Brote psicótico
condición médica de ruptura temporal con la realidad
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Un brote psicótico (también llamado episodio psicótico) se define como una ruptura de la realidad de forma temporal. Clínicamente, cuando cumple determinados criterios de duración y exclusión de otras causas, corresponde a lo que el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR) denomina trastorno psicótico breve —presencia de al menos un síntoma psicótico claro que dura de un día a un mes, con retorno completo al funcionamiento previo— y a lo que la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10/CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud agrupa bajo el nombre de "trastornos psicóticos agudos y transitorios".[1][2] Puede ser provocada por diversas causas, pero la más frecuente es una fuente de estrés potente y constante en el tiempo o debido a un consumo de alguna droga, principalmente todas aquellas que poseen un principio activo de tipo alucinógeno. Puede tener muchas causas orgánicas o psíquicas, como intoxicaciones o enfermedades mentales, aunque cada vez son más los avances que estudian los componentes ambientales. En estos casos, suele ser conveniente un ingreso hospitalario en una Unidad de Psiquiatría, donde se debe tratar con fármacos antipsicóticos. Existe una gran variedad de fármacos de este tipo con distinto perfil para responder a la sintomatología particular de cada brote, por lo que el tratamiento es personalizado para cada paciente según sus características personales y los síntomas específicos presentados, buscando el más efectivo para cada persona.
Antes de que la persona padezca un brote psicótico, se puede observar un patrón de comportamiento generalmente caracterizado por la aparición de unos síntomas denominados prodrómicos. Los pródromos (del griego, lo que precede a la carrera) se caracterizan por un pensamiento extremadamente acelerado que desordena tanto los síntomas afectivos, vivencias y síntomas cognitivos en la persona que los padece. No son fácilmente detectables pues no siempre la persona que se encuentra en este estado manifiesta su mundo interior, dado que están experimentando una profunda sensación de miedo. Según el modelo de fases de la psicosis propuesto por el psiquiatra alemán Klaus Conrad en 1958 —uno de los marcos teóricos clásicos sobre el tema, aunque no el único ni de aceptación universal en la psiquiatría actual—, los pródromos alcanzarían un punto de inflexión que Conrad llamó "trema" (término tomado del teatro, el momento en que un actor debe salir a escena y puede quedarse "en blanco"), a partir del cual comenzarían los llamados "síntomas positivos" del brote, así denominados por ser muy floridos; es en este momento cuando se puede percibir un comportamiento anómalo en la persona.[3] Con anómalo no nos estamos refiriendo a violento o agresivo necesariamente —de hecho esto sucede en un porcentaje ínfimo de los casos—, sino a la ruptura temporal de la realidad cognitiva.
Unos días después de presentar estos comportamientos, la persona acaba padeciendo una alucinación o un delirio, con la consecuente descompensación. Es muy frecuente que la persona deba ser hospitalizada de urgencia para poder ayudarla.
Es muy importante que la persona que ha requerido una hospitalización necesite, posteriormente a esta, consultar con un psiquiatra que le pueda asesorar y explicar en profundidad qué es lo que le ha ocurrido, así como las posibles causas del brote psicótico que ha padecido, los riesgos de padecer otro en el futuro, qué es un brote y qué es la esquizofrenia, y cuál es el tratamiento de la esquizofrenia o de un brote. Es decir, que la persona pueda recibir respuesta a todas aquellas preguntas que inevitablemente se formulan.
Los brotes psicóticos pueden aparecer en mayor o menor grado durante la vida, pero un brote se diagnostica cuando los síntomas son muchos más que lo normal, suceden con más frecuencia, tienen una intensidad relevante y, en definitiva, interfieren en la vida diaria de la persona afectada.
Durante un brote psicótico, la realidad percibida por la persona afectada se ve alterada de modo que no se puede comportar normalmente en su entorno. No es infrecuente que durante un brote psicótico, el médico, la familia o el propio paciente (o todos juntos) decidan que el mejor cuidado para la persona se lleve a cabo internado en un régimen hospitalario y que la persona sea tratada médicamente dentro del hospital hasta que se alivie toda la sintomatología.
El brote puede durar unos días, semanas o meses pero, con el tratamiento médico apropiado, lo normal es que la persona salga, se distraiga con actividades al aire libre ya sea con amigos, pareja o familia para que se estabilicen sus emociones y vuelva a la vida diaria y normal. Si los síntomas y los brotes persisten, entonces la vida de la persona se puede ver afectada mucho, poco o nada dependiendo del tipo de vida que lleva y del desarrollo de la enfermedad.
Diferencia con esquizofrenia
Es muy importante aclarar qué es un brote psicótico y qué es la esquizofrenia, puesto que en muchas ocasiones se pueden confundir uno con otra o usarlos como sinónimos, ya que los síntomas de la esquizofrenia y del brote psicótico son parecidos. La esquizofrenia es una forma de psicosis de larga duración, mientras que un brote psicótico sería una manifestación abrupta de lo que se podría considerar la sintomatología positiva de la esquizofrenia durante un breve periodo de tiempo.
Un brote psicótico no es sinónimo de esquizofrenia. Existen brotes aislados que no vuelven a aparecer y también existen brotes que se asocian a otras enfermedades mentales, como el trastorno bipolar. Lo que todos los brotes tienen en común es que, debido a desequilibrios en sustancias neuroquímicas en el cerebro, la persona que los padece pierde el sentido de la realidad. Por otra parte, los síntomas de un brote psicótico pueden ser iguales que los de una esquizofrenia. En la práctica clínica es común esperar a que una persona tenga más de un brote antes de considerar el diagnóstico de una de las enfermedades psicóticas de larga duración.[1]
Intervención temprana
En las últimas dos décadas, numerosos sistemas de salud mental han desarrollado programas específicos de intervención temprana en psicosis, dirigidos a las personas que atraviesan un primer episodio psicótico. La evidencia disponible indica que reducir el tiempo transcurrido entre la aparición de los síntomas y el inicio del tratamiento (lo que se conoce como duración de la psicosis no tratada, DUP) se asocia con una mejor recuperación funcional, menor riesgo de recaídas y mejores resultados a largo plazo.[4] Estos programas suelen combinar tratamiento farmacológico, psicoeducación para el paciente y su familia, terapia cognitivo-conductual e intervenciones orientadas a mantener la vinculación laboral o académica de la persona durante y después del episodio.[5] Algunos de los programas pioneros en este campo, como el EPPIC (Early Psychosis Prevention and Intervention Centre) en Australia, han servido de referencia para el diseño de servicios similares en otros países, aunque su implementación sigue siendo desigual.[6]