Batalla del Vingeanne
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La batalla de Vingeanne fue un enfrentamiento militar librado en el 52 a. C. durante la Guerra de las Galias entre las legiones de la República romana y las tribus galas.
| Batalla de Vingeanne | ||||
|---|---|---|---|---|
| Parte de Guerra de las Galias | ||||
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Mapa de la batalla. | ||||
| Fecha | Julio del 52 a. C.[1][2] | |||
| Lugar | Vingeanne, al noroeste del actual Dijon, Francia[1] | |||
| Coordenadas | 45°42′30″N 3°07′30″E | |||
| Resultado | Victoria romana | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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| Bajas | ||||
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Antecedentes
Después de su derrota en Gergovia, el procónsul Cayo Julio César marchó al norte para unirse con su legado Tito Labieno en Avrolles (antigua Eburobriga), cerca de Sens (Agendico), su base de operaciones,[2] al sur de donde confluyen los ríos Armançon (Acceicam o Acciacum en latín) y Yonne (Icauna).[10] No permanecieron ahí y fueron al este, a las tierras de los lingones y luego a las de los sécuanos.[6][11] Vercingétorix quería atacar la provincia romana de la Galia Narbonense, defendida por apenas 22 cohortes distribuidas por la frontera.[2] Sin embargo, gracias a los 10.000 guerreros que los alóbroges pusieron a las órdenes de Lucio Julio César se controlaban los pasos alpinos.[12] El procónsul buscaba una zona donde retirarse para poder defender las provincias que gobernaba antes de contraatacar.[13]
Vercingétorix venía siguiendo a César, pero después de que los eduos, aliados de los romanos, desertasen a su causa,[14] tomó rumbo a Bibracte.[15][16] El procónsul había enviado a sus mercenarios germánicos —recientemente contratados, por lo que es probable que Vercingétorix no supiera de ellos—[17] a explorar el territorio y luego marchó al sudeste, hacia valle del Vingeanne (afluente occidental del Saona, Arar). El caudillo galo volvió a su persecución con sus guerreros creyendo que los romanos estaban abandonando la Galia, así que debió convencer a los jefes en un consejo de atacar a los romanos, pues si César lograba mantener a su ejército intacto pronto volvería con refuerzos.[2][18]
Batalla
Vercingétorix estableció tres campamentos al otro lado del Vingeanne para pasar la noche,[11] ocupando posiciones estratégicas sobre los montes de Sacquenay.[18] Las legiones se aproximaban sin saber del peligro.[19] A la mañana siguiente los romanos reanudaron la marcha en columna y los celtas formaron su caballería en tres formaciones, una bloqueando su avance y otras dos ocultas para atacarlos por los lados.[18][20] Vercingétorix confiaba mucho en el número y calidad de esas tropas.[18] Su infantería estaba en la otra orilla del río.[21][2] Preparaban una emboscada, pero estaban muy ansiosos y atacaron antes de tiempo.[3] El procónsul fue tomado por sorpresa, encontrándose en su camino, en una planicie abierta, con una división celta bloqueando su camino, pronto sus flancos fueron embestidos.[18]
César hizo que su vanguardia se agrupara en tres unidades para contener el ataque[22] mientras situaba sus suministros y equipo logístico entre las legiones para protegerlos.[23][16] Probablemente hizo formar sus legiones en una línea triple, listas para el combate, aunque no participaron.[24] La infantería celta tampoco tomó parte, aunque sí la infantería auxiliar romana.[25] Finalmente, la caballería germánica hizo retroceder a su contrapartida celta de la derecha hasta su infantería.[21][9] Pronto el resto de los galos se retiró, dejando muchos muertos.[2][26]
Consecuencias
Fueron capturados y llevados al procónsul tres nobles eduos: Coto, jefe de su caballería, Cavarillo, jefe de su infantería, y Eporédorix, líder de su pueblo en la guerra con los sécuanos anterior al arribo de César.[27] Tras la derrota, Vercingétorix ordenó a su infantería y bagaje retirarse[9] y decidió buscar refugio en Alesia, lo que resultaría un error fatal.[2][28] César no hizo mayores esfuerzos por capturar el lento tren de bagaje enemigo.[9]
Las tácticas fabianas aplicadas por Vercingétorix habían resultado en un gran éxito[9] pero, al enfrentarse en campo abierto a las poderosas legiones y a sus auxiliares germánicos, había cometido un error; simplemente no podía vencerlas así.[29] La victoria llegó en el momento más necesario para César. Hasta entonces estaba retirándose a su provincia para defenderla de una previsible invasión y desde allí iniciar la reconquista, pero gracias al hábil manejo de su caballería y darle el apropiado apoyo de su infantería, forzaba al enemigo a retirarse y aseguraba sus comunicaciones con territorio romano. Decidió no seguir la retirada, sabedor de que sus cohortes podrían defenderse solas y ahora podía tomar la ofensiva.[30]