Calle Real de Burgos
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| Calle Real de Burgos | ||
|---|---|---|
| Tipo | Calle | |
| Localización | Valladolid (España) | |
| Coordenadas | 41°39′23″N 4°43′03″O / 41.65635608816, -4.717366130981 | |
| Nombrado en referencia a | Burgos | |
La calle Real de Burgos es una vía urbana de la ciudad de Valladolid, España. También fue conocida como «calle de San Pedro» y «carretera Real de Burgos».
Aparece descrita en Las calles de Valladolid de Juan Agapito y Revilla de la siguiente manera:
En tiempos pretéritos se llamó «calle Real de Burgos» la calzada que desde la plazuela de la Cruz Verde iba por el barrio de San Juan al Prado de la Magdalena, pasaba el «puente de las Chirimías» sobre el Esgueva y se dirigía al barrio de Santa Clara. El Ayuntamiento, por acuerdo de 10 de Abril de 1863, dividió la calle, también llamada «carretera Real de Burgos», en cuatro partes, y comprendía «la cuarta desde la casa de D. Pedro Solís hasta desembocar en la calle de Santa Clara que continuará con su actual nombre de calle Real de Burgos».En 12 de Abril de 1518 consta existía una calle titulada, o que llamaban, «de San Pedro», y debía ser esta por la situación de la parroquia.
Existía la iglesia de San Pedro en los finales del siglo XII; mas ya debía ser parroquia en 1278, pues el canónigo Ferrán Domínguez, en el testamento que otorgó el 13 de Septiembre (Documentos... de Santa María la Mayor... t. II, pág. 402), expresó: «Esto es lo que deuo: ...et a la Eglesia de SSant Pedro doze morauedis para un ssalterio... Et mando diez morauedis a la obra de Santa María la Mayor, et cinco morauedis a la obra de Santa María ell Antigua, et a la obra de Sant Pedro cinco morauedis...». Esa circunstancia de enumerar tres iglesias, de las cuales, dos de ellas eran ciertamente parroquiales, dejando mandas para sus fondos de fábrica, pues es lo que quiere decir eso de mandar maravedís «a la obra», hace suponer, fundadamente, que la tercera, que San Pedro, era del mismo modo, parroquia, según me ha hecho observar el Sr. Zurita. Sangrador Vítores escribió que en 1375 debía ser ya parroquia, retrasando, sin duda, la fecha. Lo que sí consta también es que en 17 de Agosto de 1321 un García Pérez, era capellán de la iglesia de San Pedro.
Lo más importante que tuvo la calle fué la Inquisición, la cual se estableció en este paraje mucho antes que dijeron los historiadores locales, que consignaron que en el siglo XVII fué trasladado el Santo Oficio desde la calle del Obispo a un palacio contiguo a la iglesia de San Pedro. Es lo más probable que poco después de 1559 se estableciera la Inquisición en este paraje, en casas que fueron de Pedro González de León, como se dijo al tratar de la calle de la Madre de Dios. Por tanto, la prisión del arzobispo de Toledo Carranza, así como la de Fr. Luis de León, estuvieron en este edificio de San Pedro. Fué una equivocación poner el nombre de Fr. Luis de León a la calle del Obispo. Y para demostrarlo no hay más que recordar que Fr. Bartolomé de Carranza, según Ambrosio de Morales, «tendría gran consuelo le diesen por morada las casas de Pedro González, porque tenían buenas cuadras y estaban en sitio sano», y en esas casas, aunque no hubieran sido compradas en 1559, por la Inquisición, se habían hecho «cárceles que llamaban nuevas, y el mandamiento de prisión rezaba llevasen preso al cuerpo del arzobispo de Toledo a las cárceles nuevas», y en Mayo de 1568 los inquisidores trataban de «veynte carceles que se an de hazer, y esto ha de ser en la huerta sin tocar a las cárceles», y la Suprema les ordenó que se «ynformen si se venden las casas de pedro Gonçalez de león, y lo que cobrarán, y en cuanto se podrá vender la casa en que aora esta la inquisición». Prueba ello que en 27 de Marzo de 1572, cuando entró Fr. Luis de León en la cárcel (salió absuelto de ella el 11 de Diciembre de 1576), ya no estaba el Santo Oficio en la calle del Obispo, pues, años antes visitaron a Fr. Bartolomé de Carranza «en aquellas casas en que estaba hecho su aposento (que entonces eran de Pedro González de León), el cual estaba solo en una pieza encerrado».
Con lo dicho en las calles de Alonso Pesquera, Don Juan Mambrilla, Fr. Luis de León y esta de Real de Burgos, se observan los cuatro asientos que el Tribunal tuvo en nuestra ciudad.
