Ejército de Lima: Disponibles: 11000-14000 aprox.[1] En batalla: 3800 al inicio 5850 al final[2][3] 19 cañones 8 ametralladoras
Ejército de Chile: Disponibles: 10000[1][4] -12787[5] En batalla: 4487 al inicio[5] 7787 al final[6][7] 80 cañones 8 ametralladoras Armada de Chile: Artillería de las naves chilenas (Blanco Encalada, Huáscar, O’Higgins y Pilcomayo)
El ejército chileno al mando del General Manuel Baquedano, con apoyo de la artillería naval de buques de la armada chilena, derrotó a las fuerzas atrincheradas en parte de la segunda línea defensiva peruana en Miraflores, dirigida por Nicolás de Piérola luego de más de cuatro horas de combates. Las fuerzas peruanas de reserva apostadas en las zonas de Surco y Ate no combatieron.
Luego de la victoria de Chorrillos, tanto el mando chileno como el peruano intentaron negociar una tregua y un armisticio. Mientras se llevaban a cabo las negociaciones, ambos bandos aprovecharon para prepararse para una nueva batalla.
El coronel Miguel Iglesias había sido capturado en Chorrillos por Baquedano, para luego ser liberado y transmitir a Piérola un armisticio pidiendo los buques del Callao y el desarme de los fuertes. Los buenos oficios de los cónsules intentaban iniciar la paz, pero la tregua no tuvo éxito. El general Baquedano dispuso movilizar las tropas durante la tregua con propósito de presentar batalla, tomando posiciones dejadas por las líneas peruanas en la tregua.
Como parlamentarios de la tregua se encontraban los cónsules extranjeros M. de Vorges de Francia, Spencer Saint John de Gran Bretaña y Jorge de Tezanos Pinto de El Salvador, que llegaron en el tren con bandera blanca a Chorrillos desde Lima. Su interés era salvaguardar las propiedades de la ciudad, entre ellas las propiedades de extranjeros.
Fuerzas en combate
Las fuerzas chilenas sumaban entre 10000 y 12787 efectivos, 80 cañones y 8 ametralladoras, con el apoyo de la artillería naval de los buques Blanco Encalada, Huáscar, O’Higgins y Pilcomayo para el bombardeo de la costa.
De los chilenos se batio sola durante una larga hora la división Lagos menos un batallón, en todo 4487 hombres sin disminuir las bajas sufridas el 13 (200 bajas aprox.*), si agregamos toda la artillería tenemos 5787 hombres. Más tarde entró la reserva que contaría con dos mil hombres; 7787. Y por último la diezmada división Lynch que a lo sumo llevaba 5000; en todo 12787 hombres.
Las fuerzas peruanas contaban entre los reductos 1 y 3 (donde se centró el ataque de la división Lagos y la artillería chilena al inicio de la batalla) con 3800 efectivos, 15 cañones y 8 ametralladoras; entre los reductos 4 y 5 se encontraban 2050 efectivos y 4 cañones, el resto de reductos no tomaron parte de la batalla pues el ejército chileno no atacó en toda la línea quedando sin tomar parte de las acciones aproximadamente 6000 efectivos[2] algo que también reconoce el chileno Manuel José Vicuña, testigo presencial de los hechos.[12] De los aproximadamente 5800 soldados que combatieron en Miraflores, 3000 eran del ejército activo y el resto de la reserva.
Las situaciones
La situación chilena
Croquis de las batallas de Chorrillos y Miraflores
Luego de la tregua del día anterior, se dio la orden de descanso y aprovisionamiento de víveres para subsistir en la campaña. Las fuerzas chilenas se encontraban en despliegue y reconocimiento de posiciones según lo había indicado el generalManuel Baquedano. Al igual que en Chorrillos, el ejército chileno estaba organizado en cuatro divisiones, dividiéndose las primeras tres en dos brigadas:
Se corrió en el día la noticia de que el general Baquedano había mandado un parlamentario a Piérola, intimando la rendición de Lima. Cuando todos creíamos que pronto saborearíamos los buenos frutos de la paz, llega el Comandante Bustamante...diciéndoles que íbamos a marchar camino a Lima, donde era preciso pelear hasta vencer o morir. Por eso supimos que la paz solo había sido un sueño...Con el nuevo día vimos que nos habíamos acampado a una cuadra del pueblo de Barrancas. Desde temprano los soldados de todos los cuerpos inundaron el pueblo completamente deshabitado, y lo saquearon...Se anuncio la vuelta del tren que había pasado a Chorrillos. Ignorábamos el resultado de las conferencias habidas con el General en Jefe. Detrás del tren desfiló inmediatamente la artillería y este hecho me hizo suponer que no habrá paz.
