Beatriz Zamora López
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| Beatriz Zamora López | ||
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Primera dama de Costa Rica | ||
| 8 de mayo de 1932-6 de febrero de 1933 | ||
| Presidente | Ricardo Jiménez Oreamuno | |
| Predecesor | Adela Herrán Bonilla | |
| Sucesor | María Eugenia Calvo Badia | |
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
1871 | |
| Fallecimiento |
6 de febrero de 1933 (61-62 años) | |
| Causa de muerte | Cáncer de estómago | |
| Nacionalidad | Costarricense | |
| Familia | ||
| Cónyuge | Ricardo Jiménez Oreamuno | |
| Información profesional | ||
| Ocupación |
Prostituta Primera dama | |
Beatriz Zamora López (Pacaca, 1871 - San José, 6 de febrero de 1933) fue la primera esposa de Ricardo Jiménez Oreamuno y primera dama de Costa Rica durante la tercera y última presidencia de su esposo. Fue una figura polémica en su época debido a que ejerció la prostitución[cita requerida] durante un tiempo previo a su romance y luego matrimonio con Jiménez, algo controvertido en la época.
Nació en Pacaca (hoy Ciudad Colón), el año de 1871 y junto a su hermana, emigró a la capital a servir como empleada doméstica en una casa de la alta sociedad. Deseosa de vivir los lujos que le estaban excluidos por su origen humilde, junto a su hermana, se dedicó a la prostitución[cita requerida], con la cual conoció al jurista y político liberal Ricardo Jiménez Oreamuno; única persona en la historia de Costa Rica que ha ejercido la presidencia de los tres poderes de la república y también el único hasta la fecha que ha sido electo presidente de Costa Rica por medio de las urnas en tres ocasiones distintas. Jiménez y ella sostuvieron una relación afectiva de largos años hasta que finalmente se desposaron el 21 de diciembre de 1928.[1]
Posteriormente Jiménez ejerció su tercer período como presidente de la República durante el cual doña Beatriz se convirtió en primera dama, aun así debió soportar las burlas y comentarios sarcásticos de la alta sociedad a raíz de su antigua profesión. Hablaba inglés y francés y aprendió de forma autodidacta sobre diversos temas culturales, políticos e históricos gracias a la compañía de su muy culto esposo. Realizó como primera dama una labor humanitaria con poco respaldo, reducido a algunas amigas y las Hermanas Mercedarias, en asistencia de los reclusos de la isla San Lucas.[2]