Julio César llevó a cabo su segunda invasión a Bretaña en el 54 a. C. con el pretexto de ofrecer ayuda a su aliado, el rey Mandubracio de los trinovantes, después de que el rey Casivelono lo depusiera, y aunque fue considerada como un éxito, la armada romana sólo llegó a la actual Londres, y realmente no impuso su autoridad. El rey Casivelono, de los catuvellaunos, ejerció la mayor oposición a la ocupación romana, organizando incursiones de guerrilla y batallas abiertas. Esto dividió el valle del Támesis en dos, como lo registra Julio César.
Cinco emisarios arribaron al campo romano con propuestas de paz, aunque no está claro si los romanos apreciaron diferencia entre la paz y la rendición. Los romanos pidieron rehenes, pues esto aseguraría la fidelidad de las tribus, pero según los registros los ancalites no entregaron ninguno.
Julio César registra a las otras tribus como cenimagnos (posteriormente identificadas con los Icenos), los segoncíacos (identificadas con una tribu galesa), los casos (se cree que fueron rebeldes que formaban parte de los catuvelonos), quienes se llamaban originalmente "Casos") y los bíbrocos (que aún no han podido ser identificados).