Cancionero sin nombre
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| Cancionero sin nombre | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| de Nicanor Parra | |||||
| Género | Poesía | ||||
| Tipo de publicación | Libro | ||||
| Editorial | Editorial Nascimento | ||||
| Ciudad | Santiago de Chile | ||||
| País | Chile | ||||
| Fecha de publicación | 1937 | ||||
| Formato | Papel, 20 cm | ||||
| Páginas | 87 | ||||
| Obras de Nicanor Parra | |||||
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Cancionero sin nombre es el primer poemario del escritor chileno Nicanor Parra, publicado originalmente en 1937 en la Editorial Nascimento.[1]
En 1938 esta obra obtuvo el Premio Municipal de Santiago. Ese mismo año, la poeta Gabriela Mistral visitó Chillán, ciudad adonde había regresado el autor el año anterior, y se refirió a éste como «el futuro poeta de Chile». En dicha ceremonia, Parra le dedicó su poema «Canto a la escuela»,[2] que se publicó al año siguiente en la antología 8 nuevos poetas chilenos.
Este libro está dedicado a los poetas Omar Cerda, Carlos Pedraza, Jorge Millas, Jorge Cáceres, Victoriano Vicario, Luis Oyarzún y Carlos Guzmán.[3]
El libro está conformado por los siguientes poemas:[4]
- El matador
- Valparaíso, toro de niebla
- Péndulo
- Remolino interior
- Trompo
- Asesinato en el alba
- Jazmín de muerte
- Margarita, quiero matar al río
- Lance
- El novio rencoroso
- Tonada fundamental
- El novio se muere por su prima
- El vestido (Poema en dos capítulos)
- La niña Chela
- Pregunta del marido deficiente
- Batalla entre la madre y el hijo taimado
- Remolino sentimental
- Suicidio violento
- Adivinanza del estero
- La espuela perdida
- La niña buena
- El gato muerto
- Presagio
- La niña testaruda
- La niña engañada
Estilo
En este libro Parra utiliza la métrica del romance, que conoció gracias a la educación tradicional campesina de su infancia.[5] Los poemas tienen un desarrollo narrativo y la voz tiende a ser activa, como si se tratase de un personaje. Es recurrente también el uso de la personificaciones y metáforas referidas a la naturaleza (específicamente el campo chileno) y la religión (santos, ángeles, sacerdotes).[2] La atmósfera de los poemas es onírica y de escasa densidad dramática. En ellos se puede apreciar una clara influencia de Romancero gitano (1928) de Federico García Lorca, si bien aquí Parra hace uso del humor, el «desparpajo» y el juego.[6]
Recepción y reconocimientos

Este poemario le valió a Parra la obtención en 1938 del Premio Municipal de Santiago, así como excelentes comentarios de la poeta Gabriela Mistral, quien unos años más tarde ganaría el Premio Nobel de Literatura.[2] Como resultado de este premio municipal, Parra fue incluido en la antología 8 nuevos poetas chilenos (1939), publicada por la Sociedad de Escritores de Chile,[7] con un breve prefacio de Tomás Lago. Esta antología se publicó en respuesta crítica a los incipientes surrealistas del Grupo La Mandrágora.[8]