Carlos Octavio Bunge

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Nacimiento 19 de enero de 1875
Bandera de Argentina Argentina Buenos Aires
Fallecimiento 23 de mayo de 1918 43 años
Buenos Aires, Argentina
Nacionalidad Argentina
Carlos Octavio Bunge

Carlos Octavio Bunge
Información personal
Nacimiento 19 de enero de 1875
Bandera de Argentina Argentina Buenos Aires
Fallecimiento 23 de mayo de 1918 43 años
Buenos Aires, Argentina
Nacionalidad Argentina
Familia
Padres Octavio Bunge
Familiares Era hermano de Alejandro Bunge y Delfina Bunge
Información profesional
Ocupación sociólogo, escritor y jurista
Empleador

Carlos Octavio Bunge ( Buenos Aires, Argentina, 19 de enero de 1875 - ibídem, 23 de mayo de 1918)[1] fue un sociólogo, escritor y jurista argentino.

Era hijo de Octavio Raymundo Bunge y de María Luisa Rufina Arteaga y hermano de Alejandro, Augusto, y Delfina Bunge.

Actividad profesional

Desarrolló una acción intelectual muy destacada en Argentina, la cual llegó a extenderse a Iberoamérica. Cursó los estudios universitarios de Derecho, explicó ciencias de la educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.[2]

Sus principales obras son Nuestra América: Ensayo de psicología social y Principios de psicología individual y social ambas de 1903. También se adentró en diversos géneros: teatro, con La revolución de Churubusco, La primera batalla, El roble, Fracasado y Los colegas (1908); novelas y narraciones diversas, con Xarcas Silenciario (1903), La novela de la sangre (1903; 1904), Thespis (1907), Viaje a través de la estirpe y otras narraciones (1908), La sirena, Los envenenados, El capitán Pérez y El sabio y la horca; estudios filosóficos y pedagógicos, con El espíritu de la educación (1901), Principios de psicología individual y social (1903), Educación de la mujer (1904) y Estudios filosóficos.[2] También escribió "Nuestra Patria" en la que expone un interesante análisis de la composición social argentina y el porvenir que le esperaba.

Bunge explica, desde el darwinismo, el comportamiento de las sociedades iberoamericanas ante el proceso de modernización, con el aluvión inmigratorio.

Cultivó un biologismo aristocratizante. La complejidad de su pensamiento, se debe a las teorías con las que se formó, aunque tiene un organicismo social y un racialismo.

“Bunge se valió de las ideas de Wheeler para armonizar la “Teoría de la evolución” con el organicismo social, participando así de una búsqueda que preanunciaba la emergencia de peligrosas legitimaciones biológicas para Estados corporativos, como también prolongaciones científicas de pretendida autonomía que llegan hasta los actuales planteos sociobiológicos.” (Miranda- Vallejo; 2004)

La condición del hombre

Para Bunge, la lucha de los hombres entre sí tenía análoga entidad a la que la sostenían las demás especies en la naturaleza, aunque el triunfo de unos sobre otros quedaba en gran medida “predeterminado” por la “aspirabilidad”. Ese era el atributo innato que detentaban solamente algunas “estirpes”, aquellas que estaban llamadas a conducir el organismo social. A partir del concepto de “aspirabilidad”, Bunge organizó un sistema pedagógico y jurídico sostenido por la certeza de que existían diferenciadas potencialidades genéticas que condicionaban todo comportamiento humano. La raza contenía una carga determinante en el progreso individual —y social—, operando como una muralla insalvable al momento de emprender la labor educativa, cuya probabilidad de éxito dependía menos del esfuerzo presente que de un inmodificable árbol filogenético.

El triunfo en la lucha por la vida de un pueblo era imposible si su raza no detentaba la cualidad trascendental de la condición del progreso, es decir, si no podía “aspirar” a ascender. Bunge ejemplificaba este aserto aludiendo a los Estados Unidos, donde pese a extenderse allí la educación tanto a blancos como a negros, “los afroamericanos han permanecido en una muy baja condición social, porque no supieron aspirar a elevarse. Las pocas excepciones son de cruzamiento, o bien de ciertas razas negras que poseen, siquiera sea incipiente, esa suprema facultad de aspirar” (Bunge, 1920: 33-34).

Ese condicionamiento genético impregnaba de pesimismo la concepción gnoseológica bungeana, reflejándose en la precisa delimitación de los destinatarios de sus propuestas educativas. El hombre era “un producto relativo de la herencia y del medio, del pasado y del presente” (Bunge, 1920: 28), siendo la “capacidad de aspirabilidad” la que diferenciaba a las distintas razas humanas y la que permitía su triunfo o declinación en la lucha por la vida. A partir de allí, y considerando que había “dos clases de lucha por la selección de las especies: la lucha animal, o sea de las diversas especies animales entre sí, y la lucha humana, o sea de las diversas razas humanas entre sí” (Bunge, 1920: 175-176) —lucha que daría ganadora a aquella raza más fuerte, es decir, a aquella que mejor haya aspirado a lo infinito—, adquiere sentido la exclusión de los “anormales” de los ámbitos educativos comunes. Ellos debían ser separados para preservar la homogeneidad del orden establecido, evitando “su mal ejemplo” y proporcionándoles una enseñanza “inferior”, la única que podía serles “eficaz y provechosa” (Bunge, 1920: 149).[3]

Hispanoamérica entre la ilustración y la vulgaridad

Citas

Enlaces externos

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