En 1918 integró el grupo fundador del Partido Comunista argentino. En 1923 viajó a la Unión Soviética que se había creado un año antes, donde Ben Sion Dujovny, un primo de su padre, era presidente del Banco Central de Moscú, con el propósito de participar allí de la revolución iniciada en 1919.[4] Hizo el servicio militar a las órdenes de Semión Budionni, un militar de caballería de destacada actuación durante la revolución bolchevique y la guerra civil rusa y en la Guerra Polaco-Soviética que posteriormente, en 1935, fue ascendido a mariscal.[6][1] Estudió en el Departamento Internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Moscú donde obtuvo el título de doctor en ciencias sociales en tanto paralelamente trabajaba con su primo en el Banco y desde 1927 fue asesor sudamericano en el Comisariado del Pueblo de Relaciones Exteriores, un organismo que tras la Revolución de Octubre sustituyó hasta 1946 al ministerio de exteriores del Gobierno Provisional Ruso.[4][7]
En 1927 Dujovne fue comisionado para acompañar a Henri Barbusse escritor, periodista y militante comunista francés.[8] y ofició de intérprete durante la entrevista que tuvo con Stalin.[4] En abril del año siguiente estuvo como traductor en la Conferencia Sindical Latinoamericana celebrada en Moscú y en 1929 el Profintern lo envió a Montevideo para ocuparse clandestinamente en el mes de mayo del Comité Organizador del Congreso de fundación de la Confederación Sindical Latinoamericana.[4]
En 1930 viajó a Lima para participar con Paulino González Alberdi en la reorganización del Partido Comunista Peruano debido a la situación creada al fallecer su fundador José Carlos Mariategui. Al año siguiente participó como delegado de la Confederación Sindical Latinoamericana en la Conferencia sindical de la Confederación General de Trabajadores del Perú cuyos estatutos habían sido redactados por Mariátegui y que en 1930 había sido declarada ilegal por el dictador Luis Miguel Sánchez Cerro.[9][4]
A continuación fue a Chile, gobernado en ese momento por el general Carlos Ibáñez, donde trabajó en las tareas de organización y de agitación. Al producirse el 31 de agosto de 1931 la Sublevación de la Escuadra de Chile intentó, al igual que otros militantes comunistas, conectarse con los rebeldes.[4] El 4 de junio de 1932 se desencadenó el golpe de Estado liderado por el coronel Marmaduke Grove junto a Carlos Dávila, Arturo Puga y Eugenio Matte; estos tres formaron una junta que proclamó el establecimiento de una República Socialista en Chile.[10] Dujovne colaboró entonces en la organización del "Soviet de Obreros, Campesinos, Mineros, Soldados, Marineros e Indios", que tuvo por sede inicial la casa Central de la Universidad de Chile, y que a poco fue disuelto como consecuencia del nuevo golpe de Estado encabezado por Carlos Dávila.[11][4] Después de esos acontecimientos Dujovne retornó a Argentina cruzando a caballo la cordillera de los Andes y aprovechó una ley de amnistía que lo beneficiaba en su carácter de infractor al servicio militar obligatorio.
En 1940 fundó en Buenos Aires la Editorial Problemas que, en época, fue la mayor empresa de toda Latinoamérica en orden a la difusión de materiales marxistas.
La cárcel construida en 1904 había sido declarada inhabitable y hacía 10 años que estaba como depósito sin presos.[12]
Luis Víctor Sommi escribió acerca de su paso por la cárcel de Neuquén:
“La mayoría de los presos éramos obreros.“La comida era insoportable…En realidad, el preso político se alimentaba con el paquete solidario que…le llevaban sus familiares, amigos o camaradas” (pág.21) “Aislados sin diarios” (pág.41)… los responsables… perseguían con calculada frialdad nuestro derrumbe físico y moral…el régimen carcelario ha dejado hondas huellas en la salud de todos (pág.51) que sufrían “agudo proceso de descalcificación” (pág.55) “…visitas de 10 minutos 2 veces por semana” (pág.70).
[12]
Volvió a su casa con “más reumatismos y menos dientes”[2] y, disconforme tanto con la cerrada oposición del PCA al peronismo como con el curso de la experiencia soviética en la URSS, en 1947 dejó en silencio al PCA, pasando a ser lo que la jerga partidaria denomina un "muerto civil" que implicó la más completa soledad política –salvo su amistad con otros disidentes como Sommi o Real-[2] excepto un período, en la década de 1950, en que asesoró al vicepresidente de Bolivia –y presidente desde 1956- Hernán Siles Suazo. Fue así que en el decreto sobre reforma agraria su firma apareció junto a la del líder sindical Juan Lechín. Cuando retornó a Buenos Aires, si bien veía con simpatía las ideas desarrollistas del partido de Arturo Frondizi, sus diferencias con Rogelio Julio Frigerio impidieron que se integrara a la Unión Cívica Radical Intransigente.[4]
Falleció en Buenos Aires, el 17 de julio de 1973.