Batalla del Alto de la Alianza
conflicto armado perteneciente a la Guerra del Pacífico
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La batalla del Alto de la Alianza, también conocida como batalla de Tacna,[n 1] fue un enfrentamiento militar ocurrido en las cercanías de la ciudad de Tacna el 26 de mayo de 1880, en el marco de la guerra del Pacífico. Es considerada una de las acciones militares más grandes y cruentas de la campaña de Tacna y Arica.[8]
| Batalla de Tacna Batalla del Alto de la Alianza | ||||
|---|---|---|---|---|
| Parte de la guerra del Pacífico | ||||
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Batalla del Alto de la Alianza. | ||||
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Ubicación de la Batalla del Alto de la Alianza (Pulse para ver mapa) | ||||
| Fecha | 26 de mayo de 1880 (146 años) | |||
| Lugar | Meseta del cerro Intiorko, Tacna, Perú | |||
| Coordenadas | 18°00′01″S 70°17′39″O | |||
| Resultado | Victoria chilena | |||
| Consecuencias | Retiro del ejército de Bolivia del conflicto. | |||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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En la batalla se enfrentaron los ejércitos aliados de Bolivia y Perú, bajo el mando del general boliviano Narciso Campero, y el Ejército de Chile, comandado por el general Manuel Baquedano. El enfrentamiento tuvo lugar en la meseta del cerro Intiorko, conocida como Alto de la Alianza, en referencia al Tratado de Alianza Defensiva Perú–Bolivia (1873). La batalla concluyó con la victoria chilena, aseguró el control del ejército chileno sobre la región de Tacna y tuvo como consecuencia la retirada de Bolivia del conflicto, que desde entonces continuó entre Chile y Perú.
Antecedentes
Después de haber ocupado el Departamento de Tarapacá, en noviembre de 1879, una fuerza chilena comandada por Erasmo Escala Arriagada desembarcó en Ilo y Pacocha. Ya en marzo, el general Baquedano envió al coronel Mauricio Muñoz al mando de 4000 hombres en una expedición a Moquegua con el objetivo de destruir las fuerzas enemigas en la zona y aislar a los ejércitos aliados.
El primer choque ocurrió en la cuesta de Los Ángeles el 22 de marzo de 1880. La victoria chilena se logró luego de que el regimiento Atacama escalara inadvertidamente la ladera de Guaneros, que se consideraba un flanco seguro por los defensores, realizando la ofensiva desde la retaguardia de las líneas peruanas.
La situación en Tacna
Los aliados

Frente a los reveses de la guerra del Pacífico, el presidente Mariano Ignacio Prado decidió regresar a Lima, dejando en Tacna al contralmirante Lizardo Montero Flores al frente del Primer Ejército del Sur. El gabinete ministerial peruano lo autorizó a viajar al extranjero a comprar buques y armamentos. Prado emprendió dicho viaje el 18 de diciembre de 1879 y al frente del gobierno quedó el vicepresidente Luis La Puerta. El pueblo peruano se enteró de su viaje cuando Prado se encontraba en Guayaquil.
En Lima, Nicolás de Piérola, rival político de Prado, se sublevó el 21 de diciembre, derrotando a las tropas de Manuel González de la Cotera, fieles al presidente Prado, y se proclamó dictador el 23 de diciembre. Además, no movilizó el Segundo Ejército del Sur que estaba acantonado en Arequipa al mando del coronel Manuel Segundo Leiva Velasco para colaborar con las fuerzas de Narciso Campero en Tacna.
Nos encontramos en esta ciudad, supongo,...como una medida política... aquí sólo se recibe el billete de 1 Sol por 25 centavos plata, y el nickel por ningún valor. ¿Por qué el General Montero autoriza esta horrible especulación?...Hace un mes Excelentísimo Señor, que nada sabemos de Lima, ni de V.E...Oficiales y tropa nos hallamos descalzos y peor vestidos...Rogando a V.E...nombre un Jefe de Estado Mayor General (y nuevos jefes para varios batallones) Sus antecedentes y ninguna simpatía por el Gobierno de V.E...los hacen indignos de permanecer en los puestos.Carta de Agustín Aguirre a Nicolás de Piérola. Tacna, enero 20 de 1880.
En Bolivia, Hilarion Daza fue depuesto como presidente por Eliodoro Camacho, debido a su retirada de Camarones y por no apoyar al ejército aliado en Iquique. Daza marchó rumbo a Europa. Se eligió a Uladislao Silva como presidente de la junta de gobierno pero no tuvo apoyo y finalmente se nombró presidente provisional al general Narciso Campero, quien nombrado jefe supremo del ejército aliado llegó a Tacna.
En tanto, Lizardo Montero Flores, comandante del Primer ejército del Sur, había concentrado al ejército peruano en Tacna y Arica. No tardaron en descomponerse las relaciones peruano-bolivianas, mientras trataban de decidir quién comandaría a los aliados. La presencia de Narciso Campero en Tacna, el recién elegido presidente de Bolivia, conllevó a elegirlo como director de guerra de los ejércitos aliados, como indicaba el tratado de la Alianza.
El 5 de mayo de 1880, Campero entregó el mando de los ejércitos aliados al contraalmirante Lizardo Montero porque caducaba su periodo como presidente provisional de Bolivia, y debía regresar a Bolivia a instalar una convención nacional encargada de elegir al Presidente de la Nación. Pero los jefes de los ejércitos de Bolivia y Perú, Camacho y Montero respectivamente, lo ratificaron como general en jefe del ejército aliado. Regresó entonces el 7 de mayo al que sería el campo de batalla.
El ejército aliado acampó en la meseta del Intiorko, cuyo nombre fue cambiado a Alto de la Alianza por orden general del 16 de mayo. El plan era esperar el ataque del ejército chileno ahí.
Los chilenos
Los avances chilenos se realizaron desde Ite (un distrito 79 km al noroeste de Tacna), donde desembarcó la artillería. Por una imprevisión del mando chileno, la tropa realizó la marcha desde Ite a Hospicio conde pasando por el desierto prácticamente sin agua lo que casi causó el amotinamiento de la tropa, pero superado el revés el Ejército chileno se descolgó por los valles de Locumba y de Sama. En aquel lugar que parecía idílico, la tropa chilena fue diezmada por ataques de mosquitos zancudos causándole bajas por paludismo y disentería.
El 28 de marzo de 1880, el coronel Pedro Lagos y luego el general Erasmo Escala renunciaron al ejército por diferencias militares con el alto mando chileno. Asumió el mando del ejército el general de brigada Manuel Baquedano. El 20 de mayo de 1880, una noticia impactó al pueblo chileno: La muerte del ministro de Guerra y Marina en campaña, Rafael Sotomayor, en el campamento Las Yaras en el valle de Sama.
El 22 de mayo, el jefe del Estado Mayor del ejército chileno, coronel José Vélasquez, acompañado por casi todos los oficiales del ejército, hicieron un reconocimiento de las fuerzas aliadas, llegando a Quebrada Honda. Desde ahí, el sargento mayor Salvo disparó sus 2 cañones para medir la distancia con los tiros, siendo el fuego respondido por la artillería aliada.
