En agosto de 1650 Francisco I de Este, duque de Módena y Reggio, encargó un retrato suyo en mármol a Bernini, después de haber descartado la idea inicial de encargarlo al rival de estos Alessandro Algardi.
Bernini fue informado de que debería trabajar - como también ocurrió para los bustos de Carlos I de Inglaterra y del cardinal Richelieu - basándose no sobre la visión directa del sujeto retratado sino sobre determinadas obras pictóricas, en este caso los cuadros de Justus Sustermans y Jean Boulanger expresamente enviados para ello a Módena; Bernini se sintió en apuros y escribió a Francesco de Este que realizar un busto sin haber podido ver nunca el modelo era una empresa "casi imposible" y comunicó en una entrevista al cardenal Rinaldo de Este, hermano del duque y con el que estaba negociando la realización de la obra, de su "voto solemne" de no trabajar más de este modo. El cardinal logró vencer la resistencia del artista que aceptó a condición de que se le proporcionaran un mayor número de retratos del duque y las exactas dimensiones de la altura y de la anchura de los hombros del mismo.
La obra estuvo completada en septiembre de 1651 y transportada en una caja a bordo de un carro a Módena, donde llegó en noviembre siguiente. A pesar de que las cartas en las cuales Bernini se excusaba anticipadamente con los dos Este compradores de la eventual no similitud del retrato, el duque Francesco quedó tan impresionado por el busto que pagó al artista tres mil escudos, la misma suma que había recibido del papa Inocencio X para la entonces recientemente terminada fuente de los Cuatro Ríos de Roma.[1]