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Cara Sucia (sitio arqueológico)

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Cara Sucia es un sitio arqueológico prehispánico localizado en el suroeste de la república de El Salvador. Su ocupación más sobresaliente, en el período clásico tardío (600 a 900 d. C.), representa una versión local de la cultura Cotzumalhuapa, desarrollada principalmente en Escuintla en la vertiente del Pacífico de Guatemala y que se extiende en El Salvador en zonas de los departamentos de Ahuachapán y Sonsonate.[1]

Estructuras del sitio arqueológico Cara Sucia

Cara Sucia y otros sitios precolombinos fueron declarados Monumentos Arqueológicos Nacionales mediante Decreto Legislativo N.º 508, del 6 de mayo de 1976, publicado en el Diario Oficial N.º 95, Tomo N.º 251, del 24 de mayo de 1976.[2]

Estructuras

El sitio arqueológico Cara Sucia se encuentra ubicado en la planicie costera a unos 13 m. s. n. m. Esta es una zona que es propicia para producir algodón, por ello y por la abundancia de malacates en el sitio se ha considerado la posibilidad que el cultivo de algodón y la elaboración de textiles fuese importante para sus habitantes; también se ha planteado también que la producción de sal y cacao habrían sido otras actividades económicas destacadas.[1][3]

El sitio consiste en un centro ceremonial que abarca casi 20 hectáreas, con unas 30 estructuras hechas de tierra apisonada y adobe que muchas veces cuentan con un revestimiento de piedras de río y en algunos casos con un repello de lodo. Entre estas estructuras se encuentran la pirámide principal, las edificaciones que conforman la acrópolis y dos juegos de pelota (norte y sur respectivamente), así como 7 estructuras de mediano tamaño y 11 pequeñas. La mayoría de ellas, por lo menos las más destacadas, fueron construidas a fines del período clásico temprano (200 a 650 d. C.) o en el clásico tardío (650 a 900 d. C.); teniendo algunas remodelaciones hechas en el clásico terminal (800-950 d. C.), antes del abandono del sitio.[4][5][6]

Si bien la arquitectura sigue el mismo patrón de los sitios de la zona central de la culturaCotzumalhuapa (como El Baúl o Bilbao en Escuintla), a la que pertenecían los habitantes del sitio en el clásico tardío; existen algunas diferencias, como que en los sitios de la zona central Cotzumalhuapa las estructuras están comúnmente revestidos con piedra natural, mientras que en Cara Sucia se emplearon piedras de río de tamaño seleccionado.[1]

La acrópolis tiene un perímetro de 50 por 60 metros y una altura de 7 metros, está rodeada por un muro bajo, y tiene una escalinata de acceso por el lado este. En ella se encuentran las estructuras 2, 3, 4 y 5 que se ubican en los extremos a cada lado (norte, sur, este y oeste respectivamente). Estás estructuras, al igual que las demás edificaciones del sitio, sostenían una superestructura perecedera hecha de bahareque; los restos de ellas, muestran que fueron incendiadas al final de la ocupación del sitio, los restos de un techo carbonizado en una de estas estructuras de la acrópolis arrojó dos dataciones de radiocabono que resultaron estar ambas en una fecha calibrada por el 950 d. C.[4][1][7][8]

Pegada a la acrópolis se encuentra el juego de pelota norte que está delimitada al norte por la estructura 1b y al sur por la estructura 1a. A 60 metros al sureste de la acrópolis, y unida a su esquina suroriental por una terraza con forma cueva, se encuentra el juego de pelota sur delimitado por las estructuras 16 y 17 .[4][7][8]

La cultura Cotzumalhuapa se destaca por su producción de esculturas portátiles vinculadas con el juego de pelota, particularmente de yugos, hachas y palmas; ejemplos de ello han sido hallados tanto en el sitio como en otros centros asociados, como La Danta (cerca de la frontera con Guatemalal y Huiscoyolate (en Izalco).[1]

La acrópolis y el juego de pelota norte delimitan por el oeste una plaza que también está limitada al este por la pirámide principal, la estructura 13, que es la edificación más alta del sitio con 13 metros de altura; y al norte por la estructura 12, de 3 metros de altura. A 30 metros al sureste de la estructura 13 se encuentra la estructura 14 que tiene 5 metros de altura. Mientras que el sur de la plaza es limitado por la terraza que une la acrópolis con el juego de pelota sur.[9][7][8]

Monumentos

Se conocen cuatro esculturas monumentales del sitio, que fueron descritas por el arqueólogo estadounidense Stanley Boggs en la década de 1970; pero, debido a que fueron retiradas de su ubicación original, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, no hay información acerca de su contexto arqueológico. Estas esculturas fueron elaboradas de acuerdo a los cánones del arte Cotzumalhuapa.[10]