Fuerzas en conflicto
| Perú | Bolivia | Chile |
|---|---|---|
| I División (coronel Dávila) Batallones Lima 11.º (antes 8.°) (coronel Remigio Morales Bermúdez) y Granaderos del Cuzco 19.° (antes 16.°) (coronel Quintanilla) |
I División (coronel Zapata) Batallones Sucre 2.°, Viedma 5.°, y Padilla 6.° |
I División (coronel Amengual) Regimiento Esmeralda; Batallones Valparaíso, Chillán y Navales |
| II División (coronel Cáceres) Batallones Zepita 1.° (antes 2.°) (coronel Carlos Llosa) y Cazadores del Misti 15.° (coronel Sebastián Luna) |
II División (general Acosta) Batallones Tarija 7.°, Chorolque 8.°, Grau 9.° y Loa 3.° |
II División (coronel Barceló) Regimientos 2.º de Línea, Santiago y Batallón Atacama n.º 1 |
| III División (coronel Súarez) Batallones Pisagua 9.° (conformado por los batallones "Guardias de Arequipa", "Ayacucho", y el anterior "Pisagua 7.°") y Arica 27.° |
III División (general Murugulla) Batallones Alianza 1.°Colorados (anterior Daza) (coronel Ildefonso Murguía Anze) y Aroma 4.° |
III División (coronel Amunátegui) Regimiento Artillería de Marina. Batallones Coquimbo n.º 3 y Chacabuco |
| IV División (coronel Mendoza) Batallones Victoria 7.° (antes 6.°) (coronel Godinez) y Huáscar 13.°(antes 9.°) (coronel Belisario Barriga) |
IV División (coronel Gonzáles) Batallones Murillo y Zapadores |
IV División (coronel Barbosa) Regimiento Lautaro, Batallones Cazadores del Desierto y Zapadores. |
| V División (coronel Herrera ) Batallones Ayacucho 3.° (comandante Lemocurcio) y Arequipa 17.° (antes 13.°) (Comandante Yraola) |
Reserva (coronel Muñoz) Regimientos Buin 1.º, 3.º y 4.º de Línea, Batallón Bulnes | |
| VI División (coronel Canevaro) Batallones Cazadores del Rímac 5.° (anterior Cazadores del Cuzco 5.°) (coronel Víctor Fajardo) y Lima 21.º (antes 2.°) (coronel Díaz) División Peruana de Nacionales (coronel del Solar) Columna Sama (coronel Ramirez) Columna Para (comandante Alcazar) |
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| Caballería (coronel Méndez) Escuadrones Húsares de Junín n.º 1 (comandante Salcedo), Guías n.º 3 (comandante Nieto), y Flanqueadores de Tacna n.º 5 (coronel Gregorio Albarracín) |
Caballería Escuadrones Coraceros, Escolta, Libres del sur, Murillo y Vanguardia de Cochabamba |
Caballería (coronel Vergara) Regimientos Granaderos, Cazadores y Carabineros de Yungay |
| Artillería (coronel Panizo y comandante Domingo Barboza) 2 cañones de 12 libras, 6 Blackely de 4 libras y 3 Ametralladoras (2 Gardner y 1 Gatling) |
Artillería (coronel Flores) 8 cañones y 4 ametralladoras |
Artillería (teniente coronel Novoa) 37 cañones y 4 ametralladoras. |

La infantería chilena usaba el fusil Comblain y el Gras recalibrado a bala Comblain, de tal manera que utilizaban el mismo cartucho. Los soldados estaban equipados con 130 cartuchos, menos el regimiento Esmeralda que, para la batalla, recibió 100 cartuchos. Los jinetes chilenos usaban las nuevas carabinas Winchester y Remington, además de sables. Tenían buenos caballos de gran alzada. La artillería chilena tenía 31 cañones Krupp, 6 cañones franceses de montaña de bronce, 2 ametralladoras Gatling y 2 ametralladoras Nordenfelt.
La infantería aliada tenía el gran problema de que usaba fusiles de distintos sistemas, lo que complicaba el municionamiento, además de que había pocos cartuchos; los soldados no tenían más de 100 cartuchos. Los batallones mejor armados eran el Zepita n.º 1 y el Pisagua n.º 9, que usaban fusiles Comblain, y el Batallón Lima n.º 11 y Granaderos del Cuzco n.º 19 que usaban el fusil Peabody-Martini.
El resto usaba fusiles Remington, Chassepot, Chassepot reformado a cartucho metálico y Peruano. La infantería boliviana usaba fusiles Remington y Martini-Henry. La caballería aliada usaba sables o lanzas y tenía caballos de poca alzada; el regimiento Murillo no estaba montado. Los jinetes y artilleros peruanos tenían carabinas Remington, Winchester, Evans y Peruano. Los jinetes y artilleros bolivianos tenían carabinas Remington. La artillería peruana usaba 8 cañones Blakely, 2 ametralladoras Gardner y una ametralladora Gatling, mientras la boliviana tenía 2 cañones Blakely, 6 cañones Krupp de montaña de 60 mm y 4 ametralladoras Gatling y Gardner modelo 1874.

Las fuerzas chilenas, según el Diario del Estado Mayor del día 24 de mayo, estaba compuesto por 80 jefes, 663 oficiales y 13 404 hombres de tropa, con una fuerza total de 14 147 hombres,[2] pero los que combatieron fueron poco más de 10 mil, pues casi no participó la División de Reserva, algo que también reconoció el peruano Pedro Alejandrino del Solar en carta privada a Piérola. En las Relaciones Nominales del Ejército de Chile, se señala que el efectivo fue de 11 779 hombres.[11] Los historiadores chilenos Encina y Castedo calculan en 13 000 soldados el ejército chileno, de los cuales 9645 participaron en la batalla; también argumentan que Campero fue mal informado de que las tropas chilenas llegaban a 22 000 hombres.[3]
Las fuerzas aliadas varían de acuerdo a los testimonios. Según Campero, eran 9 mil hombres incluso los enfermos.[12] En un folleto, el coronel boliviano Miguel Aguirre señaló que los combatientes aliados eran unos 5100 peruanos y 4200 bolivianos,[13] mientras que el contraalmirante Montero afirmó que eran 8 mil hombres.[14] Pedro Alejandrino Del Solar, en una carta privada al presidente Piérola, fijó el número de aliados, según el parte del día anterior, en 5 mil peruanos y no más de 4 mil bolivianos.[15] El corresponsal del diario El Nacional de Lima señaló que eran 9030 soldados —descontando a los enfermos, no eran más de 8500 efectivos—.[16] Basado en el archivo de Piérola, el historiador Jorge Basadre explica que en Tacna combatieron 4705 peruanos y 4225 bolivianos, en total 8930 aliados con 8 piezas de artillería.[6] Por su parte, historiadores chilenos cifran el ejército aliado en 12 500 hombres, de los cuales 5150 eran bolivianos.[3]
La batalla
Las defensas aliadas

Los “montones de arena,” confundidos inicialmente con parapetos de guerrilla. Sin embargo, se trataba simplemente de señales colocadas a intervalos regulares para marcar la alineación de las unidades en el campo de batalla. Su función era servir de referencia para que las compañías pudieran ubicarse correctamente al toque de llamada y mantener el orden de formación. Estos montículos eran demasiado pequeños para proteger efectivamente a un soldado y no podían cumplir una función defensiva real. Las líneas avanzadas de tiradores debían desplegarse aproximadamente cien metros por delante de ellos para poder observar y enfrentar al enemigo.[18]
El “fortín”, consistía en una estructura cuadrangular levantada con sacos de arena y cascajo por artilleros y zapadores. Se encontraba en la retaguardia de la línea de batalla y tenía un propósito principalmente logístico. La estructura servía para proteger del viento y almacenar atalajes, municiones, víveres, forraje y otros suministros. También buscaba impedir que unidades vecinas tomaran provisiones ajenas. Nunca fue concebido como obra defensiva, ya que estaba situado en un repliegue del terreno dominado por la meseta circundante. En caso de que el enemigo tomara esa posición elevada, cualquier soldado refugiado dentro del recinto habría quedado expuesto al fuego enemigo.[18]
Numerosos “hoyos” situados también en la retaguardia, excavados por las últimas compañías de las columnas acampadas detrás de la línea principal. La zona funcionaba como campamento militar, y las excavaciones permitían instalar de manera más cómoda carpas improvisadas hechas con frazadas o lienzos. Los soldados dormían dentro de estos huecos, parcialmente protegidos del viento y de las inclemencias del clima del altiplano desértico.[18]
El "fuerte", la verdadera obra de defensa construida, que se reducía a una media luna, de un diámetro aproximado de 15m, hecha con el fin de cubrir a los artilleros de los fuegos frontales y oblicuos del enemigo, pues estaba descubierto en su zona trasera. Se trató de un parapeto formado con sacos de arena y laja deshecha, sacada de la misma zanja abierta al pie de los sacos.[18]
Cuando vi la obra, noté que ella adolecía del defecto de ser muy elevada y presenta, por consiguiente, un gran blanco al enemigo, siendo así que debería haberse procurado que ella no se alzase del nivel de la meseta, cuyo glacis es en aquella parte mas rápido y pronunciado que en todos los demás puntos de las líneas de batalla. Tenía además el inconveniente de que, en cayendo una bomba o granada sobre la laja deshecha que había servido para el parapeto, esos mismos fragmentos de laja podrían saltar en todas direcciones y herir a los hombres que servían las piezas de esa batería. Por esto, aparte de las consideraciones anteriormente indicadas, ordené que se deshiciese aquella obra; lo qué sin embargo no se efectuó, porque los enemigos no dieron tiempo.Narciso Campero. Rejistro oficial de la república de Bolivia 1880-81. Pág. 248
Además, el coronel peruano Velarde narra que se entregó un saco a cada soldado, a modo de fortificación pasajera.[19]
Intento de sorpresa en Quebrada Honda

Todo el ejército chileno llega a Quebrada Honda a las 6 p. m. del 25 de mayo. Una avanzada de arrieros con 60 mulas y barriles de agua fue capturada por jinetes peruanos del Húsares de Junín que estaban en vigilancia. En los interrogatorios, los arrieros revelan que el ejército chileno estaba compuesto por 22 mil hombres, lo que hace cambiar de planes al general Campero. Se decidió que todo el ejército aliado atacara al ejército chileno de madrugada en Quebrada Honda, aprovechando la oscuridad.
