Arturo Borda

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Nombre de nacimiento Arturo Borda Gozálvez Calixto Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 14 de octubre de 1883 Ver y modificar los datos en Wikidata
La Paz (Bolivia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 17 de junio de 1953 Ver y modificar los datos en Wikidata (69 años)
La Paz (Bolivia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Boliviana
Arturo Borda
Información personal
Nombre de nacimiento Arturo Borda Gozálvez Calixto Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 14 de octubre de 1883 Ver y modificar los datos en Wikidata
La Paz (Bolivia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 17 de junio de 1953 Ver y modificar los datos en Wikidata (69 años)
La Paz (Bolivia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Boliviana
Familia
Padres Leonor Gozálvez y José Borda
Información profesional
Ocupación Pintor, escritor, sindicalista y actor Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimiento Simbolismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Seudónimo Calibán Ver y modificar los datos en Wikidata

Arturo Calixto Borda Gozálvez (La Paz, Bolivia; 14 de octubre de 1883-La Paz, 17 de junio de 1953) fue un pintor, retratista, paisajista, escritor y activista boliviano. Sus obras pictóricas se encuadran en el movimiento simbólico prevaleciente a principios del siglo XX; su creación literaria abarca poemas, narraciones y ensayos. Asimismo, Borda participó activamente en la vida sindical obrera del país guiado por el credo anarquista y socialista.

—Aquí, en este caos, siembro la colecta de mi existencia.
A. Borda, El Loco, pág. 26

Borda comenzó a pintar a los 16 años siendo autodidacta; sus primeras obras son retratos y paisajes de estilo modernista y ecléctico. Fue conocido también como el Toqui o Calibán[1]

Arturo Borda tenía una preocupación e interés por los temas sociales, lo que lo llevó a fundar la sociedad Obreros del Porvenir. Ese interés lo llevó a desarrollar obras en las que incluía al indígena, junto con una crítica a la sociedad a la que acusaba de hipócrita e insensible.

Su arte se entronca en el simbolismo. Fue un excelente retratista, como se puede apreciar en los retratos de su hermano Héctor y de su madre regando plantas. El retrato de sus padres está considerado una de las obras más destacadas del género en América; al respecto John Canaday del The New York Times uno de los críticos más importantes de la época, la calificó como “una de las obras más significativas del arte latinoamericano”.[2]

El escritor paceño Jaime Sáenz evoca así la trágica muerte de Borda:

"Una noche, en lo más crudo del invierno, vagando por los barrios altos, a los setenta años de edad y nada menos, y caminando por las calles en busca de una copa, perdidamente borracho, se acercó a una tienda y pidió pisco; sólo que en la tienda no había pisco.

La tienda en cuestión era mitad alcoholería y mitad hojalatería; y ante la insistencia del cliente, que por nada del mundo quería irse sin antes haber bebido una copa, le dijeron que sólo tenían ácido muriático, y que sólo eso podían ofrecerle, si tanto insistía.

Arturo Borda declaró que lo único que él quería era una copa, y que no le importaba que le diesen ácido o lo que fuese, con tal que se lo diesen --y por enésima vez, pidió una copa, y siguió insistiendo--.

La tendera lanzó una maldición; y confiada en que no bebería, le lanzó una copa de ácido muriático.

Arturo Borda agarró la copa, y bebió sin asco."
J. Sáenz

Tres días después, Arturo Borda fallecería en el hospital en el que se lo trataba.[2]

El Yatiri (1918)

Pintura

Su obra comprende cerca de cinco mil cuadros y dibujos, que podrían clasificarse en cuatro grupos: paisajes, retratos, obras simbólicas y bodegones. Borda es reconocido por la expresividad y simbolismo con los que plasmó sus ideas sobre el arte y la vanguardia, cuestionando la sociedad de La Paz en su época, y por su aproximación existencial hacia el oficio artístico en Bolivia.

Su obra simbolista se ve influida por elementos locales como el Illimani, la kantuta y la estética en La Paz a principios del siglo XX.

