Batalla de los Campos Cataláunicos

enfrentamiento bélico entre Roma y los hunos (451) From Wikipedia, the free encyclopedia

La batalla de los Campos Cataláunicos (también llamada batalla de Châlons o batalla de Locus Mauriacus) enfrentó en el año 451 a una coalición romana encabezada por el general Flavio Aecio y el rey visigodo Teodorico I contra la alianza de los hunos y sus pueblos vasallos, especialmente los ostrogodos, comandada por Atila.[5] El sitio preciso del enfrentamiento no se conoce con exactitud, pero se estima que estaba ubicado en la margen izquierda del río Marne, cerca de Duro Catalaunum, la actual ciudad de Châlons-en-Champagne, de donde su nombre, vinculado al pueblo galo de los catalaunos.[6][7]

Fecha 20 de junio de 451 (fecha más aceptada)
20 de septiembre de 451 (fecha alternativa)
Lugar Algún lugar del actual noreste francés, quizá cerca de la actual Châlons-en-Champagne
Resultado Estancamiento táctico. Retirada del ejército huno y aliado; los hunos se refugiaron en la Galia. Victoria estratégica del Imperio romano de Occidente y sus aliados.
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Batalla de los Campos Cataláunicos
Caída del Imperio romano de Occidente
Parte de caída del Imperio romano de Occidente

Los Hunos en la batalla de los Campos Cataláunicos, por Alphonse de Neuville (1836–85)
Fecha 20 de junio de 451 (fecha más aceptada)
20 de septiembre de 451 (fecha alternativa)
Lugar Algún lugar del actual noreste francés, quizá cerca de la actual Châlons-en-Champagne
Coordenadas 49°00′N 4°30′E
Resultado Estancamiento táctico. Retirada del ejército huno y aliado; los hunos se refugiaron en la Galia. Victoria estratégica del Imperio romano de Occidente y sus aliados.
Beligerantes
Imperio romano de Occidente
Reino visigodo de Tolosa
Francos salios
Francos ripuarios
Alanos
Burgundios
Sajones
Armoricanos
Sármatas
Imperio huno
Ostrogodos
Gépidos
Francos
Hérulos
Turingios
Amelungos
Esciros
Avaros
Rugios
Burgundios
Comandantes
Flavio Aecio
Teodorico
Turismundo
Sangibano
Meroveo
Gondioc
Atila
Valamiro
Fuerzas en combate
Total: 50 000[1][2]
(35 000 romanos)[3]
Total: 60 000[1][2]
(40 000 hunos)[4]
Bajas
10 000 muertos y heridos Decenas de miles, más grandes que las de sus enemigos.
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Esta batalla fue la última operación militar a gran escala del Imperio romano de Occidente y la cumbre de la carrera de Aecio. La importancia histórica del enfrentamiento ha sido debatida; tradicionalmente se consideró que esta batalla fue decisiva y detuvo el avance de los hunos en Occidente,[8][9] sin embargo, estos ya habían saqueado varios territorios de la Galia y solamente fueron derrotados en su retirada; de hecho más tarde retornaron para atacar Italia; por ello otros autores consideran que el triunfo romano en los Campos Cataláunicos no alteró significativamente el curso de la historia del imperio en Occidente.[10][11]

Fuentes

La única fuente primaria para la batalla es el historiador romano, de origen gótico, Jordanes, quien escribió más de un siglo después del evento y no siempre es confiable. En particular, sus cifras sobre la fuerza del ejército son completamente exageradas, idealizó el papel de los visigodos y demonizó a Atila; por lo tanto, los historiadores suelen ser críticos con su narración.[12]

Próspero de Aquitania, contemporáneo de la batalla, menciona brevemente la campaña de Atila y el diplomático romano oriental Prisco, quien trató personalmente con el rey huno, proporciona información importante sobre los eventos que condujeron a la batalla, pero su relato nos ha llegado sólo en fragmentos. Otros historiadores del siglo VI, Procopio y Agatías, también aluden a la batalla. Algunas hagiografías como las escritas por Hidacio o Gregorio de Tours, hacen referencia circunstancialmente a la invasión de Atila.[13]

Todas estas referencias corresponden a la interpretación retrospectiva de los vencedores, quienes veían a estos eventos como ataques de los «bárbaros» contra los «romanos», antes que como intervenciones de estos pueblos en los conflictos internos del Imperio. [14]

Contexto

Imperio romano (amarillo) e Imperio huno (naranja) en 450.