A la medianoche del 26 de mayo se emprendió la marcha del ejército aliado a Quebrada Honda. En medio de la noche perdieron el rumbo debido a la neblina y la expedición no tuvo éxito, por lo cual se tuvieron que volver a sus líneas, arribando a las 5 a. m. a la posición original. Pero resultó que 3 divisiones peruanas y una boliviana se extraviaron sin saber su ubicación. El coronel Belisario Suárez tomó el mando y ordenó que se esperase al amanecer para emprender la marcha, pero fueron vistos por las avanzadas del batallón Atacama que les hizo disparos mientras se retiraban, llegando estas fuerzas aliadas al Alto de la Alianza a las 7 a. m.. Las fuerzas aliadas no durmieron por la frustrada expedición.
Disposición para la batalla

El ejército aliado desplegó sus posiciones en la meseta del Intiorco en una línea de defensa de 2500 m con 4 reductos. La disposición de los efectivos, de izquierda a derecha, era la siguiente:
- Ala izquierda, al oeste, al mando del coronel boliviano Eliodoro Camacho. La Artillería de Panizo se distribuyeron en 3 brigadas de artillería y a falta de datos es muy probable que la composición del armamento haya sido de la siguiente manera: La 1.ª Batería 3 Blackely de 4 libras y 1 ametralladora, comandada por el Sargento Mayor Manuel Carrera. La 2.ª. Batería o sección de dos cañones de 12 libras y 1 ametralladora, comandada por el Capitán Ricardo Ugarte y la 3.ª. Batería por otros 3 Blackely de 4 libras y 1 ametralladora, comandada por el Sargento Mayor José Manuel Ordóñez. Acompañaban el Ala izquierda los batallones peruanos Zepita, Cazadores del Misti, Arica y Pisagua. En la reserva estaban los batallones bolivianos Viedma, Tarija y Sucre, los batallones peruanos Huáscar y Victoria, los escuadrones de caballería bolivianos Coraceros, Escolta, Libres del sur, y Vanguardia de Cochabamba.
- Centro, al mando del coronel boliviano Miguel Castro Pinto, un reducto con 2 ametralladoras y un cañón boliviano, los batallones bolivianos Padilla, Chorolque, Grau y Loa y un reducto con 2 ametralladoras y un cañón boliviano. En la reserva estaban los batallones peruanos Ayacucho, Arequipa, y la Columna Sama.[20]
- Ala derecha, al este, al mando del contraalmirante peruano Lizardo Montero, con los batallones peruanos Granaderos del Cusco y Lima, el escuadrón boliviano Murillo y la artillería boliviana Krupp cerrando la línea en un reducto. En la reserva estaban los batallones peruanos Provisional de Lima y Cazadores del Rímac, la División Del Solar, la caballería peruana y los batallones bolivianos Alianza o Colorados y Aroma.
Para atacar las posiciones aliadas el general Baquedano dividió sus hombres en cinco divisiones, tres al frente (dirigidas respectivamente por Amengual, Barceló y Barbosa). Se había acordado que la división comandada por Amunátegui se estableciera a más o menos 3000 m de la retaguardia y que la reserva (dirigida por Muñoz) se ubicara a 3500 m atrás. La artillería cubriría el avance de las tropas y la caballería estaría atenta a cualquier necesidad en la que pudiera hacer falta. La artillería estaba distribuida de oeste a este de la siguiente manera:
- Batería Flores, 4 Krupp de campaña modelo 1879 de 75 mm y 2 ametralladoras Gatling.
- Batería Villareal, 6 Krupp de campaña de 78,5 mm.
- Batería Errázuriz, 5 Krupp de montaña de 60 mm.
- Batería Sanfuentes, 6 cañones de bronce franceses de montaña de 86,5 mm.
- Batería Jarpa, 6 Krupp de campaña.
- Batería Gómez, 4 Krupp de campaña y 2 ametralladoras Nordenfeldt.
- Batería Fontecilla, 6 Krupp de montaña
Las 2 primeras baterías estaban al mando del mayor Salvo, las 2 siguientes al mando del mayor Fuentes, las 2 siguientes al mando del mayor Frías y la última, acompañaba a la IV División.
Inicio de la batalla
A las 7:30 de la mañana se divisan ambos bandos y empiezan a desarrollar sus líneas.

Las tropas chilenas iniciaron sus actividades hacia las 8 de la mañana, ya a las 9 a. m. se inició el bombardeo de la artillería chilena, lo cual no tuvo el efecto esperado por las condiciones del terreno, pero ocasionó mucho humo que impedía la visibilidad. La artillería aliada respondió el ataque durante una hora con la 2.ª. Batería al mando de Eduardo Águila y la sección de a 12 al mando de Ricardo Ugarte. A las 10 a. m. se empieza a movilizar las fuerzas chilenas. Panizo ordenó aumentar las distancias entre las Baterías para que entrara en acción la 1.ª. Batería y romper los fuegos, lo que se hizo hasta las 11 AM.
Como á las 11 de la mañana, estaba vestido y recostado en mi cama, cuando fui llamado por el ecónomo para hacerme advertir un ruido que no sabía si creer fuese producido por un carro llevado á galope por el empedrado de una lejana calle, ó si realmente era el fuego de las infanterias.Al principio abrigué también mis dudas. Sin embargo, eran aquellos écos tan precipitados, tan terribles; tanto era su fragor, que no podían ser sino la repercusión de las palabras mortíferas con que los Aliados y los chilenos debían ya estar hablándose en el campamento, convertido en campo de batalla.
La campana de San Ramon continuaba pregonando el alarma.
Salgo á la calle, y veo agrupados en las esquinas adyacentes á los soldados enfermos, mirando hacia las alturas del campamento, que hasta entonces no ofrecían otra cosa que los contornos superiores de las densas columnas del humo de la batalla.
(...)
Las calles estaban llenas de ciudadanos que armados se dirigían también al Alto, de mujeres entusiastas unas, otras llorando, y de niños que ofrecían el mismo contraste.
(...)
Dí vuelta la cabeza y contesté el saludo sin detenerme. Cuando ascendia la cuesta, era verdaderamente conmovedor el espectáculo que ofrecian unas 300 á 500 rabonas, descendiendo hácia Tacna, con sus hijos á las espaldas, sus ollas de comida en la mano, sus lagrimas en los ojos, su queja dolorida en los lábios. Media hora despues llegaba al campo de batalla.
