Wikiwand AI

Antonio Puigjané

From Wikipedia, the free encyclopedia

Juan Antonio Sebastián Puigjané (Córdoba, 13 de junio de 1928 ‑ Buenos Aires, 27 de agosto de 2019), conocido como fray Antonio Puigjané o como el Piru, fue un fraile capuchino y sacerdote católico argentino, miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y posteriormente del Movimiento Todos por la Patria (MTP).[1]

Nombre de nacimiento Puigjané, Juan Antonio Sebastián
Nacimiento 13 de junio de 1928
ciudad de Córdoba,
provincia de Córdoba,
República Argentina
Fallecimiento 27 de agosto de 2019 (91 años)
Ciudad de Buenos Aires,
República Argentina
Nacionalidad Argentina
Datos rápidos Información personal, Nombre de nacimiento ...
Antonio Puigjané
Información personal
Nombre de nacimiento Puigjané, Juan Antonio Sebastián
Nacimiento 13 de junio de 1928
ciudad de Córdoba,
provincia de Córdoba,
República Argentina
Fallecimiento 27 de agosto de 2019 (91 años)
Ciudad de Buenos Aires,
República Argentina
Nacionalidad Argentina
Información profesional
Ocupación fraile capuchino, sacerdote
Orden religiosa Orden de Frailes Menores Capuchinos Ver y modificar los datos en Wikidata
Cerrar

Fue condenado a veinte años de prisión por su participación en el copamiento del cuartel de La Tablada, ocurrido el 23 de enero de 1989, aunque organismos internacionales demostraron que no había tenido conocimiento previo del ataque.[2]

Síntesis biográfica

Puigjané nació en la ciudad de Córdoba el 13 de junio de 1928, hijo del comerciante español Juan Daniel Puigjané (1903‑1972)[3] y de la argentina María Elena Fernández (1903 ‑ años 1980). Fue el mayor de cinco hermanos y vivió una infancia marcada por la separación de sus padres, la internación de su madre en un instituto neuropsiquiátrico y la muerte temprana de dos de sus hermanas.[4]

A los once años manifestó su deseo de ser sacerdote e ingresó al seminario de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos a los doce. Realizó sus primeros votos en 1949 y fue ordenado sacerdote en 1952, a los 24 años.[5]

Trayectoria pastoral

Entre 1969 y 1972 ―en los tiempos del Concilio Vaticano II y la teología de la liberación, Puigjané desarrolló su labor pastoral en barrios carenciados de la ciudad de Mar del Plata (sureste de la provincia de Buenos Aires, a 400 km al sur de la ciudad de Buenos Aires), donde impulsó la creación de cooperativas, una biblioteca y una farmacia popular. Fue removido de su cargo por monseñor Antonio Plaza (1909‑1987), obispo de la diócesis, quien durante la dictadura militar fue designado capellán mayor de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y años más tarde se demostraría su complicidad en las torturas y asesinatos de militantes católicos y no católicos. En su expulsión, Plaza afirmó públicamente que «en Mar del Plata no hay pobres», por lo tanto no tenía sentido tener a un sacerdote izquierdista viviendo en una villa miseria.[5]

En ese año 1972, su padre, el comerciante Juan Daniel Puigjané (1903‑1972) fue secuestrado por la dictadura de Lanusse en el barrio de Caballito, en Buenos Aires, y más tarde asesinado y desaparecido.[3]

Tras su expulsión de Mar del Plata, Puigjané se trasladó a La Rioja, donde se vinculó con el trabajo pastoral del obispo Enrique Angelelli (1923‑1976) en la localidad de Anillaco (la ciudad natal de quien en 1989 se convertiría en el presidente neoliberal Carlos Saúl Ménem).

