Atentado de la rúa Tonelero
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El atentado de la rúa Tonelero fue una acción violenta, con tinte político, que intentó el asesinato del periodista y político Carlos Lacerda, en la madrugada del día 5 de agosto de 1954 frente a su residencia en el número 180 de la rúa Tonelero en el barrio de Copacabana, Río de Janeiro, Brasil. El evento terminó con la muerte del mayor-aviador Rubens Florentino Vaz y en la lesión del guardia municipal Sálvio Romeiro.[1][2]
| Atentado de la Rúa Tonelero | ||
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Rúa Tonelero en 2021. El número 180 es el edificio del medio de la foto. | ||
| Localización | ||
| País |
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| Estado |
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| Municipio |
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| Localidad | Bairro de Copacabana | |
| Lugar | Residencia de Carlos Lacerda, em Copacabana | |
| Datos generales | ||
| Tipo | Atentado a tiros | |
| Objetivo | Asesinar a Carlos Lacerda | |
| Participantes | Alcino João do Nascimento | |
| Histórico | ||
| Fecha | 5 de agosto de 1954 | |
| Desenlace | ||
| Muertos | Rubens Florentino Vaz (Mayor-aviador) | |
| Heridos | Carlos Lacerda y Sálvio Romeiro | |
Obtuvo importancia histórica por convertirse en el hito de la intención de derrocar al entonces Presidente de la República Getúlio Vargas, precipitando las cosas hacia su suicidio, diecinueve días después.[3][4]
Atentado
Lacerda, uno de los principales opositores del segundo gobierno de Getúlio Vargas, inició su campaña para ser diputado federal. Como había sido amenazado de muerte algunas veces, un grupo de simpatizantes - oficiales de la Fuerza Aérea - decidió servir como seguridad durante su campaña. Luego de una actividad de campaña, realizada la noche del 4 de agosto de 1954, en el patio del Colegio São José, el periodista regresó para su casa acompañado de su hijo Sérgio, de quince años, en el automóvil del mayor-aviador Rubens Florentino Vaz. Al llegar a la rúa Tonelero, los tres salieron del vehículo y, al despedirse, una persona surgió de las sombras y disparó varias veces. El mayor, desarmado, intentó defenderse pero fue alcanzado en el pecho. Mientras tanto, Lacerda llevó a su hijo para el garaje del edificio y regresó disparando contra el agresor que huyó en un taxi. Un guardia municipal, que estaba en las cercanías, Sálvio Romeiro, oyó los disparos y, al verificar lo que estaba sucediendo, también fue alcanzado por un tiro, pero logró anotar la placa del vehículo fugitivo.[4][5]
Investigación


En aquella misma madrugada la prensa divulgó los detalles del crimen. El conductor del taxi, Nelson Raimundo de Souza, sabiendo ya que su vehículo fue identificado, decidió presentarse en una delegación policial. Inicialmente alegó su inocencia y que sólo recogió al pasajero sin tener conocimiento del crimen pero luego de su declaración confesó a la policía militar su involucramiento con el crimen..[4] A los interrogadores, Nelson Raimundo afirmó que llevó a dos personas hasta la rúa Tonelero, la noche del atentado contra Lacerda. Una de ellas no sabía quién era pero a la otra sí la conocía bien. Era Climério Euribes de Almeida, integrante de la guardia personal del presidente de la República y amigo de Gregório Fortunato.[6]
Cuando la policía fue a la casa del sospechoso, en el barrio de Méier, el ya había desaparecido. Un gran número de efectivos fue movilizado para su captura. En la madrugada, la policía entregó una nota oficial a la prensa con el contenido de la declaración del taxista Nelson Raimundo e informando que llevará a cabo varias diligencias para ubicar a Climério. La operación involucró cerca de doscientos hombres armados, vehículos militares y hasta helicópteros, y se extendieron por cuatro estados: Río de Janeiro, São Paulo, Paraná y Río Grande del Sur.[7]
