Anexo:Pretendientes carlistas al trono español
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Esta es una lista de los pretendientes carlistas al trono de España.
Línea directa (1833-1936)
| Imagen | Nombre | Pretendiente como | Pretendiente desde | Pretendiente hasta |
|---|---|---|---|---|
| Carlos María Isidro de Borbón y Borbón-Parma | Carlos V | 29 de septiembre de 1833 | 18 de mayo de 1845 | |
| Carlos Luis de Borbón y Braganza | Carlos VI | 18 de mayo de 1845 | 13 de enero de 1861 | |
| Juan Carlos de Borbón y Braganza | Juan III | 13 de enero de 1861 | 3 de octubre de 1868 | |
| Carlos María de Borbón y Austria-Este | Carlos VII | 3 de octubre de 1868 | 18 de julio de 1909 | |
| Jaime Pío de Borbón y Borbón-Parma | Jaime III | 18 de julio de 1909 | 2 de octubre de 1931 | |
| Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este | Alfonso Carlos I | 2 de octubre de 1931 | 29 de septiembre de 1936 |

Al extinguirse la dinastía original como consecuencia del fallecimiento de Alfonso Carlos de Borbón en 1936, el carlismo se enfrentó a un difícil problema sucesorio al que se venían perfilando diferentes soluciones desde 1931.
División del carlismo
Los Borbón-Parma
Francisco Javier de Borbón-Parma, siguiendo la tradición familiar de esta rama de la casa de Borbón, se mantuvo fiel a la dinastía carlista.[1] Además era sobrino político de Alfonso Carlos de Borbón, Alfonso Carlos I, el cual le nombró regente sin excluir por ello la opción de convertirse en rey legitimista (una vez dilucidada la falta de legitimidad de los Borbones isabelinos, los Borbón-Dos Sicilias y los Borbón-Braganza para suceder en la pretensión carlista).[2] No se proclamó como tal sino hasta 1952, luego de que se demostrara que era el descendiente Agnatico de Felipe V más antiguo que no estuviera excluido del trono por ley (por traición, matrimonio morganático, nacimiento fuera del matrimonio, incapacidad psicológica y otras razones legalmente establecidas en la Novísima Recopilación de 1805, vigente en el momento de la primera guerra carlista):
| Imagen | Nombre | Regente desde | Regente hasta |
|---|---|---|---|
| Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza | 1 de octubre de 1936[3] | 20 de mayo de 1952 |
Por consiguiente, nos encontramos ante la última rama que desciende en línea directa varonil de Don Felipe V, a través de su hijo el Infante Don Felipe, Duque de Parma; de su nieto el Infante Don Fernando, también Duque de Parma, Plasencia y Guastalla; de su bisnieto el Infante Don Luis, Rey de Etruria; de su tataranieto el Infante Don Carlos Luis, sucesivamente Rey de Etruria, Duque de Lucca y Duque de Parma; de su cuarto nieto el Infante Don Carlos, Carlos III de Parma, y de su quinto nieto el Infante Don Roberto, Duque de Parma, Plasencia y Guastalla, cuñado de Don Carlos VII por el matrimonio de este Monarca con su hermana la Infanta Doña Margarita (...) Del segundo matrimonio de Don Roberto han nacido doce hijos, de los cuales ha muerto el Serenísimo Señor Infante Don Sixto Fernando (único de los varones casado morganáticamente), y viven su Alteza Real el Infante Don Francisco Javier Carlos, Duque de ParmaFernando Polo, Quién es el rey?: la actual sucesión dinástica en la monarquía española
El 20 de mayo de 1952 el pleno del Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista proclamó rey a Francisco Javier de Borbón-Parma, finalizando así el período de regencia.[4] Durante los primeros años 1960 se consiguió la reincorporación a la Comunión Tradicionalista de la mayor parte de los antiguos carloctavistas[5] y sivatistas[6].
