Bennet Omalu
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Nigeria
| Bennet Omalu | ||
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| Información personal | ||
| Nombre de nacimiento | Bennet Ifeakandu Omalu | |
| Nacimiento |
septiembre de 1968 Nigeria | |
| Residencia | Lodi | |
| Nacionalidad | Estadounidense (desde 2015) y nigeriana | |
| Familia | ||
| Cónyuge | Prema Mutis | |
| Hijos | 2 | |
| Educación | ||
| Educado en |
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| Información profesional | ||
| Ocupación | Neuropatólogo, médico forense, médico y patólogo | |
| Área | Medicina forense y patología forense | |
| Empleador | Universidad de California en Davis | |
| Sitio web | ||
Bennet Ifeakandu Omalu (nacido en septiembre de 1968[1]) es un médico patólogo forense nigeriano-estadounidense, que fue el primero en descubrir y hacer pública la incidencia de encefalopatía crónica traumática (ECT) entre los jugadores de fútbol americano mientras trabajaba en la oficina del forense del Condado de Allegheny en Pennsilvania, Pittsburgh.[2] Posteriormente se convirtió en el forense jefe del Condado de San Joaquín, California y en profesor en la Universidad de California en Davis.
Omalu nació en Nnokwa, en el sudeste de Nigeria, en septiembre de 1968,[1] sexto de siete hermanos, durante la guerra civil de Nigeria, que obligó a su familia a desplazarse temporalmente.[3] La madre de Omalu era modista y su padre, ingeniero de minas y líder de la comunidad local. El apellido familiar, Omalu, es una forma abreviada de Onyemalukwube, que puede traducirse como «quien sabe, habla».[3]
Formación
Se graduó en medicina y cirugía en la Universidad de Nigeria, en Nsukka, en junio de 1990 y completó tres años como médico residente en la ciudad de Jos. Consiguió ser becado para completar estudios de epidemiología en la Universidad de Washington en Seattle, Washington. En 1995, dejó Seattle para ir a ejercer como médico interno residente en el Centro Hospitalario de Harlem, dependiente de la Universidad de Columbia en Nueva York. Allí, realizó estudios de especialización en anatomía patológica y patología clínica.
Después de completar su residencia, empezó a ejercer como patólogo forense con el consultor forense Cyril Wecht, en la oficina del forense del Condado de Allegheny, en Pittsburgh, Pennsilvania. Omalu centró su interés en la neuropatología.
Omalu cuenta con ocho títulos superiores y ha recibido becas de investigación en patología y neuropatología de la Universidad de Pittsburgh en 2000 y 2002 respectivamente. En 2024, obtuvo un máster en salud pública (MPH) y en epidemiología de la Universidad de Pittsburgh , y un MBA en la Escuela de Negocios Tepper de la Universidad de Carnegie Mellon, en 2008.[4][5]
Actualmente, Omalu es investigador médico jefe en el Condado de San Joaquín, California y es profesor del Departamento de Medicina Patológica y Laboratorio de la Universidad de California, en Davis.[5]
Investigación de la encefalopatía crónica traumática (ECT)
La autopsia que realizó Omalu a Mike Webster, un famoso jugador de los Pittsburgh Steelers fallecido en 2002, le llevó a observar la asociación de las lesiones en el cerebro del cadáver con la condición neurológica denominada encefalopatía crónica traumática o ECT, que había sido descrita en boxeadores[6] y otros deportistas profesionales. Webster había fallecido de forma repentina e inesperada, tras años de lucha contra discapacidad intelectual y cognitiva, tendencias autodestructivas, desórdenes de ánimo, depresión, abuso de drogas e intentos de suicidio. Aunque el cerebro de Webster parecía normal en la autopsia, Omalu decidió seguir investigando y realizó un análisis de tejidos independiente y autofinanciado.[7] Sospechó que Webster sufría de demencia pugilística, enfermedad que es inducida por impactos repetidos en la cabeza, una patología descubierta previamente en boxeadores. Utilizando una técnica especializada de tinción, Omalu identificó una acumulación excesiva de proteína tau en el cerebro de Webster. La acumulación de esta proteína afectaba el estado de ánimo, las emociones y las funciones ejecutivas, de forma parecida a cómo las acumulaciones de la proteína beta-amiloide contribuyen a la enfermedad de Alzheimer.[7] En 2005, junto con colegas del departamento de patología de la Universidad de Pittsburgh, Omalu publicó sus hallazgos en la revista Neurosurgery, en un artículo titulado "Chronic Traumatic Encephalopathy in a National Football League Player (Encefalopatía traumática crónica en un jugador de la Liga Nacional de Fútbol)". En el artículo, Omalu pidió que se estudiara más a fondo la enfermedad: "Aquí informamos el primer caso documentado de cambios neurodegenerativos a largo plazo en un jugador profesional retirado de la NFL compatibles con encefalopatía crónica traumática (ECT). Este caso llama la atención sobre una enfermedad que persiste "No se ha estudiado adecuadamente en la cohorte de jugadores de fútbol profesionales, y se desconocen las verdaderas tasas de prevalencia".[8] Omalu creía que los médicos de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) estarían "encantados" de leerlo y que su investigación podría usarse para "solucionar el problema".[7] El artículo recibió poca atención inicialmente, pero los miembros del comité de lesión cerebral traumática leve (MTBI) de la NFL pidieron más tarde su retractación en mayo de 2006.[9] Su carta solicitando la retractación calificó la descripción de Omalu de ECT como "completamente incorrecta" y tachó el artículo como "un fracaso".[3]
