de ello, y aunque existen numerosos estudios sobre la autoestima, son pocos los que se centran específicamente sobre este grupo de población.

Referencias

Enlaces externos

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