Calle de Fray Luis de León

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Calle de Fray Luis de León
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La calle de Fray Luis de León es una vía urbana de la ciudad de Valladolid, España. Anteriormente fue conocida como «calle de Pedro Barrueco» y «calle del Obispo».

Aparece descrita en Las calles de Valladolid de Juan Agapito y Revilla de la siguiente manera:

En lo más antiguo que conozco esta se llamó «calle de Pedro Barrueco». El apellido de este señor se ha escrito unas veces «Berrueco», como en las actas del Regimiento de 18 de Mayo de 1498, por cuyo auto se comisiona a los regidores Rodrigo de Verdesoto y Francisco de León, para que manden a Antonio de Palacios, empedrador, adobe la calle de Pedro Berrueco, a su costa, como antes estaba del empedramiento de guijarro, que hizo al comienzo de dicha calle, delante de las casas de Juan Rodríguez de Baeza; otras, «Barruecos», según Ventura Pérez en 1724 y plano de 1738. Pero el apellido antiguo era «Barrueco», según escribieron Antolínez y Sangrador. Y lo demuestra una nota que me ha facilitado mi buen amigo Don Narciso Alonso Cortés, en la cual indica que tiene registrados dos pleitos de «Pedro Barrueco» con el tesorero Diego de Robles (Chancillería: Quevedo, fenecidos, 142, y Zarandona y Balboa, fenecidos, 263).

Las casas que habitara Pedro Barrueco dieron nombre a la calle, pasando el título hasta, por lo menos, muy adelantado el siglo XIX, pues en 31 de Diciembre de 1842 se la puso el de «calle del Obispo».

En la calle vivieron personas de mucha significación, teniendo entre ellas sus casas a principios del siglo XVII, el licenciado Villagómez, oidor del Supremo Consejo de Indias, y Don Pedro Arriola (San Esteban, libro primero de casados, f. 55 y 54 v.), y en 1744 el marqués de Falces, cuya casa, por el accesorio, se incendió en esa fecha. En esta misma casa, la hoy número 9, estuvo el palacio de los marqueses de Verdesoto en el siglo XIX, la cual sirvió una temporada a principios de este siglo, para Gobierno civil; fué adquirida luego por la «Casa del pueblo», e incendiado el edificio en 12 de Noviembre de 1931, se derribó toda la parte que daba a la calle para construir en ella de nuevo, y sin terminarse la construcción y habiéndose en ella concentrado los elementos del llamado Frente Popular, fue cañoneada la mañana del 19 de Julio de 1936, con lo que en Valladolid quedó triunfante el Movimiento Nacional; hoy el edificio es el cuartel de Onésimo Redondo, de F. E. T. y de las J. O. N. S. En la casa número 19, siendo hotel de viajeros, posó, los días 26 y 27 de Julio de 1906, la infanta Doña Isabel de Borbón.

Además de la iglesia de la cofradía de Nuestra Señora de la Piedad, de la cual algo he de decir al referir la calle de López Gómez, estuvo situado en la calle, casi enfrente de la Piedad, hacia el medio de ella, el convento de religiosos Clérigos menores de la orden de San Agustín, el cual fué fundado, según el historiador Antolínez de Burgos, en 1603, y acabada su hermosa iglesia en 1690, según una adición de Antolínez. El convento fue demolido después de la exclaustración de 1835 y construidas casas sobre su solar.

Lo que debió dar resonancia en tiempos antiguos a la calle fue el Tribunal de la Inquisición que allí tuvo su asiento, aunque no el primitivo, como apuntó Sangrador.

