Batalla de Alba de Tormes (1809)
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| Batalla de Alba de Tormes | |||||
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Guerra de la Independencia española Parte de guerra de la Independencia española | |||||
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| Fecha | 28 de noviembre de 1809 | ||||
| Lugar | Alba de Tormes, (Salamanca), España | ||||
| Coordenadas | 40°50′00″N 5°30′00″O / 40.83333333, -5.5 | ||||
| Resultado | Victoria francesa relativa, al haberse desbandado las unidades españolas en diferentes direcciones. | ||||
| Beligerantes | |||||
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| Comandantes | |||||
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| Fuerzas en combate | |||||
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En la batalla de Alba de Tormes, el 28 de noviembre de 1809, un cuerpo imperial francés al mando de François Étienne de Kellermann atacó a un ejército español liderado por Diego de Cañas y Portocarrero, duque del Parque. Al encontrar al ejército español cruzando el río Tormes, Kellermann no esperó a que llegara su infantería, al mando de Jean Gabriel Marchand, sino que lanzó una serie de cargas con la caballería francesa que desbandaron a las unidades españolas en la orilla cercana, infligiéndoles grandes pérdidas. El ejército de Del Parque se vio obligado a refugiarse en las montañas durante ese invierno. Alba de Tormes se encuentra a 21 kilómetros al sureste de Salamanca, España. La batalla tuvo lugar durante la Guerra de la Independencia Española, como parte de las Guerras Napoleónicas.
La Junta Suprema Central y de Gobierno del Reino de España planeó lanzar un ataque en dos frentes contra Madrid en otoño de 1809. En el oeste, el Ejército de la Izquierda de Del Parque obtuvo algunos éxitos contra el débil VI Cuerpo de Marchand. Cuando el general español supo que el otro frente ofensivo había sido aplastado en Ocaña, dio media vuelta y comenzó una rápida retirada hacia el sur. Al mismo tiempo, Marchand recibió refuerzos de una división de dragones al mando de Kellermann. Tomando el mando, Kellermann persiguió al Ejército de la Izquierda a toda velocidad, alcanzándolo en Alba de Tormes. Sin esperar a sus propias tropas de infantería, los dragones y la caballería ligera francesa atacaron a la infantería española y la derrotaron. La infantería de Marchand llegó a tiempo para rematar la faena, pero la caballería había llevado el peso de la lucha. Los hombres de Del Parque se replegaron a las montañas, donde pasaron unos meses de penurias.
La primera batalla de Alba de Tormes tuvo lugar el 28 de noviembre del año 1809 en Alba de Tormes, provincia de Salamanca. Es un enfrentamiento que se da en el frente peninsular durante las guerras napoleónicas entre uno de los ejércitos españoles que se niegan a aceptar como legitimo el gobierno de José Napoleón I y las tropas del Primer Imperio francés. Los principales jefes militares de ambas fuerzas serán el duque del Parque por parte de los españoles leales al gobierno provisional de la Junta Central de Defensa y el general François Étienne Kellermann al frente de las tropas francesas.
Antecedentes y contexto
Tras el 2 de mayo de 1808 una parte sustancial del Ejército español se negará (al igual que gran número de funcionarios civiles) a aceptar la imposición del hermano de Napoleón I en el trono de Madrid. Fruto de ese rechazo es la aparición de las primeras Juntas de Defensa a cuyo servicio se pondrán diversos generales españoles.
Entre ellos está el duque del Parque, que queda en el año 1809 al mando de las tropas en el Norte de Castilla en unos momentos de gran incertidumbre acerca del resultado de la guerra en suelo español, que, como se sabe ya en esas fechas, será un teatro bélico decisivo para el curso de las guerras napoleónicas.
Para entonces las tropas españolas refractarias a la imposición de José I en el trono de Madrid, han obtenido una resonante victoria en el mes de julio de 1808 en el campo de batalla de Bailén. Ese significativo movimiento en el mapa de operaciones europeo, ocasiona una decidida intervención de los británicos, que mandan a su único ejército de Tierra operativo a la Península bajo el mando de sir John Moore. Sin embargo la victoria de Bailén provocará también una decidida reacción por parte del emperador Napoleón, que, en otoño de ese mismo año, se pone el frente de sus tropas en la Península y encabeza una arrolladora contraofensiva sellada con diversas derrotas de las tropas españolas -en Tudela, Espinosa de los Monteros, Astorga…- entre finales del año 1808 y comienzos del invierno de 1809, culminadas con la reconquista de Madrid y la apresurada retirada de las fuerzas británicas a través de los puertos de Vigo y La Coruña.
Pese a estas derrotas, los ejércitos españoles leales a la Junta Central de Defensa continuarán operativos a lo largo del año 1809. De hecho, tras la retirada británica esas tropas, junto con las milicias conocidas como “Alarmas Gallegas”, organizadas por los obispos y la burguesía y aristocracia locales, reconquistarán las siete provincias en las que se divide el reino de Galicia en esos momentos, expulsando de ellas a las unidades francesas bajo mando del mariscal Ney y liberando todo el territorio gallego definitivamente para el resto del período de la Guerra de Independencia o fase peninsular de las guerras napoleónicas.[1]
La campaña del año 1809. Batallas del Carpio, Ocaña y Tamames
Con el notable apoyo político, económico y territorial de esas siete provincias libres del dominio napoleónico, la ayuda británica no tardará en regresar a la Península a través de Portugal, animando aun más a los ejércitos españoles supervivientes a las derrotas del otoño de 1808 y comienzos del año 1809.
