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Apertura del año judicial

acto solemne en España From Wikipedia, the free encyclopedia

La apertura del año judicial, también llamado apertura de los tribunales, es un acto solemne que, con carácter anual, se celebra en España para dar inicio a las actividades de los tribunales de justicia tras el parón estival. El acto se lleva a cabo en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo[1] en los primeros días del mes de septiembre, puesto que el año judicial en España abarca desde el 1 de septiembre, o el siguiente día hábil, hasta el 31 de julio de cada año natural,[2] y bajo la presidencia del rey de España, en cuyo nombre se administra la justicia.

Apertura del Año Judicial 2024/25

Asimismo, a este acto acude el presidente del Tribunal Supremo, los vocales del Consejo General del Poder Judicial, los magistrados del Tribunal Supremo, el ministro de Justicia, el fiscal general del Estado, los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia y otro tipo de autoridades judiciales y políticas del país.[3]

Desarrollo del acto e indumentaria

El evento comienza con la llegada del rey al Convento de las Salesas Reales quien, tras ser recibido a la entrada por la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, se coloca la indumentaria correspondiente e ingresa en el Salón de Plenos. Allí, da la palabra al secretario de la Sala de Gobierno, que procede a leer la normativa que regula el acto, establecida en la actualidad en el artículo 181 de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial. Tras esto, el fiscal general primero y el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial después, dan cuenta en audiencia pública de las memorias de sus respectivas instituciones. Finalizados los discursos, el rey declara abierto el año judicial y levanta la sesión.[4][5][6]

Debido a la solemnidad del acto, los miembros de las carreras judicial y fiscal acuden a este con las togas que corresponden a su magistratura, así como con aquellos distintivos que le sean propios y las condecoraciones que hayan obtenido por sus servicios. De este modo, es habitual ver a los asistentes con esta indumentaria y, en muchos casos, con alguno de los grados de la Orden de San Raimundo de Peñafort.[7]

Collares de la Justicia

El presidente del Alto Tribunal, Nicolás María Garelli, luciendo el Gran Collar de la Justicia.

Además del collar de la Orden de San Raimundo de Peñafort, que pueden portar aquellos que hayan sido condecorados con la Gran Cruz de la Orden, en este evento es posible ver otros dos collares, conocidos como los collares de la Justicia.[7] Estos son portados por el rey de España y el presidente del Tribunal Supremo, como máximos representantes del Poder Judicial.

El primero de los collares data del año 1844, cuando el subsecretario de Gracia y Justicia, Manuel Ortiz de Zúñiga Montemayor, aprobó una real orden estableciendo el diseño del Gran Collar de la Justicia y otro de menor tamaño, para uso más común por parte del presidente del Tribunal Supremo. Aunque no existen pruebas de que se realizara el collar pequeño, sí se hizo el grande, que fue obra de Pablo Cabrero en la Real Fábrica de Platería Martínez y que hoy en día está en uso.[8]

Por otra parte, existe otro collar, en ocasiones erróneamente denominado Gran Collar de la Justicia, que es el que porta el monarca. Este collar, que se denomina simplemente Collar de la Justicia o Collar del Ministro de Justicia, se realizó en 1871 por el joyero Francisco Moratilla.[9] Desde 1983 el monarca utiliza el collar del ministro de Justicia y no el gran collar de la Justicia, como sí se hacía en el reinado de Alfonso XIII (y como hizo Juan Carlos I en 1976).[10]

Apertura en otros tribunales

Apertura del año judicial en el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha. Año 2019.