Disco de jaguar

El monumento 1, también conocido como disco del jaguar, tiene un diámetro de 85 centímetros y un grosor de 30 cm. Fue llevado al Museo Nacional a fines del siglo XIX por Santiago Barbarena.[11][12]

Consiste en un disco que en su parte frontal tiene tallado la cara de un felino, probablemente un jaguar o un puma; que cuenta con una dentadura amenazadora con sus colmillos y la lengua afuera, además de ojos situados bajo gruesas cejas y orejas en forma de concha; y que esta rodeado por un estrecho margen circular. Su parte posterior tiene forma cóncava, y sus laterales son convexos con un par de grecas a cada lado; debido a esto último, se considera que probablemente se trataba de un altar que estaría acostado con la cara del felino hacia arriba.[11][12]

Este monumento no guarda ninguna relación con las esculturas preclásicas del occidente salvadoreño denominadas como cabezas de jaguar, que generalmente carecen de colmillos y presentan cresta sagital (por lo que es probable que probablemente la mayoría represente más a un murciélago que a un jaguar); ni con las cara de jaguar tallada en el altar 1 de Quelepa, en la zona oriental salvadoreña, y que también es del preclásico.[13][12][14]

Sus semejanzas son con las esculturas cotzumalhuapas, aunque en los demás sitios de esta cultura no se tiende a encontrar discos que traten del mismo tema, pero si hay esculturas de jaguar con rasgos parecidos al monumento de Cara Sucia. Además de que si se unen con líneas las grecas del monumento, se obtiene el diseño del disco de Pazaco que probablemente fue encontrado en el sitio de La Nueva (en Jutiapa, Guatemala).[13][12]

Monumentos espigados

Los monumentos 2, 3 y 4 tienen en común en que presentan espigas, con una forma casi cilíndrica, para unir sus partes, lo cual es una característica que se observa en pocos sitios.[11][13]

El monumento 2, tiene una altura de cerca de 1.60 metros y una anchura de 69 centímetros; presenta una forma de una serpiente parada, como que emerge de la tierra, con la lengua de fuera; siendo semejante al monumento 9 de La Nueva. Cuenta con dos piedras unidas verticalmente por medio de una espiga con forma cónica truncada que se extiende hacia arriba de la porción superior de la base de la escultura para insertarse dentro de un hueco cortado en la base de la parte superior. La parte inferior es de un color más claro y de textura más fina que la superior; su forma general es de un bloque o losa gruesa, rectangular que termina abajo en una punta redondeada. Cuatro de los lados de la escultura han sido esculpidos con canales en bajo relieve para representar la piel de una serpiente. En su lomo tiene una elevación prolongada y vertical que cuenta con un motivo en bajo relieve que según Lee Parsons, en la década de 1960, se asemajaría a un cascabel.[15][6][13]

El monumento 3, probablemente representa a la deidad de la muerte Cotzumalhuapa; se trata de una calavera con cuerpo hasta las caderas que lleva un sombrero, un collar, unas especies de pequeñas alas detrás de los brazos, y un cinturón probablemente asociado a un taparrabo con una tela que cae por delante adornada con motivos geométricos. Es similar al monumento 6 de La Nueva. Mide 1.88 metros de alto, 45 centímetros de ancho y 45 cm de grosor. Está compuesto por dos grandes piedras talladas, unidas por medio de una espiga cilíndrica que desciende de la parte superior para encajonarse en un hueco algo cuadrado en el lado superior de la parte superior; siendo ambas partes fueron talladas de la misma roca. Debido a la posición de sus fragmentarias manos es posible que pudiese haber sostenido una barra u otro objeto en posición horizontal.[16][6]

El monumento 4, es el más pequeño de los monumentos espigados y carece de su porción inferior. La parte restante tiene una forma mayoritariamente cilíndrica y posee una espiga cilíndrica que se extiende hacia abajo; y muestra el cuerpo enroscado de una serpiente cuya cabeza presenta daños; siendo similar a los monumentos 7, 20 y 21 de La Nueva. Mide 63 cm de alto, 68 cm en su longitud restante y 50 cm de anchura. La roca empleada como materia prima para esta escultura parece ser igual a la de la base del monumento 2.[16]

Temporalidad e historia

De acuerdo a las investigaciones arqueológicas, Cara Sucia fue ocupada, sin interrupción pero con momentos de decaimiento de población, desde alrededor del 900 a. C. en el período preclásico medio, hasta por el 950 d. C. período clásico terminal (etapa que marca la última etapa de ocupación de los sitios del clásico hasta su abandono, que en casos como este ocurren cuando ya había iniciado el posclásico temprano, 900-1200 d. C.) habiendo una discreta reocupación residencial en el posclásico tardío (1200 a 1524) que se evidencia en la cerámica.[17][18]