Florencio del Marmol, argentino. "Recuerdos de viaje y de guerra" - 1880. Pág. 101
La División chilena del coronel Amengual marchó sobre el final de la extrema izquierda de línea del ejército aliado, bajo la errada información de que ese sector estaba abandonado por el enemigo y no había defensa. El coronel Amengual dispuso sus fuerzas de la siguiente manera: el Valparaíso en formación de guerrilla, en primera línea el Navales y el primer batallón del Regimiento "Esmeralda", más tarde 7.º de Línea, y en segunda línea el segundo del Esmeralda, (cada regimiento se dividía en dos batallones), el Chillán y una compañía de pontoneros.
El coronel boliviano Eliodoro Camacho notó que el ataque principal era para desbordar la izquierda, por lo que envía a esa posición sus reservas: los batallones bolivianos Viedma, Tarija y Sucre y tras estos, los batallones peruanos Huáscar y Victoria, todos formando el llamado "martillo". Camacho también ordenó que toda la artillería del coronel Arnaldo Panizo se colocara en una altura a retaguardia de las fuerzas bolivianas. Al mismo tiempo, Camacho solicitó refuerzos a Narciso Campero, que ordenó que los batallones bolivianos Alianza o Colorados y Aroma pasaran de la reserva derecha a la izquierda, al mismo tiempo que los batallones peruanos Ayacucho y Arequipa se pusieron a la izquierda del Zepita. De igual forma, la caballería boliviana, que era la División Vanguardia (Vanguardia de Cochabamba, Libres del Sud, Escuadrón 1° Escolta, y Escuadrón 2° de Escolta) recibe órdenes de movilizarse al extremo izquierdo, debiendo permanecer en la retaguardia del batallón peruano Victoria, posición en la que desmontan para combatir con rifles, debido a una orden que les prohibía pelear montados por las malas cabalgaduras e inadecuado armamento.[22]El Escuadrón 1° de Escolta, conocidos como Coraceros, había dejado los cascos, corazas y lanzas en los almacenes de Tacna, contando ahora con carabinas.[23]
El contacto fue alrededor de las 11 a. m., siendo sorprendidas las tropas de Amengual por las aliadas que sí se encontraban ocupando sus defensas. A partir de ese momento, los batallones bolivianos retrocedieron en la izquierda y fueron seguidos por el batallón peruano Victoria, el más numeroso del ejército aliado. En tal situación la División Vanguardia, caballería boliviana avanza y combate a pie en guerrilla, siendo rechazados debido a su limitado número, previamente el Libres del Sud enfrenta las avanzadas del regimiento Chillán. Serían protegidos por el posterior contrataque de los Colorados. [22][24][25]
A pocos minutos se vió aparecer por la cumbre de los montículos, bayonetas, luego képis y finalmente el busto de los enemigos; su aparición fué saludada con una nutrida descarga que debió ser tan eficaz que los puso en desorden y los hizo retroceder apresuradamente. Un hurra dieron los bravos hijos del Sud y llegaron á la cumbre del montículo pasando sobre los cadáveres de sus enemigos, los que rehechos contestaron con un fuego diabólico. Después supimos que fueron los soldados del Regimiento Chillan, los que se batieron con los “Libres del Sud”. Desalojados los enemigos, continuamos el avance y vimos en la llanura, que avistamos de improviso, una inmensa línea de fuego sobre la que flotaban nubes de humo, cubriendo por momentos la línea de batalla. El espectáculo era á la vez imponente y aterrador; nuestras filas comenzaban a clarear; la muerte había empezado á segar existencias juveniles que eran una esperanza.RAMALLO M. "Recuerdos del Tiempo Viejo. El 26 de mayo de 1880 en el Alto de la Alianza" Sucre: Imprenta "La Industria"; 1901. Pag. 7
El anciano coronel peruano Jacinto Mendoza, jefe de la IV División peruana, fue muerto por una bala enemiga mientras reorganizaba sus fuerzas.[26] El batallón peruano Huáscar reforzó la línea que ocupaban los batallones bolivianos, repeliendo el ataque chileno. La caballería peruana se movilizó a la izquierda.
El centro aliado es atacado por la División del coronel Francisco Barceló, cuyas fuerzas estaban en una línea: el regimiento 2.º de Línea a la izquierda, el regimiento Santiago al centro y el batallón Atacama a la derecha, precedidas por sus compañías de guerrilla (es la última compañía de cada batallón) y cuando el resto de la tropa estaba a 300 m de la línea de guerrilla, ordenó hacer alto. Se detiene el Atacama y el Santiago, mientras el 2.º de Línea continuó su avance en dirección a la línea aliada.[27]
Desarrollo de la batalla
Cuando los batallones bolivianos Colorados y Aroma llegaron al ala izquierda, Campero ordenó que hicieran fuego sobre las fuerzas aliadas que huían, a fin de hacerles dar media vuelta.[12] Pronto se ubicaron en la línea de batalla y resistieron a las fuerzas chilenas de Amengual. En el centro, el coronel Castro Pinto recibió el refuerzo de 2 Krupp bolivianos que fueron colocados sobre la izquierda de su línea y de los batallones peruanos Provisional de Lima y Cazadores del Rímac que eran la reserva del ala derecha.
Las divisiones chilenas llegaron a unos 80 m de las trincheras aliadas[28] ya sin municiones, que había sido repartidas en cantidad insuficiente. Las tropas de Amengual y de Barceló se mezclaron y comenzaron a retroceder. Fue en ese momento, que el coronel Camacho ordena un contraataque de conjunto con las divisiones peruanas de Cáceres y Suárez y toda la infantería de Castro Pinto, que combatían a las fuerzas de Barceló.
Mi batallón marchaba a vanguardia de toda la primera división, seguido de Navales, Esmeralda y Chillán. Una vez llegados a la última loma, diviso a los famosos Colorados. Sufrimos varias bajas, en la batalla fuimos derrotados por haberle venido una gran reserva a los Colorados. Ya nuestras fuerzas estaban diezmadas y casi agotadas las municiones. Valparaíso y Navales andábamos todos reunidos después de la retirada, pero guiados por el valor inimitable del bravo Coronel Urriola, pudimos reorganizarnos y atacar con todo empeño.Relato anónimo de un soldado del batallón Valparaíso, inserto en "El Mercurio de Valparaíso" Nros. 15974-15975.
Es el momento más crítico de la batalla y debía inclinarse por el bando aliado: Las fuerzas chilenas, sin municiones y a campo descubierto, soportan el fuego nutrido del enemigo y, luego, la carga de masas de infantería veteranas que se sienten vencedoras. La lucha cuerpo a cuerpo fue brutal y heroica por ambos bandos, pero las mayores bajas las llevaron los chilenos: solo en el Atacama se pierde al Teniente Rafael Torreblanca -quien clavara la bandera en Pisagua- y el propio Comandante Martínez ve morir a sus dos hijos a metros de él.
Los batallones bolivianos Colorados y Aroma se lanzaron sobre la izquierda. El Colorados llegó a tomar 2 Krupp de calibre mayor, 3 de menor, una ametralladora, varios rifles, 3 banderolas y muchos prisioneros.[29]
Y haciendo frente a la derecha, marchan en batalla, con las armas a discreción y al paso ligero al trote al encuentro del enemigo, al que saluda con la épica, legendaria imprecación que ha recogido la historia:—¡Rotos de espantajo, amárrense los calzones que ahora entran los Colorados de Bolivia!
(...)