Soldado chileno Justo Abel Rosales. 14 y 15 de enero de 1881.[13]
El mando chileno había determinado que la III División de Pedro Lagos fuera el contingente que acampara más cerca de las líneas peruanas, puesto que ésta había sufrido menos bajas en la batalla de San Juan dos días antes. Las unidades que conformaban esta división - fuera del Regimiento Santiago, el Regimiento Aconcagua y el Batallón Naval habían sido creados recientemente.[14] Las otras unidades, la I División de Lynch y la II División de Sotomayor, formadas por unidades ya veteranas, acamparon en los alrededores de Chorrillos y San Juan, respectivamente.
La situación peruana
El dictador Nicolás de Piérola fue el responsable de las fuerzas peruanas. Para la defensa de Miraflores, se contaba con los reductos, zanjas cavadas en la tierra de 2,5m de profundidad y 7m de ancho, tras las cuales se ubicaban las piezas de artillería y los defensores.
Los civiles que conformaron la milicia que defendería Miraflores, muchos de ellos colegiales, universitarios y profesionales liberales, se habían preparado todos los días desde las 15:00 horas después del trabajo. Los jefes recibirían grados provisionales de coronel.
Reductos de Miraflores
Se implementaron diez reductos, un sistema de parapetos y trincheras que se extendían desde la costa en Miraflores hasta el río Surco separados por 900metros entre sí, defendiendo una línea de 12km. Los reductos se organizaron en tres sectores: Andrés Avelino Cáceres en la derecha, Belisario Suárez al centro y Justo Pastor Dávila a la izquierda. La retaguardia peruana se encontraban en el Callao y en Lima. En la batalla sólo entrarían en combate el sector derecho al mando del Coronel Cáceres, y el centro de Belisario Suárez, además, parte de las tropas de la izquierda fueron retiradas de sus líneas para reforzar el sector derecho.
Mapa de localización aproximada de los reductos realizados para la Batalla de Miraflores.[citarequerida]
En el Reducto n.º 1, ubicado cerca al malecón, se encontraba el Batallón n.º 2 compuesto por los comerciantes de Lima al mando del coronel Manuel Lecca. Entre los civiles defensores se encontraba Augusto B. Leguía.
A continuación, al mando del mismo Andrés A. Cáceres, se encontraban los soldados que combatieron en San Juan y los batallones de voluntarios Guardia Chalaca al mando del capitán de fragata Carlos Arrieta y Guarnición de Marina al mando del capitán de navío Juan Fanning , provenientes del Callao.
En el Reducto n.º 2, ubicado junto a la línea del ferrocarril entre Lima y Chorrillos, se encontraba el Batallón n.º 4 con 300 hombres al mando del abogado Ramón Ribeyro junto a los magistrados, diputados y abogados de Lima. A continuación, se situaron las tropas reagrupadas por Belisario Suárez después de la batalla de San Juan. Actualmente se ha convertido en el Parque Reducto n.º 2.
En el Reducto n.º 3, antes del fundo La Palma, se encontraba el Batallón n.º 6, al mando del abogado Narciso de la Colina. A continuación, tropas de línea al mando de Justo Pastor Dávila.
En el Reducto n.º 4, en el fundo La Palma, se encontraba el Batallón n.º 8 al mando del jefe del Ministerio de Hacienda, Juan de Dios Rivero, junto a los empleados del estado peruano.
En el Reducto n.º 5, antes de La Calera de la Merced, se encontraba el Batallón n.º 10 al mando del propietario de la hacienda La Calera de la Merced, José M. León. Hoy día se ha reformado para albergar el Parque Reducto n.º 5.
Los Reductos n.º 6 y 7 se ubicaban entre La Calera y la hacienda Vásquez al mando de Juan Martín Echeñique.
Los Reductos n.º 8, 9 y 10 se ubicaban entre la hacienda Vásquez y la zona de Ate. Estos conformaban 12 batallones.
La batalla
Cerca de las 14:30, encontrándose separados a 400 metros, se inició un fuerte tiroteo entre peruanos y chilenos. La batalla se inició mientras Nicolás de Piérola se encontraba en la casa del alcalde de Miraflores, el destacado banquero Guillermo Schell.
