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Calle de la Esgueva

calle de Valladolid, España From Wikipedia, the free encyclopedia

La calle de la Esgueva es una vía urbana de la ciudad de Valladolid, España.

Tipo Calle
Localización Valladolid (España)
Nombrado en referencia a Esgueva
Datos rápidos Tipo, Localización ...
Calle de la Esgueva
Tipo Calle
Localización Valladolid (España)
Coordenadas 41°39′17″N 4°43′22″O
Nombrado en referencia a Esgueva
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Descripción

Aparece descrita en Las calles de Valladolid de Juan Agapito y Revilla de la siguiente manera:

Es una calle de las más antiguas de Valladolid y por ella debió comenzar el ensanche de la villa después de la primera muralla. Enfrentaba la calle o venía a ser prolongación de una de las principales del primitivo recinto murado, la calle de Fernando V, hoy, y había allí una puerta. Que, indudablemente, se extendió por aquel paraje la villa, lo demuestra que el conde Don Pedro Ansúrez, a la salida de la villa por aquel punto, hizo su palacio y acometió la construcción de las iglesias de Santa María la Mayor y la Antigua, como es tradicional. El llamarse «calle de Esgueva» era por desembocar en un puente que cruzaba el ramal Norte del río Esgueva para pasar a la calle, en la actualidad, de Don Juan Mambrilla.

La importancia de la calle y el estar en ella el palacio del magnate, dio interés al sitio, por lo menos hasta principios del siglo XIII, en que quizá fuera convertido aquel en el Hospital de Esgueva, pues aunque no se sabe cuándo el palacio fue habilitado para casa de enfermos, habrá que suponer que los sucesores del conde Ansúrez, los Armengol, los condes de Urgell, ocuparon también la casa de Don Pedro, y habría que llevar la fundación del hospital, o asiento de él en el palacio, a principios del siglo XIII, en el que pasó a la corona real la villa. No se ha estudiado el interesante archivo del hospital de Santa María de Esgueva (hoy refundido en el del Ayuntamiento), y ello pudiera dar mucha luz sobre la historia de la fundación. La fecha más antigua en que le he visto relacionado es la de 8 de marzo de 1208, en la que se cita la «confratrie de Aseua».

A la calle de Esgueva se la dio en los primeros siglos de la villa el nombre de «cal de Francos», y lo prueba este detalle de un documento del Archivo de la Catedral, de fecha de 1.º de agosto de 1279, en el que se sitúan unas casas de esta manera: «do uos las mis casas que yo he en cal de Francos con las tiendas et con el corral que se contiene con ellas, que son en la calle que dizen de los Moros, et destas casas et destas tiendas et deste corral son linderos las casas de Pascual Domínguez, et la cal que dizen de Francos, et la calleja que dizen de los Moros, et las nuestras casas que salen a la Plaça de San Martin, et las casas que son de Domingo Lobo, fide Pedro Gonzalo...». Las señas son mortales y bien determinaban la situación que no podía ser otra que una finca ángulo a la calle de los Moros y calle de Francos. Luego la calle de Francos prolongaba su denominación hasta la hoy calle de las Angustias.

Y lo comprueba este otro detalle, que, del mismo modo, indica que ya en el siglo XIV existía el hospital citado en la calle de Esgueva, fecha más antigua que en documento oficial leo sobre el particular. En el índice de los documentos del monasterio de Sahagún, veo reseñada una carta otorgada en 25 de julio de 1341, por «Juan García, personero de la confraderia de Asseua, que está en la villa de Valladolid, en la calle de Francos de la Capatería», con motivo de un pleito que la cofradía de Esgueva, pues «Asseua» es una de las variantes del nombre del río, sostenía con el abad de Sahagún y su convento, sobre dos tierras en término de dicha villa, camino de Fuen Saldanna, en cuya carta renuncia todos los derechos que los cofrades pudieran tener sobre las tierras.