Estas casas de la Inquisición de junto a San Pedro, que estuvieron situadas donde ahora el grupo escolar «Macías Picavea» (antes del «infante Don Jaime», un poco retiradas hacia el fondo), fueron pasto de las llamas, pues se lee en Noticia de casos particulares ocurridos en la ciudad de Valladolid, año de 1808 y siguientes (que probablemente dejó manuscrita Don Francisco Gallardo y Merino, procurador de la Chancillería): «En la noche del 6, para amanecer el 7 [de Diciembre de 1809], se incendió la gran casa Tribunal que fué de la Santa Inquisición, sirviendo de cuartel para soldados alemanes y franceses, y como estaba dada orden de no tocar las campanas de noche, se omitió tocar a fuego hasta el siguiente día a las 9; tiempo en que ya estaba apoderado. Duró el fuego 4 días, y solo la fachada y habitación de esta se pudo reservar».
En la misma calle, casi frente a la Inquisición, hubo una casa de religiosas, que titularon Colegio de Doncellas nobles de la Asunción, conocido vulgarmente por Colegio de Daza. El licenciado Luis Daza, abogado en la Real Audiencia y Chancillería, hizo testamento y dispuso que la mitad de sus bienes «se destinaran para hacer un Hospital de pobres enfermos o para recogimiento de doncellas o de mugeres biudas o quando se ausentaren sus maridos o quando ellas vinieren aquí a pleito», según la voluntad de sus testamentarios y de su hijo natural Miguel Daza. Murió el licenciado en 13 de Julio de 1586 y los designados para ello decidieron hacer «un Colegio de doncellas nobles... debajo de la invocación de Nuestra Señora de la Asumpcion», cuyas constituciones se terminaron de redactar el 8 de Noviembre de 1587.
En la fundación del Colegio se gastó más de la mitad de la hacienda del abogado, como que pasó del doble de los bienes, por lo que realmente debe suponerse fundador del Colegio a Miguel, que llevó el desarrollo de la casa con un escrúpulo exageradísimo, en términos de que tuvo que hacer información para ser admitida en 1609, como colegiala, una hija de Miguel llamada Doña Leonor Daza y de Velasco (Miguel Daza se casó en 1583 con Doña Magdalena Angela de Velasco y de la Cueva, hija del conde de Siruela).
Pero llegó un suceso inesperado. Miguel Daza hizo testamento en 29 de Septiembre de 1594, y dejó por sucesor en el mayorazgo y, por tanto, por patrón del «Colegio de Daza», como le llamaban, a su hijo Don Luis Daza «y sus descendientes legítimos»; del cual pasó a su hijo Don Melchor, y de este pasó el patronato al capitán Don Luis Daza Fernández de Velasco, casado con Doña Teresa Rodríguez de Segovia, quien por poder de su marido el capitán otorgó testamento en su nombre, recayendo el patronato en el hijo Don Luis Manuel Daza Fernández de Velasco, menor de edad, ejerciendo Doña Teresa la tutoría hasta la Navidad de 1725.
Mas resultó que a la hora de la muerte el capitán confesó a su mujer que no había sido hijo legítimo de Don Melchor, sin derecho, en consecuencia, al mayorazgo y patronato del Colegio. Ante un caso de conciencia como ese, Doña Teresa declaró al obispo lo que sucedía, y este señor, previas consultas al caso pertinentes, por auto de 30 de Enero de 1726, «unió e mandó unir e encorporar todos los bienes y rentas... del mayorazgo y Colegio de Daza al Colegio de niñas huérfanas que hay en esta ciudad... y en su consecuencia mandó que todos los instrumentos pertenecientes al Mayorazgo y Colegio de Daza se entregasen al... de niñas huérfanas». Acordada la unión de ambos Colegios, se concedió a Doña Teresa y sus hijos una pensión vitalicia de doscientos ducados al año, pues no había procedido de mala fe al retener en su hijo el patronato.
En los planos de 1738 y 1788 figura lo que fué Colegio de Daza, como Hospedería de los Mártires, es decir, de Monjes Basilios de los Mártires, y estuvo entre la calle de la Democracia, hoy, y otra calle, cerrada ahora, que salía a la de Relatores.
Aunque el apunte ha salido algo extenso no podía menos de extractar lo que Martí escribió sobre tan interesante y noble Colegio, en sus monumentales Estudios histórico-artísticos.
Al desembocar la calle Real de Burgos en Santa Clara, ya en esta, había una cruz de piedra, como en otros lugares de la ciudad, todas las cuales han desaparecido, menos las de Santiago, la Antigua y atrio de San Lorenzo.
Referencias
Partes de este artículo incluyen texto de Las calles de Valladolid (1937), una obra de Juan Agapito y Revilla (1867-1944) en dominio público.
- ↑ Agapito y Revilla, 1937, pp. 371-375.
Bibliografía
- Agapito y Revilla, Juan (1937). Las calles de Valladolid: nomenclátor histórico. Valladolid: Casa Martín. Wikidata Q30332367.
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Datos: Q138845399
