Bernardino Rivadavia
primer presidente de Argentina, entre 1826 y 1827
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Bernardino de la Trinidad González de Rivadavia y Rodríguez de Rivadavia (Buenos Aires, 20 de mayo de 1780-Cádiz, 2 de septiembre de 1845) fue un político argentino que jugó un rol importante en los gobiernos establecidos tras la Revolución de Mayo, especialmente entre 1821 y 1827, años conocidos como época de Rivadavia.
| Bernardino Rivadavia | ||
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Rivadavia retratado durante su estadía en Londres, c. 1815 | ||
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1.er presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata | ||
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8 de febrero de 1826-27 de junio de 1827 (1 año, 4 meses y 19 días) | ||
| Predecesor | Cargo establecido | |
| Sucesor | Vicente López y Planes | |
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Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas del Río de la Plata[1] | ||
| 31 de marzo de 1821-2 de abril de 1824[2] | ||
| Gobernador | Martín Rodríguez (Gobernador de Buenos Aires en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional y encargado de nombrar los ministros nacionales) | |
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Ministro de Gobierno y Hacienda del Primer Triunvirato[1] | ||
| 23 de septiembre de 1811-8 de octubre de 1812 | ||
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Ministro Secretario de Guerra del Primer Triunvirato[1] | ||
| 23 de septiembre de 1811-8 de octubre de 1812 | ||
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| Información personal | ||
| Nombre de nacimiento | Bernardino de la Trinidad González de Rivadavia y Rodríguez de Rivadavia | |
| Nacimiento |
20 de mayo de 1780 Buenos Aires, virreinato del Río de la Plata, Imperio español | |
| Fallecimiento |
2 de septiembre de 1845 (65 años) Cádiz, España | |
| Causa de muerte | Accidente cerebrovascular | |
| Sepultura | Mausoleo de Bernardino Rivadavia | |
| Nacionalidad | Argentina | |
| Familia | ||
| Padres |
Benito Rivadavia María Josefa de Jesús Rodríguez de Ribadavia | |
| Cónyuge | Juana del Pino y Vera Mujica (matr. 1809; fall. 1841) | |
| Hijos | 4[3] | |
| Familiares | Martín Rivadavia (nieto) | |
| Educación | ||
| Educado en | ||
| Información profesional | ||
| Ocupación | Político | |
| Partido político | Partido Unitario | |
Exponente del Partido Unitario, con ideas enraizadas en el centralismo, llevó a divisiones internas que imposibilitaron la formación de un gobierno central.
Nacido en una familia de comerciantes de Buenos Aires, Rivadavia combatió en la segunda invasión inglesa de la ciudad y forjó una relación con el virrey Santiago de Liniers. Se involucró en la Revolución de Mayo, participando del cabildo abierto de 1810. En 1811, Rivadavia fue designado secretario del Primer Triunvirato, cargo desde el que empezó a ejercer su influencia. Fue depuesto por la Revolución de 1812, la cual estableció el Segundo Triunvirato y forzó su salida temporal de la política. En 1814, fue enviado junto a Manuel Belgrano a una misión diplomática a Europa, con el objetivo de conseguir el reconocimiento de la independencia.
En 1821, Rivadavia regresó a Buenos Aires. En su ausencia se proclamó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816 y se sancionó una constitución nacional de carácter unitario que llevó a la disolución del gobierno central. El gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, designó a Rivadavia como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, cargo que este usó para tomar el mando de la provincia e implementar las llamadas «reformas rivadavianas». Estas incluyeron la abolición del Cabildo, la fundación de la Universidad de Buenos Aires, la reforma eclesiástica y la realización de obras de infraestructura en la capital.[4][5]
Fue durante este periodo que Rivadavia tomó, para la Provincia de Buenos Aires, el «empréstito Baring». El dinero nunca fue destinado a las obras por las que se lo había pedido, y muy pronto la Provincia de Buenos Aires quedó sin recursos suficientes para atender los servicios del empréstito, los gastos de la Guerra del Brasil y el funcionamiento del Estado al mismo tiempo. Entró en default en 1827 y recién reinició sus pagos en 1857.[6]En 1862, dos años después de que la Provincia se incorporara a la Confederación Argentina,[7] el presidente Bartolomé Mitre transfirió los compromisos de la provincia de Buenos Aires a la Nación, con lo que el Empréstito Baring se convirtió en el primer disparador de la deuda externa argentina.[8][9]
En 1826, debido a la necesidad de un gobierno central provocada por el reciente estallido de la guerra del Brasil, el Congreso promulgó la Ley de Presidencia, designando a Rivadavia como el primer presidente de Argentina.[10] Ese mismo año se promulgó una constitución nacional de fuerte carácter unitario, que fue desconocida por los federales. Esta crisis resultó en la renuncia de Rivadavia en 1827, siendo sucedido por Vicente López y Planes, quien tampoco pudo lidiar con la situación, disolviéndose el gobierno central, el cual no sería restablecido hasta la batalla de Caseros de 1852. Rivadavia se exilió en España, donde murió en 1845.
Familia e inicios en la función pública
Bernardino Rivadavia era hijo del abogado Benito Bernardino González de Ribadavia, y de su prima segunda, María Josefa de Jesús Rodríguez de Ribadavia y Rivadeneyra. Entre 1813 y 1814 modificó su apellido, reemplazando la b larga por la corta y llamándose Bernardino, a secas.[11]
Su padre era un gallego nacido en el pueblo de Monforte, en la provincia de Lugo,[11] y su madre era porteña, emparentada a su esposo.
Retraído y callado, sufrió mucho por la muerte de su madre cuando él tenía apenas seis años de edad, y por la atención familiar concentrada en su hermana mayor Tomasa, que era ciega. Su padre no tardó en volver a casarse y, cuando su hijo ya era funcionario, debió optar por la ciudadanía argentina para poder permanecer en estas tierras.[11]
Inició sus estudios con su hermano Santiago en 1798 en el Real Colegio de San Carlos,[12] donde cursó gramática, filosofía y teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias, abandonando los estudios en 1803.[13][14] Continuó cursando filosofía y teología en Buenos Aires y en Santiago, y de allí pasó a Córdoba, a proseguir su carrera en el Colegio Nacional de Monserrat.[15]
Durante las invasiones inglesas integró las tropas improvisadas que pretendieron detener las avanzadas del general Robert Craufurd y actuó como teniente del Tercio de Voluntarios de Galicia, sustituyendo al capitán de su compañía, Ramón Jiménez, quien abandonó el cargo por hallarse impedido por sus condiciones de salud.[16] En 1808 el virrey Santiago de Liniers lo nombró alférez real, pero este nombramiento fue rechazado por el Cabildo, lo que fue uno de los detonantes de la Asonada de Álzaga, un fracasado levantamiento que intentó derrocar a Liniers del cargo que ocupaba.
El 14 de diciembre de 1809 se casó en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Buenos Aires con Juana del Pino (Montevideo, 28 de diciembre de 1786 – Río de Janeiro, 14 de diciembre de 1841), hija del exvirrey del Río de la Plata Joaquín del Pino y de doña Rafaela de Vera Mujica,[17] con quien tuvo cuatro hijos: José Joaquín, Constancia (que murió con menos de 4 años de edad), Bernardino Donato y Martín.[18]
Durante la Revolución de Mayo asistió al Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, votando por la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El Primer Triunvirato

Al producirse la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, la Junta de Seguridad Pública, presidida por Atanasio Gutiérrez y Juan Bautista Bustos, informó que "Bernardino Rivadavia, de su positiva oposición a nuestro sistema de gobierno, sobre la desconfianza que presenta la calidad de ser cohermano político de Juan Ángel Michelena, ha dispuesto que salga inmediatamente a la Guardia del Salto”.[19] El 2 de agosto la Junta aprobó su deportación.
En 1811, después del golpe institucional que expulsó a los diputados del interior de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se instauró el Primer Triunvirato, de orientación centralista y dirigido desde Buenos Aires. Éste designó a Rivadavia como Secretario de Guerra, iniciándose así en la vida política.
Durante el desarrollo del Motín de las Trenzas, Rivadavia, como Secretario de Guerra, ya era el funcionario con mayor influencia dentro del Primer Triunvirato, por lo que se ha debatido su influencia en los fusilamientos. José María Rosa lo identifica como el principal responsable, de la represión a la que considera "deliberadamente ejemplificadora".[20] Otros historiadores como Tulio Halperín Donghi[21] o Noemí Goldman[22] suelen presentar la represión como una decisión del gobierno del Triunvirato en su conjunto, destacando la influencia de Rivadavia pero sin personalizar en él toda la responsabilidad.