La parada de taxis de Nelson se ubicaba en la rúa Silveira Martins, esquina con la rúa de Catete – junto al entonces palacio presidencial – y acostumbraba servir a los integrantes de la guardia personal de Getúlio. Uno de esos integrantes, Climério Euribes de Almeida, acordó con el taxista que le sirviera para la fuga en su vehículo junto a otro pistolero, Alcino João do Nascimento.[4]
Alcino, era en verdad un ebanista en dificultades financieras, fue contratado meses antes por José Antônio Soares para ejecutar una orden. Él aceptó rápidamente el servicio, matando sin embargo a la persona equivocada. Eso no impidió que José lo recomendase para cumplir una tarea semejante encomendada por Climério. Se acordó que el atentado se cometería durante una actividad de campaña de Lacerda en la ciudad de Barra Mansa. Sin embargo, el coche de Nelson se averió, lo que obligó a posponer la huida hasta el 4 de agosto, fecha del próximo mitin del periodista. Ese día, Climério y Alcino se dirigieron al Colegio São José, pero el taxista, que debía reunirse con ellos allí para la huida, se retrasó. Ya bien entrada la noche, los tres decidieron dirigirse entonces a la casa de Lacerda.[4]
Luego del intercambio de tiros, Lacerda terminó herido en el pie y el mayor Vaz, después de ser alcanzado por dos balas de una pistola calibre 45 (de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas), murió camino al hospital. Alcino afirmó que quien encargó el crimen fue Lutero Vargas, hijo de Getúlio Vargas y rival de Carlos Lacerda.[8] El comando de la Fuerza Aérea asumió las investigaciones el 8 de agosto, el mismo día en que Gregório Fortunato, jefe de la guardia personal de Getúlio y señalado como quien encargó el crimen, confesó su participación. Climério y Alcino fueron capturados poco tiempo después.[4]
Consecuencias
La crisis política que siguió al episodio, en particular con los militares indignados por la muerte de uno de los suyos, agravada por los ataques violentos de Lacerda y sus seguidores al presidente, sin que haya un moderador, agigantó la ola contraria a Getúlio Vargas. Ante las peticiones de renuncia a la presidencia, que comenzaron a multiplicarse, el 23 de agosto, el presidente se reunión con sus ministros en el Palacio de Catete para analizar la situación política. Se decidió que el presidente pediría licencia, regresando al poder cuando las investigaciones sobre el atentado terminaran. Dos horas más tarde, casi a las cinco de la madrugada del día 24, Benjamín Vargas, hermano de Getúlio, llegó al Palacio con la información de que los militares querían la renuncia. Como respuesta, al retirarse para su cuarto, Getúlio afirmó: "¡Sólo muerto saldré de Catete!" Momentos más tarde se oyó un tiro: Getúlio estaba muerto con una herida de bala en el corazón.[9]
Alcino fue condenado a 33 años de prisión, pena que luego fue reducida. Cumplió 23 años y sobrevivió a dos intentos de asesinato.[10][11] Gregório fue condenado a 25 años y fue asesinado en la prisión al igual que Climério, condenado a 33 años. José Antônio Soares fue condenado a 26 años. Nelson Raimundo a 11 años.
Otras interpretaciones
La historia oficial, revalidada por el jurado popular que condenó a los auutores del crimen en 1956, continúa siendo cuestionada por personas que apuntan inconsistencias en la investigación y preguntas que permanecen sin respuesta.[12][13]
Una de las principales fuentes de duda fue la investigación criminal, escrita en un tono demasiado contraria a Vargas y lleno de expresiones como "cobarde atentado" y "declaración mentirosa", entre otras. No hubo reconstrucción del crimen o careo entre Lacerda, (que inicialmente había afirmado que fueron tres personas las que dispararon contra él).[13] y el pistolero Alcino.[12]
Otra cuestión fue el amateurismo de los autores del crimen, que dejaron pistas evidentes que inmediatamente llevaron las investigaciones hasta el Palacio de Catete. Los defensores de las teorías conspirativas entienden que eso tiene que haber sido intencional con la finalidad de precipitar una crisis política que tendría como consecuencia la salida de Vargas de la oficina presidencial. No existe ninguna declaración o prueba apoyando esta tesis que se encuentra en el terreno de las suposiciones.[12]