El imperio de Occidente y la Galia

A mediados del siglo IV, el estado romano, ya dividido en dos, gobernaba sus territorios con desigual autoridad. El imperio de Oriente, aunque amenazado por invasiones en el norte y en conflicto con el los sasánidas en el este, aún controlaba sus provincias por medio de gobernadores. El imperio occidental, sin embargo, había debido aceptar en su interior a contingentes extranjeros, llamados genéricamente «bárbaros», que se establecían con sus familias y bienes, en las provincias más ricas. Nominalmente eran aliados del imperio, con el rango de foederati, [15]pero en la práctica eran independientes; regían a sus tropas como reyes, y administraban la provincia, como legados imperiales. En esta época, las provincias del noroeste de África, con su capital Cartago, estaban en poder de los vándalos, pero el imperio había restaurado su autoridad en Hispania, excepto la zona gobernada por los suevos, y en parte de la Galia.[16][17]

En esta última provincia, Roma controlaba la costa mediterránea, la antigua Narbonense, la región de Aurelianum, el territorio a lo largo del río Sena, incluidas Lutecia, Soissons y Arrás, la región del río Rin medio y superior hasta Colonia, y el curso del Ródano desde Lugdunum.[18] El resto era controlado por los líderes de diversos pueblos bárbaros asentados en el territorio. La Armórica, nominalmente parte del imperio, se había constituido en una región independiente, donde se asentaban fugitivos provenientes de Britania,[19][20] la Aquitania era gobernada por los visigodos, el norte de la Galia, al norte de Xanten, así como la Germania Inferior, habían sido abandonados a los francos salios. En el sur, la Sapaudia estaba en poder de los burgundios,[21] mientras que en la región del Loira estaban asentados los alanos, quienes eran los más leales al Imperio, ya que habían colaborado en la derrota del usurpador Jovino (a quien previamente apoyaron) en 411 y en el asedio de Bazas en 414.[22][18][23]

Atila

En 445, Atila era rey de los hunos, pueblo originario de la estepa euroasiática, quienes ejercían una hegemonía militar en las regiones de la frontera norte del Imperio romano, con contingentes provenientes de diversos pueblos bárbaros sometidos, con los cuales devastaba los territorios del imperio romano de Oriente. Estas incursiones, tuvieron un impacto devastador en los Balcanes y, en 448, el imperio oriental se vio obligado a firmar la llamada «Paz de Anatolio», la mayor victoria de los hunos sobre el imperio, por la cual Teodosio II se vio obligado a comprometerse a un pago de seis mil libras de oro, seguido de entregas anuales de dos mil cien libras de oro; estos pagos de tributos, aunque pudieran parecer una alternativa preferible a los riesgos militares, se asociaron con una pérdida de prestigio. Las relaciones entre romanos y hunos se deterioraron en 449 cuando Atila se enteró de que el emperador de Constantinopla había ordenado su asesinato, si bien, como informa Prisco, embajador romano, el plan fracasó.

Las relaciones entre Atila y el imperio de Occidente, sin embargo, habían sido cordiales, en especial por la mutua inteligencia entre el soberano huno y Aecio, magister militum del emperador Valentiniano III.[24][25]

Este acuerdo comenzó a romperse hacia 449, cuando Atila acogió en su corte a Eudoxio, uno de los líderes de una de las revueltas conocidas como bagaudas. Más tarde, el rey huno quiso intervenir en la sucesión del rey de los francos ripuarios, (posiblemente Clodión), apoyando a un candidato diferente del propuesto por Aecio. En 450, Atila se propuso dirigirse al imperio occidental y aseguró a los embajadores romanos de Oriente que atacaría a los visigodos de Aquitania como aliado de Valentiniano III.  Al respecto, el historiador Jordanes, quien escribió un siglo después, afirma que dicho ataque era parte de un plan urdido por el rey vándalo Genserico, gobernante de África, nominalmento como foederati, quien, al mismo tiempo, provocaría disputas entre los visigodos y el imperio; esta noticia es considerada falsa por los historiadores, los cuales señalan que Jordanes proyecta hechos de su propio tiempo.[26][24][25]