Sí tuvo una participación protagónica en el proceso que llevó al fusilamiento de Martín de Álzaga, con quien mantenía un antigua enemistad.
También en el Tratado Herrera-Rademaker, firmado el 26 de mayo de 1812, del que no fue signatario pero sí intervino en la elaboración de las instrucciones y en la negociación que desembocó en el tratado y posteriormente impulsó su aprobación dentro del gobierno. Su objetivo era evitar una guerra entre las Provincias Unidas y Portugal, cuyas tropas habían penetrado en la Banda Oriental con el pretexto de restablecer el orden frente al conflicto entre los revolucionarios y los realistas.Su cláusula más controvertida preveía, en los hechos, que ambas partes procurarían la evacuación de las tropas "irregulares" de la Banda Oriental. Para muchos contemporáneos —especialmente los partidarios de José Gervasio Artigas— ello implicaba desentenderse del movimiento artiguista y aceptar, al menos transitoriamente, la presencia portuguesa.
En octubre de ese año 1812 llegó la noticia de que el Ejército del Norte, bajo el mando del general Manuel Belgrano y contradiciendo las órdenes del Triunvirato de que se retirara hasta la ciudad de Córdoba, había vencido a las tropas realistas en la batalla de Tucumán y las había expulsado hacia el norte. Inmediatamente estalló la revolución del 8 de octubre de 1812, dirigida por José de San Martín, Carlos María de Alvear, Manuel Guillermo Pinto y Francisco Ortiz de Ocampo. Exigieron la renuncia del Triunvirato y su reemplazo por otro, que tomó la decisión de arrestar a Rivadavia y obligarlo a alejarse de la capital por un tiempo. En su renuncia, Rivadavia sostuvo "que así como he dado ejemplo de sostener la dignidad y justificación de la autoridad, lo haré mucho más en obedecerle sin abatirme".
Misiones diplomáticas
Rivadavia volvió a ocupar una función en el gobierno en 1814, cuando –junto a Manuel Belgrano– viajó en misión diplomática a Europa, para obtener el reconocimiento de su independencia y consolidar una monarquía constitucional. El 7 de mayo de 1815 llegaron a Falmouth y luego fueron a Londres, Inglaterra. Ante la ineficacia de las gestiones con el gabinete de Londres, que se negaba a intervenir en apoyo de la causa emancipadora, el embajador Manuel de Sarratea propuso al exrey de España Carlos IV como rey constitucional del Río de la Plata. Sin embargo, éste rechazó la propuesta, argumentando que no podía actuar en contra del Rey de España. Con la caída de Napoleón, la misión diplomática fracasó definitivamente. Fernando VII retomó el gobierno y reimplantó el absolutismo.[23]Entres sus primeras decisiones estuvo la de no reconocer a los enviados de las provincias insurgentes americanas. Rivadavia y Belgrano llegaron hasta Madrid pero no fueron reibidos oficialmente por el Rey, y se les hizo saber que debían abandonar el territorio. Retornaron a Londres, donde tuvo lugar un encuentro decisivo para el resto de la carrera política: su entrevista con el filósofo Jeremy Bentham, fundador del utilitarismo.
Ya en Francia Rivadavia había trabado amistad con el filósofo Antoine Destutt, conde de Tracy, que fue quien lo aproximó al pensamiento de Bentham, al del politólogo liberal Benjamín Constant y de los escritores del realismo Honoré de Balzac y Stendhal. Los libros de todos ellos influyeron fuertemente en las ideas de Rivadavia, pero principalmente los de Bentham con quien trabó amistad en Londres. Durante toda su vida, Rivadavia mantuvo una nutrida relación epistolar con Behtham. Una parte de esas cartas integra los Bentham Papers de la University College London (y fueron publicadas por esta institución en los tomos 9, 10 y 11 de la compilación The Correspondence Of Jeremy Bentham[24]) y otra se encuentra catalogada entre los manuscritos adicionales de la British Library. Los catálogos identifican expresamente la correspondencia con Rivadavia entre 1818 y 1822. También se han publicado varias de esas cartas en la Argentina en el marco de la obra Rivadavia y su tiempo del historiador Ricardo Piccirilli.[25]Ya de regreso a Buenos Aires, el mismo Rivadavia tradujo al español algunos de sus opúsculos y escritos breves, revisó la traducción de otros de sus escritos, además de promover activamente la enseñanza de sus obras en la Universidad de Buenos Aires, creada en 1821. El pensamiento de Bentham influyó enormemente en el de Rivadavia como se trasluce en varias de las reformas que inició durante su función en el gobierno de Martín Rodríguez (especialmente la reforma penitenciaria, reorganización judicial, simplificación legislativa, secularización de instituciones, reforma universitaria) que tienen un claro sello liberal y utilitarista.
Producida la Anarquía del Año XX cayeron el Directorio y el Congreso, disolviéndose las autoridades nacionales.
Gobernación de Martín Rodríguez

Rivadavia fue convocado por el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Martín Rodríguez, quien lo nombró en el cargo de secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores el 19 de julio de 1821.

Dejando en un segundo plano a sus compañeros de gabinete, Manuel José García y Francisco Fernández de la Cruz, e incluso al propio gobernador, Rivadavia llevó adelante casi todas las decisiones políticas del gobierno de Rodríguez. Las políticas de gobierno que emprendió son conocidas con el nombre de "reformas rivadavianas". Se trata de una serie de reformas extensivas en el aparato estatal, inspiradas por una convergencia de varias corrientes intelectuales: el utilitarismo de Bentham, la Ilustración tardía, el liberalismo británico y francés, el regalismo borbónico, y la experiencia administrativa napoleónica entre otros.
En su discurso de asunción declaró su plan de gobierno:
La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden a los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que deberá presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación.
Entre los recursos con los que contaba "dentro de sus límites" se encontraba la aduana, cuyas rentas representaban la mayoría de todos los ingresos públicos del país, lo que le brindó a la Provincia de Buenos Aires una situación económica mucho más ventajosa que la del resto de las provincias de Río de la Plata. Proclamó la libertad de comercio, bajando las tasas aduaneras, con lo que favoreció el comercio exterior de la provincia y por ende sus ingresos, al tiempo que abarataba los bienes de consumo con el crecimiento de las importaciones de manufacturas británicas, de mayor calidad y menores costos. La provincia pasó en esos años por lo que, más tarde, el gobernador Juan Gregorio de Las Heras llamaría la "feliz experiencia": salía de diez años de desorden económico y político y de un año grandemente complicado. Y entró de lleno en una etapa de aumento de la calidad de vida, que se notó especialmente en sus clases acomodadas.
Inició en 1824 una fuerte introducción de animales puros de distintas razas, entre ellas las ovejas de raza merino, que si bien ya existían en el país, Rivadavia las importó en gran cantidad, tomando un crecimiento insospechado.[26]
Inició una modernización del sistema económico: fundó la Bolsa de Comercio, inspirada en los modelos europeos, especialmente los de Londres y París, aunque su funcionamiento fue muy limitado dado que había escasas sociedades por acciones y el volumen de operaciones era muy bajo.
El 22 de junio de 1822 creó por ley el Banco de Descuentos, con la intención de que fuera un banco de capital privado, siguiendo el modelo de los bancos ingleses. El capital se integró mediante suscripción de acciones por comerciantes y particulares, y el Estado provincial no estaba concebido como propietario. Por eso muchos historiadores lo describen como un banco privado con privilegios públicos.[27][28] Entre sus accionistas había comerciantes tanto locales (Juan José Anchorena, Juan Pedro Aguirre, Sebastián Lezica, su primo Ambrosio Lezica, Rufino de Elizalde) como ingleses establecidos en Buenos Aires (Diego Brittain, Robert Montgomery, William Cartwright). Hacia 1825, sobre un total de 702 votos, los ingleses reunían 381.[29] Su primer presidente fue Juan Pedro Aguirre y se dedicó, principalmente y como su nombre lo indicaba, al descuento de letras de crédito a corto plazo, una operatoria que resultaba de mucha utilidad para el comercio. No obstante ello, y pese a su concepción no estatal, el estado provincial terminó influyendo en la institución a través del depósito de fondos públicos y de su utilización a gran escala como agente financiero de la Provincia, aunque nunca tuvo participación accionaria. Los beneficiarios fueron grandes comerciantes importadores de Buenos Aires, los exportadores de cueros, sebo y otros productos ganaderos y algunos grandes estancieros vinculados al comercio exterior. Sergio Bagú sostiene que, a través de esta operatoria, el programa económico rivadaviano favoreció el ascenso de una burguesía comercial estrechamente vinculada al comercio atlántico.[27]
El empréstito de Baring Brothers
| Monto prestado: | £1.000.000 |
| Tasa de interés: | 6% anual (£60.000 por año pagadas semestralmente) |
| Amortización: | 1% anual (£5.000 por año) |
| Comisión de la Casa Baring por los pagos: | 1% |
| Tipo de colocación: | 70% del valor nominal |
La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real". Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires.
