Batalla de Araviana (1359)
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| Batalla de Araviana | ||||
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| Parte de Guerra de los Dos Pedros | ||||
![]() Una hueste castellana del tiempo de Pedro I, en un grabado del siglo XIX. | ||||
| Fecha | 22 de septiembre de 1359 | |||
| Lugar | Campos de Araviana, en las faldas del monte Moncayo, provincia de Soria, España | |||
| Coordenadas | 41°51′00″N 1°55′00″O / 41.85, -1.91666667 | |||
| Resultado | Victoria aragonesa | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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La batalla de Araviana enfrentó el 22 de septiembre de 1359 a tropas del rey castellano Pedro I el Cruel frente a las del rey aragonés Pedro el Ceremonioso. La batalla, librada en los campos de Araviana, a los pies del Moncayo (Soria), se zanjó como la primera victoria aragonesa durante la guerra de los Dos Pedros.
A mediados de 1359 la guerra de los Dos Pedros se estaba saldando con una superioridad manifiesta de las tropas castellanas, tanto por tierra como por mar. Al inicio del conflicto Enrique de Trastámara había sido premiado con la Capitanía por el rey de Aragón, con la esperanza de atraer a todos los nobles castellanos contrarios a su rey. Pero en estos momentos Enrique estaba siendo ampliamente cuestionado por los aragoneses porque en tres años aún no había conseguido ni una victoria.
El Trastámara decidió jugársela en una operación que le devolviese el prestigio perdido y decide invadir Castilla por la frontera de Ágreda.
La batalla
Al mando de los aragoneses iba Enrique de Trastámara, acompañado por su hermano Tello, y los caballeros aragoneses de la casa de Luna don Pedro de Luna, Juan Martínez de Luna y fray Artal de Luna, entre otros. Después de arrasar Ólvega les salió al paso el ejército del rey castellano, al mando del valido Juan Fernández de Hinestrosa y por Fernando de Castro, que mandaban las guarniciones de Almazán y Gómara.
El combate tuvo lugar en Araviana, junto al monte Moncayo, resultando una amplia victoria para las tropas aragonesas. De entre las muertes castellanas, destacó la del propio valido Juan Fernández de Hinestrosa. La hueste castellana sufrió unas 300 bajas y la deserción de algunos mandos del ejército, temerosos de la reacción de Pedro I ante la derrota.[1]