Más adelante, Omalu se asoció con Julian Bailes, neurocirujano, investigador de conmociones cerebrales y, posteriormente, presidente del departamento de neurocirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia Occidental, y con el abogado de Virginia Occidental, Robert P. Fitzsimmons, para financiar el Instituto de Investigación de Lesiones Cerebrales, que creó un banco de cerebros y tejidos.[3] En noviembre de 2006, Omalu publicó un segundo artículo en la revista Neurosurgery basado en sus hallazgos en el cerebro del exjugador de la NFL Terry Long, que sufría de depresión y se suicidó en 2005.[10]Aunque Long murió a los 45 años, Omalu encontró concentraciones de proteína tau más consistentes con "un cerebro de 90 años con Alzheimer avanzado".[7] Al igual que con Mike Webster, Omalu afirmó que la carrera futbolística de Long le había causado posteriormente daño cerebral y depresión.[11] Omalu también encontró evidencia de ECT en los cerebros de jugadores retirados de la NFL Justin Strzelczyk (fallecido en 2004 a los 36 años), Andre Waters (fallecido en 2006 a los 44 años) y Tom McHale (fallecido 2008 a los 45 años). En el verano de 2007, Bailes presentó sus hallazgos y los de Omalu al comisionado de la NFL Roger Goodell en una cumbre sobre conmociones cerebrales en toda la liga. Bailes dijo más tarde que la investigación fue "desestimada". El presidente del comité MTBI de la NFL, Dr. Ira Casson, dijo a la prensa: "En mi opinión, la única evidencia científicamente válida de una encefalopatía crónica en los atletas se encuentra en los boxeadores y en algunos jinetes de carreras de obstáculos."[9]
La NFL no reconoció públicamente el vínculo entre las conmociones cerebrales sufridas en el fútbol y los efectos neurológicos a largo plazo hasta diciembre de 2009, [9] siete años después del descubrimiento de Omalu.
Todo se precipitó cuando el mismo Dave Duerson, que había confrontado a Omalu, se suicidó con 50 años [12] dejando una nota manuscrita que decía: "Hagan que mi cerebro vaya al centro de estudio de la NFL".[13] Duerson fue encontrado muerto en su apartamento de Sunny Isles Beach, Florida[14] el 17 de febrero de 2011. El forense reportó que falleció por un disparo de arma de fuego autoinfligido en el pecho.[15] Dejó un mensaje para su familia en el que decía que quería que su cerebro se usara para la investigación de ECT en la Boston University School of Medicine[16] El 2 de mayo de 2011, los neurólogos de la Boston University confirmaron que Duerson tenía ECT, causada por impactos repetidos en su cabeza.[17] Duerson se convirtió así en uno de los 345 jugadores de la NFL diagnosticados con esta enfermedad tras su muerte.[18][19]
Sin embargo, todavía en 2013, la reunión anual de la Academia Estadounidense de Neuropsicología Clínica (AACN) incluyó un debate entre dos expertos en conmociones cerebrales deportivas sobre la validez (o existencia) de la ECT.[20]
En marzo de 2016, el vicepresidente sénior de políticas de salud y seguridad de la NFL, Jeff Miller, testificó ante el Congreso de Estados Unidos que la NFL creía que había un vínculo entre el fútbol y la ECT.[21]
En 2016, la Asociación Médica Estadounidense otorgó a Omalu su más alto honor, el Premio al Servicio Distinguido (Distinguished Service Award), por su trabajo en ECT.[22]
Omalu también descubrió ECT en el cerebro de veteranos militares, publicando el primer caso documentado en un artículo de noviembre de 2011.[23] Omalu encontró evidencia de ECT en un veterano de la guerra de Irak de 27 años que padecía trastorno de estrés postraumático (TEPT) y luego se suicidó.[24] El artículo de Omalu vincula el PTSD con el espectro de enfermedades ECT y exige más estudios.
Omalu fue el autor principal de un estudio publicado en noviembre de 2017[25] que, por primera vez, confirmó la presencia de ECT en una persona viva. El método utiliazdo para la detección de la enfermedad incluyó un trazador radiactivo químico, FDDNP, que se une a las proteínas tau, detectables mediante tomografía por emisión de positrones, y que está asociado con las distribuciones topográficas distintivas características de ECT. Probado en al menos una docena de exjugadores de la NFL, se confirmó post mortem en el ex «linebacker» Fred McNeill.[26]
Konstantine Kyros, un abogado que representó a más de 60 luchadores profesionales en una demanda colectiva contra WWE, afirmó que Omalu diagnosticó póstumamente con ECT a seis luchadores que Kyros representó.[27]
Varios estudios usaron sensores en los cascos de los jugadores para medir la fuerza de los impactos. En los jugadores universitarios, la fuerza iba desde 25.8g hasta 28.8g según la posición de juego. El número de contusiones cerebrales de un jugador por temporada iba de 302 a 782.[19] La fuerza g mide la aceleración experimentada en un golpe. Un piloto de caza puede experimentar una fuerza de 10g en un vuelo de combate, un jugador de fútbol americano 27g en un golpe, una colisión en coche a 50 km/h supone 30g y un golpe a la cabeza de un boxeador sería 50g.[19] Se asocia la encefalopatía crónica traumática (ECT) con síntomas que incluyen la pérdida de memoria, conductas impulsivas, depresión y pensamientos suicidas.[19]