El caso de Honoria

La mayoría de las fuentes, en especial el contemporáneo Prisco, relatan que la invasión de Atila estuvo motivada por la intervención de Justa Grata Honoria, la hermana mayor de Valentiniano III, quien pretendía usar al rey huno para alcanzar sus intereses políticos. Honoria, en efecto, había sido forzada por el emperador a permanecer célibe, pero hacia 449 mantuvo relaciones con uno de sus administradores, un tal Eugenio (Juan de Antioquía dice que quedó encinta); ante este hecho, Eugenio fue ejecutado y ella, exiliada (a Constantinopla, según la crónica de Marcelino, información que Bury considera incorrecta), despojada del título de Augusta y comprometida con el rico senador Flavio Basso Herculano. La princesa, ante la perspectiva de esta unión, envió a su eunuco Jacinto como emisario ante Atila para solicitar su auxilio y, como prueba de la legitimidad de la carta, le envió su propio anillo. Este objeto, según algunas versiones del relato, fue considerado por el rey huno como signo de alianza matrimonial y en consecuencia envió embajadores a ambos imperios, exigiendo que se devolviera el título de Augusta a Honoria, a la cual, añadía, tomaría como esposa, algunas fuentes incluso indican que pretendía la Galia como dote. Aunque Teodosio II lo instó a aceptar las demandas del huno, Valentiniano se negó siquiera a considerar la propuesta, torturó e hizo decapitar a Jacinto, y ordenó el regreso a la corte de Honoria, cuya vida perdonó a instancias de su madre, Gala Placidia, pero la mantuvo prisionera en Ravena. Este hecho motivó a Atila a atacar Occidente, para recuperar a su supuesta prometida y restablecer sus derechos. Es indudable que la correspondencia entre Honoria y Atila fue el desencadenante del ataque huno a Occidente, no obstante, la propuesta de matrimonio, no mencionada por Prisco, parece legendaria; al respecto el historiador Ian Hughes sugiere que Honoria utilizó a Atila, como un general a su servicio personal, para recuperar su poder en la corte de Ravena. [27][28][29][30][31][32]

El asunto de Honoria no fue el único detonante de la invasión; el sucesor de Teodosio II, Marciano, había suspendido los pagos anuales a los hunos, pero Atila no podía obtener recursos de las devastadas tierras balcánicas, las ricas provincias orientales estaban fuera de su alcance y Constantinopla había probado ser inexpugnable. De este modo, el rey huno se vio obligado a buscar una nueva fuente de ingresos, y escogió incursionar en el Oeste.[33][34]

La invasión al oeste

Atila, con un gran contingente que comprendía a los hunos y un gran número de aliados, notablemente los ostrogodos, se puso en marcha a principios de año y atravesó el Rin en Argentoratum (actual Estrasburgo) durante la primavera. Siguiendo las vías romanas marchó sobre hacia Borbetomagus ( Worms), Mogontiacum (Maguncia), Augusta Treverorum (Tréveris), Divodurum (Metz), Durocotorum (Reims) y, finalmente, Aurelianum (Orleans), enviando un pequeño destacamento al norte, a territorio franco, para saquear la campiña. Este itinerario ha sido reconstruido en base a la evidencia literaria, que afirma que el norte de la Galia fue atacado, y la arqueológica que muestra que los principales centros de población no fueron saqueados. Atila, según las fuentes hagiográficas, saqueó la ciudad romana de Divodurum el 7 de abril, cuando los cristianos conmemoraban el Sábado Santo, aunque la fecha, que dan Hidacio y Gregorio de Tours, puede ser un recurso retórico para enfatizar la naturaleza pagana de Atila;[35][13] del mismo modo se lo menciona en Reims, donde provoca el martirio de su obispo, Nicasio, en Tongres, Troyes y Lutecia, salvadas por la oración de santos como Servacio, Lupo y Genoveva, respectivamente. La arqueología, por su parte, no registra ninguna capa de destrucción en el tiempo de la invasión.[36]