Escribió, en efecto, el historiador vallisoletano: «La primera casa donde se instaló este tribunal [de la Inquisición] fué la que hoy ocupa la Academia de Nobles Artes en la calle del Obispo, que antiguamente se llamó de Pedro Barrueco, y está señalada con el número 17 de la numeración moderna». Y pone por cita de esta noticia: «La razón que principalmente nos ha movido para asegurar que el tribunal de la Inquisición se instaló en este antiguo edificio, además de la tradición y una nota del erudito Don Gabriel Hugarte, ha sido el escrupuloso reconocimiento que nos hemos tomado el trabajo de hacer hasta en sus más ocultos subterráneos. El resultado de nuestras investigaciones ha correspondido a las esperanzas que habíamos concebido, pudiendo asegurar a nuestros lectores que por la construcción y estructura particular de las habitaciones de este edificio hay sobrados fundamentos para justificar en él la existencia del tribunal del Santo Oficio. Como sería demasiado pesada una descripción de todo lo que allí hemos visto, nos contentaremos con presentar a nuestros lectores algunos fragmentos de las muchísimas inscripciones grabadas en las ennegrecidas paredes de los calabozos. La perfección que en algunas de ellas se advierte en la letra y la circunstancia particular de hallarse muchas de ellas en lengua latina, nos hicieron sospechar que la mayoría de las personas que por desgracia estuvieron en aquella triste y lúgubre mansión no pertenecieron a la clase común». Copia a continuación cuatro fragmentos en verso, fechados dos: uno en 1534 y otro en 1551, y termina la cita con este párrafo: «El carácter de letra de estas inscripciones es el mismo que se advierte en los documentos del siglo XVI, en cuya época es indudable que se grabaron en aquellas tenebrosas paredes».

Hay que creer, desde luego, en la palabra honrada de Don Matías Sangrador Vítores, y fijar la casa por él mencionada como la residencia y asiento de la Inquisición; pero no afirmar que ella fuera la primera en que se instaló en Valladolid el siniestro tribunal. Al referir la calle de Don Juan Mambrilla ya indiqué que a fines del siglo XV y principios del siguiente, la Inquisición estaba establecida en la calle de Francos, número 22, y ello lo declaraban testigos presenciales. Al tratar de la calle Real de Burgos se verá, también basado en documentos, que por 1559 se instala el Santo Oficio en una de sus casas. Y puede, por tanto, seguirse el paso de tan alto tribunal en Valladolid, del siguiente modo: Se estableció primeramente en la calle de Francos, número 22; pasó luego a la calle de Pedro Barrueco, número 17, y allí estuvo hasta por 1559; entonces cambia de domicilio y va a ocupar las casas de la calle Real de Burgos, donde por más tiempo residió; y de aquí, después de ser quemadas en la época de la ocupación francesa, vuelve a instalarse en la calle de Alonso Pesquera, número 14. De lo que puede deducirse de todo ello, es que ni el arzobispo de Toledo Fray Bartolomé Carranza ni el excelso poeta y sabio catedrático salmantino fray Luis de León ocuparon siniestras celdas en las casas de la calle del Obispo, sino en las de la calle Real de Burgos. Quizá el último hecho notable del Tribunal de la Inquisición, cuando estaba instalado en la calle del Obispo, o de Pedro Barrueco, entonces, fué la salida de los condenados en el famoso auto de fe de 1559, en el cual el Dr. Cazalla era la cabeza de aquella herejía cortada tan a tiempo. Según Menéndez y Pelayo, en su Historia de los heterodoxos españoles, y el P. Coloma, en Jeromín, confirman que, en efecto, de las cárceles de la Inquisición de la calle de Pedro Barrueco, salió la comitiva para llegar a la Plaza Mayor. Por eso, sin duda, presidió el acto la cruz parroquial del Salvador, en cuya jurisdicción estaba enclavada la casa de la Secreta.