| Imagen | Nombre | Pretendiente desde | Pretendiente hasta |
|---|---|---|---|
| Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza como Javier I |
20 de mayo de 1952 | 20 de abril de 1975 | |
La época de la regencia coincidió con la unificación al Movimiento Nacional, lo que debilitó al carlismo y su escisión en grupos enfrentados. Entre 1970-1972 —en los Congresos del Pueblo Carlista— se produjo la renovación ideológica hacia el socialismo autogestionario del sector liderado por Carlos Hugo,[7][8] lo que provocaría una nueva escisión. En 1971 el sector liderado por Carlos Hugo cambió la denominación de Comunión Tradicionalista por la de Partido Carlista.[9] Carlos Hugo de Borbón-Parma asumió la presidencia del nuevo partido[10] hasta 1979. En 1975 Javier de Borbón-Parma, con una salud muy deteriorada desde el accidente que había sufrido en 1972, abdicó de sus derechos en su hijo Carlos Hugo, lo que ratificaría la escisión.[11]
|
Según algunos autores, el radical cambio ideológico de Carlos Hugo fue uno de los factores que produjo el retraimiento progresivo de la base popular carlista, que ya no sabía a qué atenerse.[13] Los carlistas de mayor edad y los excombatientes requetés dejaron de participar en la concentración anual de Montejurra (Vía Crucis instituido en memoria de los requetés muertos en la Guerra Civil),[14] como constata el gran descenso en el número de participantes (de casi 100.000 en la década de 1960 a menos de 10.000 a inicios de los 70).[15] Una parte minoritaria de los carlistas activos que quedaban,[10][16][17] —surgida a partir de la Junta Depuradora Carlista—[18] partidaria de revitalizar el tradicionalismo y apoyada por grupos ultraderechistas,[16][19] brindarían su apoyo al otro hijo de Javier de Borbón-Parma, Sixto Enrique de Borbón-Parma, en la reconstituida Comunión Tradicionalista. |
Los carloctavistas
El pretendiente Jaime de Borbón y Borbón-Parma, Jaime III, había carecido de descendencia masculina, pero sí tuvo una hermana mayor, Blanca de Borbón, casada con el príncipe de Toscana, Carlos Salvador de Habsburgo. Carlos Pío, hijo de ambos, desde principios de la década de 1930 fue señalado como posible sucesor por parte del llamado Núcleo de la Lealtad, una corriente formada por antiguos jaimistas afines al periódico El Cruzado Español, que se caracterizó tanto por su negativa a cualquier tipo de aproximación a la dinastía alfonsina como por sus enfrentamientos con los antiguos mellistas e integristas. En una asamblea celebrada en Zaragoza, en mayo de 1935, este sector proclamaría a Carlos Pío como heredero de Alfonso Carlos.[20]
No obstante, el periódico El Cruzado Español, inspirado por los elementos antes aludidos, desarrolló una campaña de agitación y confusionismo, siendo, por ello, desautorizado y declarado disidente, y por aquellos días vió la luz algún extravagante manifiesto afirmando que, muerto Don Jaime (cuya Jefatura en vida no defendieron precisamente), la heredera única y legítima era la Infanta Archiduquesa Doña Blanca. En Zumárraga y en Zaragoza tuvieron por entonces lugar conciliábulos en que se proclamó, sin más ni más, al hijo menor de Doña Blanca, Archiduque Carlos Pío, conciliábulos que no tuvieron trascendencia merced a la oportuna intervención de personalidades tradicionalistas al tanto de la maniobra. En vista de esto, algunos de aquellos elementos afectaron acatar a Don Alfonso Carlos. Ahora niegan la validez de sus últimas disposiciones. Sin embargo, cualquier protesta o declaración debió hacerse entonces. Pero en todo, aunque fuera veladamente, continuó su divergencia después con los tradicionalistas. Con ocasión del paso por España de su alteza Imperial y real la Archiduquesa Doña Blanca, esta augusta princesa desautorizó la candidatura de su propio hijo. Se dejaron pasar algunos años para que se olvidara esto, y se volvió a la carga. (...) Para que Doña Blanca tuviese derecho al Trono como hembra más próxima al último varón reinante, tendrían que estar enteramente evacuadas, o al menos incapacitadas, todas las líneas borbónicas, caso bien distinto de la realidad.Fernando Polo, Quién es el rey?: la actual sucesión dinástica en la monarquía española