El sitio de Orleans

El ejército de Atila llegó a Orleans antes de junio; según Jordanes, el rey alano Sangibano, quien como federado controlaba la ciudad, había prometido abrirle las puertas, pero los ciudadanos se negaron a franquearle el ingreso, por lo que Atila comenzó el sitio.[37][38] Este asedio, mencionado en la Vita de san Aniano y en la Historia de Gregorio de Tours, aunque sin mencionar al rey de los alanos,[39] fue el punto culminante del ataque de Atila a Occidente, y la firme defensa alana de la ciudad, el factor decisivo para el triunfo romano en la batalla. Los historiadores sostienen que, al contrario del relato de Jordanes, los alanos participaron de la defensa de Orleans y no colaboraron con los invasores, ya que eran la columna vertebral leal de la estrategia defensiva de Aecio en Galia.

Después de cuatro días de fuertes lluvias, Atila comenzó su asalto final el 14 de junio; según Jordanes, la ciudad cayó poco antes de la llegada de Aecio, quien sorprendió a los hunos durante su saqueo y los obligó a retirarse. Este relato, sin embargo, es dudoso, ya que Atila contaba con exploradores que le informaban de los movimientos romanos, los más probable es que el rey huno recibiera noticias de la proximidad de Aecio, por lo que levantó el asedio y marchó hacia el este hasta alcanzar su campamento principal, formado por carromatos fortificados. Esta retirada nocturna fue cubierta por las tropas de los gépidos, las cuales formaban la retaguardia de Atila, y quienes se enfrentaron a los francos ripuarios que, a su vez, eran la vanguardia del ejército romano gótico; en la feroz batalla nocturna que siguió, ambos bandos sufrieron grandes pérdidas, sin que ninguno alcanzara la victoria. Aecio, por lo tanto, decidió perseguir al cuerpo principal de los hunos. Estos marcharon casi doscientos kilómetros hasta el único vado practicable del Marne, donde encontraron a las tropas francas que custodiaban el paso, por lo cual Atila se vio obligado a acampar en la región de los Catalauni. Allí lo encontró Aecio el 20 de junio, según otros el 20 de septiembre, de 451.[40][41][42]

Sitio y fecha de la batalla

El lugar del enfrentamiento es nombrado en las fuentes como Campos Cataláunicos (en latín: Campi Catalauni) en alusión al territorio de la tribu gala homónima, el cual seguía siendo utilizado durante el siglo V. La identificación del sitio es objeto de controversia por lo menos desde el siglo XIX, y no se ha podido determinar con certeza. Durante mucho tiempo, se asumió que una llanura cerca de Châlons-en-Champagne fue el lugar de la batalla, sin embargo, dado que Atila provenía de Orleans con rumbo este, parece más probable que la batalla se librara en la llanura entre la localidad mencionada y Troyes, un sitio ribereño del Marne, por el norte, donde se alzaba una colina, y con bosques dispersos hacia el sur. Generalmente, la batalla se fecha el 20 de junio de 451, aunque una minoría propone el 20 de septiembre.

Contendientes

En esta batalla se enfrentaron dos bandos en los que estaban integrados un gran número de pueblos de origen germánico. Por parte de los hunos, Atila contaba con numerosos jinetes de las estepas que habían conformado su pueblo, así como una gran cantidad de infantería de los reinos que le habían rendido vasallaje, como los ostrogodos, gépidos, hérulos, turingios, etc.

El ejército romano estaba al mando del magister militum Flavio Aecio, conocido por los historiadores como «el último de los romanos», por sus denodados esfuerzos por defender un Imperio Occidental que se derrumbaba irremediablemente.

Aecio buscó la ayuda de otros pueblos bárbaros, pues era consciente de que el ejército romano no podría frenar por sí solo al ejército de Atila. El ejército romano estaba muy debilitado: los salarios no eran tan atractivos como lo habían sido en siglos anteriores, las tácticas e incluso el armamento se habían quedado anticuados en relación con los avances que habían obtenido los enemigos de Roma y, en un imperio ya corrompido y empobrecido, el orgullo por pertenecer al ejército había desaparecido.