Los Colorados pasan saltando para no pisar los cadáveres y, al ver a sus “primos” (Sucre) segados por la guadaña de la muerte, fruncen el ceño y aceleran su triunfal carrera. En sus corazones de titanes ha mordido el anhelo feroz de la venganza. ¡Van a vengarlos!Daniel Ballivián. "Los Colorados de Bolivia: recuerdos de un subteniente" - 1919. Segunda Serie. Pág. 26-27
En aquel hervidero de balas, peor que "tostadera", como decian los bolivianos, parecia imposible que un solo hombre pudiera salvar ileso. Las balas cruzaban sin cesar silbando al oido, ó picaban al frente, á los costados, á retaguardia, levantando cada una su grano de arena para formar esa espesa nube que por todas partes nos rodeaba confundida con el humo. En aquel costado estaban tambien los colorados, llegados de la derecha en proteccion de la izquierda. Conteniendo y rechazando unas veces, avanzando y arrollando otras, llegaron hasta apoderarse de prisioneros y tomar una bateria que luego abandonaban acosados por las masas que, cada vez mas compactas, oponia el enemigo, ante cuya superioridad de número y de elementos era materialmente imposible alcanzar un resultado feliz.Florencio del Marmol, argentino. "Recuerdos de viaje y de guerra" - 1880. Pág. 102
El batallón boliviano Padilla tomó muchos prisioneros y los ejecutó y a medida que avanzaba, junto con el peruano Arica y los bolivianos Chorolque y Grau, tomaban armas de los caídos chilenos porque sus rifles se inutilizaban.[30]
El comandante del Esmeralda, el teniente coronel chileno Adolfo Holley, pidió que cargase la caballería chilena y obtiene pronta respuesta de Lagos, quien ordena la carga y que un destacamento de caballería transporte y distribuya municiones a la infantería que retrocede ante el avance enemigo. El regimiento Granaderos a Caballo atacó sobre la izquierda, pero fue recibido por los batallones bolivianos (los colorados de Bolivia) en formación de "cuadros". Esta formación rechaza el avance de la caballería chilena.[31] [32]No hay grandes resultados en términos de bajas, pero el objetivo básico se logra: al formar en cuadro, la infantería aliada se detiene, separándose de la chilena y dándole tiempo a recuperarse y reaprovisionarse de municiones. Las tropas del Esmeralda -el más numeroso de esa División- se rehízo en las ondulaciones del terreno, aunque la confusión hizo que jinetes chilenos sablearan a su propia tropa para separarla del adversario.[33]
Panizo ordenó a la 1.ª y 2.ª Batería cargaran su material desfilando por la izquierda para ocupar una lomada ya que el lugar donde estaba le hacía imposible hacer fuego porque las tropas aliadas estaban confundidas con las chilenas.[34]
En el tránsito de la orden la 2.ª batería, que ya sufría el embate de nutrido fuego, perdió la mitad de su personal muriendo 6 mulas conductoras cuyas cargas quedaron en el campo. Una vez dominada la altura por la artillería fue imposible hacer fuego porque en esos instantes las tropas peruanas estaban confundidas con las del enemigo. La 1.ª. Batería pasó similar situación matando a la mayoría de su personal y animales de carga. La sesión de a 12" no pudo ser movido del lugar por ser muy pesadas y lograron efectuar 6 disparos hasta ser acribillados todo el personal de tropa.
Entonces el general Baquedano ordena que la III División, al mando del coronel José Domingo Amunátegui, refuerce a las divisiones chilenas en retroceso. Amunátegui ordena que el regimiento Artillería de Marina vaya sobre la izquierda y los batallones Chacabuco y Coquimbo sobre el centro. Detrás de estos marchaba la División Gran Reserva del coronel Francisco Muñoz-Bezanilla, conformada por los tres Regimientos de Línea (1.º, 3.º y 4.º), que en el plan original de Baquedano debían dar "el golpe de gracia" y no llegaron a entrar en combate.
El Batallon Buin, afamado de los chilenos, avanzaba resuelto, y se oia en sus filas el grito de: "donde estan los colorados!"Estos no eran hombres de hacerse esperar en tales ocasiones. Avanzan tambien, y despues de un nutrido fuego ganando terreno, esgrimen la bayoneta y cargan con admirable denuedo. Pudo verse allí en tierra y bañado en sangre un grupo formado por un; Colorado y uno del Buin, cuya bayoneta la tenia aquel clavada en el pecho cerca del hombro izquierdo, mientras el Colorado habia introducido la suya en la ingle derecha del chileno, encontrándose así ambos reciprocamente inutilizados.
Entre el cholaje chileno habia tambien muchos "hermosotes". Uno, que quizá estaba herido, manteniéndose con una rodilla en tierra, se clavó la bayoneta en el pecho con sus propias manos, volvió á arrancarla, y la introdujo de nuevo encontrando lo que tal vez buscaba: el corazon y la muerte.Florencio del Marmol, argentino. "Recuerdos de viaje y de guerra" - 1880. Pág. 103
Fin de la batalla

Los chilenos, reforzados por nuevas tropas y municiones, emprenden un nuevo ataque.
La IV División del coronel Orozimbo Barbosa, emprende un ataque a la derecha aliada, con el batallón Zapadores a la derecha, el regimiento Lautaro al centro y el batallón Cazadores del Desierto a la izquierda. Montero moviliza a la línea su única reserva que le quedaba, la División Del Solar. La División peruana de Dávila sale a enfrentarse a las fuerzas chilenas, pero la superioridad numérica y la falta de refuerzos lo hace retroceder. En esta posición también combate el regimiento Murillo, que debido a la naturaleza de sus armas y malas cabalgaduras, optan por combatir como infantes, siendo apoyados por la Columna de Ingenieros. [35]La batería chilena de Fontecilla se desplazó para atacar a los aliados, media batería atacaba a las fuerzas y la otra mitad, a la batería Krupp boliviana. la batería de Fontecilla llegó a estar a 400 m del reducto derecho aliado. El regimiento Lautaro peleó tendido a tierra y por eso tuvo pocas bajas.
El fuego era tan nutrido que más bien parecía redoble de tambores. Fueron entrando en combate como por la conversión a la derecha Cuerpo por Cuerpo, hasta que nos tocó el turno. Apenas se rompió el fuego la guerrilla en que yo iba, que estaba en este momento a retaguardia del Batallón, nos corrimos a la izquierda para tomar el ala de éste... La derecha de los cholos nos sobrepasó y como a la media hora entró por la izquierda de nosotros el 20 batallón Lautaro, o si no los cholos nos habían tomado entre dos fuegos... Los muertos a mi cálculo serán como de 5000 de ambas partes.
En la izquierda, el avance chileno es arrollador y cruento. Los batallones bolivianos Colorados y Aroma retroceden ante la superioridad numérica y de potencia de fuego de los chilenos. El batallón peruano Huáscar resiste el ataque de la artillería e infantería chilena y muere su jefe, el coronel Belisario Barriga. El regimiento chileno Artillería de Marina llega a las trincheras aliadas y encuentra abandonados 2 cañones de campaña y junto con el Esmeralda y el Chillán, toman 2 cañones y 2 ametralladoras que arrastraban los peruanos.
La artillería de Panizo hicieron grandes esfuerzos por recuperar el material de artillería y al no poder hacerlo con la 1.ª., lograron rescatar 3 piezas de la 2.ª. Batería ( 2 cañones, una ametralladora y el parque correspondiente). Inmediatamente ordenó alrededor de las 3 p. m. se replegaran con el personal que quedaba de artillería hacia el Alto de Lima.[34]
El coronel Eliodoro Camacho estaba avanzando con las Divisiones peruanas de Cáceres y Suárez, pero pronto muere a su lado el teniente coronel peruano Julio MacLean, jefe del batallón Arica. En ese momento también murieron los coroneles peruanos Carlos Llosa y Sebastián Luna, jefes de los batallones Zepita y Cazadores del Misti respectivamente. El coronel Belisario Suárez, jefe de la III División peruana, es herido en una pierna. El coronel peruano Andrés Avelino Cáceres pierde dos de sus caballos y tuvo que usar el del fallecido coronel Llosa.
