Blanqueamiento racial en Brasil

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El blanqueamiento racial en Brasil (en portugués: branqueamento) fue el proceso social, político y demográfico mediante el cual las élites brasileñas buscaron transformar la composición racial del país a través del fomento de la inmigración europea y el mestizaje con la población blanca, con el objetivo de reducir progresivamente la presencia de personas de ascendencia africana e indígena.[1][2] Esta ideología tuvo su máxima expresión en Brasil entre 1889 y 1914,[3] cuando fue concebida como solución al denominado «problema negro».[4] En un sentido más amplio, el término designa también un fenómeno sociológico por el cual la percepción racial de una persona se desplaza de identificadores más oscuros a más claros conforme esta asciende en la estructura de clase social.[5] Bajo esta lógica, las minorías raciales debían asimilar los rasgos de la población blanca, con la aspiración de forjar una identidad brasileña única que emulara los estándares europeos.[6]

El blanqueamiento racial se articuló como un concepto social instrumentado mediante políticas de Estado.[7] Al igual que los Estados Unidos, Brasil fue sometido a la colonización europea y a la importación de esclavos africanos durante los siglos xviii y xix.[7]

Con el propósito de proyectar una imagen de país modernizado a la altura de las naciones europeas, el gobierno brasileño fomentó la inmigración de europeos blancos para alcanzar el blanqueamiento racial mediante el mestizaje. Los inmigrantes europeos acapararon los empleos cualificados, mientras que los libertos (esclavos liberados) quedaron relegados a trabajos de servicio o estacionales. Este proceso, además, dio origen al concepto brasileño de «democracia racial»: la noción de que en Brasil no existían prejuicio ni discriminación racial, y de que negros y blancos gozaban de las mismas oportunidades, lo que en la práctica configuró una sociedad que negaba la relevancia de las diferencias raciales.[6]

El mito de la democracia racial se nutrió de la ausencia de leyes segregacionistas y de la frecuencia del matrimonio interracial. Sobre esa base se sostenía que Brasil no estaba dividido por líneas raciales, pese a que los problemas derivados del racismo persistían bajo la superficie, y se daba por sentado que todos los brasileños tenían idénticas posibilidades de ascenso en la escala social.[6]

No obstante, esta narrativa enmascaraba el verdadero propósito del blanqueamiento: la disolución de las identidades negra e indígena. En Brasil, la raza funciona como un espectro en el que la identidad de cada persona puede variar en función de factores como la clase social o el nivel educativo.[7]

Esclavitud en Brasil

Arthur de Gobineau, diplomático francés que abogó por la inmigración europea en Brasil como forma de «purificación racial».

Antes de la abolición de la esclavitud, los propietarios de plantaciones temían que una sociedad posemancipatoria de esclavos liberados heredara las que consideraban «deficiencias como la indolencia y la inmoralidad», las cuales debían ser erradicadas.[8] La economía exportadora brasileña dependía en gran medida del trabajo esclavo, y los esclavistas sostenían que los libertos obstaculizarían el desarrollo del país por sus supuestas características inferiores.[8] Tras la emancipación, se abrió un debate sobre las características fenotípicas y genotípicas ideales de los futuros trabajadores. En un primer momento se valoró el éxito de los inmigrantes chinos en los Estados Unidos y otras naciones, pero se descartó esa opción por el riesgo de introducir otra raza considerada degenerada. Arthur de Gobineau, diplomático francés enviado a Brasil por Napoleón III, planteó que la introducción de europeos era la solución idónea, pues purificaría los elementos de la «raza inferior» brasileña mediante el cruzamiento.[8][2] De ese modo, la raza blanca recuperaría su supuesta posición de superioridad. Escritores y políticos brasileños, por su parte, responsabilizaron a los colonizadores portugueses de haber importado una población esclava tan numerosa.[8]

Más allá de la justificación racial, los agricultores brasileños argumentaron que el mercado laboral posemancipatorio se regiría por la oferta y demanda. El fomento de la inmigración extranjera generaría un excedente de mano de obra que permitiría a los empleadores contratar a precios bajos, en lugar de competir por un reducido número de trabajadores con salarios elevados. Esta postura gubernamental se sustentaba en tres principios que el académico Marcus Eugenio Oliveira Lima describe como «las relaciones institucionales hacia la "eugenesia nacional"; las percepciones sociales y las relaciones intergrupales; y la autopercepción y las relaciones interpersonales».[9]

Inmigración europea en Brasil

Fachada de la antigua Hospedaria de Imigrantes de São Paulo (actual Museo de la Inmigración), por donde pasaron más de 2,5 millones de inmigrantes entre 1887 y 1978.