El alcalde Schell, recibió al cónsul de El Salvador y mientras Baquedano se encontraba inspeccionando los movimientos de las tropas chilenas.[15] Los peruanos interpretaron estos movimientos como el inicio de un ataque, lo que desencadenaría la batalla y posteriormente el bombardeo de los buques chilenos sobre la población de Miraflores. Tanto chilenos como peruanos se acusaron mutuamente de haber roto la tregua e iniciado el ataque, el teniente francés E. de León agregado como observador neutral al Estado Mayor chileno da en sus Memorias la siguiente explicación:
Creemos que, como suele ocurrir generalmente en la guerra, la batalla se empeñó de un modo casual. El general Baquedano cometió la ligereza de acercarse a las líneas enemigas; uno de los generales se lo estaba advirtiendo en ese momento. La vista del numeroso grupo de oficiales debió tentar a algunos soldados (peruanos) o quién sabe si éstos pensaron que aquello era un ataque...
Teniente E. de León, agregado al Estado Mayor chileno[16]
Enfrentamientos en los reductos de Miraflores
Inicio de la batalla
Soldados chilenos al comienzo de la batalla. Pueden verse los rieles del antiguo ferrocarril de Lima a Chorrillos los cuales siguieron los chilenos para llegar a LimaCarga de Cáceres.
La batalla tomó por sorpresa a ambos bandos. La III División del coronel Pedro Lagos era la unidad chilena más cercana a la línea de batalla, que disponía alrededor de 4400 hombres.[11] Al momento de iniciarse la batalla, la división de Lagos se encontraba separada del resto del ejército, ya que la I División de Patricio Lynch se encontraba en Barranco, la brigada de Gana en Chorrillos y la de Barbosa con la artillería de montaña de la I División y la caballería en San Juan.[15]
La batalla se inicia en los reductos 1, 2 y 3; que forman parte del sector derecho defendido por el coronel Cáceres con 3800 soldados bajo su mando,[17] quien lanzó los batallones Guarnición de Marina y Jauja contra la brigada dirigida por el coronel Francisco Barceló.[15] Mientras, el Coronel Martiniano Urriola desplegaba su unidad en desorden a la derecha de las tropas de Barceló, a causa del inicio imprevisto del combate.[14]
iCon qué impaciencia llegaban á nosotros, corriendo por las filas, las noticias de lo que estaba aconteciendo en otros lugares de la línea! "Marina" había cargado á la bayoneta; "Guardia Chalaca", había seguido idéntico movimiento, y también el "Canta" y el "Jauja"...... y nosotros, tras de nuestras tapias, empotrerados como potros chúcaros...... Por eso, cuando poco despues de haber pasado el jefe supremo, la corneta dejó oír el belicoso toque de armar la bayoneta, un clamor que llegaría como mensaje de reto y de muerte á las filas enemigas. lo acogió, y un minuto después saltábamos la tapia y avanzábamos al trote, al toque de;
"A la carga cazadores, con brío y con valor. A la bayoneta, á la bayoneta, id al campo del honor".
Enardecía más nuestro coraje exitado por el belicoso toque la presencia de una fuerza enemiga, que á su vez había saltado la barrera que defendía su campo y nos venia al encuentro.
En una segunda carga, Cáceres dispuso la participación de los batallones Concepción, Libertad y Paucarpata, y parte de las tropas de Belisario Suárez, obligando a Lagos a retroceder. Juzgando inminente la retirada de la III División, Velásquez ordenó retirar a la artillería a unos 1500 metros para protegerlos.[19]
La situación es bastante grave para que el comandante de la artillería, inquietándose por los numerosos vacíos que notaba en sus filas y testigo de las vacilaciones de su infantería tema por sus piezas y ordene transportarlas a 1500 metros a retaguardia, preparándose así para proteger una retirada que le parece inminente... Aquel día, los regimientos estuvieron muy lejos de presentar la misma cohesión que el día 13... El llano estaba lleno de soldados sueltos que se reunían, pero sin apresurarse, a sus cuerpos que se estaban batiendo... La vista de algunos soldados ebrios, armados y a veces imprudentes nos obligaron a apresurar nuestras cabalgaduras, para acercarnos al lugar de la pelea. Al desmembramiento de las tropas se debe el gran número de bajas entre los oficiales, pues tenían estos que ponerse al frente para arrastrar a los soldados...
Teniente E. de León, agregado al Estado Mayor chileno[20]
Los batallones Melipilla y Artillería de Marina se extraviaron en el repliegue. La brigada de Barbosa realiza una larga caminata oblicua hasta llegar a Valverde y Monterrico Chico. Muchos soldados chilenos estaban dispersos, otros en la bodegas y los oficiales los reunían a pesar de ser de distintas compañías.
