Nacido en 1905 en Barcelona, cursa sus estudios en Derecho en Madrid. Allí se alojó, al menos durante un año, en la conocida Residencia de Estudiantes.[1] Con tan solo 23 años aprueba las oposiciones de secretario judicial del Estado, pasando por diferentes destinos provisionales como Riaza, El Ferrol y Madrid. Es nombrado, además, presidente del Colegio de Secretarios Judiciales. En 1935 es trasladado definitivamente a la ciudad de Burgos, quedando su mujer y su hija residiendo temporalmente en la capital.
En Burgos es testigo de primera mano del proceso de conspiración y levantamiento militar: por alojarse en el mismo hotel que el General González de Lara (el cabecilla de la conspiración militar en Burgos, que sería detenido en la noche del 17 al 18 de julio justo antes de la sublevación peninsular) coincidirá una primera vez con el General Mola, que llevaba meses haciendo reuniones periódicas con Lara en el comedor del mismo hotel. A Mola le volverá a ver el 24 de julio en la reunión de oficiales en la que se constituyó la Junta de Defensa Nacional (véase Gobierno de Burgos). También presenciará el traslado de su cadáver al Palacio de Capitanía General tras el accidente de avión cerca del puerto de la Brújula.
Debido a la labor judicial que desempeñaba participará en estos meses en los levantamientos de cadáveres que irán apareciendo en los alrededores de la ciudad. En su posterior testimonio podrá nombrar diversas fosas comunes (Estépar, la Brújula, el cementerio de San José), lugares de fusilamiento (los alrededores de la Cartuja de Miraflores), sacas del Penal de Burgos (como el proceso de Miranda, el ajusticiamiento más numeroso que pudo testimoniar, con 42 fusilamientos en una noche), paseos (un campesino de Sasamón aparecido en la cuneta, o una joven de 21 años de Quintanapalla con evidencias de haber sido previamente violada, entre una larga lista) y otros personajes concretos fusilados (el director del Penal de Burgos, Julián Peñalver, o el capitán Pedro Ojeda Martínez).[2] De todos ellos, solamente el primer cadáver levantado, el que inauguraría la represión en la retaguardia burgalesa (un civil, de clase baja y probablemente de ideología obrera que había sido asesinado por un albiñanista a los pocos días del levantamiento) se realizaría, según su testimonio, con todas las garantías judiciales (fotografías y presencia de la Policía y de la Guardia Civil, aunque no se realizó ninguna investigación posterior y se ordenó que las fotografías no vieran la luz)[2]
El 9 de octubre de 1936 se produce una saca del penal de Burgos que terminó con la vida del músico Antonio José. Esto supuso un punto de inflexión para Ruiz Vilaplana, que protestó ante la autoridad militar para que justificara la orden de fusilamiento. Según el testimonio del secretario judicial, el militar al mando habría explicado que la sentencia se basaba en un artículo periodístico publicado por el compositor en la revista Burgos Gráfico sospechoso de estar escrito con clave y, por tanto, de que el artista fuera un espía (a pesar de que se trataba de un artículo escrito meses antes al propio levantamiento, de marzo de 1936).[2]
A partir de ese momento, por dilemas éticos con las funciones que implicaba su cargo, Ruiz Vilaplana prepararía su huida a Francia. Con la excusa de traer a su mujer y a su hija que habían quedado en la zona republicana (Madrid) consiguió un salvoconducto que le permitía pasar la frontera, donde teóricamente se reuniría con ellas para llevarlas de nuevo a la capital del gobierno sublevado.[2] Sin embargo, una vez cruzado los Pirineos, un 30 de junio de 1937, no volvería a pisar nunca más la zona sublevada.
Ya en París comenzaría la redacción de "Doy fe: un año de actuación en la España nacionalista" que, terminado a finales de 1937, ocasionaría gran impacto en la prensa internacional del momento. El testimonio llegaría al conocimiento del propio Gobierno de la República, el cual no dudaría en difundirlo a través de su Ministerio de Propaganda: en 1938, Vilaplana volvería a la España republicana para conceder entrevistas, visitando las ciudades de Madrid y Barcelona (e incluso se incorporaría a filas por movilización del reemplazo, llegando a participar en campos de instrucción militar). Después se mudaría a Nueva York para, finalmente, establecerse en México donde editaría en 1945 "Destierro en Manhattan". Finalmente terminaría en Ginebra realizando trabajos como intérprete para la ONU. Falleció el 6 de agosto de 1973.[2]