Caninos (cuento)
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| Caninos | ||
|---|---|---|
| de Mónica Ojeda | ||
| Género | Cuento | |
| Tema(s) | Incesto y maltrato infantil | |
| Idioma | Español | |
| Publicado en | Las voladoras | |
| País | Ecuador | |
| Fecha de publicación | 2017 | |
«Caninos» es un cuento de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, publicado por primera vez en 2017 por Editorial Turbina e incluido en 2020 como parte del libro de relatos Las voladoras.[1] La trama sigue a una familia con un secreto oscuro en la que el padre sufre una transformación que inicia con la caída de sus dientes, pero que luego lo lleva a adquirir poco a poco características caninas.[1][2] Los personajes de la historia no reciben nombres propios sino que son identificados con los apelativos de Hija, Papi, Mami y Ñaña (vocablo en idioma quechua que significa hermana).[2]
Entre las temáticas que explora el texto se encuentra la perversidad sexual, el abuso infantil y el incesto.[3][4][5]
El cuento fue bien recibido por la crítica y ha sido elogiado por figuras como Sara Mesa,[6] Michelle Roche Rodríguez,[7] Daniela Alcívar Bellolio, entre otras.[5]
Hija era una mujer joven que vivía con su perro Godzilla y que guardaba la dentadura de Papi bajo su almohada. Papi había fallecido tiempo atrás como resultado de una enfermedad terminal que lo había postrado en la cama y lo había hecho perder sus dientes, lo que había llevado a Hija a conseguirle la dentadura postiza que ella ahora guardaba. Hija había empezado a cuidar a Papi luego de que Mami le dijera que ella y Ñaña ya no podían seguir cuidando de él, pues Ñaña era «tosca» y estaba empezando a «excederse», como dejaban ver las marcas de quemaduras de cigarrillo en el cuerpo de Papi y otras huellas de abuso. Godzilla había llegado a ella mucho antes, un día en que lo encontró rondando en la calle y el perro le mordió la pierna. Aunque no lo entendía del todo, la mordida de Godzilla había despertado en Hija recuerdos infantiles que no sabía que tenía, varios de ellos relacionados al alcoholismo crónico de sus padres, así como la extraña sensación de que no era la primera vez que la habían mordido.[8]
Al poco tiempo, Papi se acostumbró a su dentadura postiza e Hija lo empezó a sacar a pasear con su correa junto a Godzilla, lo que hacía que Papi sacara la lengua y jadeara de la alegría. Pero la felicidad de Papi despertaba aún más recuerdos en Hija, entre ellos imágenes borrosas de juegos sexuales que sus padres practicaban cuando estaban borrachos. Algunas veces recordaba a su padre en cuatro patas, amarrado con una correa, mientras su madre le tiraba comida al piso o lo castigaba por orinarse en el sofá. También recordaba a Papi pidiéndoles perdón a ella y a Ñaña antes de empezar a ladrarles y luego el momento en que Mami le soltaba la correa. Ambas corriendo presas del terror por la casa sabiendo que una quedaría atrás. A veces era ella, otras veces era Ñaña. Luego venía la mordida. Pero los recuerdos de Hija jamás eran del todo claros.[8]