Figúrese amigo Ibañez, lo que habría pasado si, mientras el coronel Lagos estaba apurado por la izquierda en medio de la confusión y el desorden producidos por la sorpresa hubieran aparecido esos once batallones(de la izquierda peruana*) por retaguardia envolviendo en su círculo al general en jefe con todo su Estado Mayor; a doscientos oficiales que cruzaban en todas direcciones buscando sus cuerpos, comunicando órdenes y recogiendo dispersos... en fin, a más de mil quinientos soldados, sin armas, con todas las trazas de la borrachera de Chorrillos y que envueltos con una multitud de paisanos y mujeres vagaban por potreros, callejones y caminos, aumentando el laberinto y fomentando el desaliento con relaciones falsas para disculpar su ausencia de las filas, ayudados todavía por las alharacas de las mujeres que recibían a los heridos salidos de la línea con mil aspavientos de alarma, miedo y terror... La avería estaba pintada, la derrota en la atmósfera y en la imaginación de todos, el recuerdo del desastre de Tarapacá.
A las 15:00, Lagos recibió el refuerzo de los regimientos Valparaíso y Zapadores. Viendo su difícil situación,[10] ordenó a la brigada de Barceló, compuesta por los regimientos Santiago, Caupolicán, Concepción y Valdivia, a cruzar el cauce seco del río Surco. El ataque se desarrolló con los batallones del Santiago atacando por los flancos, mientras que ocho compañías de las restantes unidades cargaron de frente. Las tropas lograron cruzar el río, y con el apoyo de la artillería situada en la retaguardia, comenzaron a diezmar a los defensores del Reducto n.º 1.[14]
La posición fue tomada cuando sus defensores quedaron sin refuerzos ni municiones. Así, Cáceres se replegó al Reducto n.º 2.
La animación que en esos momentos reinaba en el reducto es indescriptible: la confianza y el entasiasmo se veían reflejados en todas las fisonomías, y los labios proferían en exclamaciones que anunciaban la más enérgica resolución. La banda, que tocaba el ataque de Uchumayo, daba su nota más alta en aquel concierto belicoso. Mi propio entusiasmo fuera motivo bastante para agregar á ese clamor patriótico mis ¡vivas! al Perú.
José T. Torres Lara[18]
Entretanto, la división de Lynch comenzó a llegar al frente a reforzar la brigada de Urriola. Entraron sucesivamente en combate los regimientos 2° de Línea, 4° de Línea, Atacama, Talca, Chacabuco y Coquimbo sumando unos 4500 soldados.[21]
Piérola que para reservarse completa la gloria del triunfo, quería acudir a todo y mandar directamente a todos y a todo, hasta el punto de dejar de los batallones del ejército de Reserva y los del ejército activo, que reciprocamente se mezclaban entre ellos, sin sujetarlos a ninguna otra unidad de mando fuera de la suya, caminaba atontolado, en medio de la lluvia de balas, sin ver nada, sin escuchar nada, y sin mandar nada.
Narracion histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldán - 1884 - pág.677[22]
Acuarela de 1881 de Rudolph de Lisle: El asalto del Reducto n.º 2 de Miraflores, 2da línea de defensa, reductos protegidos por muros de adobe con troneras, defendidos por fusileros. Los chilenos perdieron cerca de 3,000 hombres entre muertos y heridos en el ataque.
Entre las 16:00 y 17:00 Cáceres esperaba refuerzos en el ala derecha peruana, pero a las 17:15, sin embargo, Piérola disolvió el ejército y huyó del campo de batalla con su guardia personal, había considerado todo perdido, y dejó en el ala izquierda intacta una fuerza de reserva amplia que pudo haber flanqueado a los invasores chilenos, mas no ocurrió:
Píerola, hemos dicho, antes, no dio más que una sola orden durante toda la batalla, a lo menos que se sepa; y esta orden única consistió en mandar a las once batallones de reserva y a las fuerzas de línea del ala izquierda, que no habían tomado parte alguna en la batalla, que se dispersasen y volviese cada uno a sus respectivas casas.
Y es de advertir que esta orden fue dada precisamente entre las cinco y las cinco y seis, cuando los batallones de las trinchera, que habían quedado solas, oponían todavía la más tenaz resistencia al enemigo, y cuando éste, desesperado de tomar las trincheras, cuyo incesante fuego lo había rechazado dos veces (primera carga de Lagos, y la segunda carga apoyado por Lynch), bastaba que hubiese tenido que aparecer el más ligero refuerzo de tropas de refresco a los peruanos, para abandonar el campo y retroceder: a éste lo hubiera impulsado también lo avanzando de la hora, y el temor de que la noche lo sorprendiera combatiendo sobre un terreno que no conocía, y que se suponía todo lleno de minas.
