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Amparo Hurtado Albir

traductora y profesora universitaria española From Wikipedia, the free encyclopedia

Amparo Hurtado Albir (España, 1954) es una académica, investigadora y traductora española especializada en traductología.

Nacimiento 1954 Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Supervisor doctoral Danica Seleskovitch Ver y modificar los datos en Wikidata
Datos rápidos Información personal, Nacimiento ...
Amparo Hurtado Albir
Información personal
Nacimiento 1954 Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Educación
Educada en Universidad de Valencia Ver y modificar los datos en Wikidata
Supervisor doctoral Danica Seleskovitch Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Traductora, profesora de universidad, escritora, translation researcher, lingüista e hispanista Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador Universidad Autónoma de Barcelona Ver y modificar los datos en Wikidata
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Es conocida principalmente por sus trabajos sobre la competencia traductora y por dirigir el grupo de investigación PACTE (Proceso de Adquisición de la Competencia Traductora y Evaluación) en la Universidad Autónoma de Barcelona.[1]

Biografía

Se formó inicialmente en Filología Moderna en la Universidad de Valencia. Su trayectoria académica combina experiencia docente en España y Francia. Entre 1976 y 1977 fue asistente de español en el Lycée Victor Duruy. Entre 1977 y 1978 fue becaria del Gobierno francés en la Universidad de París VIII. Posteriormente, entre 1978 y 1981, ejerció en diferentes periodos como profesora encargada del curso de traducción francés-español en la EUTI de la Universidad Autónoma de Barcelona.[2]

Durante la década de 1980 continuó su actividad académica entre Francia y España. Fue becaria FPI (Formación de Personal Investigador) en la ESIT (École Supérieure d'Interprètes et de Traducteurs) entre 1981 y 1985. Después fue becaria posdoctoral de reincorporación en la Universidad de Barcelona entre 1986 y 1989, profesora de traducción francés-español en el Institut Français de Barcelone entre 1987 y 1989, y becaria posdoctoral de la Generalitat de Cataluña en la EUTI de la Universidad Autónoma de Barcelona entre 1989 y 1991.[2]

En los años noventa, el perfil institucional de la UAB registró su actividad docente en la Universidad de Valencia y en la Universitat Jaume I. Más adelante aparece como profesora titular universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona, en el área de Teoría de la Traducción y traducción francés-español, entre 1995 y 1999.

Investigación en estudios de traducción

Su investigación se ha desarrollado principalmente en el campo de los estudios de traducción. El Portal de Investigación de la UAB identifica entre sus temas recurrentes la adquisición de la competencia traductora, la formación de traductores, el proceso traductor, la investigación y la unidad didáctica. Su producción académica también aparece vinculada con distintas áreas de la traducción, interpretación, y la formación de traductores.[3]

Definición de traducción

La académica define a la traducción como un proceso de interpretación y reformulación textual que se encuentra inmerso en la sociedad. La concibe también como un acto comunicativo, una operación entre textos, y un proceso mental al mismo tiempo.[4]Como acto comunicativo, la traducción sirve para que una persona sin conocimiento de la lengua o cultura pueda acceder a un texto escrito en ella. Sin embargo, no se trata de un proceso sencillo, ya que implica trasladar un mensaje de un contexto cultural a otro. Como operación entre textos, la traducción no se entiende simplemente como trasladar palabras de una lengua a otra. Cada lengua tiene sus propias reglas, formas de organizar la información y convenciones textuales, por lo que quien traduce debe buscar que el texto funcione de manera adecuada en la lengua y cultura meta. Como proceso mental, menciona que quien traduce realiza distintas operaciones para entender el texto fuente y reformular su contenido en el texto meta.[4]

En este proceso influyen elementos como el encargo (especificaciones, instrucciones y condiciones del cliente al traductor) el destinatario y el contexto. A partir de estos factores, la persona traductora elige un método con el cual traducir. Distingue cuatro métodos básicos: el interpretativo-comunicativo, centrado en transmitir el sentido; el literal, basado en la correspondencia lingüística; el libre, que permite realizar modificaciones más amplias respecto al texto fuente; y el filológico, propio de traducciones académicas, críticas o anotadas.[4]

Competencia traductora y subcompetencias

La investigadora define a la competencia traductora como el conjunto de habilidades conscientes e individuales que utiliza quien traduce para resolver los problemas que van surgiendo a lo largo del proceso de traducción. Aunque el término comenzó a generalizarse en la literatura especializada a mediados de los años ochenta, ella señala que la competencia traductora existe desde el momento mismo en que existe la traducción, ya que traducir implica necesariamente ponerla en práctica.[2]

Distingue cinco subcompetencias que conforman la competencia traductora:[4]

  1. Competencia lingüística en las dos lenguas: capacidad de comprender el texto en la lengua fuente y de producirlo en la lengua meta, ya sea de forma escrita (en el caso de personas traductoras) u oral (en el caso de personas intérpretes).
  2. Competencia extralingüística: conocimiento general del mundo, así como conocimientos culturales y temáticos relacionados con el ámbito del texto a traducir.
  3. Competencia de transferencia o traslatoria: capacidad de comprender el texto fuente y reformularlo en la lengua meta de manera adecuada, teniendo en cuenta la finalidad de la traducción y las características del destinatario.
  4. Competencia profesional o de estilo de trabajo: capacidad para documentarse, manejar herramientas tecnológicas y conocer el funcionamiento del mercado laboral de la traducción.
  5. Competencia estratégica: conjunto de procedimientos individuales que el traductor utiliza para identificar y resolver problemas concretos a lo largo del proceso de traducción.