Poco a poco, intentando vivir y aplicar el Evangelio a la realidad, en la predicación les tuvimos que decir a los «señores» ―entre ellos Amado Ménem, hermano del que era gobernador― cosas y denuncias que les cayeron muy mal. Hasta que organizaron lo que llamaron los «señores» una «pueblada», dirigida por Amado Ménem, el jefe de correos y el médico; el intendente no, ese quiso parar la cosa pero no lo dejaron y se llevaron al pobre padre Virgilio en vilo…
Mirá, fue como en el «far west», algo de no creer, y eso que el hermano de Ménem era el gobernador y había un gobierno popular… Pasaron cosas que nunca antes habían sucedido… Carlos Ménem, el gobernador, siempre se mostró muy amigo nuestro y asegura que nunca propició eso. Otros dicen que en realidad fue él quien lo apañó, pero él asegura que por culpa de este incidente se enemistó con su familia.
Te cuento. Creo que todo iba contra el obispo, monseñor Angelelli, que quiso llevar el Evangelio a fondo y al servicio del pueblo, por eso le habían hecho fama de comunista, el gran «cuco». Nosotros habíamos tenido la intención de aclararle a la gente que no era ningún comunista sino un hombre bueno, justo, que los quería, y que si decía cosas duras, no eran más que verdades… Señalaba las cosas que oprimían al pueblo y lo hacían sufrir, Bueno, ese día 13 decidieron expulsarnos, nos llamaban fidelistas, castristas, por nuestras barbas y organizaron eso. Decían que había sido el pueblo, pero el pueblo estaba sumiso, llorando… Desde las ocho de la mañana los «señores» pusieron grandes parlantes en la puerta de la casa parroquial y nos cercaron. Eran las fiestas patronales pero no permitían que entrara la gente a la capilla y proferían grandes insultos contra nosotros por los altavoces. La policía estaba de parte de ellos; simulaba guardar el orden pero estaba de acuerdo con todo y por la noche hicieron un hermoso asado para festejar el triunfo ―la expulsión nuestra y del obispo―.
Estábamos reunidos en la capillita, seríamos unos veinte, entre curas y monjas, y a eso de las diez pidieron que saliera el padre Virgilio; salió y le habló a la gente. Yo me puse a su lado. Les pidió que depusieran esa actitud «porque yo estoy con el obispo y los dos sacerdotes, entremos a la Iglesia a festejar la fiesta de San Antonio». Alguien del pueblo gritó: «Hagamos caso, que si no Dios nos va a castigar, esto no puede ser!». Entonces vino el grupo de cinco o seis que habían organizado todo, agarraron en vilo al padre Virgilio y le dijeron que lo venían a salvar de las garras de esos comunistas. Yo les dije a todos: «Acuérdense quiénes son los que se llevan al padre Virgilio». Desgraciadamente no lo volvimos a ver nunca más, lo llevaron a sus casas y murió en manos de ellos.
Angelelli, que estaba con nosotros, nos propuso tomar unos mates, mientras afuera sonaban marchas militares por los parlantes, y chillidos de los hombres, que nos acusaban de todo; un clima de guerra… Pusimos unas sillas debajo de los árboles en el patio de la parroquia y él decía «vayan a echar porotos a la olla, ya arreglaremos todo».
A eso de las tres de la tarde violentaron la puerta, alentados por Yáñez ―un excomisario que había sido hasta torturador―, y unos matones. Nos cercaron, empezaron a los gritos. Yáñez, con prepotencia y enloquecido ―un pobre hombre― le vociferaba en la cara a Angelelli lo que era ser un obispo católico y le gritaba estupideces. Hablaba de matarnos y lincharnos. Angelelli, con toda su paciencia, lo miraba y escuchaba. Cuando el orate terminó, Angelelli dijo: «No es momento para que expliquemos nada, ya llegará el momento. Solo le pido a Dios que no castigue a estos que han organizado todo, que es tan feo y hace sufrir tanto al pueblo».
Yo me quedé en medio de la gente y nadie me tocó un pelo; estaba ahí solo y recuerdo que una mujer muy humilde se me acercó y me dijo: «Si alguien le toca un pelito, padre, pobre de él».
Me fui a la cocina con el resto de los curas y ahí el Pelado (así llamábamos cariñosamente a Angelelli) me dijo algo muy hermoso. Decidió que teníamos que irnos, porque de lo contrario podría pasar algo más feo, correría sangre y el que iba a pagar las cosas sería el pueblo. Yo le dije: «Mirá, Pelado, quiero quedarme, no hice ninguna macana, no hay que hacerle caso a esos cuatro locos que organizaron esto, me la aguanto». Me miró fijo y me dijo: «Antonio, una cosa es morir mártir y otra morir por boludo, así que vamos». Muy inteligente. Y nos fuimos. Fuimos a Aimogasta, que está unos 80 km hacia el norte, y a la noche ya estábamos en La Rioja.
Antonio Puigjané entrevistado por
la periodista Mona Moncalvillo (1947‑2020)
en la revista Humor[5]

Tras el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976, y por consejo de Angelelli, Puigjané se trasladó a la ciudad de Buenos Aires con el propósito de preservarse de la represión.

El obispo Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976 en un hecho atribuido a la dictadura cívico-militar-eclesiástica.

En esos años de terrorismo de Estado, Puigjané predicó en la Iglesia de Nuestra Señora de Itatí, en la Villa Itatí, ubicada en Quilmes Oeste, a 19 km al sureste del centro de la ciudad de Buenos Aires, donde permaneció hasta 1989.[4][6] Acompañó como religioso la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y de los organismos de Derechos Humanos que denunciaban las desapariciones y crímenes de la última dictadura.