La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70%, pero Rivadavia aceptó constituir un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70%. Este consorcio estaba encabezado por Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes en virtud del poder conferido celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co.
Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio.[cita requerida]
El monto nominal del empréstito ascendía a 1.000.000 de libras esterlinas con las siguientes condiciones:
- Los intereses serían pagados semestralmente, encargándose la Casa Baring de hacerlo a nombre de Buenos Aires, cobrando una comisión del 1%.
- El Estado de Buenos Aires "empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés".
- Baring retendría 200 000 títulos al tipo de 70, acreditando a Buenos Aires las 140 000 libras correspondientes y disponiendo para sí del excedente de su venta.
- Por cuenta del consorcio, Baring vendería en bolsa los 800 000 títulos restantes al tipo de 85%, cobrando un 1% de comisión por ello, y acreditando a Buenos Aires el 70%. Si lograse colocarlas a más del 80%, la comisión subiría a 1,5%.
- En toda suma a entregarse en lo futuro por Buenos Aires, en concepto de intereses y amortizaciones, Baring cargaría un 1% de comisión a cuenta del gobierno.
Este empréstito no fue el único de su tipo en Latinoamérica: ya en 1822 Colombia había negociado un crédito por valor de 2 millones de libras esterlinas, y lo mismo había hecho ese año Chile con un crédito por 200 000 libras. El reino de Poyais (país ficticio creado por el estafador Gregor McGregor supuestamente en la Costa de Mosquitos, ubicada en el litoral del Mar Caribe de las actuales Honduras y Nicaragua) hizo lo propio por 200 000 libras, y Perú colocó un empréstito por 1 200 000 libras. México también tomó un crédito de este tipo en 1824, y Colombia obtuvo luego un segundo crédito. Entre 1822 y 1826 las colonias españolas se endeudaron con Londres por la suma de 20 978 000 libras, habiendo Inglaterra desembolsado una suma real de solo 7 000 000 de libras.
El dinero que llegó al país, tras descontar comisiones, gastos financieros y teniendo en cuenta la colocación de bonos por debajo de su valor nominal, fue sólo 570.000 libras. Esto ha llevado a historiadores revisionistas como Raúl Scalabrini Ortiz a clasificarlo como una estafa por parte del Reino Unido y el principal error de Rivadavia.[30]No obstante ello, la historiografía más reciente ha señalado que este tipo de empréstitos con descuentos, comisiones y colocación bajo la par eran los comunes en los mercados internacionales de la época y esa condición había sido tenida en cuenta al momento de contratar el préstamo. El verdadero problema, según muchos especialistas, fue que los recursos no se aplicaron a las inversiones previstas. En cuanto el préstamo llegó la Legislatura modificó el proyecto original de Rivadavia y dispuso que el dinero no era necesario. El 11 de abril de 1825 se creó una Junta de Inspección Económica para aconsejar al gobierno sobre el mejor destino para esos fondos. El presidente de la Junta era Juan Pedro Aguirre, también presidente del Banco de Descuentos, y se resolvió entregar el dinero a esa institución para que lo diera como créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero.[29] Posteriormente, crisis políticas y militares posteriores (como la Guerra del Brasil), provocaron distintas suspensiones de pagos y continuas refinanciaciones con capitalización de intereses, lo que agravó el costo final, que recién terminó de pagarse en 1904.[31]
En 1827 se produjo el primer default de la historia de Argentina, cuando, tras un boom de préstamos ocasionado por el fin de las guerras napoleónicas, este y otros países de América consiguieron emitir bonos en Londres para financiar sus guerras de independencia. Este boom crediticio terminó en 1825 cuando el Banco de Inglaterra subió su tasa de descuento para frenar la caída de reservas provocada, entre otras cosas, por la emisión de deuda de las excolonias españolas en América. Dicho ajuste monetario derivó en un crash bursátil. Entre 1826 y 1828, casi todas las nuevas repúblicas hispanoamericanas que habían emitido deuda en el mercado londinense —como México, Colombia, Perú y Chile— suspendieron pagos o reestructuraron sus obligaciones. La Provincia de Buenos Aires también se quedó sin recursos suficientes para atender los servicios del empréstito Baring, los gastos de la Guerra del Brasil y el funcionamiento del Estado al mismo tiempo. Entró en default en 1827 y recién reinició sus pagos en 1857.[6]
Política interior

En la política interna, Rivadavia también intentó aplicar los lineamientos liberales y utilitaristas del benthanismo, intentando por medio de sus reformas reformar las instituciones buscando un menor gasto público. Para ello realizó un ajuste en la administración pública recortando a la mitad los sueldos de los empleados: él mismo encabezó la lista. Lo mismo hizo con los altos mandos militares, además de pasar a retiro a todos los que no estaban en servicio activo en el momento. Esta reforma puso en su contra a todos los militares alejados y muchos de ellos se unirían a las rebeliones en su contra.
En el marco de estas reformas, terminó con el último resabio de la política colonial, suprimiendo los tres cabildos que quedaban en la provincia: tanto el de la capital como los de Luján y San Nicolás de los Arroyos. Para remplazar estas autoridades, con fecha 14 de agosto de 1821 promulgó la Ley de Sufragio Universal, que fue la primera de su tipo en América. Esta ley permitió que las futuras autoridades fueran elegidas por sufragio directo de todo hombre libre, natural del país o avecinado a él, desde la edad de 20 años, o antes si fuera emancipado, fuera hábil para elegir (art. 2°) y además, que pudieran ser elegidos para cargos públicos los ciudadanos mayores de 25 años "que poseyeran alguna propiedad inmueble o industrial".[32]
Siguiendo el ejemplo de otras leyes europeas de la época, no preveían el sufragio femenino Además en 1826 se modificó esa misma ley, de modo que incluso entre los varones, imponía determinadas restricciones al voto que la ubicaban en una situación intermedia entre el sufragio masculino y el sufragio censitario. Dentro de las categorías impedidas para el voto estaban los analfabetos, los deudores fallidos, los deudores del tesoro público, los dementes, los notoriamente vagos, los criminales con pena corporal o infamante, y los domésticos y peones que estuvieran bajo la influencia del patrón. El proyecto consideraba que “se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque y levita”, y el proyecto de Rivadavia negaba el voto hasta a los “criados a sueldo, peones jornaleros y soldados de línea”.[33] Manuel Dorrego, fue uno de los dirigentes que se manifestó enteramente en contra de la reforma.