Se ha dicho ya que en 1842 se tituló oficialmente «calle del Obispo» a la que se había conocido por «calle de Pedro Barrueco», y el fundamento era ya, como han dicho algunos, porque en su proximidad, en la calle hoy de Alonso Pesquera, encontró la muerte el obispo de Palencia Don Pedro de Castilla, en accidente desgraciado, o bien, y esto es más razonable, porque en la «calle de Pedro Barrueco» tuvo sus casas principales el obispo de Palencia Fr. Alonso de Burgos y aun estuvo el palacio episcopal de la mitra palentina, según esta cláusula del testamento de dicho prelado, otorgado en Valladolid el 24 de Octubre de 1499, que copio de la Historia del Colegio de San Gregorio de Valladolid del P. Arriaga, publicada por el P. Manuel María Hoyos (t. I, pág. 132):

«XX.—» Otrosí; por cuanto alguno de los Obispos de Palencia, nuestros predecesores, dejaron caer e destruir las casas de esta nuestra Obispalía, que son en la calle de Pero Barrueco, de esta dicha Villa, e como quier que el reparo de las dichas casas no era ni es a nuestro cargo, pero por servicio de Nuestro Señor, e por la devoción que tenemos al bienaventurado mártir San Antolín e por remisión de nuestras culpas e pecados, mandamos que sean vendidas e se vendan por los dichos nuestros testamentarios las casas que Nos hobimos comprado a los herederos de Doña María Manrique, adonde Nos vivíamos e morábamos antes que nos pasásemos a vivir a este nuestro Colegio; e de los maravedises que valieren, se tomen mil florines o su valor, de los cuales se labren y reparen las dichas nuestras casas de la dicha nuestra Obispalía, de los edificios mejores y más necesarios que ser pueda, fasta en la dicha cuantía de los dichos mil florines, y lo que más valieren las dichas casas, mandamos que se gasten en la execución del nuestro dicho testamento».

Hay que notar, también, que en esa casa de la propiedad de Fr. Alonso de Burgos, celebraron los Reyes Católicos un solemne acto, que Cronicón de Valladolid anota de esta manera:

«Ficieron Marqués de Cénete a D. Rodrigo de Mendoza, fijo del Cardenal, en Valladolid el Rey e la Reyna, nuestros Señores, miércoles en la noche un poco antes de cena en la posada del Obispo de Palencia a xviii de julio de mccccxcii».

Hasta cuándo el obispo de Palencia tuvo las casas de la Obispalía en la calle que se va refiriendo, no lo sé; como ignoro, del mismo modo, cual fué el palacio del obispo de Valladolid, que tuvo varios edificios, algunos de los cuales se citan en estas notas.

Es muy probable que en esta calle estuviera el palacio episcopal incendiado en Marzo de 1710, que cita el Episcopologio vallisoletano de Don Manuel de Castro Alonso; lo que resulta cierto es que la casa mencionada del número 9 sirvió algunas veces de palacio episcopal, pues en ella murió el 3 de Marzo de 1716 (según la inscripción de su sepultura) el obispo de Valladolid Don Andrés de Orueta y Barasorda, pues, como escribió Ventura Pérez, «se dijeron muchas misas en la sala donde le tuvieron, que fué donde murió en la casa del mayorazgo de los Caltayades, en la calle de Pedro Barrueco, frente de la calle de la Galera», y, quizá, en la misma casa tuvo su residencia interina, mientras se terminaban las obras de adaptación del actual palacio episcopal, el primer arzobispo de Valladolid Don Luis de la Lastra y Cuesta, quien el día de su solemne entrada en la ciudad el 19 de Febrero de 1858, desde la Catedral pasó a ocupar una «casa-palacio interina situada en la calle del Obispo».

Ya en el actual siglo se varió el nombre y se la puso «calle de Fray Luis de León», por creer que éste había sufrido su reclusión en las cárceles del Santo Oficio, cuando estuvo en la «calle de Pedro Barrueco». Ya se ve que ello no pudo ser, porque Fray Luis de León estuvo preso desde 27 de Marzo de 1572 a 11 de Diciembre de 1576, y entonces la Secreta estaba instalada en la calle Real de Burgos.

Razón más que sobrada había para haber mantenido el rótulo de «calle del Obispo» en la antigua «de Pedro Barrueco». Pero así lo quisieron los que facultad para cambiar nombres de las calles, tenían.

Véase también

Referencias

Bibliografía

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