Campo Santo de Yungay

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Campo Santo en 1980

El Campo Santo de Yungay es un espacio memorial situado en la provincia de Yungay, en la región Áncash, Perú.[1][2] Se encuentra aproximadamente a 1,5 km al sur de la actual ciudad de Yungay.[3] Este sitio conmemorativo sobrevivió al terremoto y aluvión ocurridos el 31 de mayo de 1970, desastres que sepultaron la mayor parte de la antigua ciudad de Yungay.[4] El camposanto guarda los restos de miles de personas que perdieron la vida en aquella tragedia, convirtiéndose así en un espacio de memoria compartida y de homenaje permanente.[5]

En la parte más alta del camposanto se levanta la escultura del Cristo Redentor de Yungay, con los brazos abiertos en gesto de compasión hacia el nevado Huascarán. Esta imagen se ha transformado en un punto tanto panorámico como espiritual.[2] El lugar no solo es un cementerio, sino también un sitio turístico: cuenta con jardín, cruces conmemorativas, placas familiares y senderos para visitantes.[5]

En los últimos años se han desarrollado proyectos para mejorar su infraestructura turística, como un centro de interpretación y miradores, a fin de preservar su valor histórico y ofrecer una experiencia más profunda para los visitantes.[6]

Yungay antes de 1970

Antes del desastre, la antigua ciudad de Yungay estaba ubicada en el Callejón de Huaylas y era una comunidad próspera, con actividades agrícolas, comercio y una vida social activa.[7] La topografía local incluía una colina donde se ubicaba el cementerio de la ciudad; esa elevación sería clave en 1970, pues resistió en parte el aluvión que arrasó el resto del poblado.[8]

Yungay estaba asentado en una zona de alto peligro, pues su cercanía al nevado Huascarán suponía una amenaza permanente. Investigaciones realizadas después revelaron que el suelo donde se levantaba la ciudad correspondía a antiguos depósitos de avalanchas, lo que ya la hacía particularmente vulnerable.[9]

El terremoto y aluvión de 1970

Ruinas de la catedral de Yungay

El 31 de mayo de 1970, a las 15:23, un sismo de aproximadamente 7,9 grados sacudió la región Áncash, cuyo epicentro se ubicó en el litoral cercano a Chimbote.[10][11][12][12] A raíz del terremoto, un enorme bloque de hielo y roca se deslizó desde la ladera norte del nevado Huascarán, provocando un aluvión que descendió a altísima velocidad, entre 250 y 300 km/h, según diversos relatos, llevando consigo lodo, piedras y árboles.[10]

El destacado sismólogo peruano, el ingeniero Mateo Casaverde, se encontraba en la zona junto a una delegación de especialistas de la ex-Yugoslavia para analizar los efectos sísmicos en esa región del país. Condujo a los visitantes hasta el cementerio situado en la parte alta, donde lograron ponerse a salvo apenas segundos antes de que la avalancha pasara a pocos metros de donde estaban.[13]

El desastre dejó un saldo trágico: más de 70,000 personas fallecidas según varias fuentes nacionales.[4][14] La avalancha dejó completamente cubiertos, en apenas unos instantes, los asentamientos de Yungay y Ranrahirca.[11]

Creación del Campo Santo

Camposanto

Después del desastre, el lugar adquirió un nuevo sentido como espacio de homenaje a quienes perdieron la vida. El camposanto pasó a ser un símbolo de recuerdo colectivo, y cada 31 de mayo se llevan a cabo ceremonias con los familiares de las víctimas desaparecidas.[15] De la antigua Yungay, únicamente unos pocos habitantes lograron sobrevivir, y lo único que permaneció en pie fueron el cementerio y cuatro palmeras. Como homenaje a las víctimas, se instaló la figura del Cristo Redentor con los brazos abiertos.[4][10]

El lugar forma parte del turismo de memoria, quienes lo visitan no solo llegan para rendir respeto a las víctimas, sino también para aprender sobre lo ocurrido, recorrer los caminos conmemorativos y apreciar los restos que aún permanecen en la zona.[16]

En virtud de su importancia histórica y conmemorativa, el Estado peruano declaró el área como Zona Intangible mediante la Resolución Suprema N.° 005-77-ORDEZA del 12 de octubre de 1977. Esta categoría tuvo como propósito evitar ocupaciones o intervenciones que pudieran modificar la naturaleza memorial del lugar. Desde entonces, dicha condición ha sido reiterada en diversos informes y propuestas para garantizar la preservación del Campo Santo.[3][17][18]

Significado cultural

El Campo Santo de Yungay se ha convertido en un símbolo profundamente significativo de la memoria colectiva sobre el terremoto y el aluvión del 31 de mayo de 1970.[5] Se ha convertido un espacio de peregrinación, cada año, familiares de los desaparecidos y visitantes recorren sus senderos para rendir homenaje y reflexionar sobre lo ocurrido.[5][4]

Turismo

Impacto en la gestión del riesgo en el Perú

Referencias

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