En noviembre de 1821, el mismo día en que se tuvo noticia en Buenos Aires de la entrada del general San Martín en Lima al frente del Ejército Libertador, y con el fin de pacificar la provincia, hizo sancionar la Ley del Olvido, la cual consistía en una amnistía para todos los opositores políticos, que de este modo pudieron regresar de su exilio. Entre los beneficiados por la amnistía estaban figuras destacadas como Manuel Dorrego, Miguel Estanislao Soler, Manuel de Sarratea, Carlos María de Alvear, Cornelio Saavedra y otros. En el mensaje de envío a la Legislatura argumentaba:
Cumplióse al fin el noble voto que Buenos Aires hizo el 25 de mayo de 1810 y que ha sabido sostener con tanta magnanimidad contra todas las vicisitudes de la fortuna por el espacio de once años. Los pueblos del continente son independientes, que sean libres y felices son deseos de esta provincia. Pero entretanto, parece que ella se debe a sí misma el cerrar para siempre el periodo de la revolución el día mismo en que se ve cumplido su primer objetivo.[34]
El 24 de diciembre de 1821 creó la Policía del Estado, primera fuerza puramente policial dependiente de un gobierno de provincia; es considerado el antecedente de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
También prohibió la introducción de esclavos a todo el territorio de la Provincia, Para ello prohibió el desembarco de esclavos introducidos desde el exterior, reforzando el control del puerto de Buenos Aires, al tiempo que procuraba cerrar las principales vías por las que continuaba ingresando un número reducido de esclavos, especialmente desde Brasil. De este modo, y por primera vez, pudo hacerse efectiva la abolición efectuada por la Asamblea del Año XIII, que hasta entonces no se cumplía. Al controlar el principal puerto del país, la Provincia de Buenos Aires podía ejercer un control relativamente efectivo sobre el ingreso marítimo. Además, el gobierno de Martín Rodríguez impulsó una política claramente orientada a desalentar la continuidad del tráfico. En esto se diferenció claramente de las provincias del Noroeste en las que persistieron durante más tiempo formas tradicionales de esclavitud y servidumbre doméstica, y especialmente de las provincias del Litoral, en las que era muy fuerte la influencia de la trata desde Brasil, que mantuvo la esclavitud legal hasta el año 1850.
Ciencia y educación
Durante lo que se conoció como la «época de Rivadavia» la ciencia y la cultura prosperaron de manera significativa. Su impulso reformista dio a la vida intelectual una dinámica desconocida hasta entonces, creando un clima propicio que fructificó en diversos campos a través de la obra personal de muchos individuos.
En 1822, por acción oficial o privada, se habilitaron varias instituciones académicas: la Sociedad Literaria, la Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Sociedad de Jurisprudencia, la Academia de Medicina y dos academias de música y canto.
Cinco librerías existentes en Buenos Aires en 1825 vendían toda clase de obras literarias y científicas editadas en Europa. Fiel a su ideario liberal, por un decreto de 1821 derogó antiguas prohibiciones a la introducción de determinados libros sin censura ni trabas de ninguna índole.
Durante la época de Rivadavia se contrataron a distinguidas personalidades intelectuales del extranjero, como el matemático mexicano José Lanz, el naturalista francés Aimé Bonpland, los físicos y astrónomos italianos Pedro Carta Molino y Octavio Fabricio Mossotti, el publicista e historiador, también italiano, Pedro de Angelis, y el ingeniero francés Carlos Enrique Pellegrini. La mayoría de ellos se estableció a enseñar e investigar en el país.[cita requerida]
Otras muchas nuevas instituciones fueron creadas durante su ministerio: el Museo Argentino de Ciencias Naturales, el cual lleva su nombre, el Archivo de la Provincia de Buenos Aires (el mismo sería federalizado en 1884 y redenominado Archivo General de la Nación), el Registro Oficial y el Departamento Topográfico y Estadístico, donde se confeccionaron los primeros planos topográficos y catastrales de la provincia de Buenos Aires.
Refundó el viejo Colegio de San Carlos como Colegio de Ciencias Morales, en el cual otorgó becas a algunos jóvenes de las provincias. Las escuelas se multiplicaron y en ellas se dictaron cursos por el «sistema lancasteriano», para el cual hizo venir de Inglaterra a Diego Thompson, miembro de la sociedad lancasteriana de Londres.[35]
Gracias a su gestión se fundó la Universidad de Buenos Aires, inaugurada el 12 de agosto de 1821, designando como primer rector y cancelario al doctor Antonio Sáenz. Tardó varios años en funcionar orgánicamente.
La ciudad y el interior
La ciudad de Buenos Aires comenzó a modernizarse. Construyó edificios públicos, ensanchó avenidas y fijó los anchos máximos y mínimos de las calles (las esquinas debían ochavarse mediante el corte de un triángulo isósceles, cuyos lados midiesen tres varas -aproximadamente 2,6 metros-), mejoró la iluminación de las calles y creó el Cementerio de la Recoleta, estableció zonas especiales para la instalación de molinos harineros y mercados de abastecimiento y obligó a presentar los planos de las edificaciones en el recientemente creado Departamento de Ingenieros.[36] Estas modernizaciones que emprendió estaban pensadas principalmente para la ciudad, siendo menores las iniciadas en el interior de la provincia. Por otro lado, su atención estuvo centrada en las clases altas y medias.
Para proveer de mano de obra al comercio y a la ganadería impulsó fuertemente la obligación a los no propietarios de que demostraran que tenían empleo por medio de la “papeleta de conchabo”. Aquellos que no la tuvieran eran arrestados y enviados como soldados a los fuertes ubicados en la nueva línea de frontera, que se encargaban de la vigilancia y protección contra los malones indios.
También apoyó a la Comandancia política y militar de Río Negro y la Costa Patagónica a cargo del teniente coronel José Gabriel de la Oyuela.
A ello se sumó un plan de colonización territorial a fin de atraer pobladores a esas tierras, fomentando la inmigración europea.
Relaciones exteriores
Las relaciones exteriores estuvieron dominadas por las negociaciones pacíficas con España en busca del reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas.[37] Tan ansioso estaba el gobierno de lograr la paz con España, que rechazó completamente toda posibilidad de colaborar política o económicamente con el general José de San Martín para completar la Independencia del Perú;[38] por otro lado, era muy conocida la inquina que sentía el ministro Rivadavia por el general San Martín, quien, diez años antes, había derrocado al Primer Triunvirato, del cual aquel era secretario.[39]
Un enviado del general San Martín, Antonio Gutiérrez de la Fuente, se presentó en Buenos Aires solicitando ayuda al gobierno porteño, pero fue rechazado; incluso debió oír de labios del ministro García y del diputado Valentín Alsina que a Buenos Aires le convenía que los españoles continuaran en poder del Alto Perú.[40] Arturo Jauretche opinaría años después que habría sido esa falta de apoyo de la Provincia de Buenos Aires la que obligaría a San Martín a ceder su lugar a Simón Bolívar en la Entrevista de Guayaquil.[41]
También el cabildo de Montevideo envió un emisario secreto para solicitar su ayuda cuando se produjo la Independencia del Brasil; Rivadavia se limitó a enviar al coronel Tomás de Iriarte a solicitar amistosamente al gobernador de Montevideo, Carlos Federico Lecor, la entrega de la plaza. Montevideo y la Provincia Oriental fueron incorporados al Imperio del Brasil.[42]
La firma de la Convención Preliminar de Paz con el gobierno liberal de España fue un paso importante en este sentido, pero la misma sería anulada por el rey Fernando VII tras su segundo regreso al absolutismo.[37]
Reforma clerical y revolución de los Apostólicos
Bernardino Rivadavia era católico pero había adoptado las ideas regalistas. El regalismo no era una corriente de pensamiento novedosa sino que ya venía aplicándose en Europa y particularmente en España a través de las reformas borbónicas que la Corona española había implementado a partir del siglo XVIII. Rivadavia quiso aplicar el regalismo en el país.[43] Esta doctrina sostenía que no existía un Iglesia regida por el Papa, sino que existían comunidades nacionales de fieles a los cuales el gobierno de cada país podía dirigir. En otras palabras, a fin de cumplir con los fines del estado nacional, este podía interferir en los asuntos de la religión católica a favor de sus propias políticas públicas. El regalismo en el Río de la Plata fue aplicado por Rivadavia, contando con el apoyo de varios sectores del clero, entre los que se destacaron sacerdotes como Valentín Gómez, Gregorio Funes y Julián Segundo de Agüero.
El 1 de julio de 1822, Rivadavia –como ministro del gobernador Martín Rodríguez–, con el fin de incrementar las arcas del estado provincial, publicó una serie de decretos reformistas, que fueron completados seis meses más tarde por la ley de la Cámara de Representantes, que dictó, el 21 de diciembre, la "Ley de Reforma General", más conocida como Reforma eclesiástica.
Su articulado afectó principalmente a las órdenes religiosas o clero regular, cuyos miembros eran considerados más adictos a la Santa Sede que los sacerdotes del clero secular.
Así, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires:
- Cerró varios conventos, como los de las órdenes religiosas de los Bethlemitas, Recoletos y Mercedarios; al mismo tiempo se apoderó de todos los bienes que pertenecían a estas órdenes religiosas.
- Incautó los bienes propios del Santuario de Luján, de los de la Hermandad de Caridad, del Hospital de Santa Catalina y otros.