En 1943 Carlos Pío reclamó la sucesión de la dinastía carlista en un manifiesto.[21] Sus seguidores, conocidos como carloctavistas u octavistas destacaron por su colaboración con el régimen de Franco desde el principio y se separaron de la Comunión Tradicionalista javierista para constituir su propio partido político, que llamaron Comunión Católico-Monárquica o Comunión Carlista. La nueva organización tuvo presencia en casi toda España, aunque su principal fuerza se encontraba en Cataluña. Rechazaban a la rama de Borbón-Parma por su vinculación con Francia, y a las demás ramas de la familia real española por su adhesión a la monarquía alfonsina durante el periodo de la Restauración. A partir del fallecimiento de Carlos Pío en 1953, esta corriente entró en decadencia y de hecho hacia 1962 la mayor parte de los antiguos carloctavistas ya habían reconocido como rey a Javier de Borbón-Parma.[22] Esta rama puede considerarse en la actualidad casi extinguida y sin partidarios (aunque aún existe una Comunión Católico-Monárquica por medios digitales),[23] debido fundamentalmente a que el Reglamento de sucesión de 1713 es claro y la sucesión debe seguir a través de la descendencia del infante Francisco de Paula de Borbón.[2]
| Nombre | Pretendiente desde | Pretendiente hasta |
|---|---|---|
| Carlos Pío de Habsburgo y Borbón como Carlos VIII |
29 de junio de 1943 | 24 de diciembre de 1953 |
| Antonio María de Habsburgo y Borbón como Carlos IX |
1953 | 1961 |
| Francisco José de Habsburgo y Borbón como Francisco José I |
1961 | 1975 |
| Domingo de Habsburgo-Borbón y de Hohenzollern como Domingo I[24] |
1975 | presente |
Los tronovacantistas
En 1949 Mauricio de Sivatte[25] fue destituido como jefe regional del carlismo catalán como consecuencia de sus enfrentamientos con Fal Conde. Sin embargo la Junta Regional no aceptó esta decisión en función del "pase foral" y empezó a funcionar de manera independiente de la Comunión Tradicionalista, aunque al principio seguía reconociendo a Javier de Borbón-Parma como príncipe regente en un plano meramente formal. La ruptura total no se produciría de manera pública hasta que en 1958 fue proclamada la Regencia Nacional y Carlista de Estella (RENACE), convencida de que la lealtad a Don Javier, dubitativo y poco fiable, era un callejón sin salida de tibieza hacia el franquismo y el Alfonsismo (expresado en el liderazgo de José María Valiente). Esta escisión logró arrastrar a la gran mayoría de los carlistas catalanes; sin embargo, tuvo muy poca repercusión en el resto de España. La regencia de Sivatte, que se autoproclamo la "autoridad suprema de la Comunión Carlista", declaró reconocer a algún pretendiente o dinastía, por lo que su manifiesto fundacional afirmaba de manera tajante: «no tenemos Rey legítimo».[26] En 1964 la mayor parte de sus partidarios "sivatistas" se desvincularon de la RENACE y reconocieron a la familia Borbón-Parma como la continuadora de la dinastía carlista.[27] Sin embargo, se reconstituirían en 1978 por medio de la Unión Carlista (liderada por Juan Casañas, discípulo de Sivatte), que aglutinaba a los Sivatistas, Carloctavistas y otros carlistas remanentes que no se reintegraron a la Comunión Tradicionalista de don Javier de Borbón Parma.[28]
Finalmente, todas las ramas del carlismo, como los sivatistas, carloctavistas o jaimistas, se reunificaron brevemente en la Comunión Tradicionalista Carlista de 1986, afirmando el Tradicionalismo político en oposición al Socialismo autogestionario defendido por el linaje de Carlos Hugo de Borbón-Parma.[29] Sin embargo, los jaimistas serían expulsados y Sixto Enrique de Borbón fundaría la actual Comunión Tradicionalista en 2001, mientras que la CTC reafirmaría su postura tronovacantista de que Sixto «no es el rey de España ni nadie dice que lo sea».[30]
Juan de Borbón
Desde los años de la II República, el conde de Rodezno y otros dirigentes afines, que se habían caracterizado por una política posibilista de aproximación al partido alfonsino Renovación Española, venían planteando la resolución del histórico pleito dinástico con la proclamación de Juan de Borbón como heredero de ambas ramas de la familia real española. Con motivo del Decreto de Unificación este sector se desmarcó de las directrices de la Comunión Tradicionalista y se integró en el partido único FET de las JONS. Desde entonces fueron aproximándose cada vez más a Juan de Borbón,[31] a quien reconocieron como rey de España en una visita a Estoril en 1946. Por eso fueron conocidos entre la militancia carlista como los «estorilos». Aquel acto sería repetido nuevamente en 1957, como reacción a la presentación de Carlos Hugo en Montejurra como príncipe de Asturias.[32]
