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Arqueosismología

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Columna caída en el Templo de Apolo (Didima) (Turquía). El alineamiento del colapso de los tambores es un indicador arqueológico de terremoto.

La Arqueosismología es una disciplina multidisciplinar dedicada al estudio de los terremotos ocurridos en el pasado histórico mediante el análisis de yacimientos arqueológicos y del patrimonio cultural.[1] Actúa como un puente entre la sismología histórica, basada en documentos escritos, y la paleosismología, fundamentada en registros geológicos, y cubre un amplio rango temporal que se extiende desde las primeras construcciones humanas hasta la era instrumental. Además de su relevancia para las Ciencias de la Tierra, la arqueosismología aporta herramientas clave para comprender el comportamiento de las estructuras históricas frente a los sismos y para desarrollar estrategias orientadas a la protección y conservación del patrimonio cultural.[2]

El interés por identificar efectos sísmicos en ruinas antiguas se remonta al siglo XIX. En sus Principios de Geología (1872), Charles Lyell ya mencionaba excavaciones arqueológicas como una fuente útil para inferir terremotos ocurridos en el pasado.[1] Posteriormente, pioneros como Rodolfo Lanciani en Roma (1918) y Arthur Evans en Cnosos (1928) fueron de los primeros en proponer que determinados daños o abandonos de yacimientos arqueológicos se debían a terremotos, basándose a menudo en su experiencia directa con sismos durante las excavaciones.[3] En particular, Evans, influido por los terremotos que vivió en Cnosos, desarrolló teorías sobre la destrucción sísmica de la civilización minoica y llegó a definir los denominados “horizontes de terremoto” dentro de la estratigrafía minoica.[4]

Sin embargo, no fue hasta las décadas de 1980 y 1990 cuando la disciplina comenzó a formalizarse científicamente, superando la visión "catastrofista" o de Deus ex machina utilizada anteriormente para explicar abandonos inexplicables sin rigor metodológico. La publicación de obras clave por autores como Stiros, Jones y Guidoboni impulsó la necesidad de un enfoque multidisciplinar que integrara arqueología, geología, ingeniería e historia.[5] En el siglo XXI, la arqueosismología se ha consolidado mediante proyectos internacionales como el IGCP 567 de la UNESCO (Earthquake Archaeology), cuyo objetivo ha sido estandarizar metodologías y clasificaciones de daños.[1]

Metodología

La arqueosismología moderna emplea técnicas de geología estructural para interpretar las deformaciones en las construcciones. Su premisa central sostiene que las ondas sísmicas producen movimientos del terreno con una orientación definida y desencadenan respuestas estructurales específicas en los edificios. Como resultado, se generan patrones de daño coherentes y repetibles, no aleatorios, que permiten distinguir los efectos de los terremotos de otras causas de destrucción, como el deterioro natural o los conflictos bélicos.[6]

Efectos Arqueológicos de Terremotos

Para discriminar el origen sísmico de los daños, se utiliza la Clasificación de Efectos Arqueológicos de Terremotos (EAE, por sus siglas en inglés). Estos se dividen en dos grupos principales: cosísmicos (directos) y postsísmicos (indirectos).[7]

Efectos cosísmicos (Directos)

Aquellos producidos durante la sacudida y se subdividen en efectos geológicos y efectos en la fábrica de los edificios.

  • Geológicos: Incluyen escarpes de falla que afectan al yacimiento, levantamientos o subsidencias cosísmicas (como en el puerto de Corinto), deslizamientos, caída de bloques y fenómenos de licuefacción (diques de arena).[8]
Levantamiento de enlosado en el yacimiento de Baelo Claudia
  • Efectos en la fábrica de los edificios:
    • Caída orientada de columnas: Colapso de columnas en una dirección preferente, lo que puede indicar la dirección y sentido del movimiento del suelo.[4]
    • Claves de arco caídas: Descenso vertical de la dovela central (clave) de un arco debido a la apertura lateral de los muros durante la vibración.[9]
    • Fracturas conjugadas: Grietas en forma de "X" en muros de ladrillo o mampostería.[10]
    • Pavimentos plegados: Ondulaciones, solapamientos o fracturas en suelos de losas o mosaicos por compresión horizontal.[11]
    • Roturas en esquinas: Desconchados en los bordes de bloques de sillería o tambores de columnas por el impacto oscilatorio entre ellos.[12]
    • Desplazamiento de sillares: Movimiento horizontal relativo entre bloques de piedra, que permite medir vectores de desplazamiento.