- Tomó sobre sí la responsabilidad de dar permisos para abandonar el estado religioso a quienes así lo deseaban.
- Suprimió el diezmo, impuesto tradicional que servía para el sostenimiento del clero.
- Limitó el número de religiosos por convento, prohibiendo que hubiera más de 30 religiosos y menos de 16 en cada uno de ellos, bajo la pena de supresión y confiscación de bienes.
- Limitó la edad mínima para la profesión de los votos religiosos, ya que ningún religioso podría pronunciar sus votos de consagración perpetua antes de los 25 años de edad.
- No reconoció la existencia de ninguna autoridad religiosa que residiera fuera del país y pretendiera tener poder sobre el clero secular y regular.[44][45]
La reforma eclesiástica desató un enfrentamiento entre los periódicos de Buenos Aires. Por un lado, Juan Cruz Varela y Florencio Varela defendían la posición del gobierno en El Centinela y El Lobera del Año XX. Por el otro, fray Cayetano Rodríguez y fray Francisco de Paula Castañeda atacaban vigorosamente a Rivadavia. El gobierno, aplicando una vez las políticas del regalismo, decidió exiliar a Castañeda a Carmen de Patagones, pero el fraile escapó a Montevideo.
El presbítero Mariano Medrano –vicario provisorio de la Santa Sede al haber quedado vacante el puesto de obispo de Buenos Aires desde 1812– se opuso enérgicamente a las reformas rivadavianas. El gobierno creó una comisión especial para estudiar su caso, y se decidió destituir a Medrano de su cargo de prior.[29]
Como se dijo, entre los opositores más prominentes a las políticas de Rivadavia se encontraba el fraile Francisco de Paula Castañeda, periodista y escritor satírico, que le dedicó a Rivadavia las siguientes líneas:

No hay provenir maravilloso
ni otro contenido más delicado
que librarse del Sapo del Diluvio
El Sapo es Rivadavia o Rivaduvio
o el Robespierre el renegado
En agosto de 1822 fue denunciada una conspiración en su contra, dirigida por el exministro Gregorio García de Tagle, que fue rápidamente sofocada. Castañeda fue expulsado de la capital, y Tagle pasó varios meses en prisión hasta que fue liberado por presión de su esposa.[46] Rivadavia aparecía como tolerante a las disidencias, pero sólo a las que él consideraba moderadas –esto es, que no afectaran su gobierno– y no toleró ninguna de parte de sectores clericales.[47]
El 19 de marzo de 1823 estalló la "Revolución de los Apostólicos", encabezada por Gregorio García de Tagle, una reacción bien organizada contra las reformas de Rivadavia, en la que participaron Domingo Achega, Mariano Benito Rolón y Ambrosio de Lezica. Tuvo apoyo de muchos descontentos, además de frailes y curas, pero no disponía de fuerzas militares suficientes, de modo que se abrieron las cárceles para sumar a los presos: el oficial de más graduación resultó ser José María Urien, un acusado por un crimen pasional, que tomó el mando de la rebelión. De todos modos no alcanzaron a derrocar al gobierno, y debieron rendirse tras varias horas de lucha. Aunque Tagle huyó, varios de los líderes fueron capturados.
Se inició una pesquisa judicial, de la cual surgieron ciertas complicidades en el propio gobierno. Rivadavia, alarmado, ordenó reemplazar a los jueces y fiscales por otros, que recibieron orden de acelerar el juicio, llevarlo en secreto, destruir la documentación y dictar sentencia sin profundizar la investigación. Cuando unos días más tarde se dictó sentencia, el único implicado con responsabilidad grave era el coronel Urien, que fue condenado a muerte junto con un oficial llamado Benito Peralta. Urien y Peralta fueron fusilados en la Plaza de la Victoria, mientras todos los otros arrestados recuperaron rápidamente la libertad.[48]
Por su parte, Tagle logró escapar con ayuda de Dorrego –el mismo a quien había desterrado injustamente en 1816 a España– a Montevideo, que estaba en poder del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Allí fue arrestado en Montevideo por el gobernador portugués, vizconde de la Laguna Carlos Federico Lecor, quien tardó meses en liberarlo.
Gobierno de Las Heras

En abril de 1824, la Junta de Representantes eligió gobernador a Juan Gregorio de Las Heras, destacado militar de la guerra de la independencia.[49]El prestigio personal de Las Heras llevó a las demás provincias a delegar en el gobernador porteño las relaciones exteriores de todas ellas. En tal carácter, le tocó discutir la situación del Alto Perú, enviando ante el general Sucre a Carlos María de Alvear y José Miguel Díaz Vélez, con instrucciones de dejar a esas provincias decidir su destino; intentaron oponerse a la segregación de Tarija, pero sin éxito.[50]
El nuevo gobernador pretendió mantener a Rivadavia en el ministerio anterior, pero éste no lo aceptó, y decidió viajar a Londres, con una autorización de la Legislatura para gestionar la explotación de minas en La Rioja.
Hasta comienzos de la década de 1820 esas minas eran explotadas de forma muy limitada, pero cuando Facundo Quiroga consolidó su poder en la provincia comenzó a considerar que el Famatina podía convertirse en una importante base económica de la provincia, proyectando crear un Banco de Descuento similar al que había fundado Rivadavia en la Provincia de Buenos Aires, pero además una empresa estable que le permitiera extraer el mineral, fundirlo en La Rioja y con ello acuñar su propia moneda. Para ello se asoció con capitalistas porteños como Braulio Costa, Juan José de Anchorena, Nicolás Anchorena, Tomás Manuel de Anchorena, Juan Pedro Aguirre, Sebastián Lezica, Miguel Riglos y Juan Martín de Pueyrredón, además del británico William Robertson, agente de Baring Brothers. Con dinero provisto por esta banca, que poseía el 50 % de las acciones, se formó la Famatina Mining Company, nombre extranjero para la Sociedad del Banco de Rescate y Casa de la Moneda de La Rioja, reconocida por el gobierno de esta provincia.[29]
Rivadavia, por su parte, consideraba que pese a la inestabilidad política de la época, inevitablemente la situación desembocaría en la creación de un futuro Estado Nacional Argentino, y que sería éste quien debería administrar las grandes riquezas minerales. Con miras a este fin se asoció en Londres con el banco Hullet Brothers, quienes aportaron un capital nominal de 1.000.000 de libras esterlinas para fundar la River Plate Mining Association. No obstante, esta empresa nunca llegó a explotar las minas debido a que la explotación ya estaba en manos de la Famatina Mining Company, quienes además contaban con el respaldo de la fuerza pública de la Provincia de La Rioja.
En diciembre de 1824 Las Heras inauguró las sesiones del Congreso Nacional reunido en Buenos Aires. La finalidad del mismo era sancionar una constitución, pero la discusión sobre este punto se tornó lenta y los acontecimientos forzaron a otras acciones previas. Entre ellas, le otorgó la exclusividad de la acuñación de moneda en el país a la River Plate Mining, pero esta concesión nunca llegó a cumplirse en la práctica. El conflicto entre Rivadavia y Quiroga por los metales de Famatina llevó a la primera guerra entre unitarios y federales en el interior. Curiosamente, en 1834, cuando Rivadavia intentó volver al país, y el gobierno de Buenos Aires no le permitió desembarcar, debiendo permanecer unos días a bordo del buque antes de partir nuevamente al exilio, Quiroga fue prácticamente el único personaje político importante que lo visitó a bordo.[51][52][53] La River Plate Mining Association terminó sucumbiendo al Pánico de 1825.
En 1825, se inicia la guerra del Brasil, lo que obligó al Congreso a formar un ejército urgentemente y se pensó que también tenía que formar un Poder Ejecutivo Nacional para unificar el mando militar. De modo que, sin empezar siquiera a discutir una constitución que le diera marco legal al cargo, el 6 de febrero de 1826 se sancionó la ley de presidencia, creando un Poder Ejecutivo Nacional Permanente, con el título de «Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata».[54] Este duraría en sus funciones el tiempo que estableciese la Constitución. Rivadavia resultó elegido presidente. Sus ministros fueron: Julián Segundo de Agüero, de Gobierno; Carlos María de Alvear, de Guerra y Marina; Francisco Fernández de la Cruz, de Relaciones Exteriores; y Salvador María del Carril, de Hacienda.