El enemigo, fuertemente reforzado, volvía, en tanto, al ataque. La lucha era tremenda. El fuego que se nos dirigía de todas partes diezmaba mi división y la de Suárez, y hubo momentos en que estuvimos en un tris de ser completamente envueltos, pues el resto de la línea no había acompañado nuestro avances.Parte de guerra del 26 de mayo de 1880. Andrés Avelino Cáceres
Camacho cae herido y este incidente causa el desánimo de las tropas. Como antes había sido herido el general Acosta, que también estaba en el ala izquierda, Camacho es reemplazado por el coronel Ramón Gonzáles.
A las dos y media de la tarde caían los últimos reductos aliados, cuyas unidades comenzaron la retirada.[36] Aún así, los Colorados de Bolivia, liderados por Ildefonso Murguía Anze, sostuvieron el combate alejados de los reductos, con la artillería enemiga capturada a sus espaldas y en una posición cercana al lugar donde habían formado cuadros defensivos. Embestidos constantemente por las fuerzas chilenas, estas llegaron a formar un semicírculo a su alrededor, retrocediendo lentamente hasta dejar abandonadas las piezas de artillería chilena capturadas en un inicio. Finalmente, a las tres y media de la tarde, se ordenó el fuego en retirada. Durante esta acción murió el coronel Agustín López, edecán del general Narciso Campero.[37]
Se pronunció una dispersión general en la izquierda aliada y el general Campero toma un estandarte peruano y procura reunir a los dispersos, pero luego le encarga el estandarte y esa misión a su edecán, el coronel Exequiel de la Peña.[12] La caballería aliada intenta reunir a los dispersos. También muere el general Juan José Pérez Marañón, jefe del Estado Mayor del Ejército Aliado. El coronel Gregorio Albarracín con su escuadrón Flanqueadores de Tacna protege la retirada de los batallones bolivianos de la izquierda.
En el centro, el batallón chileno Chacabuco apoya a los restos del 2.º de línea y parte del Santiago. El Coquimbo apoya a parte del Santiago y al Atacama y toman 2 cañones y 2 ametralladoras bolivianas. Para ese momento, la izquierda aliada ya había sido arrollada y la infantería y artillería chilena forman un semicírculo en la izquierda y centro aliados. En el centro les hicieron frente la VI División al mando del coronel César Canevaro y en esas circunstancias muere el coronel Víctor Fajardo, jefe del Cazadores del Rímac.
En la derecha, el Zapadores ataca el reducto aliado que cierra la línea, que es atacado también por la retaguardia por el Atacama y parte del Santiago, tomando todos juntos el reducto con 4 cañones Krupp y una ametralladora.
Campero se dirige a Pachía con los restos del ejército aliado. Montero en segundo término lo sigue reuniendo a los dispersos. Cáceres reúne a los últimos dispersos alrededor de la bandera peruana y se dirige a Pachía.
El escuadrón Carabineros de Yungay n.º 1, al mando del teniente coronel Bulnes, inicia la persecución a los aliados y toma 180 prisioneros.
Las tropas de la IV División, luego de tomar el campamento aliado en la derecha continúan hasta las lomas del valle junto con el regimiento 4.º de línea de la División de Reserva.[38]
El infame repase chileno es registrado:[39]
Los soldados Chilenos son por instinto feroces y carniceros; no se satisfacen con ver muertos á sus enemigos; creen que se hacen los muertos, y para dejar bien muertos á los muertos; terminada la batalla recorren el campo, y ultiman á los heridos; á este acto de barbarie casi increíble, le dan el nombre de repaso; y de ello se jactan. (Corresponsal de «El Mercurio» de Valparaíso.—Vicuña Mackenna, Hist. de la Guerra, tomo II, pág. 717).Narracion histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldán - 1884 - pág.477
La ocupación de Tacna
A las tres de la tarde llegaron las primeras noticias de la derrota en Tacna.
Principalmente la plaza de Armas y la calle del Comercio, estaban materialmente repletas de soldados, oficiales y jefes de todos los cuerpos, bolivianos y peruanos, en la mayor confusion, cubiertos de polvo, bañados de sudor, muchos ensangrentados. Jinetes, infantes, artilleros—fusiles, espadas, lanzas,—todo mezclado. Aqui entraban en una casa á examinar sus heridas, allí, en las mismas aceras, se vendaban piernas y brazos baleados; —de todas partes, principalmente de las casas del comercio extranjero, salian á la puerta para ofrecernos agua, refrescos, cerveza. Tambien por todas partes se oia el llanto de las mujeres tacnenas, acriminando á los soldados bolivianos de haber sido ellos la causa de la derrota. Hablaban sin saber. El "Victoria" las desmentia. No obstante, los aliados no pueden hacerse semejante inculpacion; y cuando ésta fuera proferida por alguien de elevado rango político, no solo careceria de razon, sino que reuniria el carácter de una indisculpable ligereza.Florencio del Mármol, argentino (1880). Recuerdos de viaje y de guerra p. 106
Los pobladores, en su mayoría ancianos, mujeres y niños, se asilaron en los consulados y residencias de extranjeros que izaban sus banderas. Otros abandonaron la ciudad con destino al altiplano.
La ciudad de Tacna parecía estar de fiesta, por doquier se veían izadas banderas italianas, francesas, inglesas, alemanas, suizas, españolas y hasta asiaticas.Corresponsal de guerra de El Ferrocarril. Santiago de Chile 27 de mayo de 1880.

Algunos dispersos aliados llegaron a la ciudad de Tacna, donde se escondieron y disparaban a soldados chilenos que los perseguían, pero finalmente enrumbaron a Pachía. Ante esto, la ciudad empezó a ser bombardeada desde las alturas del Intiorko. El alcalde Guillermo Mac Lean se dirigió al Campo de la Alianza para conferenciar con Baquedano e informarle que en la ciudad no existían tropas, cesando el bombardeo. El alcalde fue retenido y sirvió de garantía para que las tropas chilenas no enfrentasen una emboscada.
(...) se presentaron los señores don Guillermo Hillmann Meyer, Larrieu y Brockman con el objeto de dar explicaciones sobre el balazo disparado al capitán Flores, dando al mismo tiempo toda clase de seguridades respecto de que el ejército chileno no seria molestado. También se presentó don Guillermo C. Mac Lean, alcalde municipal de Tacna. Los cónsules fueron tratados con dureza por el coronel Amengual, y en cuanto al alcalde, se ordenó su prisión, advirtiendo que “ al primer disparo que se hiciese sobre algún soldado chileno, sería fusilado.”Corresponsal de guerra de El Mercurio de Valparaíso, 2 junio de 1880. Rescatado en el periódico boliviano La Patria, 6 agosto de 1880, p. 2
Cuando el coronel Amengual llegó a las alturas, ordenó que dos cañones de la batería Villareal hiciera diez tiros de granada sobre suburbios de la población. Luego, descendió al valle con 60 jinetes al mando del teniente coronel Bulnes. Se envió al sargento mayor Zelaya para que intimase la rendición del pueblo, pero regresó porque le hicieron fuego en la estación del ferrocarril. El Artillería de Marina encontró el estandarte del escuadrón Húsares de Junín cuando bajaba al valle.
Y los bajamos para la ciudad de Tacna que se veía cerca como una legua y muchos cuerpos mas y otros iban dentrando al pueblo tiros y más tiros y nosotros también ibamos a dentrar y dentrando ibamos cuando nos volvieron para atras. iQue rabia nosotros!, cuando nos había dicho mi General que si ganabamos laución ai los daba saquedo en Tacna.
A las seis de la tarde, Amengual y Lagos ingresaron a Tacna por la calle Estación del Ferrocarril (hoy Coronel Albarracín). El primer escuadrón que ingresó a Tacna fue el Carabineros de Yungay n.º 1 al mando del coronel Santiago Amengual, jefe de la primera división. Con ello se inició la ocupación de Tacna, donde algunos soldados ebrios del Ejército de Chile cometieron saqueos y asesinatos en la población de Tacna, incluidos peruanos y extranjeros, principalmente italianos.