Fue uno de los primeros sacerdotes en mencionar a los desaparecidos por su nombre en las homilías. Integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo desde su fundación hasta 1976.[6]

Movimiento Todos por la Patria y copamiento de La Tablada

A mediados de 1986, Puigjané se incorporó al Movimiento Todos por la Patria (MTP), organización de tendencia revolucionaria que, según sus integrantes, había descartado para siempre la vía armada.

El 23 de enero de 1989, un grupo de militantes del MTP, liderados por Enrique Gorriarán Merlo, tomó por la fuerza el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 de La Tablada, en el partido de La Matanza, Gran Buenos Aires, 26 km al suroeste del centro de Buenos Aires.

El enfrentamiento con las fuerzas militares se prolongó durante más de veinticuatro horas y dejó un saldo de treinta y dos guerrilleros muertos (y cinco «desaparecidos»), nueve militares y dos policías.[4]

Puigjané no participó en el ataque ni estuvo presente en el cuartel durante la batalla. Una semana después, el 30 de enero de 1989, se presentó voluntariamente ante la justicia federal y declaró que desconocía por completo los planes del grupo. Sin embargo, fue detenido, procesado y condenado.[4]

Juicio y condena

En julio de 1989, durante el juicio oral, Puigjané se definió como militante de la Teología de la Liberación y admitió que la lucha armada «se legitima in extremis, cuando están cerradas todas las puertas». También declaró que ignoraba que Gorriarán Merlo era un prófugo de la justicia y que el local del MTP en Quilmes, bajo su dirección, llevaba el nombre «22 de Agosto» en alusión al fusilamiento de diecisiete guerrilleros en la base naval Almirante Zar de Trelew en 1972. Los fiscales lo señalaron como miembro de la conducción del MTP y lo responsabilizaron por el ataque. Fue condenado a veinte años de prisión.[7]

No, [yo] no sabía nada, porque los muchachos no quisieron mezclarme en un asunto que yo no apoyaría de ninguna manera. Con los años, me di cuenta de que fue más una cuestión de Gorriarán Merlo que del MTP.
Antonio Puigjané[7]

Prisión y liberación

Puigjané cumplió siete años de su condena en el pabellón 18 de la cárcel de Caseros, en una celda de 2,50 por 1,50 metros, y dos años adicionales en el penal de Ezeiza.[7] En 1998, al cumplir los setenta años, obtuvo el beneficio del arresto domiciliario, que cumplió en el convento de la parroquia Santa María de los Ángeles, en el barrio porteño de Coghlan, bajo la condición de no realizar declaraciones públicas. El presidente Carlos Menem le ofreció un indulto preferencial, pero Puigjané lo rechazó porque no incluía a sus compañeros de militancia. En 2003, el entonces presidente interino Eduardo Duhalde les concedió el indulto a todos los que habían participado en el levantamiento, lo que le permitió recuperar su libertad plena.[6]

[Puigjané] fue un hombre de Dios, un hombre comprometido con los pobres. Cometió el pecado de la ingenuidad, y eso es algo que en la política no suele perdonarse.
Eduardo de la Serna (1955‑), sacerdote integrante del grupo de curas
en Opción por los Pobres, ante la agencia Télam[7]

Fallecimiento

En sus últimos años, el sacerdote residía en la enfermería del convento de Nuestra Señora del Rosario, de la orden franciscana, ubicado en avenida Sáenz 1001 del barrio porteño de Nueva Pompeya (en la ciudad de Buenos Aires). Su salud se encontraba muy deteriorada. Recibía la atención de las enfermeras que lo asistían en ese hospicio.[7]

Puigjané falleció el martes 27 de agosto de 2019 en el convento de Nuestra Señora del Rosario, a los 91 años.[8]

El sacerdote Luis Coscia confirmó su deceso y ―teniendo en cuenta el deterioro de la situación socioeconómica de las mayorías de Argentina durante el Gobierno neoliberal de Mauricio Macri, entre 2015 y 2019― señaló que «Antonio ya participa de la condición de los santos y está definitivamente con Dios para interceder por nosotros y por esta patria también tan necesitada, la Argentina».[7]

Puigjané fue velado en el santuario de Nuestra Señora del Rosario, en Buenos Aires ―donde había vivido en la última década―, y al día siguiente se le celebró una misa de glorificación.[7]

Organismos de derechos humanos, entre ellos Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, publicaron un comunicado de despedida.[6]

En 2016 se estrenó el documental Antonio Puigjané, el Piru (un franciscano a contrapelo), dirigido por Fabio M. Zurita, que recorre la vida del sacerdote a través de entrevistas y material de archivo.[2][9]

Referencias

Enlaces externos

Related Articles

Timelines

Top Qs

Fact Checks