Rivadavia llevó al gobierno un proyecto centralizador de tono unitario. La primera comunicación a los gobernadores del interior les hacía saber que les concedía a cada uno el mando político y militar que ya tenían como gobernadores, solo que de forma provisoria, conservando la facultad de reemplazarlos.
Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata

Rivadavia formó su ministerio con Julián Segundo de Agüero en Gobierno, Manuel José García en Negocios Extranjeros, Carlos María de Alvear en Guerra y Marina, y Salvador María del Carril en Hacienda.[55] A poco de llegar a la presidencia, Rivadavia lograría firmar el Tratado de Amistad, Comercio, y Navegación con Gran Bretaña. La importancia histórica del tratado reside en que fue la primera oportunidad en que una de las potencias de la época reconocía la independencia de las Provincias Unidas y su existencia como nación soberana.[56] También intentó acabar rápidamente con la guerra, debido a que el bloqueo naval impuesto por Brasil afectaba el comercio, base de recaudación de rentas del Estado porteño. Si bien inicialmente la posición del Imperio del Brasil fue más ventajosa, las fuerzas eran parejas y la guerra se alargaba, transformándose en una carga económica. Luego de que las fuerzas argentinas vencieran en los triunfos parciales tanto en la batalla de Ombú y en la batalla de Bacacay, obtuvieron una contundente victoria en la batalla de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827. Sin embargo, la falta de recursos impidió definir la contienda, tanto por tierra como por mar.
La Ley de Capitalización
Inmediatamente luego de asumir, el 12 de septiembre de 1826, Rivadavia presentó al Congreso un proyecto de capitalización de Buenos Aires:[57] La ciudad y gran parte de la campaña circundante se proclamaba capital del Estado, lo que implicaba dividir a la provincia en dos partes.[29] Pocos días más tarde emitió un decreto en que ordenaba la demarcación de la capital de la república,[58] y de la provincia de Buenos Aires.[59]
El proyecto originó fuertes resistencias. El federalismo porteño, encabezado por Manuel Dorrego y Manuel Moreno, se opuso, en defensa de las instituciones de las provincias garantizadas por la ley fundamental, en especial el puerto y la aduana, principal fuente de recursos de la provincia. También fue resistido por los estancieros, quienes presentaron tres peticiones oponiéndose al proyecto, manifestando que la ley tendría "una gran influencia sobre la suerte de los ciudadanos y habitantes que tenemos nuestras fortunas en el referido territorio".[29] No obstante, la ley fue sancionada el 4 de marzo de 1826.
Política económica
El Banco de Descuentos de la provincia fue transformado en el Banco Nacional[60] en 1826. Se dispuso por ley que tendría una duración mínima de diez años, y estaba autorizado a abrir sucursales en las provincias. Su capital, formado por el aporte del Estado y por acciones que se suscribirían en todo el territorio, sería de 10.000.000 de pesos de la época. El presidente del Banco de Descuentos, Juan Pedro Aguirre, presidió la comisión de estudios para la creación del Banco Nacional y posteriormente fue su primer presidente, con lo que se marcaba una continuidad con el antiguo Banco de Descuentos.[29]
Sus funciones eran: recibir depósitos, tomar dinero a interés, otorgar préstamos y también acuñar monedas y billetes convertibles. Pero no logró reunir el capital correspondiente y el papel moneda que emitió careció de respaldo. Los gastos derivados de la guerra del Brasil llevaron al gobierno a solicitar reiteradas sumas de ese dinero sin respaldo, lo que provocó su ruina. En 1836, vencido el plazo de diez años establecido por la ley, Juan Manuel de Rosas dispuso su disolución.
El esquema de Rivadavia estaba basado en cinco pilares: el comercio totalmente libre (es decir, sin ningún tipo de medidas proteccionistas en contra de las importaciones británicas), autoridad monetaria a través un banco central (el Banco de Descuentos, convertido en Banco Nacional, que también tenía participación mayoritaria de inversionistas británicos), control estatal del puerto de Buenos Aires como la única fuente de ingreso para el país, explotación privada de los recursos naturales (también a través de capitales británicos) y un unitarismo centralizado en Buenos Aires.[61] Esto lleva a algunos historiadores a decir que el mandato de Rivadavia coincidió con el incremento de la influencia británica en la política nacional. Aunque ese proceso había comenzado antes de su gobierno, las políticas rivadavianas de apertura comercial, búsqueda de crédito externo y promoción de inversiones extranjeras contribuyeron a profundizar esa vinculación. Halperín Donghi señala que la elite porteña veía en Gran Bretaña el principal socio económico y la potencia capaz de aportar capitales y mercados.[62] David Rock manifiesta: "Gran Bretaña se convirtió en la principal influencia económica externa sobre la Argentina independiente".[63]No obstante ello, su proyecto minero opuesto al de Baring Brothers y su desautorización a la actuación de Manuel José García durante la Guerra de Brasil, terminaron granjeándole una enemistad con la diplomacia británica. En el momento en que se conoció su renuncia, Lord Ponsomby, quien había intermediado buscando el fin de la guerra, le escribió una carta al Ministro de Relaciones Exteriores George Canning, en la que le decía: "confío en que la prevención contra Inglaterra cesará cuando la influencia y el ejemplo del señor Rivadavia se hayan extinguido completamente".[29]
La Ley de Enfiteusis
Como garantía del empréstito contratado con Baring Brothers, la Provincia de Buenos Aires afectó al pago de la deuda las rentas públicas y los bienes inmuebles de propiedad provincial. Ello implicó que esos bienes quedaran gravados en garantía de la obligación, aunque esa circunstancia no los convertía jurídicamente en inalienables. No obstante ello, el 15 de febrero de 1826 se dictó la Ley de Consolidación de la Deuda Pública que establecía la prohibición de vender, donar o entregar de cualquier otra forma las tierras fiscales.
Posteriormente, el 18 de mayo, se dictó la "Ley Nacional de Enfiteusis" que en su artículo 1 comienza diciendo:
- Art. 1.º Las tierras de propiedad pública, cuya enajenación por la ley del 15 de febrero es prohibida en todo el territorio del Estado, se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos, de 20 años, que empezaran a contarse desde el 1 de enero de 1827.
- Art. 2.º En los primeros diez años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.
- Art. 3.º El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos, en cuanto pueda ser, al que ha de justipreciarse, o de tres en caso de no haberlos en ese número.
- Art. 4.º El gobierno reglará la forma en que ha de ser nombrado el jury del que habla el artículo anterior, y el juez que ha de presidirlo.
- Art. 5.º Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolviera definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.
- Art. 6.º La renta o canon que por el artículo 2.º se establece, empezará a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.
- Art. 7.º El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.
- Art. 8.º Los periodos en que ha de entregarse el canon establecido, serán acordados por el Gobierno.
- Art. 9.º Al vencimiento de los diez años que se fijan en el artículo 2.º, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la legislatura acuerde.
