Bernardo Sierra nació en la Capital Federal el 28 de noviembre de 1900 siendo el primer hijo del matrimonio formado por Celestino y Celestina Gutiérrez, ambos inmigrantes españoles radicados en la Argentina. Sierra inició su actuación pública en el ámbito estudiantil. Presidió el Centro de Estudiantes del Colegio Manuel Belgrano y se desempeñó como secretario de la Federación de Estudiantes Secundarios. Posteriormente cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el título de abogado en 1927. Integró el equipo de redacción de la Revista Jurídica y de Ciencias Sociales, lo que evidencia una temprana inclinación hacia la reflexión doctrinaria y el debate intelectual.
Durante su juventud simpatizó, junto con su amigo Roberto J. Noble, con la experiencia de la Revolución rusa de 1917 y con la Internacional Comunista fundada en 1919. Sin embargo, fue Sierra quien persuadió a Noble de incorporarse al Partido Socialista, donde ambos militaron inicialmente en el ala izquierda. En 1921 organizó una asamblea en apoyo de los denominados “terceristas”, corriente partidaria de la adhesión a la Tercera Internacional, en la que sostuvo debates con Antonio De Tomaso. Ingresó luego al Partido Socialista Internacional —antecedente del Partido Comunista—, pero pronto se alineó con los “frentistas”, partidarios del frente único entre comunistas y socialistas. Participó en enero de 1922 del primer congreso de la Federación Juvenil Comunista; no obstante, tras la expulsión de los frentistas, retornó al Partido Socialista.
A mediados de la década de 1920, Sierra integró el núcleo juvenil socialista que protagonizó la disidencia interna enfrentada a la conducción de Nicolás Repetto. En el Congreso partidario de Córdoba (octubre de 1925) defendió posiciones federalistas frente al centralismo propuesto por Joaquín Coca y fue elegido miembro suplente del Comité Ejecutivo Nacional. Fue uno de los animadores de Crítica Social (1925–1927), órgano de los disidentes, en abierta polémica con Acción Socialista, vinculada a la línea oficial. Su protagonismo lo llevó a ser candidato a diputado nacional por la Capital Federal en 1926, oportunidad en la que pronunció nueve conferencias de campaña. En 1927 acompañó a De Tomaso, Augusto Bunge, Federico Pinedo y otros dirigentes en la ruptura que dio origen al Partido Socialista Independiente. La nueva fuerza combinaba una impronta reformista con una estrategia de alianzas que la distanciaría del socialismo tradicional.
El triunfo electoral del PSI en la Capital Federal durante las elecciones legislativas del 2 de marzo de 1930 le permitió a Sierra acceder a la Cámara de Diputados el 25 de abril de ese año. Su mandato, sin embargo, fue abruptamente interrumpido por el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Sierra fue uno de los firmantes del llamado “Manifiesto de los 44”, publicado en La Nación el 10 de agosto de 1930, donde legisladores opositores denunciaron presuntas violaciones constitucionales del Poder Ejecutivo y convocaron a la defensa de la legalidad. En el marco de la colaboración del PSI con el movimiento que encabezaron los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo, Sierra participó el 6 de septiembre en la movilización de apoyo en Palermo destinada a convocar a conscriptos y oficiales a plegarse al levantamiento, que culminó en el golpe de Estado.
Tras las elecciones generales de noviembre de 1931, Sierra volvió a ocupar una banca por la minoría en la Capital Federal del PSI en 1932, con mandato hasta abril de 1934. Durante ese período presentó un proyecto de ley de quiebras y otro de divorcio, este último con media sanción, lo que revela su interés en la modernización del derecho civil. Para las elecciones legislativas de 1934, fue uno de los promotores de la idea del ministro Pinedo para la conformación de listas mixtas de la Concordancia en la Capital Federal, donde conservadores y socialistas independientes se unirían en una lista única formada por dirigentes de ambas agrupaciones políticas. Sierra resultó electo por los votos populares pero puso a disposición su renuncia al Comité Nacional de la Concordancia para que las 5 bancas logradas por la minoría en la Capital Federal fueran sorteadas entre la lista de candidatos, sin embargo al no ser favorecido por el sorteo retiró su renuncia, perjudicando a su camarada Fernando de Andreis. Sin embargo, el Consejo Directivo del PSI falló en contra de Sierra, permitiendo que Andreis asumiera como diputado nacional.
