Su impulsora fue Esther Valdés, dirigente obrera y feminista, que buscaba mostrar las condiciones indignas de trabajo en los talleres de costura, donde no existían horarios ni se les otorgaba una remuneración justa. Su llamado era poder unir a las trabajadoras en esta asociación para enfrentar juntas estas realidades precarias y exigir mejores condiciones.[2] Su objetivo era crear una sociedad gremial de costureras en la capital de Chile para poder dar protección a las trabajadoras.
Hasta hoi, el tesonero y honorado trabajo de la obrera no es considerado por el patron, como esfuerzo y colaboracion propia, que le ayuda a formarse un inmenso capital, que le permite descansadamente gozar de las necesidades de la vida y asegurar el porvenir risueño y feliz de su descendencia, sino que por el contrario, el trabajo de las obreras es considerado como una obligacion y tributo que el pobre debe de ofrecer al rico.
Y es por esto, que el patron o el capitalista, mira a sus trabajadores como a bestias de carga, a los cuales no les liga mas compromiso, que darle una miserable racion de hambre para que no fallezcan.
La noble e inmensa labor que silenciosamente, la obrera aporta en las variadas manifestaciones o ramos de trabajo, como he dicho es mirado con desprecio, y la obrera considerada esclava, es obligada por su ignorancia y bajo la férula de la amenaza y mandato brutal, a soportar pacientemente todas las exijencias, caprichos y esplotacion del patron.
Esther Valdes de Diaz, Presidenta de la Asociacion de Costureras Proteccion, Ahorro y Defensa. 1907.
[3]
Su sede se encontraba en la calle Inés de Aguilera 1134 (Plaza de San Diego).[1]
Bajo su alero se fundó la revista La Palanca, continuadora del trabajo realizado por el periódico La Alborada.