Aunque se trató de una ley nacional, sólo se aplicó efectivamente en la Provincia de Buenos Aires y en la provincia de Corrientes, habiéndola reconocido esta última recién en 1830. El espíritu de la ley fue lograr una distribución justa y equitativa de la tierra y evitar que fuese acaparada por grandes propietarios, que disponían de los medios para adquirirlas. Para lograr ese fin, Rivadavia creó, por decreto del 13 de abril de 1824, una comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos. La misma estaba presidida por Juan Pedro Aguirre y contaba entre sus miembros a Juan Manuel de Rosas. La comisión se proponía favorecer la inmigración, otorgándoles tierras a los extranjeros a cambio de un canon, para que pudieran dedicarse a producir, en vez de a adquirir un pedazo de tierra. La ley daba al Estado el dominio de la tierra no escriturada –es decir, la mayor parte del campo porteño– y prohibía todas las donaciones o ventas de la misma hasta tanto no se contase con una ley que regulara esas transferencias. Pero, como la ley no limitaba la superficie de tierra que cada solicitante podía obtener, los ganaderos, comerciantes e inversores extranjeros de la época adquirieron terrenos enormes, que no eran capaces de poblar de ganado sino muy lentamente, y mucho menos de dedicar a la agricultura. El 14, 15 y 16 de febrero de 1828, Aguirre se presentó a la Legislatura para tratar de promover las medidas que favorecieran la instalación de inmigrantes. el principal debate fue por el bajísimo valor del canon aprobado por la Legislatura: Aguirre advirtió que "va a establecerse un monopolio en perjuicio de la clase media, que es la que debemos considerar preferentemente". La tesis contraria fue sostenida por el diputado Manuel Antonio Castro, a quien Aguirre le respondió: "Pues y qué, señores, ¿todo ha de ser beneficio en favor de los criadores y todo ha de ser a favor de esa clase recomendable a la verdad?, ¿y ellos han de ser los que contribuyan menos siendo los único que hacen fortuna en nuestro país? ¡Esto es injusto!!".[64]
En la votación parlamentaria, no obstante, prevaleció la postura de Castro, manteniéndose los cánones bajos. Así, el sistema no logró alcanzar los objetivos para los que había sido implementado, ya que las tierras fueron acaparadas por grandes productores, creando así enormes latifundios, marcando al mismo tiempo el nacimiento de los grandes terratenientes.[65][66]Desde 1826 a 1830, tiempo en el cual estuvo vigente la ley, 8.656.000 hectáreas fueron cedidas en enfiteusis a 538 arrendatarios y enfiteutas, quienes en general no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia; por tanto, esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad en unas pocas decenas de familias.[67] Los enfiteutas más beneficiados fueron, entre otros, las familias Anchorena, Álzaga, Alvear, Arana, Arroyo, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Cabral, Cascallares, Castro, Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Gowland, Guerrico, Irigoyen, Lacarra, Larreta, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Quiroga, Quirno, Rozas, Sáenz Valiente y otras más.[68][29]
La guerra civil en el interior
La reacción de las provincias a la Constitución de 1826 y al gobierno nacional encabezado por Rivadavia, no se hizo esperar. Desde Córdoba, Juan Bautista Bustos lideraba una férrea oposición a la nueva constitución y al régimen presidencial. En La Rioja, Facundo Quiroga parecía estar a favor de Buenos Aires, pero la guerra civil en las provincias de Catamarca y San Juan lo terminaron colocando al frente de las fuerzas federales. El resto de las provincias: Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza, Santiago del Estero, San Luis y Salta rechazaron la constitución pero manifestaron el deseo de seguir la guerra con el Brasil "sin el Congreso ni el presidente".[69] Las provincias habían sido sacudidas por varias guerras civiles desde el momento mismo en que proclamaron su autonomía. Sin embargo, en su gran mayoría prestaron sus contingentes a la guerra del Brasil.
El gobierno envió al coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid con la finalidad de reunir tropas en las provincias del Noroeste argentino para luchar en la guerra del Brasil, pero frente a la debilidad de las autoridades locales, Lamadrid utilizó las fuerzas que había reunido para derrocar al gobernador Javier López y se hizo cargo del gobierno de la provincia de Tucumán. En lugar de desautorizarlo, Rivadavia lo incitó a usar esas tropas para atacar a los caudillos federales vecinos, que se oponían a su política. Lamadrid quedó al frente del Partido Unitario en su provincia, el mismo del derrocado López, e invadió Catamarca, donde repuso al líder unitario Manuel Antonio Gutiérrez en el gobierno. Facundo Quiroga se lanzó con sus milicias sobre Catamarca, donde depuso al gobernador y luego se impuso en Tucumán, San Juan y Santiago del Estero para derrotar definitivamente a Lamadrid en la batalla de Rincón de Valladares, del 6 de julio de 1827. Quiroga se erigió así en el árbitro de las relaciones de poder en el Noroeste. A comienzos de 1827, la gran mayoría de provincias rechazaban la constitución y al presidente.[70]
Pérdida de la Banda Oriental
Rivadavia recurrió nuevamente a Manuel José García –quien ya había rechazado su ofrecimiento para encargarse de la cartera de Hacienda por sus discrepancias con el gobierno presidencialista unitario– para enviarlo en misión diplomática al Brasil e iniciar las tramitaciones de paz con el Imperio.
Las razones que impulsaron a Rivadavia a cambiar de opinión fueron las mismas que habían disuadido a García a no ir a la guerra antes, y para ello es importante resaltar la gran labor investigativa de Juan Carlos Nicolau, quien afirma:
La situación económica de Brasil era muy superior a las Provincias Unidas, si se tenía en cuenta que contaba con una población de 5 millones de habitantes, contra 700.000 de éstas tomadas en su conjunto, pero que en los hechos, sólo la provincia de Buenos Aires contribuía al esfuerzo bélico. El estado brasileño, independiente, sin deuda nacional, desarrollaba un comercio con el extranjero muy activo y floreciente, en continuo progreso, apoyado en su relación con la Gran Bretaña. En cambio, el Río de la Plata sufría el perjuicio del bloqueo de su puerto, lo que constituía un grave obstáculo para obtener recursos de sus recaudaciones aduaneras y así la posibilidad de adquirir armas y municiones para su ejército.
La ayuda que recibía el Brasil de parte de Gran Bretaña, en su virtual alianza, provocó que hombres como el General William Carr Beresford y el Almirante Thomas Cochrane, con amplio conocimiento del teatro de operaciones del Río de la Plata, contribuyeran a la organización y manejo del ejército y la armada brasileña.[71]
El 16 de abril de 1827, García recibió las instrucciones para realizar su misión por parte de Rivadavia y su ministro Francisco Fernández de la Cruz, informándole que el gobierno se proponía "acelerar la terminación de la guerra y el restablecimiento de la paz, tal como lo demandan imperiosamente los intereses de la Nación". Esta instrucción refleja la crítica situación interna del gobierno de Rivadavia, desesperado por encontrar la paz para afrontar los otros grandes problemas que azotaban al país, es decir, la enorme crisis económica y la oposición de las provincias del interior. El esfuerzo de la guerra contra el Brasil debió ser afrontado -en cuanto a la provisión de tropa y equipamiento bélico- casi totalmente por Buenos Aires.
Las bases que debía utilizar el ministro plenipotenciario García serían:
... o bien la devolución de la Provincia Oriental, o la erección y reconocimiento de dicho territorio en un Estado separado, libre e independiente, bajo la forma y reglas que sus propios habitantes eligieren y sancionaren; no debiendo en este último caso exigirse por ninguna de las partes beligerantes compensación alguna.[72]
García llegó en mayo de 1827 a Río de Janeiro y comenzó sus reuniones con el intermediario británico y los ministros plenipotenciarios brasileños.[73] Apenas iniciadas las gestiones, García se encontró con una gran intransigencia por parte de los ministros brasileros con respecto a no renunciar a la Provincia Cisplatina: el Emperador Pedro I de Brasil, consternado por la victoria rioplatense de Ituzaingó y temiendo por la estabilidad de su imperio en esas circunstancias y de posibles intentos sesesionistas,[74] había jurado ante el Senado brasileño no tratar la paz ante las Provincias Unidas y continuar la guerra hasta obligarlas a aceptar su soberanía sobre la Provincia Cisplatina;[75] seguramente Pedro I especulaba también con la debilidad de las Provincias Unidas para prolongar las acciones bélicas.