El Dictador por el contrario, al cual su propia impericia y su propio atropellamiento hicieron creer que todo estaba perdido ya, una vez dada a las fuerzas del ala izquierda la orden de dejar de las armas y retirarse a sus casas, abandonó el campo de batalla con un reducido número de secuaces; y sin ni siquiera entrar en Lima, tomó el camino de las montañas del interior de la República.
Narracion histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldán - 1884 - pág.680[22]
Entretanto, una bala atravesó el cuello del coronel Barceló, siendo reemplazado por el teniente coronel Demófilo Fuenzalida, comandante del Regimiento Santiago como jefe de la 2.ª Brigada.
En un segundo avance, la brigada de Barceló apoyada con tropas del 3º de Línea rompió el flanco derecho de Cáceres flanqueando su posición.[15] con dirección a Miraflores, tomando los reductos n.º 2 y n.º 3.[14]
La lluvia de balas, entretanto, era tan constante y tan bien dirigida, que no cesaban de salpicarnos los pedruzcos y guijarros que levantaban. Pasó algún tiempo, cuando un chasquido distinto del producido por el choque de las balas en el suelo, me hizo volver la cabeza á la izquierda, y vi á mi compañero que se incorporaba y en seguida caía con un chorro de sangre en la frente; se agitó un instante convulsivamente y quedó inmóvil: había acabado su tarea, su juventud y su vida.
José T. Torres Lara[18]
La resistencia en los reductos 1, 2 y 3 se debilitaba paulatinamente, mientras en los reductos 4 y 5 continuaban los enfrentamientos.
Yo estaba excesivamente cansado y el hombro derecho, por efecto de lo recio de los culatazos del Peabody, me dolía ya bastante; motivos ambos por los que me senté á descansar sobre el borde de la acequia o zanja que corria cerca de la tapia. La mujer que nos había dado su agua, y que ahora nos daba sus brios, puesto un sombrero de junco con cinta de los colores nacionales, el traje enrollado en la cintura y su dotación de tiros en su falda, y su rifle en la mano, se me encaró diciéndome:-¡No nos ganan los chilenos ¿diga paisano?-No, si todos se paran firmes.,,,, como Ud.,-agregué; pues era la única galantería que podia dirigirse en esos momentos a semejante hembra.-¿Han oído lo que dice? Pararse pues, c......
José T. Torres Lara[18]
En este lugar cayeron el Comandante Juan Martínez, Jefe de la 1.ª Brigada de la I División; el jefe de Estado Mayor del ejército peruano, general Pedro Silva Gil; y es herido el comandante del I Sector, coronel Andrés Cáceres. Con la llegada de los regimientos "Buin" 1.º de Línea y Chillán, las fuerzas peruanas del Reducto n.º 5 se repliegan.
A las 18:30, Fuenzalida arribó a la estación de Miraflores con el Santiago, deteniendo un tren artillado que se dirigía al lugar. Grupos de soldados chilenos llegaron hasta las baterías de La Merced, las que fueron dinamitadas por sus propios defensores. Más tarde cesan sus fuegos las baterías ubicadas en los cerros San Cristóbal y San Bartolomé.[14]
Final de la batalla
Fue horrorosa la carnicería que hicieron los chilenos durante la persecución, dice uno de los suyos. Las cercanías de los fuertes, las tapias que los respaldaban, los potreros y huertos, los caminos y los callejones, todo quedaba sembrado con los cadáveres de los fugitivos. Por los callejones que hacia el lado de Tebes se dirijen a Lima y por el camino de este nombre, había a trechos verdaderas natas de cuerpos humanos. Gran parte de ellos eran de pobres serranos calzados con ojotas, pertenecientes a los batallones recién llegados a Lima de distintos puntos del interior. [24]
Aquel rosario de cadáveres llegaba más allá de la hacienda de San Borja, hasta tres o cuatro cuadras de Lima por el lado de Barboncillo. Entre ellos había muchos cuerpos de los caballos en que habían montado algunos jefes i oficiales para escapar con más ligereza de las certeras balas, pero que de ese modo lograron solo llamar sobre sí la atención de sus perseguidores. Fue aquella una verdadera cacería, una corrida de huanacos humanos. [24]
Las minas y las voces de traición generalizadas en toda la línea habían desbordado todos los límites del encono, y hubo oficial chileno que había perdido en las campañas dos hermanos, y que encontrando refugiados en una casa del camino hacia Lima hasta treinta peruanos, los hizo fusilar sin compasión en los sótanos en que se habían metido.