Período preclásico

Si bien en la planicie costera donde se encuentra el sitio, hay evidencia de poblamiento del preclásico temprano (1200 a. C.-900 a. C.) en el sitio El Carmen, la evidencia más antigua de cerámica en Cara Sucia la sitúa en el preclásico medio y tardío. Esta cerámica, muestra estrechas relaciones con Chalchuapa (que en ese entonces tenía su centro ceremonial en El Trapiche) y otros sitios mayas tempranos del occidente del territorio salvadoreño, incluyendo los grupos cerámicos Lamatepeque, Lolotique, Jicalapa, Pinos, Izalco y Santa Tecla.[18][19][17]

El sitio surgiría como una pequeña aldea a inicios del preclásico medio; como lo muestra la presencia del grupo cerámico Lamatepeque, que también se encuentran en la fase Colos de Chalchuapa (900 a. C.-650 d. C.). Las poblaciones de esta época mantendrían, al igual que las aldeas del preclásico temprano (1500 a. C-900 a. C.), estrechos lazos con los sitios de la costa pacífica de Guatemala y Chiapas (como Salinas la Blanca o Takalik Abaj), por lo que es probable que fuesen hablantes de protozoque, pero comenzarían a interactuar con sitios en el altiplano guatemalteco como Kaminaljuyú; también recibirían la influencia de la cultura olmeca a través de sitios intermediarios. A su vez algunas aldeas comenzarían a integrarse alredador de incipientes centros ceremoniales como El Trapiche en Chalchuapa.[18][19][20][21]

Alrededor del 650 d. C., la cultura olmeca decaería, por lo que a partir de entonces los rasgos de esa cultura van siendo sustituidos por la cultura maya y los lazos comerciales se moverían hacia los sitios del altiplano guatemalteco como Kaminaljuyú. De este tiempo, aparece en el sitio el grupo Lolotique que se encuentra en Chalchuapa a partir de la fase Kal (650 a. C.- 400 a. C.) hasta finales del preclásico; otros sitios en el área son El Cerrito y El Edén.[19][20][21]

A partir del preclásico tardío (400 a. C.-200 d. C.), que corresponde a la fase Tacachol del sitio (equivalente a las fases Chul y Caynac de Chalchuapa) se percibe un importante desarrollo en la zona. Los sitios de está época del occidente salvadoreño se verían inmersos en la cultura maya sudoriental; y estarían unidos a una red cultural con los sitios de las tierras altas centrales de Guatemala (entre los que destaca Kaminaljuyú), conformando las esferas culturales de Providencia y Miraflores, y compartiendo características como: los rasgos arquitectónicas; los tipos y estilos de cerámica, como el estilo de cerámica Usulután; figurillas, como las tipo Bolinas; estilos escultóricos, como la estelas lisas y altares; prácticas funerarias; y adornos personales. Otros sitios de este período en el área son Aguachapío, El Tacachol, El Chino, Guayapa y La Caseta.[18][19][21][22]

Período clásico

Varios sitios preclásicos como Cara Sucia colapsaron luego del fin del preclásico, probablemente por la decadencia y colapso de Kaminaljuyú, quedando una población reducida; que haría frente, alrededor de los siglos V o VI d. C., a la erupción TBJ del lago de Ilopango. La localidad iría recuperándose paulatinamente hasta que por el 650 d. C., Cara Sucia volvió a emerger como un centro destacado de la cultura Cotzumalhuapa; lo que es definido en el sitio como la fase Tamasha.[18][23][24]

En este momento, ya sea a fines del clásico temprano o inicios del clásico tardío, se edificaron las estructuras principales del sitio; tanto la acrópolis, como las dos canchas de juego de pelota, la pirámide principal, y varias de las edificaciones medianas y menores. Así como se colocaron los 4 monumentos descritos por Boggs en los 70.[1][25][6]

Debido a las similitudes arquitectónicas, escultóricas y en la cerámica con el también sitio Cotzumalhuapa de La Nueva (ubicado en el departamento de Jutiapa, Guatemala, cerca de la frontera salvadoreña), que es más grande y que tiene una acrópolis más imponente y un corpus escultórico más amplio, se considera que posiblemente desde ahí partiría el grupo de colonos que convirtieron a Cara Sucia en un sitio de esa cultura; a la vez que quizás, por lo menos al principio, también estuviese bajo su dominio.[6]

La cerámica de este período comparte varios grupos con los de la zona Cotzumalhuapa, como el grupo Tiquisate, además de algunos grupos locales. Muy comunes son las figurillas hechas en molde, que en su mayoría funcionaban como pitos; y en las excavaciones de Jorge Mejía se descubrió un entierro acompañado por un juego de moldes para producir figurillas. Las figurillas más comunes representan mujeres, pero también reflejan la fauna local, incluyendo monos, felinos, guacamayas y otros animales.[1][20]

