Bordado de la Sierra de Francia
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El bordado de la Sierra de Francia, también conocido como bordado serrano, es una tradición artesanal popular española, desarrollada en la provincia de Salamanca, de origen medieval, y declarada bien de interés cultural.[1]
Origen
El origen de este tipo de bordado se desconoce, aunque se piensa en la tradición medieval. El área donde proverbialmente se ha desarrollado, en la zona de la Sierra de Francia, al sur de la provincia de Salamanca, tuvo un pasado floreciente en materia textil. Era productora de paños de lino y lana y hubo en ella numerosos telares hasta el siglo XIX.
Las localidades de La Alberca y Mogarraz constituyen los centros principales de esta escuela de bordado, a los que se suman Miranda del Castañar y San Martín del Castañar. Desde siglos pasados ha existido en las familias de la zona, a través de generaciones, la tradición de bordar los paños. Una vez bordados, se guardan en cofres y arcones (también éstos de una traza determinada), en los domicilios particulares, hasta que son lucidos con la llegada de la ocasión especial. Desde el siglo XX se exhiben colgados en balcones y ventanas, engalanando las fiestas del lugar, el Corpus y las fiestas de la Virgen.[2]

Este tipo de trabajo posee una posición singular en la transmisión de conocimiento, en las costumbres y cultura en la comarca, especialmente entre las mujeres. Los símbolos y técnicas son transmitidos por las bordadoras de madres a hijas, creando una identidad propia del lugar y formando vínculos de unión entre generaciones.[3]

Usos
El bordado se realiza sobre paños utilizados en ajuares para ocasiones especiales, como en atuendos de boda, trajes típicos y engalanados. En ambientes domésticos se utiliza en textiles de la casa, colchas y paños de uso ornamental y decorativo. Se adornan camisas, pañuelos, mandiles, etc. en las indumentarias femeninas y masculinas. Aunque en origen no tenía motivos religiosos, con el tiempo se ha usado también en textiles de ceremonias y rituales cristianos, en paños de altares y procesiones, en los que se utilizan algunos símbolos religiosos (la cruz, la custodia y Agnus Dei).[4]
Técnica
Tradicionalmente se realizó sobre tejido del tafetán o lienzo casero, de color blanco. Con el paso del tiempo el tejido se combina con hilos de algodón, lana o lino, principalmente con hebra de lana. En función del entrelazado de la tela, se realiza una técnica de bordado u otra.[3]
- «Hilos contados» es quizá la técnica más perfecta y la más antigua utilizada en estos bordados. Tras la elección del paño, se dibujan los contornos de los motivos sobre el lienzo con cordoncillo negro. El relleno se hace con el sistema «bordado al pasado», consistente en puntadas al revés y al derecho del tejido. Otros tipos de puntos son los llamados «ojito entero», «espina de pez», «punto de ladrillo», etc., además de treinta diferentes puntos de copuntadas.
- «Bordado sobrepuesto o aplicación» es habitual para indumentarias, sobre sayas (faldas), manteos (capas largas) y dengues (esclavinas de paño, que llegan hasta la cintura). Consiste en recortar en tela una figura y coserla sobre el tejido con diferentes tipos de puntos
- «Deshilado», en esta técnica se cuentan los hilos, se cortan y se sacan cuidadosamente hasta conseguir un calado en el tejido, creando así figuras y formas.
Se borda sin bastidor. La hebra empleada era en el origen lana o estambre fino, que fue sustituida hacia el siglo XVIII por hebra de seda, y finalmente hebra de algodón, también conocida como «moliné».[2]
En todo caso, los motivos son los mismos en las diferentes técnicas. Hay diferencias entre escuelas de bordado entre La Alberca y Mogarraz, en los tonos (asalmonados en La Alberca, más naturales en Mogarraz), y en la intensidad del dibujo y su composición.[3]
Motivos
Los motivos del bordado son muy particulares y se han mantenido durante siglos. La iconografía de los bordados, muy poco común, consiste en motivos específicos con sus propios significados, en un característico universo pictórico. No hay motivos humanos ni geométricos, pero hay abundancia de leones rampantes, dragones y representaciones zoomorfas que hacen pensar en referencias heráldicas y en iconografías persas e hispanomusulmanas, de origen medieval. Hay jarrones a manera de árboles de la abundancia, de donde surgen flores, plantas, y ramos abundantes, aves y algunas veces peces, que simbolizan fertilidad y vida. Se remarcan con cenefas simétricas con rizos, colas y penachos, lotos y motivos fitomorfos, y figuras imaginativas entrelazadas en las que abundan las flores y atauriques. Son motivos habituales, entre otros, el ave, la pájara o paloma, el águila bicéfala, la encomienda, la leona y el león. Sus imágenes son de naturalismo y fauna fantásticos.[5]

La pigmentación se realizaba con gran número de plantas, cortezas y flores. Desde el siglo XX se comenzó a aplicar elementos de origen químico, utilizando colores como salmón, azul cobalto, amarillo oro viejo, verde y rojo. Se utiliza negro en contorneos de motivos para la pechera, mangas y cuello de camisas, de hombre y especialmente de mujeres para determinadas ocasiones.
Investigación sobre el bordado serrano
Los bordados comenzaron a ser descritos y estudiados en el siglo XX, gracias, entre otros, a Bartolomé de Cossío. Este, desde su posición en la Institución Libre de Enseñanza, y como director del Museo Pedagógico de Madrid, describió la repercusión social que en el ámbito del patrimonio cultural tenía este específico bordado.[6]
La estadounidense Mildred Stapley, en 1924, en su interés por el hispanismo, incorporó al estudio de la artesanía popular este típico bordado.[7] El francés Mauricio Legendre, estudioso de la cultura de la zona, apreció este tipo de trabajo, y creó en los años 1940 en La Alberca un taller profesional de bordado popular, que se llamó de «Las Merchanas» por la participación de las hermanas Merchán.[8]
El tipo de artesanía, su ejecución y formatos fueron descritos por la profesora Maravillas Segura Lacomba, de la Escuela del Magisterio de Madrid y colaboradora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en 1949, y por María Ángeles González Mena en 1994.[9]
Reconocimientos
Ha sido declarado bien de interés cultural por la Junta de Castilla y León, en fecha de 12 de enero de 2022. En la localidad de Mogarraz existe un Centro de Interpretación del Bordado Serrano. La red Arrayán trabaja para conseguir una declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[10][1]
Piezas de este tipo de bordado se encuentran en museos españoles como el Museo de Artes Decorativas, el Instituto Valencia de Don Juan y la Colección Pedagógico Textil de la Universidad Complutense de Madrid.[4] Fuera de España, se conoce que hay 12 piezas en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, y hay ejemplares en el Museo Metropolitano de Nueva York, y en el Museo de Victoria & Alberto de Londres, entre otros.