La confraderia de Asseua, es decir el Hospital de Esgueva, como era común llamarle, aunque estuviera instalada en otro sitio, por lo menos en la vida de Pedro Ansúrez y los Armengol, ya en el siglo XIV estaba en la calle de Esgueva, y lo estaría mucho antes, luego parece deducirse que la «calle de Francos de la Zapatería» fuera la de Esgueva, reforzado el argumento con que la antigua calle de Francos se prolongaba hasta la de las Angustias con este otro apunte del Becerro de la Catedral: «El año 1535, Gaspar de la Corte, como curador de Doña Leonor del Corral, su hija, hizo cesión, en favor de Doña Marina Bernal de Thovar, de unas casas en la calle de Francos frente del Hospital de Esgueva, que tenían por linderos, de la una parte, casas de Juan de la Moneda, escribano, y por las espaldas, el Río de Esgueva [la hoy calle de la Solanilla], y por delante la dicha calle pública, las cuales tenía a censo perpetuo Doña Elena de Guevara, su madre, del Cabildo de esta Santa Iglesia, con carga y tributo de 1.500 maravedís y ocho gallinas.—Pasó ante Domingo de Santa María a 27 de abril». (Leg. IV, núm. 51).

Sin embargo, ya en el siglo XV al tramo de calle de que se trata, desde la de las Angustias a la del Marqués del Duero (en la actualidad), se le llama calle de Esgueva. Aparece el dato en el que titula Don León del Corral en su curioso libro Don Álvaro de Luna según testimonios inéditos de la época, «El manuscrito de Zarauz», en el cual se hace un extracto de un apuntamiento de una probanza hecha en un pleito que el Marqués de Villena, como marido de Doña Juana de Luna, nieta del Condestable, sostuvo con Doña María de Luna, hija legítima de Don Álvaro, en 1497. En él se lee que un testigo presencial, de los muchos que deponen, declara que «bido sacar al dho condeestable e vio que le hizieron cavalgar en una mula rrucia e ansi cavallero, con mucha gente que allí iba, vido que le comentaron a llevar por la cal de Francos abaxo hacia la cal de Esgueva...». Luego, desde antes del 2 de junio de 1453 teníamos la ya titulada calle de Esgueva, como en los años que corremos.

Y aun antes de 1535 en que se la titulaba todavía «de Francos» figura con el nombre oficial «de Esgueva», según se observa en el siguiente apunte del Becerro mencionado: «El año de 1529 el Prior y Cabildo de esta Santa Iglesia ganó ejecutoria contra Gaspar y Luis Gutiérrez, sobre que dejasen libres al Cabildo unas casas sitas en la calle de Esgueva de esta Ciudad en frente de la calle de los Moros, en las que se habían intrusado, en virtud de un contrato de censo que algunos canónigos y Beneficiados de esta Santa Iglesia habían otorgado a favor del Licenciado Andrés Xerez, por precio de cien maravedís; y habiendo dado sentencia el Licenciado Juan Sánchez de Menchaca, Alcalde de esta Corte, mandando que los sobredichos dejasen libres dichas casas y pagasen a dicho Cabildo los frutos y rentas de ellas desde el tiempo que las habían poseído, se apeló de dicha sentencia por los sobredichos Gaspar y Luis Gutiérrez, ante los Señores Presidente y Oidores de esta Real Chancillería, quienes confirmaron la sentencia dada por el dicho Alcalde... pero en cuanto a la paga de las rentas de ella, solo fuese desde la contestación de la demanda.—A 3 de julio la sentencia y en 29 de julio tomó posesión el Cabildo de las casas por ante Jerónimo de Quintanilla». (Leg. XI, núm. 7).

Con esos antecedentes parece que viene a deducirse que hubo un tiempo en que, indistintamente, se conoció a la calle de Esgueva por este nombre y por el «de Francos». Lo interesante de la calle era el hospital, y si este fue en sus principios el palacio del conde Ansúrez, de él no queda absolutamente nada, pues lo más que puede observarse es del siglo XV, muy adelantado, quizá de la época de los Reyes Católicos, como lo demuestran las estatuas, de los lados de la puerta principal, representando la Virgen y el Ángel de la Anunciación, con sus doseletes góticos, el artesonado del zaguán y las columnas del fondo del primer patio, tan alteradísimo y tan cambiado de como fuera en su origen.