Otros centros monumentales de la fase Tamasha son: La Danta (en la frontera con Guatemala) y Huiscoyolate (cerca de Izalco). Mientras que entre los centros menores, cercanos a Cara Sucia, se encuentran los sitios: Aguachapío, Nueva York, La Caseta, El Chino, La Cancha y La Palma.[1][26][18]

Las relaciones entre la zona Tamasha y los sitios de la fase Payu, del occidente y centro salvadoreño (que en ese momento se veían influenciados por Copán) aparentemente fueron limitadas. La cerámica Copador, el grupo cerámico principal de la fase Payu, pese a su producción masiva, es muy escasa en Cara Sucia. Por otro lado, las figurillas Tamasha, también de notable producción, han sido encontradas muy raras veces en sitios Payu, como en San Andrés y Madreselva.[1][27]

La fase Tamasha tiene una faceta final, en el clásico terminal (800-950 d. C.), marcada por la introducción de los grupos cerámicos Plomiza San Juan, Cozatol, Guajoyo (estos dos también se encuentra en Chalchuapa, que en ese momento tenía su centro ceremonial en Tazumal; siendo el último una cerámica de pasta fina) y el grupo Delirio (que también se encuentra en Quelepa, Copán después de la dinastía clásica, y Ceibal).[27][28]

El abandono de Cara Sucia, ocurrida en el siglo X d. C., es un tema que exige mayor investigación. Aunque la quema de las estructuras sobre la acrópolis podría sugerir un fin violento para el sitio, probablemente relacionado con la llegada de los pueblos nahuablantes con los que inicia el preclásico temprano (900-1200 d. C.); es igualmente posible que se debiera a la caída de rayos cuando el sitio ya estaba abandonado.[27][1][28]

Estudios arqueológicos

El historiador Santiago Ignacio Barberena fue el primero en reportar el sitio arqueológico en 1892, e hizo transportar al Museo Nacional el Monumento 1, el cual fue descrita como "Un hermosísimo disco de piedra, representativo del sol", al Museo Nacional. El sitio estaba cubierto por árboles hasta 1964, cuando se destruyó el bosque costero en esta zona para sembrar algodón utilizando tractores de banda que causaron graves daños al sitio; los testigos de estos trabajos notaron que se borraron por completo muchas plataformas bajas circundantes a la zona monumental, que habrían sido plataformas residenciales. En 1967, Stanley H. Boggs llevó a cabo un reconocimiento y mapeo del sitio ya expuesto. En 1966, Lee Parsons identificó Cara Sucia como un sitio Cotzumalhuapa en base al estilo de sus esculturas.[29][7]

La hacienda Cara Sucia, en donde se encontraba el sitio arqueológico, fue intervenida por la Reforma Agraria de 1980. El latifundio quedó abandonado por sus antiguos propietarios, pero no llegaron las autoridades del gobierno hasta meses después. Aprovechando este intervalo, centenares de personas locales iban a diario para saquear el sitio, con ventas de comida y traficantes que circulaban para adquirir las piezas encontradas, siendo uno de los peores episodio de depredación arqueológica jamás registrada en El Salvador. Se abrieron más de 5,000 agujeros, y los objetos llegaron a ser vendidos en Estados Unidos y otros países (estos sucesos motivaron suscribir el primer tratado bilateral entre El Salvador y Estados Unidos para restricciones de importaciones de bienes arqueológicos).[7]

En 1981, el Departamento de Arqueología gubernamental actuó para frenar el saqueo, destacando a Jorge Mejía para confrontar a los deprededores y cercar el área principal del sitio. Durante año y medio, Mejía llevó a cabo excavaciones muy extensivas en la acrópolis del sitio y otras estructuras. En 1983, Paul Amaroli documentó estos trabajos, así como los daños del saqueo, y practicó algunas excavaciones limitadas, además de habilitar el sitio como un parque arqueológico, con infraestructura rústica para estacionamiento, centro interpretativo y un sendero intepretativo. Este esfuerzo se perdió cuando el financiamiento del gobierno fue suspendido en 1984, y el sitio quedó abandonado de nuevo.[7]

Amaroli hizo estudios adicionales en 1986, estableciendo que la relación con la cultura Cotzumalhuapa no era solo en cuanto a las esculturas, sino también en lo que respecta la arquitectura y cerámica, conclusiones resumidas por Rafael Cobos. Las relaciones cerámicas fueron señaladas nuevamente con investigaciones en 2006 por Regina Moraga, Elisa Mencos y Sébastien Perrot-Minnot.[7]

Actualmente Cara Sucia cuenta con un vigilante destacado por el Ministerio de Cultura. Es posible visitar el sitio, pero no hay un horario establecido de acceso, y la mayoría de estructuras están cubiertas por maleza.

Referencias

Bibliografía

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