Guerra del Pacífico: historia de la campaña de Lima 1880-1881-Benjamin Vickunna-Pág. 1166[24]
Producida la derrota en los reductos de Miraflores, cuando ya caía la noche al promediar las 19:00 horas, los peruanos se hicieron fuertes en las casas del pueblo combatiendo al paso de la tropa chilena. Era común observar, en las puertas de las casas, barricadas improvisadas con talegones como suele ser habitual. Muchos soldados habían abandonado sus armas en la batalla, lo que derivó en soldados robando rifles de sus propios compañeros durante la noche.[18]
Después de permanecer un largo espacio en palacio, tornamos a ponernos en marcha al estado mayor. En una de las calles del transito salió a su puerta á nuestro paso una mujer. Vestida de negro por el luto de la patria, que ya era también luto de su hogar, la luna iluminaba su rostro pálido como el marfil y hacía brillar las canas (...) Al pasar ante ella nos interpeló con una voz trémula, como si temiera escuchar la respuesta -¿Vienen aún otros atrás?- Y como nadie respondiera á su primera interrogación repitió con acento más trémulo aún:-Díganme por el amor de Dios ¿vienen otros atrás?- El mismo silencio se prolongó algunos instantes como si nadie quisiera preferir la palabra que iba á dar la última puñalada al corazón de la madre hasta que una voz clara y dura como el acero salió de las filas.--No!- La mujer alzó al cielo su pálida fisonomia para que viera Dios el dolor infinito con que la había herido, ahorrándola á su misericordia, juntó las manos para implorar y se oyó un grito, el desgarramiento del alma de la madre que ya no verá á su hijo.
José T. Torres Lara[18]
Las naves peruanas del Callao fueron hundidas por los propios peruanos, por orden del gobernador Germán Astete, entre ellas la corbeta "Unión" y el monitor "Atahualpa", que habían venido a defender el puerto. Debido a la huida de Piérola a la sierra, se dejó para contrarrestar al alcalde municipal.
En la defensa de Miraflores junto a los peruanos murieron un gran número de italianos. La embajada italiana, así como las demás extranjeras, se manifestaron como neutrales en la guerra. Los que defendían la ciudad junto a los peruanos lo hacían sin apoyo del Reino de Italia.[25] La colonia italiana en Lima y Callao colaboró con la colecta nacional para la guerra. Los italianos dirigían las minas que estallarían en Miraflores sorprendiendo el paso de la tropa de Chile en la ocupación.[26] El inglés Clements R. Markham narra la presencia de italianos que lucharon junto a las unidades peruanas:
En un lugar se encontraba un montón de una docena de jóvenes italianos, voluntarios que no quisieron ver partir a sus amigos peruanos a luchar sin ayudarlos. Eran muchachos de la “Legión Garibaldi”, como lo atestiguaba la inscripción en sus gorras. Lo más patético era el muro de jóvenes muertos, sobre el cual la soldadesca invasora debía pisotear antes de poder llegar a la ciudad condenada.
The War Between Peru and Chile, 1879-1882. Sir Clements Robert Markham. 1883[27]
Sacrificóse también en aquella prueba noblemente la juventud de Lima, pereciendo un hijo del coronel Iglesias, el valeroso joven don Francisco Retes, que siendo dueño de una cuantiosa fortuna se hizo voluntario del Huáscar y cayó prisionero en Angamos, don Eugenio Lembeke, que dejó tierna esposa destinada a seguirlo loca a la tumba, y el adolescente don Carlos González Larragaña, cuya madre, hermosísima aparición de la juventud en lejanas tierras, le había dejado apenas alejarse del regazo. Entre aquellos generosos mancebos rindió también la vida el abanderado de San Marcos Torres Paz, un niño legendario en el Perú, bachiller en la Universidad y que había paseado la bandera de su claustro por entre el humo de San Francisco y de Tarapacá, de Tacna y de San Juan.[24]
Hubiérase creído, en vista del considerable y variado número de banderas que ondeaban los techos, miradores, balcones, puertas y ventanas, que Lima engalanada se preparaba como en los días de sus frecuentes festivales a entregarse gozosa y aturdida a los placeres que la han enervado. Todas las banderas del mundo comercial flotaban en la capital peruana, menos la de Chile, Bolivia y el Perú... En los hospitales de sangre ondeaba la bandera de la Cruz Roja, y en los de caridad, casas de asilo, orfelinatos y demás establecimientos de beneficencia desplegábanse al viento grandes banderas blancas con una imagen de la Inmaculada Concepción.