Mudéjar es el artesonado mencionado y la fachada tiene un corte moruno bien decidido que siempre me ha chocado, pues no recuerdo nada de ello, de mis años infantiles, por lo mismo, sin duda, que no era paraje que frecuentase. Y ya que cito el Hospital de Esgueva aprovecho la oportunidad para expresar un criterio que de muchos años atrás tenía formado del edificio, en la actualidad desfiguradísimo, y que he podido confirmar no hace muchos años.

Las líneas de la portada me hicieron sospechar siempre una disposición moruna, que parecían comprobar las ventanas del piso principal; pues aunque hechas cerca de los finales del siglo XIX, no las creí un mero capricho del que hizo el revoco, sino que pudieran ser un recuerdo de ventanas de arco ultrasemicircular o de herradura, muy mal interpretadas en las obras de embadurnamiento que se hicieron, de otras cosas que por allí hubiera y quiso conservarse la memoria.

Efectivamente, entre 1930 y 1931 se volvieron a hacer obras en la fachada del Hospital, y la ocasión se me presentó propicia para realizar algún trabajo de exploración, y mandé picar el guarnecido todo de la parte baja remetida, hasta llegar al ladrillo, y observé que habían modificado la puerta. Esta se acusaba perfectamente en arco de herradura; mantenía también el trazado del alfiz y conservaba huellas de azulejería y de florones en las albanegas. En obras anteriores habían transformado el arco de herradura en semicircular, rompiendo los ladrillos salientes de la imposta de arranque, y picaron, del mismo modo, los ladrillos del recuadro del alfiz, haciendo desaparecer, igualmente, los azulejos que es probable estuvieran muy destrozados.

Quise restaurar la puerta, y cuando me disponía a ello, haciendo una previa fotografía y tomando medidas para detallar el dibujo, me encontré con la desagradable sorpresa de que el entonces Delegado de Obras, persona muy vehemente, en su afán de no demorar la obra un instante y tapar aquellas formas curiosísimas que le parecían anómalas y de mal aspecto, dio orden al Aparejador encargado, que guarneciese y revocase a toda prisa, todo aquello, cosa que se realizó con una celeridad nunca vista en tales casos, y que, contrariándome grandemente, me impidió hacer fotografías y dibujos.

Consigno el hecho para hacer constar lo que debajo del guarnecido pueda observarse en otra ocasión, y no se sorprendan al descubrirlo. El edificio ha perdido, en absoluto, su carácter antiguo e interesante, por reparos y reformas y adaptaciones caprichosas, a los que no era fácil oponerse. Digo todo esto en descargo de la verdad observada, lamentándolo ciertamente, así como deploro que en días oportunos, cuando pudieran observarse más restos antiguos que los indicados, no se hiciese un estudio concienzudo del edificio, así como que no se haya trabajado sobre los papeles de su copioso archivo.

No guardo en la memoria recuerdo anterior al revoco consabido con sus desgraciados arcos ultrasemicirculares y columnillas de yeso de las aristas de los huecos del piso principal, obra todo ello del Arquitecto Don Joaquín Ruíz Sierra, ejecutada en 1879, por la que mereció agrias censuras, una de ellas de Ortega y Rubio en su Historia de Valladolid, quien escribió de Ruiz Sierra, que, poco amante de los monumentos históricos, realizó obras de reforma y reparación en el Hospital de Esgueva, «en particular en su parte exterior, que han hecho perder su primitivo carácter».

Para terminar, anoto una curiosidad. En una de las múltiples obras realizadas en el Hospital de Esgueva, tantas, que ni el maestro primero de aquellas conocería el edificio, he recogido un azulejo que reproduzco en fotograbado. Tiene de ancho 187 milímetros y 217 de alto; es del siglo XV y estaba en una cocina de una de las habitaciones de un empleado, probablemente llevado de otra dependencia de la casa. Demuestra, como se observa, lo poco escrupulosos que eran ciertos artistas tanto en los detalles del blasón, como en las inscripciones. Véase la muestra.

Referencias

Bibliografía

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