Viendo la situación, García decidió regresar a Buenos Aires, pero el embajador británico Robert Gordon lo convenció de entrevistarse con el ministro de relaciones exteriores imperial, el Marqués de Queluz. Tras tres reuniones infructuosas, las presiones del gobierno británico por terminar rápidamente con el conflicto para reanudar el comercio, la inflexible postura del gobierno brasileño y el crítico estado político-económico de las Provincias Unidas, llevaron a García a decidir por sí mismo la paz sobre otras bases. Más tarde explicó al embajador Gordon que:
[...] aunque tenía instrucciones de firmar una convención sólo sobre la base de la independencia de la provincia de Montevideo; pero, como él se hallaba convencido de que a este estado de independencia no podía llegarse por cierto tiempo, y que en realidad era de poca importancia para Buenos Aires el destino de la provincia, siempre que se le devolviera la tranquilidad, no hesitó en llegar a términos que, en otro sentido, estaban perfectamente de acuerdo con sus instrucciones.[76]
De modo que, dejando de lado sus instrucciones, el 24 de mayo de 1827 firmó la Convención Preliminar de Paz de 1827, que disponía, entre otras cosas, que:
La Republica de las Provincias Unidas del Río de la Plata reconoce la independencia e integridad del Imperio del Brasil y renuncia a todos los derechos que podría pretender al territorio de la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, la cual el Emperador se compromete a arreglar con sumo esmero, o mejor aun que otras provincias del Imperio. El emperador del Brasil reconoce igualmente la independencia e integridad de la República de la Provincias Unidas del Río de la Plata, y dado que la República de las Provincias Unidas ha empleado corsarios, halla justo y honorable pagar el valor de las presas por haber cometido actos de piratería.[77]
A pesar de que esta Convención Preliminar de Paz contravenía sus instrucciones, García había logrado que se cambiase la redacción primitiva que incorporaba la Provincia Cisplatina al Imperio y que se omitiera el reconocimiento de cualquier derecho de soberanía por parte del Emperador del Brasil sobre la Provincia Oriental, ya que la Convención solo se refería a la renuncia efectuada por las Provincias Unidas. Tal vez sin notarlo los diplomáticos brasileños, se dejaba la puerta abierta a la independencia uruguaya.[78] Sin embargo, en su carta a John Ponsonby, embajador británico en el Río de la Plata, informando de la firma de la convención, Gordon emitió ciertas opiniones que permiten inferir que todas las partes eran conscientes de que posiblemente el Emperador se vería obligado a otorgar la independencia de la Provincia Cisplatina tarde o temprano:
Al Brasil se lo deja que luche con la disensión y la revuelta, que seguirán dominando en la Provincia Cisplatina... El Emperador pronto se convencerá del desacierto de no proclamar, franca e inmediatamente, la independencia de la provincia.[79]
A su regreso a Buenos Aires, el 20 de junio de 1827, García presentó la Convención Preliminar de Paz al Presidente Rivadavia y al Congreso Nacional. El primero que desaprobó enérgicamente la actuación de García fue el propio Rivadavia. Al mismo tiempo, la opinión pública en Buenos Aires reaccionó indignada, se publicaron artículos muy violentos contra el gobierno en los periódicos, y la ciudad se cubrió de panfletos ofensivos contra García, Rivadavia y Ponsonby. De este modo, Rivadavia se presentó ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo su rechazo. Según sus palabras, la Convención Preliminar de Paz era un "tratado deshonroso" que no debía ser aprobado.
El ministro Agüero dirigió a García una misiva en la que manifestaba:
En consecuencia, el gobierno hace a Ud. responsable de todos los males y consecuencias que de ello resultan a la nación, especialmente en el grande y noble empeño en que se halla para salvar su honra.[80]
La respuesta de García fue de rechazo a los cargos imputados por Rivadavia y Agüero, argumentando en su defensa que la firma de la mentada Convención podía comprometer su honra personal, pero no obligaba al país hasta tanto no fuera ratificada. En este sentido, relata:
Para finalizar, el comisionado emite un juicio lapidario respecto a la actitud del gobierno de Rivadavia, al afirmar con razón que al negociar la cesación de las hostilidades arriesgaba su reputación personal, pero no causaba obligación alguna al Gobierno hasta tanto el tratado de paz o la convención preliminar, después de ser examinada detenidamente, fuera ratificada. En su opinión, una convención preliminar aún después de ratificada solemnemente, es un tratado provisorio, pues su objeto principal es hacer cesar las hostilidades, fijando bases para un tratado definitivo. En la última frase de su exposición espera que aquietadas las pasiones en el futuro se juzgará su comportamiento, mientras se interroga acerca de quien merece mayor indulgencia, si el ciudadano que en tan gran conflicto sacrifica su reputación y acaso la existencia a su patria, o aquel que quiere a todo trance hacer de ésta el instrumento de su fama.[81]
El 25 de junio de 1827, tanto el presidente Rivadavia como el Congreso Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata rechazaron la Convención Preliminar de Paz.
Aun así, Rivadavia no logró salvar su gobierno: a pesar de su oposición a la Convención Preliminar de Paz la opinión pública no le perdonaba su actuación[82] y simultáneamente la prensa cuestionaba su participación en la fundación de la River Plate Mining Association, a pesar de que la misma nunca había logrado iniciar sus actividades en Famatina. Ante esta situación, el 26 de junio, Rivadavia presentó su renuncia irrevocable a la presidencia,[83]entregando el mando a Vicente López y Planes, presidente provisorio elegido por el Congreso por una ley de emergencia. Pero el Congreso se disolvió y con él cesaron nuevamente las autoridades nacionales y la constitución. La provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía, eligiendo gobernador al federal Manuel Dorrego, en comicios en que solamente se presentó la lista federal.
El conflicto con Brasil continuó hasta que, durante el gobierno de Manuel Dorrego y con la presión de Inglaterra, se llegó a una Convención Preliminar de Paz, que dispuso la independencia de la República Oriental del Uruguay y el cese de las hostilidades, lo que tampoco fue bien visto por los militares que combatieron en la guerra y por gran parte de la población.
Las consecuencias de la fracasada Convención Preliminar de Paz firmada por García siguen siendo objeto de controversia: ciertos autores creen que el antecedente de un acuerdo de estas características, aun después de rechazado por el Congreso y el Ejecutivo, condicionó fuertemente el accionar del siguiente gobernador, Manuel Dorrego, para la firma de la Convención Preliminar de Paz de 1828, por la que se disponía la independencia de la "Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina".[84] Otros autores, en cambio, afirman que mal puede atribuírsele responsabilidad alguna a García con los términos del tratado final firmado por Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido, cuando – al no haber sido ratificada por el Congreso – la Convención Preliminar no vinculó en forma alguna al Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.[71]
Gabinete
Bernardino Rivadavia | ||
|---|---|---|
| Cartera | Titular | Período |
| Ministerio de Gobierno | Julián Segundo de Agüero | 6 de febrero de 1826-18 de agosto de 1827 |
| Ministerio de Relaciones Exteriores | Francisco Fernández de la Cruz | 6 de febrero de 1826-18 de agosto de 1827 |
| Ministerio de Guerra y Marina | Carlos María de Alvear | 6 de febrero de 1826-18 de agosto de 1827 |
| Ministerio de Hacienda | Salvador María del Carril | 6 de febrero de 1826-18 de agosto de 1827 |
Cabe aclarar que los ministros fueron nombrados con la misma ley de presidencia que designó a Rivadavia. Los mismos se mantuvieron en ejercicio de sus ministerios hasta la renuncia de Vicente López y Planes.
El exilio y muerte
Luego de renunciar a la presidencia Bernardino Rivadavia partió hacia España. Bajo sospecha de conspirar contra la causa americana en favor de una monarquía, con un príncipe europeo a la cabeza, regresó al país en 1834, con intención de asumir su defensa, pero el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, no le permitió desembarcar, motivo por el cual se estableció primero en Mercedes (Soriano, Uruguay) y luego en Colonia (Uruguay). En este país fue pionero de la apicultura, introduciendo dos colmenas de origen francés, de las cuales sólo una de ellas logró prosperar y albergar nuevos enjambres que produjeron miel y cera.[85]
Fue finalmente deportado a la Isla de Ratas, como preludio de un nuevo exilio con escala en Santa Catalina. Partió finalmente a Río de Janeiro, donde, en 1841, falleció su esposa.[85]
Volvió definitivamente a España a finales de 1842, falleciendo en la ciudad de Cádiz el 2 de septiembre de 1845, a los 65 años.[85]
Repatriación de sus restos y homenajes
A pesar de que en su testamento Bernardino Rivadavia pidió que sus restos
no fueran enterrados en Buenos Aires y menos en Montevideo
los mismos fueron repatriados en 1857, rindiéndole el gobierno honores de capitán general ante una multitud calculada en 60 000 personas. En ese año se dispuso darle el nombre de Avenida Rivadavia a la avenida más larga de Buenos Aires. Inicialmente, sus restos descansaron en el Cementerio de la Recoletay en 1932, fueron trasladados a un mausoleo levantado en la Plaza Miserere de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, obra del escultor argentino Rogelio Yrurtia y que se ubica en el centro de la plaza que tiene como uno de sus laterales a la Avenida Rivadavia.
Bartolomé Mitre calificó a Rivadavia como
el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos.[86]
En México, la ciudad Cholula de Rivadavia, en el estado de Puebla, lleva ese nombre en su honor.
En Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe, el Club Sportivo Bernardino Rivadavia, club que milita en el Torneo Federal B, lleva el nombre del prócer argentino.
En Peyrano, también en la Provincia de Santa Fe, el Club Bernardino Rivadavia de Peyrano, que compite en la Liga Deportiva del Sur, lleva su nombre.
Su imagen figuró en los billetes de 1 austral emitidos entre 1985 y 1987.
Ancestros
| Ancestros de Bernardino Rivadavia | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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