Siguiendo lo establecido por la Pragmática de 1713, extinguida la línea masculina de Carlos María Isidro de Borbón (Carlos V para los carlistas), los derechos pasarían a los descendientes varones del hermano menor de este, Francisco de Paula. El primer hijo varón de Francisco de Paula, Francisco de Asís había casado con su prima Isabel II, por lo que los derechos de esta rama recaerían en los descendientes de Isabel II. Así, Juan de Borbón fue reconocido por algunos carlistas como rey, al ser descendiente directo por línea recta de varonía de Carlos IV. Sus derechos históricos los transmitió a su hijo Juan Carlos I en 1977, ya rey de España. Sin embargo, el reconocimiento de algunos carlistas a Juan de Borbón sería impugnada por la Comunión Tradicionalista con base en la legislatura española pre-constitucional de las Leyes Fundamentales del Reino (las Siete Partidas, la Novísima Recopilación, etc), en la que los pretendientes del Linaje Alfonsino habrían perdido sus derechos por crímenes históricos y desviaciones ideológicas que los hicieron carecer de Legitimidad de ejercicio, siendo por tanto incapaces de heredar la Corona según el Derecho Español (y reafirmado en reales decretos, de los Reyes Carlistas en el exilio, excluyéndolos de su sucesión).[2]
De acuerdo con los más venerables cuerpos legales vigentes en 1713 y 1833, son innumerables las veces que Don Carlos V, Don Carlos VI, Don Carlos VII y Don Jaime III han declarado y reiterado la exclusión del Trono de la Infanta usurpadora Doña Isabel y de su descendencia. Algún celoso aunque tardío defensor de la ley de Felipe V dice que tal exclusión es contraria a ella. Pero nadie dude que si los príncipes de la rama isabelina no tenían derecho al Trono y se han opuesto a los legítimos Reyes, creando intereses no precisamente coincidentes con el nacional para hallar sostenedores y desencadenando así la guerra civil, estos príncipes son rebeldes y reos de traición y lesa majestad. Asimismo, al salir de lo preceptuado en la Ley de Sucesión, y al violarla, se han incapacitado totalmente para invocarla. O respetaban la ley y reconocían por sucesor de Fernando VII a Carlos V, o la violaban y ocupaban el Trono por la fuerza: este era el dilema de 1833, y todos sabemos cuál fue la solución que dieron a la disyuntiva. (...) Quien invoque a su favor la Ley Semisálica, so pena de inconsecuencia, considerará Reyes a los príncipes carlistas, y si los considera Reyes, tendrá que aceptar la exclusión que dichos Reyes hicieron de la rama liberal a tenor de viejas leyes españolas. (...) Un príncipe descendiente de Doña Isabel sólo podrá pretender el Trono como sucesor de los reinantes de su rama. Un príncipe carlista sólo podrá invocar derechos dentro de la legislación anterior al derecho nuevo. (...) Por consiguiente, acudamos a las leyes de Partida y veamos cómo en la Partida VII, título II, Ley II (véase Apéndice VII), se declara la repercusión en los hijos varones del delito del padre en forma de capitisdisminución, y en la Ley II del título VIII de la Partida II (Apéndice. VIII), se dispone el destierro y la desnaturalización de los parientes rebeldes del Rey, con expresivos símiles que alejan toda sombra de duda.(...) De la misma manera que nadie dijo ni creyó que se violase la Ley Semisálica al excluir de la sucesión al hijo primogénito de Carlos III, Don Felipe, que era idiota, y por tanto incapaz, nadie puede protestar en nombre de dicha Ley de la exclusión de los príncipes de la rama liberal que por otras leyes perfectamente claras se han incapacitado también.Fernando Polo, Quién es el rey?: la actual sucesión dinástica en la monarquía española
| Imagen | Nombre | Pretendiente desde | Pretendiente hasta |
|---|---|---|---|
| Juan Carlos de Borbón y Battenberg como Juan IV |
20 de diciembre de 1957 | 14 de mayo de 1977 | |
Los Borbón-Sevilla
Los partidarios de esta línea defienden que son los legítimos herederos de la "Santa Tradición" y rechazan la línea carlista de los Borbón-Parma, ya que ninguno de éstos son descendientes directos del infante Carlos sino de la infanta María Luisa de Borbón (1782-1824), su hermana. Al igual que Juan de Borbón, tomando la Pragmática de 1713, los derechos dinásticos pasan irremediablemente por los descendientes varones del infante Francisco de Paula, hermano del infante Carlos y Fernando VII. El primer hijo varón de Francisco de Paula, Francisco de Asís casado con Isabel II, fue rey consorte de España, pero su paternidad sobre Alfonso XII[33][34][35] y algunas de las infantas fue en la época y sigue siendo