Nació en Arequipa, siendo hijo de José Mariano Bedoya Mogrovejo y de Bernarda Valverde.[1][2]
Se trasladó a Lima, donde ingresó al Seminario de Santo Toribio en 1772 y fue pasante de Teología en 1776. En la Universidad de San Marcos se graduó de doctor en Leyes y Cánones. El 26 de octubre de 1779 se recibió de abogado ante la Real Audiencia de Lima. Pasó a ser relator en este tribunal, así como defensor general de temporalidades.[1][3]
En 1784 se trasladó a Tarma para servir como teniente asesor letrado del intendente de dicha jurisdicción. En dicho cargo permaneció durante veintisiete años.[1][3] En 1807 fue elegido diputado por Huánuco y diputado general ante la Junta Central de Sevilla.[3]
Durante la rebelión de Huánuco de 1812, logró aquietar a los indígenas rebeldes que amenazaban la ciudad de Huánuco; y si bien consiguió que se pusieran a buen recaudo las autoridades y las familias españolas, sufrió luego la destrucción de su propia vivienda.[1]
En 1812 pasó a ser fiscal de la Real Audiencia de Cuzco.[1][3] El regente de Cuzco, Manuel Pardo Ribadeneira, reconoció que tenía “vastante instruccion legal, y practica forense, igual aplicacion, y amor al trabajo, y la pureza que se necesita en estos empleos” (sic).[2]
En el Cuzco tuvo que afrontar la continua agitación de la población, descontenta por el gobierno colonial y ya azuzada por la propaganda emancipadora.[1] Durante la rebelión del Cuzco de 1814 fue apresado por los insurgentes encabezados por Mateo Pumacahua y permaneció 121 días en prisión.[2]
Puesto en libertad, pasó a Lima en 1815. Por su lealtad a la corona fue premiado en 1816 con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. En 1818 se le prometió el primer puesto vacante en la Audiencia de Lima.[2]
En 1821 fue nombrado auditor de guerra del Virreinato del Perú.[1][3] Ya por entonces había empezado la fase final de la guerra de independencia. Estuvo presente en la junta realizada por los generales realistas en Aznapuquio, el 29 de enero de 1821, siendo testigo de la deposición del virrey Joaquín de la Pezuela. Este le confió su protesta escrita, fechada el 11 de febrero de 1821, en la que denunciaba la violencia que había sufrido de parte de quienes estaban obligados a defender su autoridad.[1]
Ganado a la causa independentista, fue uno de los firmantes del acta de la Declaración de Independencia del Perú, aprobada por el pueblo limeño en sesión de cabildo abierto realizado el 15 de julio de 1821.[1] Luego fue elegido diputado por Arequipa al primer Congreso Constituyente.[1] Rafael Ramírez de Arellano, miembro de la Junta Revisora de Poderes, objetó su elección, pero al final se determinó que la comisión de poderes sólo podía pronunciarse sobre la legitimidad de estos y no sobre los antecedentes personales.[1]
Como diputado, tuvo activa participación en los debates constitucionales. Puso su firma en la protesta del Congreso contra los actos arbitrarios del presidente José de la Riva Agüero, con fecha 19 de agosto de 1823. Y fue elegido vicepresidente de la mesa directiva del Congreso, el 20 de enero de 1824.[1]
En febrero de 1824, al ser reocupada Lima por las fuerzas realistas, Bedoya se refugió voluntariamente en la Fortaleza del Real Felipe. Aunque no se sabe si permaneció allí en calidad de prisionero o que abjuró de la causa independentista, lo cierto es que acabó por fallecer allí, al igual que el marqués de Torre Tagle, durante el sitio de dicha plaza, que era defendida tenazmente por el general gallego José Ramón Rodil.[1][3][2]