Como dije a U. en mi anterior, esa noche del 26 se entró una pandilla de soldados chilenos a la casa de un señor inglés Hellmann a donde fuimos a asilarnos y después de tener en capilla cuatro horas a mi esposo y al dueño de casa, con mis hijos ocultos bajo los sofaes, desnuda, con mis hijitas en camisa llorando, arrodilladas para que no nos maten; ¡por fin el Omnipotente ablandó el corazón de esos malvados, y después de robarnos lo poco que aún nos quedaba se fueron dejándonos en la miseria mas espantosa!! Sin esperanza de poder regresar a mi país que tanto anhelaba, y el tener que quedar en este teatro sangriento, a soportar asesinatos diarios, robos, violaciones y toda clase de crímenes como U. no tiene idea amiga querida ¡qué desgracia la nuestra! Dios santo!! ¡¡ten compasión de tus hijos!!. Estoy convaleciente de un fuerte ataque, porque tiemblo, amiga, cuando recuerdo esa noche en que volvimos a nacer; con dos de mis hijos en cama, mi esposo con reumatismo, y a pesar de esto quiero aprovechar de la ambulancia que marcha a esa, para saludar a mi antigua amiga así como lo hace Benjamín por su conducto; y suplicarle se empeñe V. como señora caritativa para que nuestro Gobierno no olvide auxiliar a los prisioneros de San Bernardo, pues los más subalternos como mi hijo, se han ido completamente desnudos y faltos de recursos, etc.Carta venida por medio de la ambulancia 1° sección, que llegó a Bolivia. La Patria, 7 de agosto de 1880. p. 2
En los tres días que duró el saqueo de la ciudad, fueron asesinados muchos niños y mujeres. Los italianos que en Tacna viven del comercio al por menor, perecieron también en gran número por defender sus propiedades. Por esto, los cónsules de las potencias neutrales, al formular su protesta contra tan inauditos atentados, decían. "Últimamente para no ser demasiado extensa la enumeración de los hechos de esta naturaleza que han tenido lugar en estos días, concluimos aseverando a V. S., sin que pueda tachársenos de exagerados, que en toda la ciudad no existe en estos momentos, casi uno solo del número considerable de despachos en que se expendían licores y víveres, y que en la generalidad pertenecían á ciudadanos italianos, de los cuales varios han sido asesinados y otros han recibido heridas graves”.Víscarra, Eufronio (1885). Los combates de Tacna y de Arica; narración histórica. p. 37
Las ambulancias aliadas que atendían a los heridos aliados fueron desarmadas y los heridos y enfermos rematados.
Los heridos que no pudieron ser trasladados fueron ultimados, decenas de cadáveres se hallaban entre el destrozado desorden de la ambulancia; preguntamos a los soldados chilenos donde dejaron nuestros heridos; contestaron: Ya no tienen heridos ya no encontraran a ninguno, tenemos orden de matar a todos.médico Claudio Aliaga. Ambulancia boliviana en Tacna. Informe del 27 de junio de 1880.
Las ambulancias peruanas también sufrieron abusos:[39]
Las ambulancias peruanas 1, 2, 3 y 4, establecidas en la ciudad estaban llenas de centenares de heridos, tendidos en el suelo; los Cirujanos se ocupaban en curar á los que encontraban en mayor peligro, cuando se presentó á caballo un soldado Chileno; preguntó—¿qué ambulancias son estas? y al contestarle—Peruanas, sacó el sable, arrebató su caballo, y dió tajos á diestra y siniestra diciendo: "hoy no queda ni un sólo cholo"; desde el patio hasta la puerta falsa de la casa, recorría destrozando cráneos, dividiendo cuerpos, tanto con su sable como con las patas del caballo, y como los heridos estaban en el suelo, los destrozos fueron espantosos.Mariano Felipe Paz Soldán (1884). Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. p. 477
Los pocos heridos que no pudieron ser trasladados a la ambulancia boliviana ya habían sido ultimados; sus cadáveres se hallaban entre el destrozado desórden del material de Ia ambulancia; los botiquines rotos y sin la mayor parte de su embase; las camas y los víveres habían desaparecido; las hilas y las vendas, una parte enterradas en Ia arena; las camillas rotas, la bandera de la Cruz Roja envuelta en tierra. Continuando en la direccíon de la línea de batallo, preguntábamos a los soldndos chilenos de la dirección en quedejaban a nuestros heridos; uno nos contestó: "ya no tienen, pues, heridos." Más adelante otro nos decía: "ya no encotrarán a ninguno; hemos tenido órden de matar a todos. Estas confesiones las creímos burlas sangrientas y crueles; pero, a poco, contemplabamos una horrorosa realidad: ni un herido nuestro, solo cadáveres, muchos de ellos en, particular jefes y oficiales, con los rostros desfigurados, partidos unos por la boca y otros por la frente; algunos con balazos en los ojos que habían salido de sus orbitas, desnudos de su uniforme y varias hasta de la ropa interios; en cuanto a los soldados, sus bolsillos sacados afuera, indicaba que habían pasado los traperos de la muerte.
La ambulancia se encontraba falta de medios para atender a los heridos, pero esta suficiencia fue suplida en los primeros días por el patriotismo y caridad de las señoras de Tacna (...)
Parte Oficial, 2° Ambulancia de la Cruz Roja. Plácido Garrido Mendivil.Pascual Ahumada Moreno. Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demas publicaciones referentes a la Guerra que ha dado a la luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia, Tomo III. 1886. Pág. 330-331
A las doce de la noche, el cónsul de Francia envió un mensaje advirtiendo del hecho al jefe de la plaza coronel Martínez, quien envió al ayudante Larraín a comprobarlo.
Hoy visitamos el campamento que ocupaba el Regimiento Esmeralda y que se compone de una calle de este lugar de Pocollay (en Tacna), y que tiene unas 30 piezas y casas...Hoy aquí todo es ruina y solo tres viviendas de particulares quedan...En medio de las ruinas de este pueblecito digno de mejor suerte, este obelisco (a Francisco Antonio de Zela) es lo único que se conserva en buen pieJusto Abel Rosales. Mi campaña al Perú: 1879-1881. Universidad de Concepción.
El departamento de Tacna sufrió la chilenización; regresó al Perú en 1929, tras el Tratado de Lima.
Consecuencias
Las cifras de bajas (muertos y heridos) difieren según las fuentes, aunque existe consenso en que se trató de un combate de alta intensidad. Según el testimonio del subteniente chileno Francisco Machuca, participante en la campaña y autor de Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico, esta batalla fue una de las más sangrientas del siglo XIX.
En Chile

El ejército chileno tuvo 2028 bajas según la razón de bajas del ejército chileno,[41] pero de 24 jefes y oficiales y 450 hombres de tropa muertos, y 192 jefes y oficiales y 1369 hombres de tropa heridos, un total de 474 muertos y 1458 heridos según el historiador militar Francisco Machuca.[2] La División de Reserva casi no participó y solo tuvo 17 bajas.
No solo los muertos, por desgracia, quedaron allí abandonados. Nuestros heridos lo estuvieron también durante un día entero, y algunos no habían sido recogidos aún al día subsiguiente de la batalla.Ya el 27 recorriendo algunos el campo, encontraban en una hondonada un lastimero grupo de dos soldados que desde la mañana del día anterior estaban allí desamparados. Aquellos infelices, que no habían podido el día de la batalla apagar la sed que ya los devoraba, habían sufrido los más terribles tormentos con la falta del indispensable líquido, agravada ahora por la fiebre de sus heridas. Uno de ellos, no pudiendo resistir sus dolencias, había fallecido, y el otro tenía a su lado llena de orines la taza de una cantimplora, y con ella engañaba sus padecimientos.
Nuestras ambulancias brillaron por su ausencia durante el combate, y nuestra ala derecha y centro no las había absolutamente, según pudimos constatar al encontrar herido al capitán don Guillermo Carvallo, de los Navales. Después de hacerle don Victor Castro su primera cura, nos echamos en busca de una ambulancia para llevar á ella al simpático joven. Pero a pesar de haber recorrido una gran extensión, no divisamos más Cruz Roja que una que se alzaba entre un grupo de jinetes que parecía presenciar el combate.