actualmente muy discutida debido a su condición de homosexual. En caso de que estudios médicos puedan comprobar si el rey consorte fue padre biológico o no de Alfonso XII, caso de negativa la línea no recaería en los descendientes de Francisco de Asís, por no ser hijos legítimos de éste, sino en los de su hermano el duque de Sevilla, Enrique de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, a partir de 1902. Más concretamente en el segundo hijo de Enrique de Borbón, Francisco de Paula de Borbón y Castellví como Francisco I, ya que en 1936 cuando muere Alfonso Carlos de Borbón se encontraban fallecidos tanto el I duque de Sevilla, como su hijo primogénito Enrique Pío, el cual no tenía descendencia masculina. La Comunión Tradicionalista, con base en la legislatura española pre-constitucional de las Leyes Fundamentales del Reino, declararía que los Borbon-Sevilla, como los Borbón-Braganza, estarían excluidos de la sucesión carlista por sus delitos de complicidad con la traición de un Antirrey (los Alfonsistas/Isabelinos) al jurarles vasallaje, por tanto incapacitados por reconocimiento expreso y constante de los usurpadores.[2]
Alguien dirá que rechazamos las Partidas en la cuestión sucesoria y las aceptamos para lo que nos conviene. Otro, tal vez, que nos vemos precisados a recurrir a leyes en desuso. Nosotros contestaremos que en cuanto no obste a la prelación de cuerpos legales, y en cuanto no contradiga a disposiciones y leyes fundamentales, las leyes de Partida estaban en vigor en 1833, y para solucionar una cuestión dinástica producida cuando estaba en vigor la Novísima Recopilación, debe procederse sobre el supuesto de que también está en vigor ahora concretamente en lo que se refiere al Derecho político y a las leyes civiles y penales que sean aplicables a éste en tanto en cuanto se refiera a dicha aplicación, puesta estas leyes no han sido legalmente derogadas. (...) Luego si todos los vasallos tienen obligación de «guardar lealtad y obediencia al Rey y al sucesor en el Reyno», y si esos príncipes de la rama liberal, lejos de prestar esa obediencia y demostrar esa lealtad han obrado «contra el Rey en daño de la tierra» y han hecho «bollicio o levantamiento» y son, por tanto, reos de traición; si, por tanto, «todos sus fijos que sean varones deben fincar por enfamados para siempre, de manera que nunca puedan haber honrra de caballería ni de otra dignidad nin o oficio, nin puedan heredar», y si, en fin, el rey «débelos extrañar e alongar», como miembro corrompido para salvar su linaje de mancilla, no creemos que nadie dude de que los príncipes de la rama liberal están excluidos, no ya de la sucesión, sino de toda dignidad (...) Naturalmente, esta exclusión se extiende a todos aquellos que habiendo tenido o podido tener eventual derecho al Trono hubiesen reconocido y prestado apoyo y ayuda a los príncipes usurpadores. Así lo manifestó Don Carlos VII en 4 de noviembre de 1903, aprobando el siguiente texto: «Monarquía pura, sin mezcla alguna de constitucionalismo parlamentario, cristiana, limitada y legítima; según la Ley Sálica Gombeta en las líneas del Señor Don Carlos V, abuelo de Don Carlos VII, y con exclusión cuando se hayan extinguido, de cualquier otra rama borbónica autora o cómplice de la revolución liberal española y del despojo y proscripción de la rama legítima.» Estas palabras son de plena aplicación actual. Ya en nuestros días, Don Jaime III, el 20 de mayo de 1930, confirmó la exclusión. Don Alfonso Carlos I reiteró esta exclusión con la mayor firmeza en varias ocasiones durante el poco tiempo' que su avanzada edad le permitió soportar la enorme carga de la Jefatura de la Legitimidad proscrita, siendo particularmente importante su Real Decreto de 23 de enero de 1936Fernando Polo, Quién es el rey?: la actual sucesión dinástica en la monarquía española
| Imagen | Nombre | Pretendiente desde | Pretendiente hasta |
|---|---|---|---|
| Francisco de Paula de Borbón y Castellví como Francisco I |
29 de septiembre de 1936 | 28 de febrero de 1942 | |
| Francisco de Borbón y de la Torre como Francisco II |
28 de febrero de 1942 | 6 de diciembre de 1952 | |
| Francisco de Paula de Borbón y Borbón como Francisco III |
6 de diciembre de 1952 | 18 de noviembre de 1995 | |
| Francisco de Paula de Borbón y Escasany como Francisco IV |
18 de noviembre de 1995 | 20 de mayo de 2025 | |
| Francisco de Paula Joaquín de Borbón y von Hardenberg-Fürstenberg como Francisco V |
20 de mayo de 2025 | presente |