El fallecimiento de Antonio De Tomaso en agosto de 1933 debilitó al PSI, ya aliado a sectores conservadores y con varios de sus dirigentes integrando el gobierno del general Justo, pero la escisión de un grupo socialista independiente liderado por los diputados Augusto Bunge y Carlos Manacorda en septiembre de 1934, terminó su desintegración. Sierra, al igual que Federico Pinedo, propusieron la disolución formal del PSI en 1935, pero la iniciativa no prosperó, y el socialismo independiente volvió a presentarse en los comicios de 1936 aunque con magros resultados. En 1936 fue designado por el presidente Agustín P. Justo como juez de paz letrado de la Capital Federal, cargo que desempeñó hasta junio de 1943, cuando fue desplazado por el gobierno militar surgido del golpe de Estado del 4 de junio.
Hacia el año 1945, Sierra adhirió a la política del coronel Juan Domingo Perón, participando en la fundación del Partido Laborista en octubre de ese año y como orador en un acto en su homenaje que tuvo lugar en La Plata el 25 del mismo mes, junto a Ángel Borlenghi y el contraalmirante Alberto Teisaire. Hacia comienzos de 1946, en el contexto de las tensiones internas del campo peronista y a pocas semanas de las elecciones nacionales, Bernardo Sierra elaboró un memorándum dirigido a la Junta Nacional de Coordinación Política. En dicho documento describía la situación como “difícil y extremadamente grave”, al punto de considerar que la participación electoral normal resultaba prácticamente inviable debido a obstáculos legales y a deficiencias materiales y organizativas. Sierra recomendaba la constitución de un comité civil de treinta miembros con facultades amplias —virtualmente dictatoriales en términos operativos— para dirigir el movimiento político del entonces coronel Juan Domingo Perón a escala nacional, por encima de las estructuras partidarias existentes. Propuso que dicho organismo fuera presidido por Juan Atilio Bramuglia, figura de prestigio dentro del espacio. Asimismo, sugirió la redacción de un decreto-ley que prorrogara el plazo para la presentación de listas de candidatos ante la justicia federal y que se evaluara seriamente la postergación de las elecciones nacionales previstas para abril, trasladando los comicios provinciales a mayo. También planteó que las autoridades imprimieran millones de boletas para los votantes, práctica que hasta entonces no era habitual. Si bien no todas sus recomendaciones fueron adoptadas, su informe dejó constancia de las profundas dificultades que atravesaba el peronismo en esa etapa inicial y del papel que Sierra desempeñó como articulador técnico y político en la reorganización electoral del movimiento. La documentación de la época —incluyendo la correspondencia cursada desde su oficina en la calle 366 Cerrito— permite advertir la influencia que ejercía entre distintos sectores dirigentes. En algunas provincias, como Buenos Aires, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, San Luis y Catamarca, las fuerzas laboristas y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora compitieron separadamente, lo que evidencia tanto la persistencia de divisiones internas como la complejidad del proceso de unificación política.[1] [2]
En 1962, Sierra retornó a la política nacional siendo incluido como extrapartidario en la lista de candidatos a diputados nacionales de la Unión Cívica Radical Intransigente por la Capital Federal, para las elecciones del 18 de marzo. Resultó electo pero no pudo asumir su banca luego del golpe de Estado que destituyó al presidente Arturo Frondizi y que anuló las elecciones. En 1965 volvió a ser candidato a diputado nacional por la Capital Federal integrando la lista del Movimiento de Integración y Desarrollo.
Fue uno de los impulsores de la iniciativa destinada a publicar las obras de Antonio De Tomaso, emprendimiento que finalmente no llegó a concretarse. En 1963 se desempeñó como secretario de una comisión de homenaje a De Tomaso, presidida por el ingeniero José María Bustillo, la cual gestionó sin éxito ante el intendente Alberto Prebisch la designación de una calle porteña con el nombre de De Tomaso. Algunos años más tarde, hacia 1969, encabezó otra comisión conmemorativa dedicada a los legisladores socialistas independientes, que proyectaba la realización de un funeral cívico en el Teatro San Martín, acto que finalmente fue suspendido.
Falleció el 31 de agosto de 1991 en Buenos Aires, a la edad de 90 años.