Bajo la dirección de la Junta Central de Defensa, esos ejércitos españoles obtendrán nuevas victorias. Una de las más impactantes será la de Talavera, pese a las distintas controversias en torno a esos hechos y en torno al comportamiento de las tropas españolas en los mismos. Algunas especialmente chocantes. Como la sostenida por parte de algunos novelistas británicos como Bernard Cornwell. Otra de las victorias españolas en ese año será obtenida el 23 de noviembre de 1809 por el Ejército bajo mando del duque del Parque que, en la Batalla del Carpio, saldrá victorioso de un nuevo encuentro con los franceses. Una victoria que sin embargo no es explotada a fondo, replegándose las tropas del Parque hacia Alba de Tormes.[2]
En el transcurso de ese movimiento de repliegue, ese ejército recibirá noticias de las sucesivas derrotas españolas en Tamames y Ocaña y su retaguardia podrá ver cómo las vanguardias de la División Kellermann están en persecución suya mientras se retiran del Carpio el 23 de noviembre de 1809. Se fragua así la nueva batalla que tendrá lugar en Alba de Tormes el 28 de ese mismo mes y año.
Primera fase de la primera Batalla de Alba de Tormes: 28 de noviembre de 1809
Los sucesos que tienen lugar entre la mañana y la noche del 28 de noviembre de 1809 han estado sujetos, como la Batalla de Talavera, a fuerte controversia y a relatos parciales -vigentes aún en la actualidad- por parte de cierta historiografía francesa. En el centro de la misma está la discusión acerca de la calidad de las tropas españolas sobre el terreno, su disciplina y el manejo de las mismas que hará el duque del Parque en esa jornada de Alba de Tormes.

A ese general con el mando supremo de las mismas, se le ha achacado así situar a esas tropas sobre campo abierto y dispersarlas a ambos lados del Tormes para que descansasen y obtuvieran nuevas raciones, pero sin tomar precauciones frente a la vanguardia de Kellermann, que ya habían avistado en persecución suya durante su repliegue hacia Alba de Tormes.
Todas las obras históricas más próximas a los hechos coinciden en ese punto. Así ocurre con la “Historia política y militar de la Guerra de Independencia contra Napoleón Bonaparte desde 1808 á 1814” del conde de Fabraquer, José Muñoz Maldonado, publicada en el año 1833,[3] y en otras sucesivas como la del presbítero Juan Díaz de Baeza,[4] que da al público en el año 1843 la “Historia de la guerra de España contra el emperador Napoleón”, quedando así establecido ese relato de los hechos que más adelante se irá repitiendo en otras obras de Historia sobre los mismos o sobre el período de las guerras napoleónicas en España. Reaparece pues en la “Guerra de la Independencia” de Miguel Agustín Príncipe, que dedica en su segundo volumen varias páginas a esos hechos de Alba de Tormes.[5]
Posteriormente se repercute ese relato en artículos de publicaciones especializadas como “La revista militar”, que en uno de sus números del año 1852 analizaba la táctica empleada por el duque del Parque frente a fuerzas superiores de Caballería enemiga. Algo que, en opinión del autor de ese artículo (el capitán general, marqués del Duero), había sido la causa de la derrota del duque del Parque en esa ocasión.[6] También aparece ese mismo relato en otras obras de Historia general de España, como las de Dionisio de Aldama y Manuel Alcaraz, y en enciclopedias españolas de mediados del siglo XIX como la de Francisco de P. Mellado que, sin embargo, añade una curiosa y significativa variante al calificar a la batalla de “combate”, indicando al mismo tiempo que el general Kellermann es derrotado en ese encuentro con las tropas españolas.[7]
Así el relato de la primera Batalla de Alba de Tormes se va degradando (salvo por excepciones como la del “Diccionario” de Francisco de P. Mellado) a lo largo del siglo XIX y de ese modo obras capitales para la difusión de esos hechos, como el “Manual del Profesorado de Instrucción Primaria, elemental y superior” de Francisco Nard, reducen los hechos de ese día a un “revés” de las tropas españolas tras lo que ese autor calificaba como el desastre en Ocaña.[8]
Autores de orígenes extranjeros -como el barcelonés de ascendencia germánica Víctor Gebhardt- reforzarían ese relato e incluso lo reducirán aún más, reflejándolo como una derrota española sin paliativos en obras con sucesivas ediciones en español desde el año 1862.[9] Los relatos de la batalla más detallados, sin embargo, introducen una serie de matices acerca del despliegue del duque del Parque. Así Miguel Agustín Príncipe indica en su “Guerra de la Independencia” que del Parque consigue hacer retroceder en primera instancia a la vanguardia de Kellermann al mando del general Jean-Baptiste de Lorcet, comandante en jefe en esos momentos de una brigada de Caballería Ligera (fundamentalmente compuesta de unidades de élite como el 3.º de Húsares -los célebres húsares grises- y regimientos de Cazadores a caballo). Los tiradores del duque del Parque en vanguardia repelen de hecho a Lorcet y sus hombres hasta el grueso de las fuerzas de Kellermann -en el que buscan refugio- y se apoderan de la meseta que media entre los dos ejércitos.[10]
Príncipe indica, sin embargo, que esa aparente victoria engaña al duque del Parque y así será sorprendido por el siguiente movimiento de Kellermann que manda dos regimientos de dragones al mando del general Théodore François Millet para flanquear esa meseta.[11]
A partir de ese momento se inicia un doble movimiento de las tropas españolas. Por un lado una desordenada desbandada que da por inútil toda resistencia -como en el caso de las tropas mandadas por Losada- y en la que el duque del Parque no podrá poner orden alguno. Por otro lado, sin embargo, el general Gabriel de Mendizabal e Iraeta, segundo al mando del Ejército del duque del Parque, organiza una férrea resistencia que desbarata la ofensiva de Kellermann y malogra una victoria decisiva para este general francés, impidiéndole explotar a fondo la derrota parcial de algunas de esas unidades españolas.[12]