(...)
Es verdad que en nuestra ala izquierda prestaban valiosos servicios los doctores Allende y Gatica, extrayendo balas á los heridos; es verdad que vimos también al doctor Körner curando heridos en los momentos mismos del combate; pero estas excepciones personales, lo mismo que las de algunos cirujanos de cuerpo, no alcanzaban á disipar el malísimo servicio que prestaban ese día las ambulancias chilenas.
Por fortuna el estado mayor tomó después de la batalla la medida de destinar algunos piquetes de tropa a recoger los heridos del campo. A no ser por esta circunstancia, la mayor parte de ellos habría perecido sin amparo, á pesar de los crecidos presupuestos y del numeroso personal de nuestras ambulancias.
Las aliadas, por el contrario, estuvieron á la altura de su humanitaria misión, la desempeñaron con valor y valentía.Corresponsal del "Mercurio" de Valparaíso, 2 junio de 1880. Rescatado en el diario boliviano La Patria, 11 agosto de 1880, pág. 2
El Teatro Municipal de Tacna es ocupado como hospital chileno. En la batalla se dispararon más 1700 tiros de cañón.
En el campo de batalla, el ejército chileno tomó 4 cañones Krupp de montaña de 60 mm, 4 Blakely de montaña de a 4 pdr, 2 Blakely de campaña de a 12 pdr, 5 ametralladoras Gatling, una ametralladora Gardner, 34 lanzas de caballería, de 4 a 5 mil rifles de diversos sistemas y calibres, y otros pertrechos más.
En la batalla murieron el teniente coronel Ricardo Santa Cruz Vargas, comandante del Regimiento de Zapadores, Carlos Severin, subteniente del Regimiento Santiago, el teniente Moisés Arce y el capitán Rafael Torreblanca, del Regimiento Atacama (que perdió el 47 % de sus hombres), entre otros muchos chilenos.

En Bolivia
Las bajas de las fuerzas aliadas han sido calculadas en su conjunto. Los chilenos estiman en 2500 hombres de tropa y 150 jefes y oficiales los muertos y heridos en el campo de batalla. El jefe de las ambulancias bolivianas, doctor Dalence dijo que el número de muertos alcanzaría a 1500 más o menos, habiendo sido repasados 65 a 70 de ellos. Los jefes muertos fueron 23. Jorge Basadre[6] indica que los oficiales muertos fueron 185 y las bajas de tropa como 2000 entre peruanos y bolivianos casi en partes iguales.
Entre los prisioneros estaban el general Claudio Acosta, los coroneles Eliodoro Camacho, Ildefonso Murgía, Exequiel de la Peña, Adolfo Flores, Andrés Ríos, Ángel Sarco, José Ávila, Nicanor Bacca y Corsino Balsa.
Muchos prisioneros bolivianos heridos serían trasladados a Chile, Valparaíso; en una visita del médico Zenon Dalence el 15 de septiembre de 1880, revela la terrible condición que recibían:
Doloroso es, señor Presidente, el estado lamentable de miseria de nuestros compatriotas que permanecen en San Bernardo: sujetos al escaso alimento que les costea el Gobierno de Chile, carecen de los recursos más indispensables aun para el lavado de la ropa y demás gastos imperiosos. Después de haber cumplido mi cometido, haciendo por mi parte cuanto ha estado al alcance de mis recursos propios, permanecí en Santiago mientras entregaba la nota dirigida por V. al señor Eduardo Sève, Encargado de Negocios de Bélgica y Delegado de Comité Internacional de Ginebra, quien desgraciadamente hacía 12 o 15 días se había retirado a Europa. (...) He aquí por qué no pude llevar a la importante misión de reclamar los fueros y neutralidad de los heridos que fueron conducidos bajo la égida de la Cruz Roja, y que no debieron ser reputados como prisioneros de guerra; pues el derecho de gentes no comprende por tales, sino a los tomados en campo de batalla.Periódico boliviano La Patria, 29 septiembre 1880[42]
En Bolivia se recuerda como héroe al joven Juancito Pinto,[43] tambor del Regimiento Colorados, comandado por el Coronel Ildefonso Murguía Anze.[44]
Asímismo, finalizada la conflagración bélica, la Convención Nacional de 1880 informada de las labores heroicas y humanitarias de Ignacia Zevallos, mujer cruceña, la declaró “Heroína Benemérita de la Patria”, confiriéndole el título de “Coronela de Sanidad”, otorgándole una medalla de oro y asignándole una pensión vitalicia.[45]
De igual manera, en honor al sacrificio del general Juan José Pérez Marañón, muerto lanzando Vivas a la Alianza, el 27 de julio de 1880 la Convención Nacional ordena renombrar el Puerto de Chililaya en "Villa Perez", levantándose una pirámide en la zona céntrica.
Las fuerzas bolivianas, al mando de Campero, deciden en Pachía retirarse hacia La Paz, donde llegan el 10 de junio.
En Perú

El ejército peruano tuvo 147 jefes y oficiales entre muertos y heridos.
El contralmirante Lizardo Montero pudo reunir parte de los dispersos peruanos en Tarata, retirándose con ellos hacia Puno, donde llegaron 2 mil soldados y se reúnen a las nuevas tropas formadas en Cusco y Puno con destino a Arequipa.
Montero y Del Solar llegan finalmente a Lima. A Montero, rival político del dictador Piérola, le esperan juicios en Lima. Del Solar, que había sido prefecto de Tacna, en cambio es nombrado prefecto de Arequipa.
Familias peruanas de la ciudad acompañaron al desplazamiento boliviano, llegando a La Paz, lugar donde el departamento junto a comerciantes peruanos deciden prestarles socorros, se mencionan incluso que algunas familias provienen de Arica. Además, se realizaría un concierto de mayoría femenina peruana, que residían en La Paz, el 24 de octubre de 1880 para recolectar fondos a los asilados.[46][47][48][49][50][51]
La guarnición de Arica, al mando del Coronel Francisco Bolognesi, recibe las noticias del resultado de la batalla en Tacna y se prepara para la defensa de Arica.
En los extranjeros
El 30 de mayo de 1880, los cónsules de los imperios alemán, austrohúngaro y brasileño, además de los reinos de Bélgica e Italia, juntamente con la República Argentina, protestaron ante Baquedano, jefe de ocupación de Chile, por los actos de violencia que soldados dispersos de su ejército cometieron contra los civiles peruanos y los ciudadanos neutrales a la guerra.
Los infrasquitos Cónsules y Agentes Consulares residentes en esta ciudad, justamente alarmados de los hechos que los soldados dispersos del ejército chileno han practicado y continúan practicando hasta ahora, a pesar de haber transcurrido ya más de tres días desde el acontecimiento de la batalla, tiempo suficiente para para que esos excesos pudieran haber sido reprimidos, si las autoridades constituidas hubieran dictado y hecho efectivas las medidas de reprensión y vigilancia que las circunstancias exigen; a V.S. exponemos que es de nuestro deber, en resguardo de nuestros respectivos nacionales, hacer presente a V.S. los agravios que éstos vienen experimentando...protestando igualmente a nombre de la civilización... de los desbordes que dichos soldados cometen igualmente para con los ciudadanos peruanos y muy especialmente, con las mujeres de esta desgraciada localidad...Nota de Protesta del Cuerpo Consular al general Baquedano. Tacna 30 de mayo de 1880[52]
El reino de Italia intervino y pidió al gobierno de Chile investigar los excesos sufridos por ciudadanos italianos en Tacna, los que no fueron reconocidos por el gobierno de Chile. El saqueo lo sufrieron tanto peruanos como extranjeros.[53][n 2]
Véase también
Notas
- Algunas fuentes también la denominan batalla de Pampa Intiorko o batalla del Campo de la Alianza.
