Los etnólogos franceses Édmond Doutté y Émile Laoust relacionan el festejo con los ritos bereberes preislámicos que celebraban los cambios de las estaciones, la muerte y la resurrección.[6] El antropólogo finlandés Edvard Westermarck,[7] a su vez, relacionó el b. con la saturnalia romana. Abdellah Hammoudi, en su ensayo The Victim and his Masks: An Essay on Sacrifice and Masquerade in the Maghreb, rechaza las anteriores interpretaciones y ve en el b. una práctica cultural propia, inseparable del sacrificio del Eid al-Adha. Hassan Rachik también ha escrito acerca de los sacrificios tradicionales del Ait Mizan y el Ait Souka, en el Alto Atlas.[8]