relato del ciudadano colombiano Vicente Holguín.[28]
Negociaciones con diplomáticos
Pero estaba también allí el Cuerpo Diplomático extranjero, que todo junto tenía á sus órdenes, en las aguas del Callao y de Chorrillos, al lado de la escuadra chilena, otra propia más fuerte y numerosa; es decir las escuadras reunidas de Inglaterra, Francia, Italia, etc., las dos primeras de las cuales tenían grandes y poderosos buques blindados; y este, como hemos visto, había ya declarado á Baquedano en la mañana del día anterior, antes de la batalla, que estaba resuelto áemplear todos los medios de que podia disponer, para salvar los intereses y las vidas de los neutrales residentes en Lima, y por consiguiente Lima misma.[22]
En su consecuencia, el Alcalde de Lima (única autoridad peruana existente allí) fue acompañado al campo chileno por los mismos Ministros extranjeros que formaban la Diputación Diplomática de la víspera, la cual era á su vez acompañada, como entonces, por los Comandantes de las escuadras extranjeras. El jefe del ejército chileno exigió la rendición a discreción de la ciudad, y ante la imposibilidad de sostener una negativa, el alcalde consintió. Sin embargo, los diplomáticos exigieron garantías formales de que no se cometerían abusos contra la ciudad ni contra los neutrales.[22]
Aunque inicialmente se alegó que sería difícil evitar desórdenes por parte de soldados dispersos, un comandante extranjero, actuando como jefe de las escuadras aliadas, lanzó una amenaza directa: si se repetían en Lima los excesos cometidos en Chorrillos y Barranco, la escuadra extranjerarompería inmediatamente sus fuegos contra la de Chile. Solo después de esta advertencia se garantizó que el ejército chileno entraría en Lima en orden y sin abusos.[22]
Esta narración se halla admirablemente de acuerdo con las muy significativas palabras, con las cuales el Ministro de Italia en Lima, concluía la nota oficial en la que informaba á su Gobierno de tales hechos; y que dice así:
«Resulta de esta sucinta relación que la salvación de esta Capital se debe únicamente á la interposición del Cuerpo Diplomático».[22]
Con el fin de dar al Alcalde el tiempo necesario para desarmar los restos del disperso ejército peruano que vagaban por la Capital, y preparar la entrega del arsenal y de los fuertes de San Cristóbal y de San Bartolomé, fue decidido que las primeras tropas chilenas ocuparían Lima en la tarde del siguiente dia 17. Y después de esto se escribió y firmó la relativa acta de rendición, que reproducimos en toda su integridad:
En el cuartel general de Ejército Chileno en Chorrillos, se presentaron el 16 de Enero de 1881, a las dos de la tarde: el Señor Don Rufino Torrico, Alcalde Municipal de Lima; S. E. el Señor de Vorges, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Francia; S. E. el Señor Spencer St. John, Ministro residente de Su Majestad Británica; el Señor Stierlin, almirante británico; el Señor Petit-Thouars, almirante francés; y el Señor Lebrano, Comandante de las fuerzas navales italianas. El Señor Torrico hizo presente que el vecindario de Lima, convencido de la inutilidad de la resistencia de la plaza, le había comisionado para entenderse con el Señor General en Jefe del Ejército Chileno, respecto de su entrega. El Señor General Baquedano manifestó que dicha entrega deberá ser incondicional, en el plazo de 24 horas pedido por el Señor Torrico, para desarmar las fuerzas que aun quedaban organizadas. Agregó que la ciudad sería armada por fuerzas escogidas, para conservar el orden—(Firmado)—Manuel Baquedano—R. Torrico—E. de Vorges—J. F. Vergara (Ministro de la Guerra de Chile)—B. de Petit-Thouars—Spencer St. John—E. Altamirano (Agente diplomático chileno)—G. Labrano—J. H. Stierlin—M. R. Lira, secretario.[22]
Abusos y saqueos
Miraflores, al igual que Chorrillos, también fue incendiado y saqueado por la tropa chilena, así como fue bombardeado por la armada chilena para facilitar su ocupación y desalojar a los defensores parapetados en el pueblo. Los heridos fueron repasados y otros prisioneros fusilados. Los comandantes chilenos ordenaron prender fuego a los depósitos de alcohol para evitar mayores desmanes de la tropa, pero en el caos general, aquella orden no fue cumplida totalmente.