El Imperio Romano de Occidente ya era incapaz de controlar sus fronteras, no pudiendo impedir a las diversas invasiones, lo que llevó a una situación paradójica: los emperadores se vieron obligados a reclutar a muchos guerreros bárbaros como mercenarios, de entre pueblos que penetraban en el Imperio, actuando como foederati para tratar de impedir que otros bárbaros también entrasen. De esta forma Aecio consiguió que se unieran a él visigodos, burgundios, francos y alanos.

Desarrollo de la batalla

Manuscrito del siglo XIV en el que figura la batalla (Biblioteca Nacional de los Países Bajos).

Los dos ejércitos se desplegaron en campo abierto, en la actual Champaña, el 20 de junio del año 451 d. C. en los Campos Cataláunicos, que dan nombre a la ciudad de Châlons (Chatalan) y a la Champaña (Champs); Atila y Flavio Aecio se batieron con sus ejércitos en la que fue una de las batallas más sangrientas hasta aquella fecha.

El ejército del bando romano fue el primero en desplegarse en el campo de batalla. Aecio dispuso a sus romanos en el ala izquierda, sobre una pequeña colina que dominaba el terreno. Situó a los visigodos con su rey Teodorico en el ala derecha. Entre ambos contingentes se colocaron los alanos para dificultar una posible retirada de estos. Atila llegó a la llanura cuando el ejército confederado romano ya había tomado posiciones.

Pocos datos han trascendido sobre lo que ocurrió a continuación. Se sabe que Atila y los hunos se colocaron en el centro de su ejército, que los ostrogodos hicieron lo propio a su izquierda, frente a los visigodos de Teodorico, y que el resto de pueblos bárbaros se desplegaron a la derecha. Probablemente, la intención del rey huno era atacar a los alanos con tal energía que abandonasen el combate. Con la huida de los alanos, el ejército de Aecio quedaría partido en dos, lo que facilitaría rodearlo y destruirlo.

Atila había dado orden de que no se cargara hasta que no iniciase las hostilidades con sus arqueros hunos. Durante unos momentos tras finalizar el despliegue de los ejércitos, ambos bandos debieron quedarse en silencio, observándose mutuamente, hasta que Atila ordenó a los arqueros que lanzaran sus flechas contra el ejército romano. En ese momento, hunos, ostrogodos, gépidos y hérulos cargaron contra el ejército confederado. Atila, al frente de sus jinetes, se lanzó contra los alanos, mientras la infantería del conglomerado bárbaro chocaba con los soldados romanos de Aecio, que dominaban la colina; por último, los ostrogodos entablaron combate con los visigodos.

La batalla se prolongó durante horas. Los ostrogodos lucharon ferozmente contra los visigodos, aunque las tropas de Teodorico consiguieron rechazarlos una y otra vez, mientras que los hunos causaban muchas bajas a los alanos. A pesar del temor de Aecio de una deserción masiva alana, tal hecho no se produjo.

Los alanos resistieron las constantes acometidas de los jinetes hunos, aunque no pudieron evitar ir cediendo terreno poco a poco. Sobre la colina, los soldados romanos resistían sin demasiada dificultad a los descoordinados bárbaros que se lanzaban contra ellos.

Sin embargo, la mayor presión la estaba ejerciendo Atila en el centro del ejército confederado romano, sobre los alanos, cuyas filas comenzaron a romperse. En ese momento Atila localizó a Teodorico, el rey visigodo, combatiendo en primera fila contra los ostrogodos y lo mató, lo que fue un duro golpe para la moral visigoda.

Sin embargo, la muerte de Teodorico no causó una desbandada visigoda. Su hijo, Turismundo, fue nombrado rey en mitad del combate. Los visigodos contraatacaron con renovadas energías contra los ostrogodos, que fueron rechazados nuevamente. En ese momento la batalla cambió de rumbo. Atila, que había estado a punto de lograr la retirada alana y una posible desbandada visigoda, sufrió la retirada ostrogoda y la resistencia de los alanos y visigodos, que no cedieron a los embates de sus fuerzas. Llegado este momento, Turismundo reorganizó sus filas y ordenó atacar a los hunos.