Tras la apertura solemne en el Tribunal Supremo, los Tribunales Superiores de Justicia hacen un acto análogo, presidido por el presidente del tribunal correspondiente y dando cuenta de las actuaciones del Ministerio Fiscal en el territorio el fiscal superior que corresponda.[11][12][13][14][15]

Eventos similares también se llevan a cabo en otros países, como Canadá,[16] Perú[17] o Guinea Ecuatorial,[18] entre otros, y en tribunales internacionales como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.[19]

Historia

El origen de esta tradición está en el Consejo de Indias. En este organismo se estableció la costumbre de leer, en la primera sesión del año, sus ordenanzas. Posteriormente, mediante la Real Cédula de 19 de noviembre de 1790, el rey Carlos IV extendió el acto a las sesiones inaugurales del Consejo de Castilla.[20]

La tradición se mantuvo con la fundación del Tribunal Supremo y se extendió a las audiencias de todo el país.[20] En las décadas de 1830 y 1840 se empieza a detallar formalmente el acto; de esta forma, las Ordenanzas de las Audiencias de 1835 decían así:[21]

«El primer día hábil de cada año se hará la apertura solemne de la audiencia, reuniéndose a puerta abierta en una de las salas del tribunal todos sus magistrados, con precisa asistencia de todos los subalternos; y después de leerse por el secretario de él los capítulos 1º, 3º, 4° y 6º del reglamentó provisional de 26 de septiembre de 1835, y estas ordenanzas o las que en adelante rigieren, pronunciará o leerá el regente un discurso sobre la administración de justicia, recomendando a unos y otros el cabal cumplimiento de sus respectivas obligaciones.»
Artículo 12 de las Ordenanzas de 1835.

Una década más tarde se homogeneizaron los discursos, estableciendo por circular del ministro de Justicia de 1845 las siguientes reglas:[22]

«1.ª Se hará una exposición en dichos discursos de los principales trabajos en que se haya ocupado el tribunal durante el año anterior, tanto en la parte contenciosa, propia de las salas de justicia, como en lo gubernativojudicial de la audiencia plena, o de la sala de gobierno en su caso.
2.ª Se expondrán además en dichos discursos el estado de la administración de justicia de todo el territorio, los motivos que entorpezcan su expedito curso, los abusos notables que se observen y los medios que se hubieren adoptado por el tribunal o propuesto al Gobierno para remover los obstáculos o estirpar los abusos.
3.ª Se hará una reseña del número total de negocios de todas clases despachados y pendientes, tanto contenciosos como gubernativos, expresándose entre estos últimos el de magistrados y jueces que hubiesen jurado para ejercer sus cargos, el de subalternos del tribunal que hayan tomado posesión, y el de escribanos que hubieren jurado para desempeñar su oficio.
4.ª Al fin del discurso se colocará un estado igual al adjunto modelo, comprensivo de todos los pormenores que se expresan en la regla anterior.
»
Real Orden circular del ministro de Justicia de 17 de septiembre de 1845.

Más tarde, en 1848 se clarificó el concepto de «subalterno» establecido en 1835, que incluía «relatores, el secretario de gobierno, los escribanos de Cámara, el canciller registrador, el archivero, el tasador repartidor, los procuradores y los porteros y alguaciles». Asimismo, se aclaró que también debían acudir el «fiscal de Su Majestad y los abogados fiscales [...] los jueces de primera instancia y los promoteres fiscales [...] los escribanos de juzgados de la capital y la junta de gobierno del colegio de procuradores [...] y los colegios de abogados.».[23] Igualmente, esta norma reguló sucintamente el protocolo, señalando que el fiscal debía sentarse en el lado derecho del tribunal, inmediatamente después del último magistrado, seguido de los abogados fiscales y de los promotores fiscales, «observándose entre los individuos de cada una de estas clases la respectica categoría y antigüedad».[23]

El primer monarca en presidir una ceremonia de apertura de tribunales fue la reina Isabel II, el 2 de enero de 1856. Posteriormente, en 1868 se estableció que la apertura se llevaría a cabo tras el periodo vacacional, asentándose en esta costumbre el 15 de septiembre de cada año.[20] No era costumbre, sin embargo, que los reyes —o el jefe del Estado en periodos no monárquicos— presidieran el acto, delegando la representación de la Corona en el ministro de Gracia y Justicia; prueba de ello fue que Isabel II solo lo hizo en dos ocasiones (1856 y 1862), mientras que Alfonso XII —en 1876— y Alfonso XIII —en 1925—, solo lo presidieron en una sola ocasión. La presencia del soberano es costumbre desde el reinado de Juan Carlos I.[20]

Bibliografía

Referencias

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