En colaboración con la Provincia de São Paulo, Brasil comenzó oficialmente a incentivar la inmigración europea en 1886 con la creación de la semiprivada Sociedad para la Promoción de la Inmigración.[10][11] El programa era responsable de informar a los trabajadores europeos sobre las oportunidades de empleo disponibles en São Paulo, pagar su pasaje, supervisar su llegada a Brasil y enviarlos a los cafetales.[12] En 1895, el Departamento Estatal de Agricultura asumió el control de la operación cuando la provincia de São Paulo se transformó oficialmente en estado. Hasta la abolición de la esclavitud en 1888, los europeos fueron reacios a emigrar porque creían que los hacendados brasileños los tratarían como esclavos. Tras la abolición en 1888, Brasil recibió una oleada de inmigrantes europeos. Las estadísticas indican que, frente a los 195.000 inmigrantes que llegaron a Brasil entre 1870 y 1889, la inmigración entre 1890 y 1909 alcanzó los 1.100.000.[12] Se produjo una disminución constante de la población afrobrasileña entre los censos de 1872 y 1990, descendiendo del 19,2 % a menos del 5 %, aunque la tasa se recuperó hasta el 6,2 % en el censo de 2000.[13] Una vez que los inmigrantes europeos llegaron a finales del siglo xix, la mayoría de los que se asentaron en São Paulo trabajaron como colonos (aparceros) que «recibían un ingreso monetario fijo por mantener un cierto número de cafetos más un pago variable en función del volumen de la cosecha».[12] Fuera de São Paulo, no existía un programa de inmigración subsidiada en Brasil. En esas zonas, la experiencia de los libertos variaba: en Sergipe, se implementaron leyes de vagancia para obligar a la población negra libre a regresar a las plantaciones, aunque algunos libertos permanecieron con sus antiguos empleadores o emigraron a otros lugares.[12] No obstante, la situación de los afrobrasileños mejoró con las leyes laborales promulgadas durante la Gran Depresión que exigían que dos tercios de las nuevas contrataciones de las empresas fueran de personas nacidas en Brasil.[6]

La llegada de inmigrantes europeos configuró un mercado laboral estratificado: los recién llegados coparon los empleos fabriles, comerciales, industriales y artesanales, mientras que los afrobrasileños quedaron confinados a ocupaciones estacionales o de servicio.[10] Muchos libertos carecían de la formación necesaria para competir en los empleos técnicos y, en algunos casos, preferían la flexibilidad del trabajo de servicio. Historiadores como Florestan Fernandes, sin embargo, atribuyen estas desigualdades a una mentalidad previa a la emancipación que rechazaba el trabajo asociado con la esclavitud, así como a la falta de competencias comercializables al momento de la liberación.[10] Tras la emancipación, los trabajadores afrobrasileños exigieron mejores condiciones laborales, pero los inmigrantes europeos —especialmente los italianos— aceptaron por lo general salarios más bajos y un trato más duro a cambio de una posición social más elevada.[10] La vulnerabilidad de los inmigrantes en el mercado laboral obedecía a dos factores: su escasa cualificación les privaba de capacidad de negociación frente a los empleadores, y la mayoría valoraba la estabilidad familiar por encima de la afiliación sindical, que podía costarles el empleo. En São Paulo, el 80 % de las personas que transitaron por la hostería de inmigrantes llegaron como núcleos familiares,[10] y el trabajo infantil era habitual debido a los exiguos salarios de los padres.[10]

Política contemporánea de Brasil

Como resultado del matrimonio interracial inducido por el blanqueamiento a finales del siglo xix y la ausencia de leyes de segregación, la raza en el Brasil moderno se define por el concepto de «democracia racial». Esta desatención hacia la raza implica que todos los brasileños tienen las mismas oportunidades de alcanzar movilidad social.[6]

Los problemas identitarios y las inequidades derivadas de la democracia racial impulsaron a los afrobrasileños a acercarse a la identidad blanca para mejorar sus posibilidades de ascenso social. Una encuesta nacional realizada en 1995 pidió a los ciudadanos brasileños que clasificaran la raza de forma consistente en distintos contextos. Los resultados revelaron que las personas de piel más clara tendían a recibir clasificaciones estables, mientras que las de piel más oscura eran catalogadas de manera más ambigua.[14] Factores como la educación, la edad, el sexo y la composición racial local alteraban la consistencia de la clasificación entre un 20 % y un 100 %, orientándola hacia el «blanqueamiento» o el «oscurecimiento».[14] Para contrarrestar esta tendencia, la Campanha Censo de 1990 se propuso frenar el autoblanqueamiento —la falsa autoidentificación como persona blanca— en Brasil.[6]