Entre sus lienzos destacan:

  • El Yatiri (1918)
  • La Madre del Pintor (1930)
  • Leonor Gozálvez y José Borda (1943)
  • El Despertar de la Naturaleza (1943-1950)
  • Illimani (1944)
  • El Triunfo del Arte (1948)

Carlos Salazar Mostajo describe varias obras en una sección de su ensayo sobre la pintura contemporánea en Bolivia:[3]

"El triunfo del arte" o "Crítica del arte moderno" es comparado con las obras del Bosco, ya que en esta obra, Arturo Borda inventa toda clase de seres extraños y disruptivos, la figura central es una representación simbólica del arte, que encubre otra alsión a la nacionalidad: es una mujer tapandose los ojos, trata de huir de las acechanzas de los monstruos que la persiguen. Tambien considerada la alegoría de la República, acosada por las criaturas ominosas y el pasado. En la obra, aparece tambien el Illimano, visto como un vigilante impávido. A un extremo se halla la muerte y en la parte inferior izquierda, la tierra se renueva con flores, la esperanza simbolizada por la Kantuta. [3]

"El Carnaval" constituye un ambiente destivo que facilita la sátira contra la sociedad, con cierto dejo de amargura, y con el Illimani presente.[3]

Borda realizaba alegorías no siempre comprensibles: La "Yunta Secular", se trata de un tránsito de la humanidad hacia lo incierto; "El poder de la voluntad" se acerca a la idea de un hombre superior capaz de convertirse en dios; La "Conquista de América" es directa, plantea la imagen de una cruz convertida en puñal; "La pascana", es un paisaje en el que aparece la forma del ferrocarril anunciando la extinción de la llama como medio de transporte, una lucha cosntante entre el pasado y el presente; El "Becerro de oro" conecta con la crítica a los prejuicios religiosos y supersticiones; en "Selva yungueña y "Senda nueva" no solo se hace un estudio de la flora en los calles, sino manifiesta el renacer, la idea de la perpetuidad natural en su continuo ciclo de vida y muerte. [3]

El paisaje

Illimani, 1944. Arturo Borda

Ya en los inicios del siglo XX, eran usuales los temas idílicos con un fondo de floresta, o los paseos públicos de La Paz y Cochabamba. Arturo Borda por su parte, tiene una inclinación hacia las vistas de la Cordillera Occidental y lo repite muchas veces en su obra; refleja una sensación de soledad, perpetuidad opresiva ante la grandeza de la naturaleza. Uno de sus temas más conocidos es el Illimani, centro sobre el que trabaja cierta deificación identitaria de La Paz. Hace interpretación del paisaje sin accesorios ni referencias grandilocuentes como las llamas o vicuñas. [3]

Leonor Gozálvez y José Borda (1943)

Literatura

El Loco

Es la suma de los pliegos literarios de Borda, redactados durante 50 años, desde 1901 hasta 1950. El Loco es una confesión interior del artista en un cúmulo de tres tomos y 1659 páginas. Emplea varios géneros, como narración, diálogo, poesía y ensayo, para abordar temas de observación social, psicología íntima, meditaciones filosóficas y, en especial, la congoja en la búsqueda de la belleza. La expresión de los pensamientos no es uniforme, por lo cual se alternan pasajes de imaginación alucinada con otros de tediosa palabrería. El libro fue publicado de manera póstuma en 1966.

Líbrame, Señor, de mi alma:

he oído pasar en la noche profunda

los arpegios de una armonía lejana.
A. Borda, El Loco, pág. 185
III

Más tarde noté que de mi corazón saltaba silbando un hilillo de sangre y que al caer en la arena se tornaba en hierro, del que durante milenios mi espíritu forjó en soledad, en el yunque de mi cerebro, el cañón y el trípode de un telescopio gigantesco, cuyos lentes eran mis ojos; visto de arriba era microscopio. Terminado que fue, quedé con el ansia en mis órbitas vacías, contemplando la eternidad, como en sueño, á través del extraño instrumento, anotando de siglo en siglo alguna que otra observación. Pero todo me parecía complicado aun,

aunque yo adivinaba simple en sí la verdad.
A. Borda, El Loco, pág. 11

En 2020, la Secretaría Mayor de Culturas del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz formaría un concejo editorial para concretar una reedición de "El Loco", en un solo tomo, una versión corregida y con los reconocimientos a la obra del autor. Esta segunda edición se publicó el 23 de abril de 2021, en el marco del Día Internacional y Nacional del Libro y del Derecho de Autor.

Nonato Lyra

  • Manuscrito (circa 1940, editado 2014[4])

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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