La novela sigue a Agu, un niño de África Occidental que es obligado a convertirse en niño soldado. Cuando el conflicto armado llega a la aldea donde vive con su familia, su madre y su hermana logran ser evacuadas por fuerzas de paz de la ONU, mientras que Agu es retenido para permanecer con su padre y los demás hombres de la comunidad. Durante el ataque a la aldea, los hombres comprenden que, aun si se esconden, probablemente serán asesinados. Intentan organizar una defensa, pero el padre de Agu le ordena huir. Agu escapa, mientras su padre es abatido durante el enfrentamiento.
Agu logra ocultarse, pero poco después es descubierto por un grupo de combatientes que lo incorpora por la fuerza a una milicia rebelde. Como parte de su violenta iniciación, el comandante le exige ejecutar a un hombre indefenso.
Obligado a abandonar bruscamente su vida anterior, Agu recuerda fragmentos de su niñez: a su familia, su afición por los libros y la escuela, el anhelo de convertirse en médico y la costumbre de leer la Biblia cada día. También rememora cómo él y un amigo imaginaban batallas durante sus juegos, aunque comprende que la guerra real no se parece en nada a aquello. Siente miedo de que Dios lo rechace por haber quitado vidas, pero termina convenciéndose de que esa violencia forma parte de lo que se espera de él como soldado. En medio del conflicto entabla una amistad con Strika, un niño que no habla, y con él atraviesa los abusos y privaciones del frente: saqueos, violencia sexual, asesinatos y hambre.
Agu llega a perder cualquier referencia temporal; solo distingue que alguna vez fue un niño y que, desde el inicio del conflicto, ha sido forzado a adoptar el papel de adulto en una experiencia que parece no tener fin. Desea dejar de matar, pero el miedo al Comandante —y a la posibilidad de ser ejecutado si desobedece— lo paraliza. Durante las marchas y combates, la escasez de alimentos es extrema: él y los demás sobreviven consumiendo ratas, animales pequeños, cabras y, en situaciones extremas, carne humana. La comida casi nunca se cocina por completo para evitar que el humo delate su posición, y saben que el agua disponible está contaminada.
En ese entorno, los niños del batallón, incluido Agu, son sometidos a abusos sexuales por parte del Comandante, quien les entrega pequeñas fichas a cambio. Aunque Agu siente rechazo y temor ante lo que ocurre, no ofrece resistencia porque comprende que oponerse podría costarle la vida.
El Comandante termina conduciendo a la unidad hasta la aldea donde creció. Allí ingresan a un burdel, y durante la visita una prostituta hiere de muerte al oficial que fungía como su segundo, conocido como Luftenant. Tras su muerte, el cargo es asumido por un combatiente apodado Rambo, nombre que refleja su marcada inclinación por la violencia.
El anhelo de Agu por abandonar la milicia se concreta cuando Rambo encabeza una rebelión contra el Comandante en medio de una crisis extrema de suministros. El motín tiene éxito y el Comandante queda abandonado en el campamento. Agu, debilitado por el hambre, el cansancio y la muerte de Strika, decide marcharse junto con los combatientes que han depuesto las armas para intentar volver a su hogar. La pérdida de Strika lo marca profundamente y, con el tiempo, Agu se separa también de esos compañeros de ruta.
Con el paso del tiempo, Agu llega a un albergue-misión que funciona también como hospital, administrado por un predicador y por una mujer llamada Amy. Allí recibe ropa limpia, alimento suficiente y un lugar seguro para descansar, lo que le permite recuperar poco a poco su salud. No obstante, después de su experiencia en la guerra, la Biblia ha perdido para él el sentido que alguna vez tuvo. Amy lo anima a expresar lo que siente y piensa, y Agu le confiesa que desea convertirse en médico para poder salvar vidas y compensar el daño que ha causado. Reconoce que se percibe a sí mismo como un “demonio”, aunque recuerda que su madre lo ama.