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Asedio de Ostia

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El asedio de Ostia tuvo lugar durante los meses de febrero y marzo del año 1497. En él se enfrentaron las tropas españolas, al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba; y las tropas al servicio del rey Carlos VIII de Francia, dirigidas por el navarro o vizcaíno Menaldo Guerri (cuyo nombre también se recoge como Menaldo Guerra, Menaut de Guerri[1] o Menaldo Aguirre[2]).

Fecha 20 de febrero - 9 de marzo de 1497
Lugar Ostia, (Italia Italia)
Resultado Victoria española
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Asedio de Ostia
Parte de la guerra italiana de 1494-1498

El Gran Capitán presenta a Guerri al papa Alejandro VI
Fecha 20 de febrero - 9 de marzo de 1497
Lugar Ostia, (Italia Italia)
Coordenadas 41°45′N 12°18′E
Resultado Victoria española
Beligerantes
Reino de Francia Reino de España
Comandantes
Menaldo Guerri  Rendición El Gran Capitán
Fuerzas en combate
600 jinetes
3.900 infantes
1000 infantes
300 jinetes
Algunos cañones
Bajas
2.700 hombres 900 hombres
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Antecedentes

Después de la importantísima victoria de la Liga de Venecia en Atella, casi todas las ciudades tomadas por los franceses habían sido devueltas a Fernando II de Nápoles, pero el puerto de Ostia, que se encontraba en la desembocadura del Tíber y que formaba parte de Roma, había sido tomado por los franceses al principio de la guerra, y el rey Carlos VIII le había prometido al papa que cuando terminase la guerra le sería devuelto. Pero el rey de Francia no llegó a cumplir su promesa, por lo que el papa Alejandro VI, que era español, pidió a su compatriota, el Gran Capitán, que fuese a Ostia y que le pidiera a los franceses la devolución del puerto al papa.

Así lo hizo y se presentó en las murallas de la ciudad portuaria el 20 de febrero de 1497. Reclamó la ciudad a su gobernador, diciéndole que cumpliese la promesa francesa por orden de Alejandro VI. Pero todo esto fue inútil; los franceses no parecían dispuestos a entregar la ciudad. Viendo esta situación Don Gonzalo puso la ciudad en sitio.

El asedio

La ciudad estaba defendida por tropas sin escrúpulos y forajidos, pero todos ellos de gran coraje, además de que la plaza era muy fuerte. Después de ver con detalle las murallas de la plaza, el Gran Capitán dispuso el sitio, con mil soldados de infantería, 300 jinetes y con varias piezas de artillería. Los cañones los puso en una elevación al sur de la plaza. Empezaron a abrir fuego sobre la muralla, hasta que después de cinco días se abrió una brecha, por la cual los 1.300 hombres se lanzaron al ataque sobre las tropas francesas.

Los franceses combatían con valor y tesón, pero en ese momento Garcilaso de la Vega (padre), el embajador de Castilla en el papado, lanzó su ataque por el lado contrario. Después de este segundo ataque, el vizcaíno y sus tropas francesas hincaron la rodilla y se rindieron, con la condición y promesa de que les respetasen la vida.

Entrada en Roma y visita con el papa

Algunos años después (1514-1515), bajo el papa León X, se eligió como tema para que Rafael Sanzio y su equipo decoraran una de las lunetas de llamada Estancia del incendio del Borgo (entre las Estancias Vaticanas) una representación de la Batalla de Ostia del año 849 (ganada por su homónimo el papa León IV). Significativamente, entre los monarcas protectores del papado representados en el friso inferior, se incluyó a Fernando el Católico justo bajo este fresco, vestido como militar romano y empuñando una enseña cuyos emblemas son un castillo, dos granadas y una corona de laurel, identificado con la cartela "Ferdinandus Rex Catholicus Christiani Imperii Propagator".[3]

Después de esta victoria, Gonzalo Fernández de Córdoba entró victorioso en Roma y la multitud le aclamo como "libertador", detrás de él venía encadenado Guerri; escena que se parecía mucho a la que sufrió Vercingétorix al entrar encadenado por Cesar también en Roma. Ya en la Basílica de San Pedro Don Gonzalo le presentó al papa el prisionero de guerra, Alejandro VI se acercó y le dio un beso en la frente por sus servicios al papado. Acto seguido le premió sus servicios con la rosa de oro, que era la máxima distinción que entregaba el papado, normalmente el papa, cada año a su mejor servidor.

Al marcharse hubo una escena violenta. Alejandro VI estaba dolido con los Reyes Católicos. Don Gonzalo le dijo que no se olvidase los servicios prestados, y que todavía tenía en mente las palabras que el sumo pontífice le había dicho no hacía mucho tiempo:

Si las armas españolas me recobraban Ostia en dos meses, debería de nuevo al Rey de España el Pontificado.[4]

Don Gonzalo siguió diciéndole:

Más le valiera no poner a la Iglesia en peligro con sus escándalos, profanando las cosas sagradas, teniendo con tanta publicidad, cerca de sí y con tanto favor a sus hijos, y que le requería que reformase su persona, su casa y su corte, para bien de la cristiandad.[5]

Después de esto el Gran Capitán se retiró y partió hacia Sicilia, como virrey que era.

El padre jesuita Abarca escribió:

El papa quedó turbado del esplendor vivo de la verdad, enmudeció del todo, asombrado de que supiese apretar tanto con las palabras un soldado, y de que a un Pontífice, tan militar y resuelto, hablase en Roma en su palacio y rodeado de armas y parientes, un hombre no aparecido del cielo, en puntos de reforma y con tanta reprehensión.[6]

Bibliografía

  • Academia de Infantería. Historia Militar. Segundo curso. Guadalajara, 1945. Página 161.
  • César Silió Cortés. Isabel la Católica. Espasa-Calpe. Madrid, 1973. Página 348.

Notas

Enlaces externos

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