También especifica que las dos primeras subcompetencias no son características exclusivas de una persona traductora, ya que incluso personas bilingües con conocimientos culturales pueden poseerlas; pero las últimas tres son aquellas que identifican y definen la competencia traductora en general.[4]

Método de evaluación

Su método de evaluación considera tanto el efecto negativo de los errores de traducción como el efecto positivo de las soluciones creativas, y se basa en el análisis de errores. Los errores se clasifican en tres categorías principales:[5]

  1. Traducciones inadecuadas que afectan la comprensión del texto fuente: abarca errores relacionados a malas traducciones, sentidos erróneos, sinsentidos, adiciones, omisiones, referencias extralingüísticas no resueltas, pérdidas de sentido, y variaciones lingüísticas apropiadas en cuanto al registro, estilo y/o dialecto.
  2. Traducciones inadecuadas que afectan la expresión en la lengua meta: se relaciona con cuestiones de ortografía, gramática, léxico y estilo.
  3. Traducciones inadecuadas que afectan la transmisión de las funciones del texto fuente.

Cada error puede penalizarse con -1 punto (error menor) o -2 puntos (error grave), mientras que las soluciones buenas o excepcionalmente buenas reciben +1 o +2 puntos respectivamente.[5]

Grupo PACTE

En 1997 se formó en Barcelona el grupo PACTE (Process Acquisition of Translation Competence and Evaluation) con el objetivo de investigar de forma empírico-experimental el funcionamiento de la competencia traductora (CT).[6]

Subcomptencias propuestas por el Grupo PACTE

El grupo PACTE estableció una serie de competencias y habilidades que con el tiempo se convirtieron en subcompetencias interrelacionadas, con jerarquías y variaciones. La importancia de cada subcompetencia varía dependiendo de factores como la dirección de la traducción (directa o inversa), la combinación de idiomas, la especialización (jurídica, económica, literaria) y la experiencia del traductor.[6]

  1. Competencia comunicativa en las dos lenguas: se refiere a los conocimientos, esencialmente operativos, necesarios para la comunicación en dos lenguas: comprensión de la lengua fuente y producción en la lengua meta. Esta competencia se conforma por el conocimiento pragmático, sociolingüístico, textual, léxico y gramatical en cada lengua, lo que implica que quien traduce debe seleccionar el léxico, la morfología y la sintaxis adecuados, además de garantizar la coherencia y cohesión del texto.
  2. Competencia extralingüística (cultural): comprende el conocimiento general del mundo y también un conocimiento especializado que se adapte a las distintas necesidades de la traducción.
  3. Subcompetencia instrumental/profesional: abarca el conocimiento sobre el uso de fuentes de documentación y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) aplicadas a la traducción. Se refiere a conocimientos declarativos, implícitos y explícitos, sobre los principios que rigen la traducción (unidad de traducción, procesos requeridos, métodos y procedimientos, tipos de problemas) y sobre el ejercicio profesional (mercado laboral, tipos de encargo, destinatarios).
  4. Competencia psicofisiológica: consiste en el conocimiento que el traductor tiene de sus propias capacidades, e incluye componentes cognitivos (memoria, percepción, atención y emoción), actitudinales (curiosidad intelectual, perseverancia, rigor, espíritu crítico, confianza en las capacidades propias) y habilidades como la creatividad, el razonamiento lógico, el análisis y la síntesis.
  5. Competencia de transferencia / conocimientos de traducción: permite a quien traduce detectar diferencias lingüísticas y culturales entre el texto fuente y el meta, y solucionar los problemas que puedan surgir. Consiste en la capacidad de desarrollar correctamente el proceso de transferencia considerando la finalidad de la traducción y las características del destinatario.
  6. Competencia estratégica: describe los procedimientos individuales utilizados para afrontar los problemas que surgen en el proceso traductor y, con el tiempo, se convierte en una subcompetencia esencial que afecta e interrelaciona a todas las demás, ya que controla el proceso traductor.

Críticas a su trabajo

  • Adel Salem Bahameed presenta el modelo de evaluación de Amparo Hurtado (1995) como una alternativa válida, pero señala que el método depende parcialmente de la intuición subjetiva de quien corrige, ya que decide si un error es menor o grave sin un criterio completamente objetivo. Concluye que el método es válido para estudiantes principiantes de traducción, ya que puede aplicarse de forma equitativa y sin sesgo, y permite distinguir con claridad los niveles entre estudiantes. Pero advierte que podría no ser suficientemente estricto para traductores experimentados, lo que sugiere limitaciones en cuanto a su aplicabilidad general.[5]
  • Florentino Heras Díez considera que la competencia estratégica puede incluirse dentro de la de transferencia, ya que no basta con saber seguir el proceso traductor, sino que también es necesario encontrar solución para los problemas puntuales, especialmente cuando no existe un equivalente automático y la mente humana debe intervenir.[6]

Obras y publicaciones

Libros

  • La notion de fidélité en traduction, 1990
  • La enseñanza de la traducción, 1996
  • Traducción y traductología: Introducción a la traductología, 2001
  • Researching Translation Competence by PACTE Group, 2017

Artículos

  • La competencia traductora y su adquisición. Un modelo holístico y dinámico, 1999
  • La investigación en didáctica de la traducción: Evolución, enfoques y perspectivas, 2019
  • A pesquisa em didática da tradução: Evolução, abordagens e perspectivas, 2022

Referencias

Enlaces externos

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