Efectos postsísmicos (Indirectos)

Evidencias indirectas o posteriores al evento, que por sí solas no confirman un terremoto pero ayudan a la interpretación.

  • Reparaciones y reconstrucciones con materiales reutilizados o de menor calidad.[13]
  • Abandonos repentinos o injustificados de asentamientos.[10]
  • Construcciones asísmicas: introducción de técnicas preventivas tras un desastre, como el uso de contrafuertes o engatillados en bloques de sillería para impedir desplazamientos horizontales.[14]

Análisis Estructural

El análisis cuantitativo implica medir la orientación de los daños (azimut y dirección) para calcular el tensor de deformación o elipsoide de deformación. Si los daños muestran un patrón homogéneo y consistente en todo el yacimiento, es más probable que su origen sea sísmico y no debido a ruina natural o causas antrópicas.[6] Este análisis permite inferir la dirección de procedencia de las ondas sísmicas y, potencialmente, la ubicación de la falla causante.[4]

Casos de estudio destacados

Baelo Claudia (España)

La ciudad romana de Baelo Claudia, en la costa de Cádiz, es considerada un "laboratorio natural" para la arqueosismología. Las investigaciones han identificado dos eventos destructivos en los periodos 40-60 d. C. y 350-395 d. C. Entre los EAEs registrados figuran el colapso orientado de columnas en el foro, el plegamiento de pavimentos en el Decumanus Maximus y la destrucción del acueducto. [8][15]

Visión del colapso de columnas de la iglesia bizantina del yacimiento de Hippos.

Hippos (Altos del Golán)

El yacimiento de Hippos conserva conjuntos de columnas colapsadas de forma espectacularmente paralela y alineada, especialmente visibles en las ruinas de una iglesia bizantina. Este rasgo es clave para la arqueosismología, ya que demuestra que la física de estructuras complejas puede contradecir las interpretaciones visuales simplistas. Asimismo, subraya la necesidad de incorporar la ingeniería sísmica y la modelización cuantitativa al análisis arqueológico.[16][17]

Complutum (España)

En el yacimiento de La Magdalena, asociado a la ciudad romana de Complutum (actual Alcalá de Henares), se han documentado evidencias de un terremoto ocurrido en el siglo IV d.C. El indicio más relevante es la aparición de diques de arena y estructuras de deformación por licuefacción, que provocaron la fracturación de los cimientos de varias cisternas y alteraron los niveles de una necrópolis. Este conjunto de evidencias apunta a un evento sísmico de magnitud moderada, estimada entre magnitud Mw 5.5-6.0.[18]

Pompeya (Italia)

Bajorrelieve pompeyano que representa los edificios inclinados en el Foro de Pompeya durante el terremoto del año 62 d. C.

Pompeya ofrece un registro excepcional no solo de la erupción volcánica del 79 d. C., sino de la gestión de desastres previos. La ciudad sufrió graves daños durante el terremoto del 62 d. C. y sismos posteriores antes de su destrucción final. Los estudios arqueosismológicos se han centrado en las técnicas de reparación y reconstrucción empleadas por los romanos entre el 62 y el 79 d. C., analizando parches en muros y refuerzos estructurales.[19]

Otros yacimientos

  • Petra (Jordania): Se han documentado caídas orientadas de columnas en el Gran Templo, asociadas a la actividad de la falla del Mar Muerto.[20]
  • Teotihuacán (México): En la Pirámide de la Serpiente Emplumada se han identificado escalones plegados y bloques de sillería desplazados o extruidos, atribuidos a sismos precolombinos.[21]
  • Templo de Afrodita Euplea (Cnido, Turquía): Templo de Afrodita desplazado o cortado directamente por una falla normal.[22]
  • Sagalaso (Pisidia, Turquía): Yacimiento arqueológico con evidencias de fracturas en columnas, pavimentos o dovelas caídas. [23]
  • Chastelet (Castillo cruzado, Israel): Desplazamiento cosísmico de la falla cortando las murallas del castillo cruzado [24]
  • Cnosos: Hipóteis del arqueólogo Arthur Evans: "Casa de los Bloques Caídos” (bloques de gran tamaño desplazados), esqueletos aplastados y evidencias de sacrificios expiatorios tras la destrucción.[25]

Limitaciones y debates

Notas

Bibliografía

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