Saqueo de Miraflores ejecutado por el ejército de Chile. Obra de Etna Velarde Perales[29]
Pasamos varios fuertes, en los cuales sólo quedaba el repaso de los soldados. Al cholo que encontrábamos vivo lo mataban sin pérdida de tiempo... Por las partes donde yo pasé, encontré pocos cholos muertos, mezclados con italianos. Nuestros soldados le daban balazos y bayonetazos y después los registraban... El pueblo de Miraflores también fue saqueado, como Chorrillos y Barrancas... Como a las 8am, o menos, había llegado de Lima una locomotora con dos banderas blancas... Gran curiosidad había por conocer el resultado de esta nueva comisión. El pensamiento dominante era entrar a Lima por medio de las armas y no por la paz.
soldado chileno Justo Abel Rosales. 15 y 16 de enero de 1881.[13]
La barbarie también estuvo presente durante los combates, así son narrados por soldados chilenos:
Gutiérrez también señaló cómo en medio del combate un grupo de granaderos chilenos acorralaron a un número indeterminado de «cholos» peruanos, a quienes se les partió la cabeza y cortó los brazos. Tanto Gutiérrez como sus camaradas pidieron a gritos no dejar a ninguno de ellos con vida.[30]
Números
El historiador peruano Jorge Basadre indica que en la defensa de Miraflores participaron 2500 hombres del ejército de reserva y 3000 soldados del ejército activo, sumando 5500 defensores desde el Reducto 1 al 4. Los batallones de los reductos ubicados en Surco y Ate fueron disueltos por órdenes de Piérola y no participaron en la batalla. En el ataque chileno Lagos empleó 8000 soldados con el apoyo de la artillería de las naves Blanco Encalada, Cochrane y Huáscar. Las bajas peruanas fueron 3000 y las chilenas 2124 hombres. El lugar estaba minado, lo que causó más bajas en las tropas chilenas.
El historiador chileno Gonzalo Bulnes indica asimismo, que en la línea defensiva desde Miraflores en dirección a Surco y finalizando en Ate se encontraban 11000 peruanos, compuestos por 1000 hombres de dos batallones de la guarnición del Callao, 6000 soldados retirados de la línea de San Juan y 4000 hombres del ejército de reserva.
Historia de Chile VIII. La Guerra del Pacífico, Francisco Antonio Encina & Leopoldo Castedo, editorial Santiago, edición de 2006, pp. 50.
La batalla de Miraflores había concluido. Eran las seis de la tarde. El ejército chileno tuvo 2124 bajas entre 10000 participantes en ella. Las bajas contrarias se calcularon en 3000 sobre un efectivo de 11000 a 14000 hombres, con la agravante de que muchos heridos murieron abandonados, pues las ambulancias de ambos contendores no se atrevieron a recogerlos en un campo sembrado de minas.
Véase "Esquema de organización y dispositivo de las fuerzas peruanas en la línea defensiva de los Reductos" inserto en "La Gesta de Lima" obra de la "Comisión Permanente de Estudios Históricos del Ejército del Perú"(CPEHEP) año 1981 pág. 166
Jorge Basadre, La verdadera epopeya 5500 según Jorge Basadre. Cuenta los que entraron en combate en los reductos de Miraflores, no cuenta los reductos de Surco y Ate que no participaron. 11000 según Gonzalo Bulnes quien suma toda la fuerza presente en Lima
Encina & Castedo, Historia de Chile VIII. La Guerra del Pacífico, pp. 44-50, ed. Santiago, 2006.
...todo el ejército chileno se hallaba reunido en el valle de Lurín, al sur de Lima, salvo 800 hombres mantenidos en Pisco. Constaba de 26413 hombres, 2503 caballos, 601 mulas, 80 cañones y 8 ametralladoras. En Antofagasta, Tarapacá y Moquegua quedaban 8000 de reserva, además de 7000 en el centro y sur de Chile, con lo que el total de fuerzas chilenas subía a 41413 hombres. (pp. 46)
El corresponsal del "Boletín de la Guerra del Pacífico" señala que combatieron efectivamente 7.787 soldados añadiéndose casi al final de la lucha los 5000 de la división Lynch
Markhan señala 2000 muertos peruanos y Basadre, citando otros autores, señala un total de 3000 bajas; muchos heridos no pudieron ser atendidos por las ambulancias, pues el campo minado lo impidió.
Según cifras oficiales chilenas, las bajas ascendieron a 2124; dentro de ellas, 304 jefes y oficiales; y separando los muertos y heridos son 502 del primero y 1622 del segundo, cifras citadas por Basadre Tomo VII pág. 1865.
Dirección General de Movilización General, Ejército de Chile. «Las Relaciones Nominales». Archivado desde el original el 25 de julio de 2009. Consultado el 2008.
Markham, Sir Clements Robert (1883). The War Between Peru and Chile, 1879-1882(en inglés). S. Low, Marston, Searle & Rivington. p.257. Consultado el 2 de febrero de 2026.