Existe, además, una dificultad generalizada para reconocer la presencia del racismo en Brasil. Como gran parte de la población no se identifica conscientemente como negra, numerosos actos de prejuicio pasan inadvertidos en tanto que manifestaciones racistas, lo que alimenta un ciclo que perpetúa la discriminación. Brasil se ha enorgullecido de haber trascendido las divisiones raciales, amparándose en que su sociedad se forjó con la mezcla de grupos amerindios, africanos y europeos.[cita requerida] El racismo en Brasil, sin embargo, persiste y adopta múltiples formas. Un estudio de 2022 concluyó que las disparidades en empleo, ingresos, educación, acceso a la justicia y vulnerabilidad a la muerte violenta están fuertemente condicionadas por la raza: las personas negras presentan mayor exposición a homicidios y agresiones físicas que las blancas, y el 40 % de esa diferencia se atribuye a discriminación racial.[15]

Las disparidades laborales encontradas en este estudio se ven respaldadas por los insuficientes incentivos para las empresas propiedad de minorías en Brasil, lo que genera un entorno de supervivencia individualista para los empresarios negros.[cita requerida] Esto es consistente con el aumento de la discriminación laboral indicado por los censos brasileños de las décadas de 1960 y 1970, a pesar de la aprobación de legislación federal antidiscriminatoria en 1953.[6]

Aunque los trabajadores negros mantienen una presencia significativa en la fuerza laboral, especialmente en comercios minoristas y restaurantes pequeños y medianos, siguen teniendo dificultades para acceder a sectores corporativos bien remunerados como la contabilidad y la tecnología.[14] Según una encuesta, el 94 % de los altos ejecutivos de las principales corporaciones brasileñas son blancos, lo que se traduce en oportunidades mínimas para que los brasileños negros adquieran la experiencia necesaria para emprender de manera independiente. Las personas no blancas constituyen el 45,3 % de la población brasileña, pero representan solo el 17,8 % de todos los empresarios registrados.[16] Gran parte de esto está relacionado con las raíces educativas y económicas de muchos empresarios negros en el país. Mientras que los líderes empresariales negros son más jóvenes, han pasado menos tiempo en las aulas que los blancos: casi la mitad de todos los líderes negros abandonaron la escuela antes del octavo grado y solo el 15,8 % completó doce años de escolarización. Esto contrasta con el 35,8 % de los líderes blancos que han completado doce años de escolarización.[16] Otra evidencia del arduo camino hacia el éxito de las personas negras en el sector privado es la estadística que indica que más de un tercio de los líderes empresariales negros provienen de familias rurales pobres o de clase obrera urbana, en comparación con solo una cuarta parte de los líderes empresariales blancos. Estas dificultades en el ámbito empresarial han reforzado entre los brasileños negros la tendencia a aproximarse a la identidad blanca como estrategia de ascenso social.

Un aspecto que influye en la movilidad social ascendente de los individuos es la educación.[17] El déficit educativo entre empresarios negros y blancos se explica mejor por una tasa de analfabetismo mucho más elevada. En 1980, el número de brasileños negros analfabetos era el doble que el de los blancos, y los negros tenían siete veces menos probabilidades de graduarse de la universidad.[6]

Papel de la acción afirmativa

Rectorado de la Universidad de Brasilia (UnB), primera universidad brasileña en implementar cuotas raciales en 2004.

Diversos grupos políticos, culturales y sociales han surgido en Brasil con el objetivo de conquistar igualdad de derechos y reivindicar una imagen positiva de la identidad afrobrasileña. Esta tendencia identifica la negritud como una identidad diferenciada y valiosa, en contraste con su histórica invisibilización. Tales iniciativas cobraron impulso en el siglo xxi gracias a la adopción de políticas de acción afirmativa por parte de instituciones educativas y del gobierno federal, orientadas a facilitar el acceso de los estudiantes afrobrasileños a la educación superior y a oportunidades equiparables a las de los brasileños no negros.[18]

A Redenção de Cam (La redención de Cam), del pintor gallego Modesto Brocos, 1895, Museo Nacional de Bellas Artes. La pintura muestra a una abuela negra, una madre mulata, un padre blanco y su hijo cuarterón, representando así tres generaciones de hipergamia racial a través del blanqueamiento.

La Universidad de Brasilia (UnB), la primera universidad en Brasil en implementar una cuota racial en 2004, sirvió como campo de pruebas para este tipo de iniciativas. Tras la implementación de la cuota, la población blanca de la UnB disminuyó un 4,3 %, mientras que la población mestiza y negra creció un 1,4 % y un 3 % respectivamente.[cita requerida] Por lo tanto, se empleó un panel de evaluadores brasileños para el semestre anterior y posterior a la entrada en vigor de la cuota. Se les indicó que calificaran los tonos de piel de los sujetos en una escala de 1 (más claro) a 7 (más oscuro). Los datos indican que tras solo un año de acción afirmativa en la UnB, se produjo un aumento notable en el número de estudiantes negros o de piel generalmente más oscura. El aumento significativo en el tono de piel promedio indicó que la política fue exitosa en atraer a más estudiantes pardos y negros a la universidad, particularmente en el primer semestre tras su introducción. Las experiencias de la universidad con la política y sus consecuencias para los estudiantes proporcionan información importante para el estudio más amplio de la disparidad racial en entornos institucionales de educación superior y el ámbito laboral.[cita requerida]

Aunque existe un modelo, ya es evidente que la acción afirmativa ha resultado ser un ajuste incómodo para Brasil como estrategia para la igualdad racial. «Quemado blanco», «pardo», «castaño oscuro», «castaño claro», «negro» y «cobrizo» son solo algunas de las 136 categorías que el departamento de censos descubrió que los brasileños utilizaban para autoidentificarse, según una investigación de 1976.[18] En 2017, los brasileños seguían considerándose dentro de un espectro de tonos de piel con una variedad de denominaciones. Lo que une estas categorías es la constatación de que la apariencia importa, particularmente en términos de movilidad social y oportunidades laborales. Para abordar las desigualdades en la educación superior, el gobierno federal estableció la Ley de Cuotas Sociales en 2012.[18]

Independientemente del color, la legislación garantiza a los egresados de escuelas secundarias públicas la mitad de todas las plazas en instituciones con financiamiento federal. (Las universidades públicas, a diferencia de las escuelas secundarias, gozan de mayor prestigio en Brasil que las privadas). La mitad de esas plazas reservadas se destinan a estudiantes cuyas familias ganan menos de 1,5 salarios mínimos, es decir, un promedio de 443 dólares mensuales.[18] De acuerdo con la proporción de residentes blancos y no blancos en cada estado, una parte de las plazas en ambas categorías se reserva para estudiantes negros, pardos e indígenas. Aunque esto busca abordar ciertos desafíos raciales, está generando otros nuevos. En 2014, el gobierno federal aprobó una ley que asignaba el 20 % de los puestos del sector público a personas de color.[18] Cuando las personas no encajan claramente en clasificaciones binarias de blanco y negro, resulta difícil determinar quién es elegible para la acción afirmativa. Georgina Lima, profesora y directora del Centro de Acción Afirmativa y Diversidad de la UFPel, señaló que al observar una fotografía de la clase de medicina entrante de 2015, solo uno de los estudiantes parecía ser negro, y ni siquiera era brasileño, sino africano.[18]

Se hizo evidente que la ley permitía el fraude, por lo que en agosto de 2016 el gobierno instruyó a todas las instituciones a establecer comités de verificación.[18] Sin embargo, no se proporcionaron directrices a las agencias. Los comités de verificación intentan cumplir este mandato principalmente mediante listas de control sobre la apariencia física: si el solicitante tiene una nariz corta, ancha y plana; qué tan gruesos son sus labios; si sus encías tienen un color púrpura suficientemente oscuro; si su mandíbula sobresale. Preguntas como estas establecen criterios precisos. Algunos críticos argumentaron que estos rasgos «deseados» recordaban demasiado al comercio atlántico de esclavos, en el que los compradores hacían girar a los esclavos para buscar rasgos específicos. Otros consideraron que estas medidas eran lamentablemente necesarias para lograr una verdadera equidad en Brasil.[18] Según Rogerio Reis, presidente del comité en la UFPel, hubo personas que intentaron mejorar sus posibilidades de elegibilidad presentándose como más negros, por ejemplo mediante el estilo o el bronceado.[18]

Personas que han hecho referencia al blanqueamiento en Brasil

  • João Batista de Lacerda: director del Museo Nacional, escribió un artículo titulado «Half-Breeds of Brazil».[19] En él describió las diferencias entre las distintas razas y predijo que en la tercera generación de mestizaje predominarían las características blancas.
  • Theodore Roosevelt: tras visitar Brasil en 1913, escribió un artículo en la revista Outlook. En su artículo describió cómo el «negro brasileño» estaba desapareciendo.[20][21]
  • Thomas Skidmore: escribió el libro Black into White, que aborda muchos aspectos relacionados con el blanqueamiento y ofrece sus propias teorías y perspectivas.
  • Samuel Alexson: escribió un folleto en Nueva York explicando el blanqueamiento al público general.[22]

Véase también

Referencias

Bibliografía

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