El año 501 P.E., el señor oscuro Morgoth decidió dejar en libertad a Hurin, un valeroso guerrero que había capturado en una batalla. Pero lo engañó, dado que sus sirvientes lo siguieron. Al estar en libertad, el primer pensamiento de Hurin fue ir a Gondolin el más poderoso reino élfico, donde era tratado con honores. Al no encontrar la entrada, fue a Nargothrond otro reino élfico. Al llegar descubrió que ya había caído bajo la sombra. Pero encontró a Mîm, un enano que había revelado al señor oscuro el escondite de su hijo, que escapa del poder de la sombra. Entonces Hurin asesinó a Mim. Entonces, fue a Doriath otro de los más poderosos reinos élficos, llevando consigo el Nauglamír, la mayor joya de Nargothrond, que tenía la forma de un collar de piedras preciosas. Al llegar, lo arrojó a los pies del rey Thingol, señor del reino, y luego, arrepentido, saltó de los acantilados al océano del occidente y de ese modo terminó el más poderoso de los hombres mortales.
Thingol, decidió unir el Silmaril, la mayor joya de los elfos, que tenía la forma de un cristal de diamante y resplandecía como una estrella con luz propia, y el Nauglamír que le dio Hurin y encargó esta tarea a los enanos de Nogrod. Al terminar la tarea, estos exigen a Thingol que se lo entregue, porque eran ambiciosos y en realidad eran los enanos quienes forjaron el Nauglamír, pero él se negó. Entonces lo asesinaron y huyeron, pero los Elfos Grises los mataron, y solo dos regresaron a su reino. Pero, con el deseo de vengarse, mintieron y dijeron que los habían matado para no darles su recompensa por orden de Thingol. Al saber eso el señor de Nogrod reunió a su ejército para atacar Doriath.