Ana María Lorandi

From Wikipedia, the free encyclopedia

Nacimiento 07 de marzo de 1936
Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, Argentina
Fallecimiento 30 de enero de 2017
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Nacionalidad Argentina
Educación Profesora de Enseñanza Primaria, Media y Especial en Historia - Universidad Nacional del Litoral
Ana María Lorandi
Información personal
Nacimiento 07 de marzo de 1936
Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, Argentina
Fallecimiento 30 de enero de 2017
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Nacionalidad Argentina
Educación
Educación Profesora de Enseñanza Primaria, Media y Especial en Historia - Universidad Nacional del Litoral
Educada en Universidad Nacional de Rosario Ver y modificar los datos en Wikidata
Posgrado Doctora en Historia - Universidad Nacional del Litoral
Información profesional
Ocupación Arqueóloga, historiadora e investigadora Ver y modificar los datos en Wikidata
Retrato de la Dra. Ana María Lorandi en su cumpleaños número 80. Foto tomada por Alina Boixadós Caba (2016).

Ana María Lorandi (Cañada de Gómez, Santa Fe, Argentina, 7 de marzo de 1936-Buenos Aires, Argentina, 30 de enero de 2017) fue una arqueóloga e historiadora argentina conocida por iniciar y desarrollar los estudios de Etnohistoria Andina en la Universidad de Buenos Aires y por promover la renovación radical de la historia incaica desarrollada por John Victor Murra.[1][2] Fue destacada tanto por su labor científica como en gestión. Fue pionera en el estudio de la arqueología de la provincia de Santiago del Estero y desarrolló la Etnohistoria en argentina.[2]

Estudios

Ana María nació en 1936 en Cañada de Gómez, un pequeño pueblo de inmigrantes de la provincia de Santa Fe. Descendiente de lombardos por ambas líneas, su abuelo paterno se instaló en esta región litoraleña para trabajar en la construcción de la línea ferroviaria que uniría las ciudades de Rosario y Córdoba. Ana María se crio en el seno de una familia trabajadora que la nutrió no solo en los valores del sacrificio, del ahorro y de la vida austera, sino también en el amor por la lectura transmitido por su padre. Su madre era maestra de escuela y su padre ferroviario. La prematura muerte de su madre la obligó a madurar repentinamente y debió hacerse cargo del cuidado de su hermano menor y de las tareas domésticas del hogar, como era propio de la época. Esta circunstancia le forjó una férrea disciplina laboral y familiar que la acompañó toda su vida. Lorandi fluctuaba en esa época entre la literatura y la historia inspirada por los profesores de la escuela pública y, más tarde, estimulada por el ambiente favorable de las tertulias con los intelectuales del pueblo.[1][2][3][4]

Dejó su pueblo para estudiar historia en la Universidad Nacional del Litoral (Rosario), donde recibió su título de Profesora de Enseñanza Primaria, Media y Especial en Historia en 1960. En 1964 ingresó en la carrera de investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y en 1967 obtuvo su doctorado en historia en la misma universidad.

Trayectoria profesional

Precisamente en Rosario tuvo la oportunidad de conocer al arqueólogo Alberto Rex González e iniciarse en el quehacer arqueológico que la acompañó durante más de veinte años. Sin duda, las campañas arqueológicas y los trabajos realizados por el equipo liderado por Rex González en Rosario fueron una fuente de inspiración que pudo recrear años más tarde en Buenos Aires, cuando tuvo la oportunidad de formar su propio equipo de investigación. La experiencia en Rosario terminó en 1966 con el suceso a nivel nacional y en especial en Buenos Aires de la “noche de los bastones largos” durante la dictadura militar iniciada por el general Juan Carlos Onganía (1966-1973), régimen que provocó además la cesantía, renuncia y emigración de notables intelectuales.[1][3][4]

Una vez desarticulados los equipos de investigación en Rosario, Lorandi comenzó su experiencia en la Universidad Nacional de La Plata a cargo de la cátedra de Arqueología Americana (1969), donde su vinculación fue fecunda e inició un premonitorio giro de área y objeto de estudio: de la arqueología de las llanuras tucumano-santiagueñas viró a los estudios de la arqueología incaica en los valles del Noroeste argentino (NOA).[1][3]

Experiencias internacionales

Entre 1976 y 1980 Ana María viajó frecuentemente a Francia, donde completó sus estudios postdoctorales en la L’École des Hautes Études en Sciences Sociales y en la Sorbona. París significó mucho para ella en términos familiares y académicos. Allí creció su única hija, Valentina, luego sucedió su divorcio del músico Enzo Gieco y, mucho más tarde, el nacimiento de sus nietos. A nivel profesional, y a lo largo de esa época, ocurrió el encuentro con la Etnohistoria Andina. La revolución epistemológica que implicó la nueva interpretación de los Andes de John V. Murra y su impacto en aquellos momentos en el equipo francés de Nathan Wachtel como en Pierre Duviols provocó su fascinación, especialmente por la propuesta acerca de la demolición de los antiguos modelos interpretativos del estado incaico y por los nuevos enfoques respecto de los problemas derivados de las rupturas y las reconformaciones sociales andinas durante la invasión hispana. Los estimulantes debates y jugosas discusiones de este ambiente académico la alentaron a abandonar la arqueología e iniciar los nuevos estudios etnohistóricos en el Tucumán colonial y a llevar estas nuevas corrientes a la Argentina. El abrazo intelectual entre la arqueología y la historia la obligó en esta nueva oportunidad a reenfocar el concepto del tiempo a gran escala propio de la arqueología al de los actores y acontecimientos, la coyuntura histórica o la larga duración.[1][3][4]

Formación de equipos y líneas de trabajo

Durante esos años había comenzado la reapertura democrática en Argentina, con la consecuente regularización y renovación de la vida académica mediante los nuevos concursos universitarios. En 1984 no solo inició su experiencia como docente en la Universidad de Buenos Aires sino que asumió el cargo de directora del Instituto de Ciencias Antropológicas (ICA). Su vinculación con la etnohistoria andina la llevó a crear la Sección Etnohistoria dentro de ese instituto. Allí creó una biblioteca especializada que reúne más de 1500 volúmenes, 1300 ejemplares de revistas y cientos de fotocopias de documentos históricos de archivos provinciales de Argentina y de ciudades del exterior como Madrid, Sevilla, Sucre, Santiago de Chile y Lima. Su amplia experiencia arqueológica le permitió una rápida interpretación de los movimientos de la población tanto chaqueña como de las estribaciones amazónicas a lo largo de la frontera sudoriental del Tawantinsuyu testimoniadas en las fuentes coloniales. En 1989 participó en la organización del I Congreso Internacional de Etnohistoria, que tuvo una gran receptividad y se replicó en América Latina hasta la actualidad.[1][3][4]

Durante esta prolífica etapa de su vida pudo consolidar una nueva línea como investigadora científica del CONICET, donde colaboró en varios cargos de gestión entre 1984 y 1986, dirigir el Instituto de Ciencias Antropológicas (1984-1991), organizar la sección de Etnohistoria en la Universidad de Buenos Aires (1992-2014), diagramar una nueva orientación en la cátedra de esa casa de estudios (1984-2002) e incorporar nuevos investigadores dedicados al estudio de las sociedades de Pampa-Patagonia, Litoral y Paraguay.[1][3]

Ana María Lorandi falleció el 30 de enero de 2017 a los 80 años en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.[1][2]

Obra

Premios y distinciones

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI