Bofedales en Bolivia

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Los bofedales de Bolivia son ecosistemas intermedios entre la tierra y el agua, donde el suelo se encuentra inundado o saturado de forma permanente o temporal. Se forman en las zonas altas de los Andes, generalmente sobre 3 800 metros sobre el nivel del mar y llegando a encontrarse en alturas de hasta 6000 msnm, en Bolivai estos ecosistema se hallan principalmente al suroeste del país,[1] en los departamentos de Potosí, Oruro y La Paz.[2]

Similares ecosistemas también se encuentran en Perú, Ecuador, Colombia, Chile, Argentina y Venezuela. En Bolivia su estado de conservación y relación con las comunidades humanas adquieren características propias.

Para las civilizaciones andinas (Tiahuanacotas, Urus, Kollas, Incas) los bofedales han sido parte de su subsistencia alimentaria. Las culturas andinas, han construido canales artificiales con el fin de preservar el abastecimiento hídrico y los ecosistemas naturales regionales. Existen importantes ejemplo en Bolivia, tal es el caso de los Sukakollus tiahuanacotas, sistema agrícola ancestral (terraplenes de cultivo elevados, rodeados por canales de agua (suka uma) que mitigan las heladas y generan microclimas que fertilizan los cultivos y los protegen del congelamiento del hielo altiplánico.[3]

Bofedales altoandinos en el altiplano boliviano

Los bofedales al desarrollarse en suelos húmedos y saturados cuentan con una  vegetación hidrófila, siempre verde y esponjosa que absorbe, retiene y distribuye  las aguas subterráneas o superficiales.

Los bofedales:

  • Retienen sedimentos para evitar la erosión del suelo y mantener el entorno ambiental.
  • Son el hábitat de aves nativas y migrantes.
  • Sirven de alimento a los camélidos y otros rumiantes que viven en las zonas altoandinas.
  • Regulan los flujos de agua, tanto de glaciares como de lluvia.
  • Mitigan el calentamiento global al absorber ingentes cantidades de carbono, evitando su liberación a la atmósfera.
Fundamentales para la alimentación de camélidos

En estos ecosistemas, el ciclo hídrico es fundamental puesto que genera dinámicas ecológicas entre el suelo, la biodiversidad, y su relación con la población humana.

Como se trata de sistemas vivos y complejos, éstos son muy frágiles y altamente sensibles a los factores climáticos y ambientales. Por ello, se los denomina "ecosistemas centinelas" porque reflejan- con bastante exactitud- los efectos del cambio climático en los entornos altoandinos. "Brindan información especialmente importante para evaluar el estado de conservación de los ecosistemas en áreas remotas".[4]

El sociólogo e investigador Jean Paul Benavides afirma que “para el altiplano los bofedales andinos son como los bosques  para la Amazonia y la concentración de carbono y de biodiversidad en los bofedales andinos es enorme. “[5] Asimismo, señala que el rol de los bofedales y humedales no sólo es funcional al medio ambiente, sino también es un referente importantísimo para las poblaciones de altura, un referente social y cultural.

Para el investigador Carlos Quezada, la reducción y el retroceso glaciar está afectando  a varios ecosistemas, “muchas cuencas glaciares están conectadas con los bofedales, los que están cerca de los glaciares tienen turberas mucho más grandes y ahí se almacena gran parte del carbono"[6] y siguiendo a Quezada, su desaparición sería grave- tanto para el control de la erosión de los suelos,aprovisionamiento de agua, para la fauna y flora endémica , como para el forraje y pastura que alimenta al ganado de altura.

Bofedales Altoandinos Bolivianos y la Convención RAMSAR

En 1971 se llevó adelante la Convención sobre los Humedales,[7] llamada también RAMSAR, es el instrumento marco para la conservación y el uso racional de los humedales y bofedales, que en el caso de los altoandinos pertenecen a la categoría de "continentales" (ríos, lagos, pantanos, bofedales, turberas,estanques, canales, represas, entre otros) ,

Bolivia, es signataria de la Convención desde 1990 y ratificó su adhesión con la promulgación de la Ley 2357 del 7 de mayo de 2002 en la que el país se comprometió a conservar, inventariar, generar mecanismos de sostenibilidad, así como políticas y leyes que protejan estos sistemas biodiversos. La Ley No. 404 del 18 de septiembre de 2013, establece como prioridad, en  los artículos 1o  y 4º

“…la recuperación, preservación, uso y manejo sostenible de los bofedales…a partir de la investigación y diálogo de conocimientos y saberes de los pueblos indígena originario campesinos y el conocimiento académico, con el propósito de aplicar técnicas mixtas de manejo de agua y suelo…”[8]

Actualmente, Bolivia cuenta con 4 "bofedales altoandinos- Ramsar" de los 11 sitios declarados,

Extensión Ha.
Los Lipez- Potosí 1.427.717
Lago Titikaka- La Paz 800.000
Cuenca del Tajzara- Tarija 5.500
Lagos. Poopó y Uru-Uru - Oruro 967.607

Se constata que la superficie territorial de los bofedales bolivianos es de gran magnitud (32.011 km²) lo que demuestra la importancia que tienen estos ecosistemas, tanto para la poblaciones que los circundan, como para el país y la región latinoamericana.

Varias son las iniciativas desarrolladas por el Estado Plurinacional de Bolivia en relación a la revitalización de los bofedales, entre ellas el Proyecto Binacional Bolivia- Perú: "Revitalización de bofedales, contribuyendo a la disponibilidad de agua. Municipio de Charaña[9] y el Programa "Bofedal es Vida" (Monitoreo y caracterización de 18 bofedales (casi 2.872 hectáreas) en 14 comunidades de los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, implementando planes de manejo de agua, pastos y suelos para camélidos.[10]

Derechos de los Bofedales

Mitigación y adaptación

Referencias

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