Por entonces, ya se había producido una sangría en el ala derecha del ejército de Atila, que no había logrado abrir brecha en las filas romanas de la colina. Atila percibió el peligro de una posible embestida visigoda por su izquierda, pues Aecio podría rodearlo por la otra ala; el rey huno envió un jinete a su campamento portando la orden de que se hiciese una pira funeraria de inmediato. La batalla estaba perdida, y Flavio Aecio asestaría el golpe definitivo en cualquier momento.

Atila reorganizó sus mermadas fuerzas y huyó del campo de batalla a su campamento, dispuesto a incinerarse antes de dejarse capturar. Si Aecio contraatacaba, cercaría a los supervivientes en su propio campamento y podría aniquilarlos. Sin embargo, el general romano no ordenó el contraataque. No se sabe con exactitud cuál fue la razón que originó tal decisión, pero se barajan varias posibilidades.

Algunos historiadores han planteado que Turismundo, el nuevo rey visigodo, rompió el acuerdo militar alcanzado por su padre con Aecio tras la retirada de los hunos, abandonando los Campos Cataláunicos, por lo que Aecio, con un ejército reducido a casi la mitad, no podría asestar el golpe final a Atila.

Sin embargo, la razón más aceptada (propuesta por el historiador Jordanes) es que Aecio temía que, con la destrucción de los hunos, los visigodos, muy fortalecidos en ese momento, crecieran y trataran de conquistar el Imperio romano de Occidente. E incluso se opina que el general romano no tenía intenciones de aniquilar al ejército huno ya que la situación en su trato con los visigodos era precaria y que desconfiaba de ellos, por lo que habría considerado la posibilidad de establecer una alianza en el caso de que los visigodos se revolvieran contra Roma. Este planteamiento deriva del hecho de que al detener la ofensiva contra los hunos, esto permitiera a Atila retirarse a Germania.

Desenlace

Flavio Aecio, Turismundo y Atila abandonaron el campo de batalla de Châlons-en-Champagne dejando tras de sí unos veinte o treinta mil cadáveres.

A pesar de las previsiones de Aecio, Atila no se dio por vencido. Honoria, la hermana del emperador Valentiniano III, había pedido matrimonio al rey huno, y este, deseoso de recibir parte del imperio como dote, había aceptado. Aunque el emperador había desautorizado la petición de su loca hermana, Atila exigía el Imperio de Occidente, por lo que al año siguiente, en 452, los hunos invadieron el norte de Italia. Sin embargo, el papa León I acudió a hablar con Atila y, tras la entrevista, el rey huno se retiró de Italia con todo su ejército.

Al mismo tiempo, tras la muerte de Teodosio II, su sucesor, Marciano, se negó a seguir pagando el tributo, lo que tensó las relaciones entre los hunos y el imperio oriental.

Atila cruzó el Danubio y en el año 453, tras contraer matrimonio con la princesa goda Ildico, murió por una epistaxis masiva.

La retirada de Atila y su muerte al año siguiente supusieron sendos reveses para la imagen de que gozaba Aecio ante Valentiniano III, que sospechaba que su mejor general tenía aspiraciones al trono imperial. Aecio había apostado desde el principio de la invasión de Italia por una solución militar a pesar de lo reducido de sus fuerzas, pero Valentiniano III prefirió permanecer a la defensiva y resistir desde Rávena.

Con la muerte de Atila en 453, el emperador pensó que la habilidad negociadora y militar de Aecio ya no eran tan necesarias.

Debido a lo anterior, y al considerar que los hunos se retiraron al Oriente, dejando de ser una amenaza, y alentado por las habituales intrigas palaciegas, en el año 454, Valentiniano III mandó llamar a Aecio a su palacio, donde él mismo lo mató por sorpresa. Al año siguiente, dos antiguos oficiales de Aecio mataron al emperador durante un desfile militar, seguramente a instancias del influyente y rico senador romano Petronio Máximo, que aspiraba al trono.

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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